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Entrevista con el poeta mexicano Luis Felipe Fabre

«Me gusta desquiciar los órdenes»

Fuentes: Diagonal

El autor de ‘La sodomía en la Nueva España’, Luis Felipe Fabre revisita los Siglos de Oro de la mano de algunos de los homosexuales ejecutados en tiempos de la Inquisición.

Diagonal:El título de La sodomía en la Nueva España invita a pensar que se trata de un ensayo y, de hecho, la materia verbal del libro es la de la prosa legal y de la historia. No obstante, es poesía. ¿Por qué este juego?

Luis Felipe Fabre: Creo que hay que sospechar de esa poesía que es poesía de ‘pe’ a ‘pa’ o que se presenta como tal. Me gusta desquiciar los órdenes que tranquilizan: «nefandos afanes de transgénero», dice un verso del libro. Me interesa que el lector se formule la pregunta de si eso que está leyendo es un poema, como hemos tenido que preguntárnoslo, y a estas alturas ya sin mayor problema, frente al arte del siglo XX. También creo que durante el barroco, que es la tradición con la que dialoga el libro, había en este sentido una mayor flexibilidad. En cuanto a la prosa condenatoria de los edictos, el libro establece un juego de alquimia, le da la vuelta y por momentos la exhibe para reírse de ella o volverla hermosa a su pesar. Creo que es también un ajuste de cuentas poético: desde el lenguaje hacia el lenguaje. Y una manera de revisitar la historia de México y los Siglos de Oro por la puerta de atrás. Digo Siglos en plural porque duran más de cien años y se prolongan no sólo en el tiempo sino también en el espacio.

D.:¿Podríamos plantear que se trata de una prosa ataviada de poesía?

L.F.B.: Sí, es una no poesía disfrazada de poesía o una poesía disfrazada de imposibilidad. En el fondo lo que digo es que la poesía me resulta insostenible. En este momento, y más cuando México se está cayendo a pedazos, ¿cómo sostienes la belleza?, ¿cómo sostienes lo sublime?, ¿cómo sostienes la supuesta perfección del lenguaje? La poesía me resulta imposible pero al mismo tiempo me niego a renunciar a ella. Lo que hago -mis esfuerzos, mis renuncias y mis parodias frente a la imposibilidad del poema- es una suerte de nostalgia de la poesía.

En este momento, y más cuando México se está cayendo a pedazos, ¿cómo sostienes la belleza?

D.: En La sodomía revisitas la literatura de los Siglos de Oro y en tus libros anteriores hacías lo mismo con la estadounidense, náhuatl o provenzal. ¿Qué hay en este interés por volver atrás?

L.F.B.: A lo mejor es simple curiosidad, o quizá avidez, como el movimiento antropófago brasileño, que quería devorar toda la cultura occidental y devolverla transformada. O tal vez tiene que ver con que no me siento capaz de hacer lo que yo considero poesía, y entonces lo que hago son piececitas rotas. Creo que sí: lo mío está hecho de pedacería.

D.: En muchos trechos del libro, las voces no se enuncian de manera franca sino a través de una mediación: lo que alguien dijo, lo que alguien dice que otros dijeron. Este recurso parece que inscribe una distancia crítica que rompe toda ilusión de sinceridad, de emotividad directa. ¿Qué opinas de esto?

L.F.B.: No estoy muy seguro de que lo que hago sea poesía lírica: lo que está puesto en duda todo el tiempo es un ‘yo’ romántico, un ‘yo’ profundo, un ‘yo’ que se exprese allí. Creo que tiene más que ver con la dramática o con la épica en tanto narrativa. A veces siento mis poemas como sketchs de cabaret. Mi trabajo con la poesía es muy teatral: cuando hay un yo, cuando llega a haber un ‘yo’, es claramente máscara, una proliferación de máscaras y de cierto tipo de personajes. Me gustan mucho las divas sospechosamente travestis. Al final yo también estoy jugando al travesti, digamos, en la enunciación. Esta figura me parece básica porque el travesti es una criatura artificial, que no pretende naturalidad, es mero artificio y al mismo tiempo es una superficie radical (el poeta mexicano Juan Carlos Bautista siempre dice que a un travesti rara vez le interesa pasar por mujer: lo que le interesa es pasar por travesti). Me gusta mucho el juego con la frivolidad y el juego con la superficialidad porque creo que el arte en gran medida es una superficie, más que un contenido. Lo importante del travesti es que lleva esa superficialidad a tal extremo que la vuelve una radicalidad que muchos que van de profundos no podrían tener.

Al final yo también estoy jugando al travesti, digamos, en la enunciación

D.: ¿Opera algún tipo de alteración de la lectura el hecho de que La sodomía en la Nueva España se publicara en España y no en México, siendo además un libro que trata asuntos de la Colonia?

L.F.B.: Yo habría querido que apareciera en México pero no encontré editorial, quizá porque el tema de la homosexualidad resultaba incómodo. Luego surgió la posibilidad de publicarlo en Pre- Textos, que es una editorial que me gusta, y por eso acabó saliendo en España. Así es que, casi sin querer, hay como una suerte de justicia poética, al ser un mexicano el que publica en España un libro que juega con la Colonia y que además hace una relectura de los Siglos de Oro españoles. Y sobre todo en este momento, cuando España siente un enorme desprecio por su tradición barroca. Lo que no incomoda en México resulta incómodo aquí, y al revés. Eso me gusta. Me interesa lo mal visto. //

Fabre y la fecundación esteril

Luis Felipe Fabre (Ciudad de México, 1974) ha publicado, entre otros títulos, la antología de nueva poesía mexicana Divino Tesoro (Casa Vecina, 2008), el libro de ensayos Leyendo agujeros (Conaculta, 2005) y Cabaret Provenza (FCE, 2007), que recoge la mayor parte de sus poemas. Su obra se caracteriza por esa galería de personajes travestidos que transitan por las fronteras del género literario, político y sexual. Esos monstruos son el fruto de una potente maquinaria de interpretación y actualización con la que Fabre hace suyo el principio deleuziano de la «fecundación estéril» al restaurar tradiciones tan dispares como la canción ranchera o la poesía trovadoresca. Sus versos dicen y se desdicen a un lado y otro del signo gráfico de los dos puntos: un orificio de salida que Fabre invierte en entrada, al estilo de los sodomitas que pueblan su último libro, La sodomía en la Nueva España.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/Luis-Felipe-Fabre-me-gusta.html