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La activista y poeta Amparo Climent publica “Benimaclet Un Mar d’Horta”

Una poesía desde la precariedad y el sufrimiento laboral

Fuentes: Rebelión

Migraciones. «Gélida frontera, / invisible muralla en las sombras, / impío laberinto para las presas del hombre. / Ved los crímenes / que se ocultan en la tierra, / en un nublado foso, / de aguas negras en la tormenta. / La dictadura soberbia del miedo / muestra sus dientes irreverentes, / hundiendo a la […]

Migraciones. «Gélida frontera, / invisible muralla en las sombras, / impío laberinto para las presas del hombre. / Ved los crímenes / que se ocultan en la tierra, / en un nublado foso, / de aguas negras en la tormenta. / La dictadura soberbia del miedo / muestra sus dientes irreverentes, / hundiendo a la gente en la nada, / de muros levantados / con la palabra muerte». En el reciente libro «Benimaclet Un Mar d’horta», Amparo Climent (Valencia, 1960) recopila 50 poemas alumbrados durante los últimos cuatro años, que se distribuyen en cinco bloques: la huerta, el barrio, la mujer, migraciones, la lucha y breves. «Poesía de la calle, escrita desde abajo», define la contraportada del poemario. ¿Un lugar común? Gente como ella que vive en la precariedad y en lo que caracteriza como «sufrimiento laboral», justifican la definición. La poesía permite expresar las vivencias a los que vienen de muy abajo. La poeta y activista lleva trabajando durante cuatro años en el cuidado de una anciana, viuda, de 89 años; y nueve horas semanales en la recepción de la consulta de un médico privado. Con los dos empleos no alcanza los 700 euros, y antes permaneció tres años en el paro.

Deformación. «En las noticias todo es muerte, / circo ambulante que hinca su pico, / como un diente, / sobre panes y vestidos. / ¿Qué clase de palabras, / escupen sobre nosotros / las mentes abnegadas en salvar / su calculada dignidad?». La edición del libro corre a cargo de la asociación Zambra de Málaga, Coordinación Baladre de luchas contra la precariedad y CGT-València. ¿Por qué un poemario y no una novela, narrativa breve o ensayo? En parte por la influencia de su madre, que siempre escribió poesía; también la autora empezó desde los 12 años a componer pequeños poemas, empresa a la que volvió en las coyunturas críticas de su vida. «Era como una vía de escape», apunta, «pero hace siete años que escribo con mayor asiduidad». «Benimaclet Un Mar d’Horta» es su primer libro, en el que se pone de manifiesto la evolución de sus versos: los primeros surgían de lo más personal; sin embargo, desde que en 2014 se implicó en los movimientos sociales, su escritura tiende a lo colectivo.

Uno de los poemas sobre la lucha social se titula «Insumisos»: «Nos dijeron libertad, / y nos mintieron. / La furia es limpia y dura, / como piedras poderosas en su cuerpo mineral, / y nuestro suplicio, / imaginar quimeras / desmenuzando la rabia». Amparo Climent participa en el Projecte AU, iniciativa de economía solidaria y de autogestión de la Asamblea de Paradas y Precarias de CGT-València. El colectivo ha impulsado un grupo de costura, que surgió del ropero solidario; otro de huertos urbanos en el barrio marítimo de Natzaret y la Bolsa Caos, dedicada al acopio y reparto autogestionado de alimentos entre los miembros del proyecto.

La obrera, activista y poeta nació y sufrió un desahucio hace unos años en el barrio del Carmen (centro histórico de Valencia). Vive desde hace dos en la barriada de Benimaclet, como un pequeño pueblo dentro de la urbe, del que valora la cercanía de la huerta y «mucha gente joven que se moviliza». Menciona los ejemplos del Centre Social Terra y el Centro Social Okupado y Anarquista L’Horta. Amparo Climent dedica a la huerta de Benimaclet ocho poemas del libro: «Este mar de tierra y hojas / es cómo una sábana tibia, / un instinto de la ciudad dormida, / que desnuda angustias / con aromas de pan» (de «Frente a un campo de coles»). Y otros siete al barrio: «Conocer las calles, / el camino mudable y en movimiento, / ese dibujo triste, / que puebla la niebla de la gente» (de «Pasillos urbanos»).

Se reclama feminista (titula uno de sus poemas «Escribiendo en violeta»), y considera que en algunas de sus poesías pueden descubrirse códigos «femeninos». De manera sutil, además, hay poemas en los que aflora la violencia de género («No soy yo» o «Un mensaje en la cocina»), y dedica versos a «Las masoveras», «El recipiente femenino», o «Dos mujeres». En general prefiere una poesía más velada y simbólica, menos rotunda y directa, aunque ante las injusticias -laborales o la explotación de personas migrantes- afirma que se ha de ir al grano. Entre los 50 poemas compilados, elige «Hermanas de la calle», que leyó en público en diciembre de 2015 durante una acción en la calle con la asamblea de paradas y precarias. Procedió a la lectura -megáfono en mano- frente a la Delegación del Gobierno en Valencia, recuerda: «Tenía a mi lado a la Policía Nacional». Dedicó aquellas estrofas a todas las personas que se movilizan, de la PAH, las Sillas contra el Hambre o los Yayoflautas. También se queda con otro poema escrito hace siete años, «No soy yo». Por el estilo («más simbólico»), le marcó especialmente desde su adolescencia la poeta estadounidense Emily Dickinson (1830-1886), aunque también Miguel Hernández, «muy directo y con ese desgarro a la hora de escribir; en este país no se le ha hecho justicia». Son los poetas a los que más ha leído, y le han influido de modo especial.

No se trata de un género muy valorado, pero en los últimos años se constata un cierto resurgir de la poesía, constata Amparo Climent: «Tal vez por la situación personal y colectiva en la que vive la gente, y la necesidad de sacar afuera lo que sentimos; la poesía es una forma muy libre y directa de hacerlo, más breve que el relato». Tampoco lo tiene fácil la Poesía en una época que prima la velocidad y los impactos visuales. Frente al vértigo de las imágenes, sus versos «reflejan una parte del sentir más cotidiano, el inspirado en las sensaciones de la gente común», afirma la contraportada del poemario.

En el obrador del poeta, este principio se traduce en escribir de seguido, no pensar mucho y dejar que la poesía repose algunos días, puede que una semana. Entonces corrige alguna palabra o frase, pero no se fija especialmente en la asonancia o consonancia de las rimas, ni en la medida exacta de los versos («a veces me han rimado sin darme cuenta»). Sin embargo considera importante, a la hora de versificar, que se mantenga un ritmo y musicalidad en la lectura. Quizá porque esté pensando en la finalidad: «La poesía ha de leerse en voz alta, por lo menos murmurándola; es la manera de imprimir vida a las palabras».

«Loca en su geometría exacta, / loca en ese estallido de muerte en los preámbulos, / en el andar tierno / vagando por superficies de cristal» (de «Loca»). «Minutos pausados, / horas y días lentos / que formaron un año, / tiñe de gris los instantes, / sepulta la risa / y enciende el llanto» (de «Mariposa»). Amparo Climent se declara anarquista, «y más cada día que pasa». Aunque, matiza, el anarquismo necesitaría un punto de «revisión» para no incurrir, en ocasiones, en un purismo excesivo. ¿Anarcosindicalista, anarcoprimitivista o quizá anarcoindividualista? De la Idea se queda sobre todo con el rechazo de los clichés, convencionalismos sociales, pautas y roles muy marcados, dogmas de fe y prejuicios. Todo ello se aprecia, por ejemplo, en los mecanismos de adiestramiento que manejan la televisión y la publicidad para decir que todo ha de ser -inmutable- de una sola manera. Además «la libertad del individuo está por encima de todo, y entre todas nosotras podemos cuidarnos», sostiene la activista. Uno de los fundamentos del Projecte AU es el cuidado entre los miembros del colectivo, además de situar en la misma proporción todas las tareas, sea el libro de poesía, los bolsos del taller de costura o las calabazas del huerto.

«A Lucía» Sánchez Saornil, militante anarcosindicalista, poeta y una de las fundadoras de Mujeres Libres, colectivo que alcanzó las 20.000 afiliadas durante la guerra civil, Amparo Climent le canta «mujer de viento, / y susurros limpios y carnales / expuestos en galerías violeta…». Todos los años, en el aniversario de su muerte en el verano de 1970, un grupo de activistas rinde homenaje a Lucía en el Cementerio General de Valencia; leen textos, poemas y entonan el himno de Mujeres Libres en su memoria. ¿Es la poesía (y la escritura en general) un oficio, una labor artesanal y concienzuda, incluso una arquitectura meticulosa de la palabra, como afirman algunos escritores (profesionales) en las entrevistas? La autora de «Benimaclet Un Mar d’Horta» transita por unos caminos menos trascendentales: «Cuando un poeta compone los versos estos son suyos, pero al publicarlos se desprende de los mismos para entregárselos al lector». En su caso, asegura, no se trata de un lugar común. Pasadas tantas centurias, ¿pueden expresarse cosas nuevas en forma de poema? «Claro que sí, mucha gente puede rechazar la poesía porque la asocia al tópico de las flores y los claros de luna, pero todo se puede decir en un poema». Son una vía de escape, para explicarse, denunciar, desahogarse…

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.