Hace unos días, la ministra de Defensa, Margarita Robles, anunció que España ha cerrado “el uso de su espacio aéreo para actuaciones que tengan que ver con la guerra de Irán”. La plausible medida se suma a la adoptada hace meses referida a la negativa a permitir que las bases americanas de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) puedan ser utilizadas con idéntico fin. Pues bien, se me dirá que soy un aguafiestas, pero, en mi opinión, esta decisión, aún siendo positiva, se queda corta, muy corta. Pedro Sánchez está vendiendo una imagen de paladín de la paz que no se corresponde la realidad de su comportamiento. Por eso, su “No a la guerra”, debe bajar de la retórica y la rueda de prensa, a decisiones de bastante más calado.
El contexto armamentista y belicista crece día a día. La extensión (¿hasta dónde y cuándo?) de la agresión yanqui-israelí contra Palestina-Líbano-Iran-Siria-Yemen…, ha hecho saltar en pedazos las más mínimas reglas del derecho internacional y la normativa humanitaria. Los tambores de una guerra genocida suenan cada vez más cerca. En esta situación, pretender atajar esta gangrena con tiritas y paracetamol, sirve de muy poco. Se impone así entrar en quirófanos bisturí en mano, pues la situación exige operaciones de cirugía mayor. No es tiempo para cataplasmas.
EE.UU. afirma tener alrededor de 120 bases militares repartidas por todo el planeta. Investigadores que han rastreado lo anterior las elevan a cerca de 700. Como es notorio, esto no tiene nada que ver con la defensa de ningún derecho humano o libertad democrática. Las bases son, sin más, avanzadillas armadas prestas a defender las multinacionales, negocios e intereses yanquis a cualquier precio e intentar poner freno a sus proyectos imperiales es considerado por EE.UU. como casus belli.
En 1986, traicionando sus propias promesas, el gobierno de Felipe González nos metió en la OTAN, si bien en Euskal Herria, Catalunya y Canarias dimos un rotundo NO a aquel fraude. A pesar de ello, en Nafarroa, tenemos un polígono de tiro al servicio de la OTAN, en medio de un parque natural. En Rota y Morón lo tienen peor, pues cuentan allí con importantes bases militares yanquis. El Convenio regulador de éstas tuvo una duración inicial de ocho años, contemplándose la posibilidad de que, salvo denuncia de parte, éste se prorrogaría automáticamente año tras año. La prórroga actual vence el próximo 26 de mayo. Pues bien, ¿por qué Pedro Sánchez, en vez de adoptar medidas de medio pelo como la ahora anunciada, no denuncia el Convenio firmado y acaba con tanto servilismo al yanqui imperial? De igual manera, ¿por que no se pone fin al actual Convenio para el uso del polígono de Bardenas como campo de prueba de la OTAN, que vence en 2028?
El año 2023 fue el último en el que el gobierno logró aprobar unos Presupuestos en el Congreso. Desde entonces, llevamos tres años con los presupuestos prorrogados. El gobierno afirmó que aquellos presupuestos eran “los más sociales de la historia”, a pesar de que las partidas militares crecieron un 25%. De este modo, desde la llegada de Pedro Sánchez al gobierno, la subida del gasto militar sumaba ya un 60%. Las movilizaciones sociales parejas a la lucha insumisa por la abolición del servicio militar y la apuesta por una paz real, unida a las movilizaciones anti-guerra que se dieron en torno a la invasión de Irak, habían logrado frenar, por desprestigiados, unos presupuestos militares que, ahora, con el actual gobierno, se han disparado de nuevo.
El pasado 2025, al objeto de alcanzar el objetivo de un 2% del PIB en gasto militar impuesto por la OTAN, el gobierno, haciendo un juego de manos presupuestario, acordó incrementar aquel en 10.500 millones de euros, anunciando así que había alcanzado ya el 2%. Tenía de plazo para hacerlo hasta 2029, pero adelantó los deberes. De todos modos, el Centro Delás de Estudios por la Paz ha señalado en un informe que el gasto militar español alcanza ya la cifra de un 2,48% del PIB, pues hay partidas no computadas que están camufladas dentro de otras de los Ministerios de Industria, Asuntos Exteriores,… Según el Centro, este enorme incremento se debe a los Programas Especiales de Modernización de la maquinaria de guerra española (fragatas, aviones de combate, blindados, misiles…) en los que hay comprometidos cuantiosos pagos a futuro. Debido a ello, concluye, el gasto militar crecerá hasta el 3% en los próximos años.
Por su parte la OTAN, acatando el mandato de Trump I, emperador de las Américas, Europa y Oriente Medio, ha fijado el objetivo del 5% del PIB en gasto militar para sus países miembros. Ante esto, Pedro Sánchez ha afirmado que “el estado español no aumentará el gasto en ese porcentaje por ser incompatible con nuestro estado de bienestar”. Ahora bien, esto no quiere decir que el presupuesto español no vaya a seguir creciendo en años próximos, sino tan solo que no se alcanzará el porcentaje del 5%. Así que la pregunta sigue estando en el aire: ¿hasta cuánto quiere incrementarlo realmente el gobierno: hasta el 3,5%, el 4%, el 4,5%?
El ¡no a la guerra! de Pedro Sánchez está un tanto vacío. Mantener hoy unas bases militares y un polígono de tiro al servicio de una potencia (OTAN) y una organización criminal (OTAN), nada tiene que ver con una apuesta por la paz, sino con seguir optando por la complicidad. Lo mismo se puede decir de los presupuestos militares. La escalada de estos durante el mandato de Pedro Sánchez debe ser frenada en seco de inmediato. Cualquier nuevo incremento del gasto militar debe ser una línea roja inaceptable. Mientras tanto, la sanidad, la educación y las atenciones sociales tiemblan, porque si sube lo militar, baja lo social. No hay otra. Lo dice la ley de los vasos comunicantes.
Termino. Si bien parecía que la barbarie de Israel sobre Gaza no podía ser superada, en Cisjordania, Líbano e Irán estamos viendo que su capacidad genocida es ilimitada. La ruptura ¡ya! de todo tipo de relaciones con Israel es obligada.
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