Recomiendo:
0

Mick Jagger, ¿un «street fighting man«?

Fuentes: La Vanguardia

El veterano activista Tariq Ali recuerda al Stone en los disturbios londinenses del 68

No es fácil imaginarse un street fighting man (luchador callejero) en la cumbre de Davos. Pero allí estaba Mick Jagger, el pasado enero, invitado especial del club de la élite global en los Alpes suizos. Vestido con vaqueros apretados color rosa, bailaba en la fiesta de Matthew Freud, familiar del magnate de los medios Rupert Murdoch, en un chalet de Schatzalp, mientras consejeros delegados y banqueros internacionales tomaban copas y canapés.

Suiza, capital del secreto bancario y de estrategias internacionales de evasión fiscal, era quizás el lugar indicado para Jagger, cuyo patrimonio ascendió el año pasado a más de 260 millones de euros. Los Stones, a fin de cuentas, son pioneros -junto con The Beatles, que grabaron Taxman unos años antes-, de la gran tradición del rock and roll en su fase avanzada, en la que la evasión fiscal se percibe como un acto de rebeldía heroica.

Los cuatro Stones se mudaron a Francia en 1971, y grabaron Exile on Main Street, presentándose como víctimas de la policía antinarcóticos y del fisco británico que en aquel entonces se quedaba con el 83% de las rentas billonarias. Keith Richards recuerda el exilio fiscal en su autobiografía Vida como si el hecho de mudarse al Chateau de Nellcote en Niza (donde grabaron el disco), con vistas a su nuevo yate Mandrax, amarrado en la bahía de Villefranche, fuese un golpe contra el imperio británico. «El poder jamás esperaba que nos marchásemos; no comprendían que nos haríamos más fuertes, que nos inspirarían a hacer Exile on Main Street, quizás lo mejor que hemos hecho nunca».

Por eso es aun más chocante comprobar que solo tres años antes, durante las protestas de 1968, Jagger sí era un auténtico rebelde callejero coordinando su presencia en manifestaciones con la de líderes trotskistas como Tariq Ali, que no solo exigían que la «alta burguesía» pagase impuestos sino que pretendían expropiar sus bienes. Ali lo recuerda en su conversación con La Vanguardia. Tras la ofensiva del Tet en la Guerra de Vietnam, a primeros del 68, un movimiento de protesta creció vertiginosamente y, cuando miles de manifestantes libraron una batalla campal contra la policía antidisturbios montada a caballo, en la londinense Grosvenor Square, allí, entre los manifestantes, estaba Mick Jagger. «Jagger estaba bastante comprometido en aquellos tiempos; tenía mas credibilidad que los Beatles», dice Ali. Tras el aplastamiento violento de la protesta, Jagger dejó entrever su debilidad por las grandes producciones escenográficas que pronto se verían en los megaespectáculos de las giras de los Stones. «Allí mismo (en Grosvenor Square) pensé: ¡Si ellos quieren usar caballos, nosotros vamos tener a 10.000 personas montadas a caballo!», dijo en una entrevista en la revista de la contracultura International Times.

Decepcionado por la docilidad del pueblo británico, Jagger escribió Street fighting man tras su experiencia en Grosvenor Square. «Nos apuntó la letra en un papel para publicara en Black Dwarf (Enano Negro, el periódico revolucionario que luego se convertiría en Red Mole, Topo Rojo), y en cuanto tomamos una foto del papel, la tiré a la basura; porque en aquel entonces no teníamos interés en las celebridades más allá de su compromiso político».

Pero, aunque los trotskistas y maoístas del 68 rechazaron el culto a la estrella de rock, sí entendían la influencia que ejercían figuras como Jagger y John Lennon. Cuando en 1967, The Beatles (con la presencia de Jagger) retransmitieron en directo All you need is love llegaron a más de 300 millones de personas. Street fighting man podría obrar del mismo modo en la próxima fase revolucionaria: «Ha llegado el verano y es el momento de luchar en las calles», canta Jagger en Londres, regañándola por ser una «ciudad dormida». Jagger, que había estudiado en la London School of Economics , ahora el cuartel general de las protestas estudiantiles bajo el liderazgo del trotskista Robin Blackburn, remató en una entrevista con International Times: «El sistema esta podrido (…) El momento ha llegado. La revolución es valida».

La presencia de Jagger en la manifestación de Grosvenor Square contrastaba con la ausencia de los Beatles. John Lennon -en teoría, la estrella del rock con las mejores credenciales revolucionarias- había provocado un desencanto brutal en la izquierda al grabar la ambivalente Revolution en el mismo año. «Dices que quieres una revolución (..) Pero cuando hablas de la destrucción pues, no cuentes conmigo (o sí)».

«Los Beatles nos decepcionaron sobremanera», dice Ali. John Hoyland, de Black Dwarf, llegó a escribir una carta indignada a Lennon en octubre de 1968: «No existe tal cosa como una revolución educada», escribió al Beatle. «Últimamente, tu música ha perdido su pegada y los Stones son mas fuertes». Y Lennon respondió defendiendo su indefinición respecto a la lucha violenta en otra carta al mismo periódico. «Al final, Lennon resultaría mucho más firme en su compromiso contra la guerra de Vietnam que Jagger», dice Ali.

Pero en el 68 era Jagger el icono de la revolución y no Lennon. Hasta el cineasta marxista de la nouvelle vague francesa Jean Luc Godard , cuya película Le chinois sobre jóvenes maoístas en París era una precursora del mayo del 68, decidió rodar One plus one a mediados de ese mismo año, en los estudios Olympic de Londres, donde los Stones grababan el disco Beggars Banquet y, concretamente, la famosa canción Sympathy for the devil. Goddard comparó la evolución de aquella canción en el estudio -del folk dylanesco de sus primeras versiones a una samba potente y amenazante- con el proceso revolucionario de un grupo de panteras negras debatiendo en un desguace de coches. Pero en todos los elogios que la izquierda revolucionaria le brindó a Jagger, paso desapercibido que la letra de Sympathy -basada en una novela del escritor ruso antibolchevique Mijaíl Bulgakov- incluía un rechazo a la revolución rusa «Me quedé un rato en San Petersburgo (…) y maté al zar y sus ministros; Anastasia lloró en vano».

Por eso, quizás, un cuarto de siglo después fue seleccionada como una de las diez mejores canciones conservadoras por parte de la revista de derechas National Review, en Washington. Y, efectivamente, poco a poco, quedaba más claro que la única protesta de Jagger iba dirigida a los impuestos de Harold Wilson. Y que su único proyecto era convertir los Rolling Stones en una lucrativa empresa multinacional digna de representación en la cumbre de Davos. Ya a principio de los ochenta, se declaró simpatizante no solo del diablo sino también de Margaret Thatcher.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/cultura/rolllingstones/20120506/54289477667/rolling-stones-mick-jagger-street-fighting-man.html