El feminismo interseccional analiza cómo se entrelazan múltiples estructuras de opresión en la vida de las mujeres.
Se acerca el 8 de marzo y, con esta fecha, la oportuna reflexión sobre la lucha de las mujeres me lleva a considerar, a partir de mi propia experiencia de feminista y sindicalista, una práctica de interés que ejemplifica algo que, en los últimos años, tanto desde el activismo como desde la academia, se ha convertido en un tema principal, la interseccionalidad.
El feminismo interseccional, término acuñado por Kimberlé Crenshaw en 1989, analiza cómo se entrelazan múltiples estructuras de opresión (género, raza, clase, sexualidad) en la vida de las mujeres. Patricia Hill Collins y Sirma Bilge (2019) [2] proponen esta descripción del concepto de interseccionalidad:
La empresa ha resultado ser descomunal. Partíamos de una situación de presencia femenina marginal, por supuesto, en el mercado laboral, pero más aún en la afiliación sindical
“La interseccionalidad es una forma de entender y analizar la complejidad del mundo, de las personas y de las experiencias humanas. Los sucesos y las circunstancias de la vida social y política de las personas raramente se pueden entender como determinadas por un solo factor. En general están configuradas por muchos factores y de formas diversas que se influyen mutuamente… no por un único eje de la división social, sea este la raza, el género o la clase, sino por muchos ejes que actúan de manera conjunta y se influyen entre sí… no funcionan como entes independientes y mutuamente excluyentes, sino que se construyen unos sobre otros y actúan juntos”.
Pero el nacimiento de las ideas que aglutina este concepto, realmente, fue anterior y los estudios de género vienen a situarlo en varios textos que analizan las luchas de las mujeres afroamericanas, en los movimientos sociales en los USA, en los años 60 y 70 del siglo pasado, que introdujeron las reivindicaciones de aquellas mujeres que no cabían en el patrón del que llamaron feminismo blanco, el de las mujeres universitarias y amas de casa de clase media, quienes, con la pretensión de universalidad, marcaron la segunda ola del feminismo. Así, con la introducción de otros ejes de discriminación -la raza, la clase social…- se inicia el feminismo de la tercera ola.
El feminismo en el movimiento sindical
Pues bien, por esas fechas -1975, declarado por la ONU año internacional de la Mujer, es la fecha que tomamos como referencia-, con la realización de las Primeras Jornadas por la liberación de la mujer, en Madrid, y poco después, las Primeras Jornadas catalanas de la dona, en Barcelona, resurge en España el que luego será denominado feminismo de la tercera ola.
CCOO supone un buen ejemplo, en nuestro país, de una práctica interseccional, de vinculación de las diferentes estructuras de opresión, tanto por ser una organización pionera en su comprensión como por la extensión de esta práctica en toda la estructura sindical
Ya por entonces, unido a esos primeros pasos de este movimiento feminista en España, comienza el trabajo feminista en el interior de los sindicatos. Desde esa misma consideración que hoy podemos denominar interseccional, un sector de la afiliación de CCOO, mujeres, sobre todo, considerando que la desigualdad económica no se puede abordar debidamente solo a partir de la clase social, se propone conseguir que CCOO integre en su actividad en defensa de “la clase”, la especificidad de la discriminación femenina, la discriminación de “género” lo que entonces llamáramos “transversalidad de género”, y que hoy sigue definiendo uno de los principios del Sindicato, según se recoge en sus estatutos: “CCOO asume incorporar la transversalidad de género en todos los ámbitos de la política sindical…”.
Se defendía que las mujeres trabajadoras tenían unos problemas específicos que no podían englobarse como problemas del conjunto de la clase, pero, realmente, expresados desde la experiencia masculina, exenta, como sabemos, de los condicionamientos sociales que tenían -y aún tienen- las mujeres. La jornada laboral no supone lo mismo para un hombre sin responsabilidades familiares y de cuidados, que para una mujer que sí las tiene, la defensa del derecho al trabajo -al empleo- no se consideraba de la misma entidad si se trataba del de un hombre -algo “sagrado”- que si fuera el de una mujer -su destino era otro, ya se sabe-, los salarios eran ¡tan diferentes, aun en el mismo puesto de trabajo!… Y se creía que todos estos problemas específicos no podían ser considerados problemas personales, que solo les incumbían a ellas, sino que debían entenderse, también, como problemas de “la clase”. En resumen, se decía en algún texto de la época, “tenemos que aprender a entrelazar nuestro punto de vista de clase con una posición antipatriarcal”.
Y consiguieron que, en la Asamblea de CCOO de Barcelona, en 1976, para ir dando pasos en ese objetivo, se decidiera crear las secretarías de la mujer, lo que luego se formalizaría en el I Congreso Confederal, de 1978.
En ese I Congreso de CCOO se habla de la especificidad de la problemática de las trabajadoras, de la constitución de secretarías de la mujer [3] y su representación en los órganos del Sindicato, de la relación con el movimiento feminista… Se plantean reivindicaciones laborales específicas: la eliminación de las categorías laborales femeninas, contra la discriminación salarial, la compatibilidad del trabajo asalariado y el trabajo doméstico… y también otras más globales referidas al conjunto de las mujeres: la igualdad ante la ley, anticonceptivos y aborto…, se denuncia la violencia de género… y todo ello, desde la consideración de que ‘lo personal es político’, un lema acuñado por el feminismo que reclama la necesidad de visibilizar públicamente, como cuestión social, lo que el neoliberalismo considera relativo a la esfera privada.
Después, con la realización de una conferencia de mujeres (“CC.OO., un espacio sindical para hombres y mujeres”, febrero-junio de 1993), el conjunto del sindicato discutió durante varios meses los problemas y reivindicaciones de las mujeres, lo que significó un importante nivel de consolidación de las secretarías de la mujer.
No exento de problemas
La empresa ha resultado ser descomunal. Partíamos de una situación de presencia femenina marginal, por supuesto, en el mercado laboral, pero más aún en la afiliación sindical, de una gran incomprensión por parte de muchos compañeros varones, incluso, hacia el derecho de las mujeres al empleo, con acusaciones a las trabajadoras de ‘romper la clase’ con su defensa del derecho al trabajo remunerado, de la consideración de que lo laboral y lo sindical son ‘cosa de hombres’, del propio retraimiento de las mujeres a imponer su presencia en un ambiente muy masculinizado, por muy diversas razones, entre otras y muy fundamentalmente, debido a las responsabilidades familiares.
Pero cada vez más mujeres entendieron que su condición de clase trabajadora estaba atravesada por su condición de género y pelearon por vincular ambas identidades, siendo conscientes de que su realidad no era la misma que la de sus compañeros trabajadores.
Se establecieron cuotas de presencia de mujeres en los órganos de dirección del Sindicato, en las listas de elecciones sindicales… -una medida necesaria para el avance de las mujeres en ámbitos abrumadoramente masculinos-, se cuestionó el funcionamiento cotidiano de la propia organización -los horarios de trabajo y reuniones, los modos en que se debate y se toman decisiones…-, no facilitador de la participación de las mujeres, se incorporaron las reivindicaciones específicas de las mujeres, que, a veces, han supuesto merma de los privilegios masculinos, como en el caso de las medidas de acción positiva.
Desde entonces para acá, las mujeres están presentes en el mercado laboral de forma creciente y siguen organizándose y reclamando derechos. A pesar de que la imagen de las organizaciones sindicales aún mantiene muchos rasgos de masculinidad y cualquier pequeño avance femenino sigue requiriendo mucho tiempo y esfuerzo, las mujeres han ido ganando terreno, tanto en presencia y participación, como en capacidad de incidir en las políticas sindicales.
Sindicato feminista y más
De igual forma que el feminismo ha considerado las discriminaciones por razón de opción sexual y de identidad de género, como fruto del patriarcado y ha reclamado los derechos de los colectivos LGTBQ+, de la mano de las secretarías de la mujer, en CCOO, ampliando, en la práctica, ese concepto de interseccionalidad, se ha entendido la necesidad de contemplar este eje de opresión y hacerle frente. Se han creado las secretarías oportunas y se asume su estrategia reivindicativa, entendiendo que el cuestionamiento del carácter patriarcal del sistema, impuesto a toda la sociedad, explica también la discriminación que sufren las personas que rechazan la norma heterosexual, que rechazan el binarismo de género o que no se sienten identificadas con el género asignado.
Igualmente, CCOO, desde los años 80, comprende que la cada vez mayor presencia de trabajadores y trabajadoras inmigrantes plantea una nueva problemática específica, a la que hay que dar atención y ha creado las estructuras oportunas para ello. Así, por ejemplo, la actual Secretaría de Migraciones acaba de pronunciarse a favor del recientemente anunciado proceso de regularización, como un acto de responsabilidad política y de realismo social.
Esa capacidad de comprensión de las discriminaciones existentes, de voluntad de acabar con ellas, ha estado acompañada del convencimiento de su necesaria vinculación, de su tratamiento transversal, en la convicción de que la clase trabajadora está atravesada por una diversidad de aspectos de discriminación que es necesario tener en cuenta y que son necesarias las alianzas de todos los sectores oprimidos, ya sea por razón de su clase social, de su sexo, de su etnia, de su origen nacional, de su opción sexual o de su identidad de género.
CCOO supone un buen ejemplo, en nuestro país, de una práctica interseccional, de vinculación de las diferentes estructuras de opresión, tanto por ser una organización pionera en su comprensión como por la extensión de esta práctica en toda la estructura sindical, el volumen de personas implicadas en los debates y en sus actuaciones organizativas, sociales y sindicales. Será necesario seguir profundizando en esta práctica, dados los tiempos que se avecinan, proclives al avance de la extrema derecha y su persecución especial contra los avances feministas, contra los inmigrantes y contra las llamadas disidencias sexuales.
Notas:
[2] Hill Collins, P. y Bilge, S. (2019). Interseccionalidad. (R.F., Trad). Morata.
[3] UGT crea el Departamento Confederal de la Mujer Trabajadora en 1983.
Carmen Heredero. Exsecretaria de Mujer e Igualdad de CCOO Enseñanza. Experta en coeducación.


