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Primavera en La Habana 2006: De Theremin a la música techno

Fuentes: La Jiribilla

Quien imagine un foro de música electroacústica como un coto cerrado a la sensibilidad popular, no conoce la tradición de los festivales cubanos. La nueva versión del Festival Internacional de Música Electroacústica Primavera en La Habana, fechada en el 2006, confirma esa amplitud de miras. Los organizadores, con su director ejecutivo Enmanuel Blanco a la […]

Quien imagine un foro de música electroacústica como un coto cerrado a la sensibilidad popular, no conoce la tradición de los festivales cubanos. La nueva versión del Festival Internacional de Música Electroacústica Primavera en La Habana, fechada en el 2006, confirma esa amplitud de miras. Los organizadores, con su director ejecutivo Enmanuel Blanco a la cabeza, se las han arreglado para hacer coincidir las más abstractas expresiones experimentales, incluso aquellas que lindan con el ruido, con las versiones más exultantes de la corriente techno, más propias del ámbito de las discotecas que de las salas de concierto.

El fundador del Festival, el maestro Juan Blanco, siempre lo tuvo claro. Desde que conoció las experiencias anticipatorias de Leon Theremin -innovador del theremin, instrumento pionero en la producción de sonido mediante el uso de la electricidad- hasta que trabajó con los programas computadorizados más sofisticados, se propuso experimentar con los pies puestos en la tierra, es decir, adelantarse a su tiempo con un espíritu propositivo sin dejar de reflejar el entorno popular, sus raíces culturales, su ámbito más cercano y sin cerrar los ojos ante los medios que propiciarían una dimensión social de la creación.

La Habana Vieja fue un escenario ideal para las presentaciones. Sesiones vespertinas en la Basílica Menor de San Francisco de Asís, junto a la Avenida del Puerto, y conciertos de noche en la muy bien equipada sala teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, con la inauguración en la Casa de la Obrapía, marcando desde ese momento el sabor de los ritmos urbanos a lo cubano, con una entrega de Juan Carlos Rivero, tecladista del grupo Moncada, quien ha plantado de cara a un pop / rock felizmente contaminado con los sonidos de su país.

El despliegue foráneo más intenso corrió a cuenta esta vez del Instituto de Música Electroacústica de Suecia, que vino encabezado por Mats Lindstrom. Llamó la atención igualmente una intérprete de altos quilates, la violinista Airi Yoshioka, quien se ha especializado en hacer audible la creación electroacústica de las mujeres y mostró un muy rico panorama del quehacer de las norteamericanas Alice Shields y Anna Rubin (a pesar de que a esta su gobierno le prohibió viajar a Cuba), de su compatriota Karen Tanaka, de la serbia Milca Paranosic y de la cubana Tania León.

Los asistentes agradecieron el gesto del Instituto Valenciano de la Música que encargó al prominente compositor español Adolfo Núñez una obra, «Regulus de ficción», para ser estrenada especialmente en Primavera en La Habana.

Pero también sorprendieron autores latinoamericanos como el colombiano Rodolfo Acosta quien logró un sensible impacto con su obra «Us a calm mistery?», por su manera de organizar células rítmicas caribeñas y magrebíes en un contexto de voces procesadas electrónicamente.

Por la parte cubana fue bueno constatar el buen rumbo del Estudio Carlos Fariñas de Arte Electrónico Musical, del Instituto Superior de Arte. La labor que está desarrollando el maestro Roberto Valera, siguiendo la ruta de Fariñas, está dando magníficos frutos, tanto por lo que cuenta la experiencia de una joven profesora como Teresa Núñez como por los bisoños creadores -todavía estudiantes- Elvira Peña, Luis Ernesto Peña, Sigried Macías y Evelyn Ramón. Valera, como es habitual en él, dio muestras de sumo ingenio en su pieza de estreno «Eine Kleine Nachtmusik», obviamente dedicada a Mozart.

Los anfitriones del Festival, los creadores del Laboratorio Nacional de Música Electroacústica, fieles a la tradición sembrada por Juan Blanco, salieron al ruedo con un repertorio donde la experimentación con el sonido se dio la mano con propuestas conceptuales sólidas, tales como los casos de Alain Michel G. Falcón, Fernando Rodríguez y Mónica O’ Reilly. Por primera vez se escuchó en Cuba la obra de Juan «1789-1989», que estrenó en Francia por encargo al conmemorarse en bicentenario de la toma de La Bastilla, acompañada esta vez por un video de Jorge Bolaños.

Lo techno no solo fue aportado por músicos alemanes que cuentan con una intensa trayectoria y con medios para revolucionar esta música urbana. Static y Pole marcan pautas en ese terreno. Cuba también tiene mucho que decir aunque con más modestos recursos. A jóvenes como los de Nacional Electrónica les sobra talento para encontrar una ruta de acentos propios.