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Ver como Nivedita Menon

Fuentes: Pikara Magazine [Foto: Nivedita Menon. / Foto cedida]

Hablamos con la activista y docente de pensamiento político sobre la esfera política en la India, el nacionalismo hindú extremo, la violencia sexual y la comunidad LGBTHK; temas reflejados en su libro ‘Ver como feminista’.

Es diciembre, hará frío. Desde la casa de Nivedita Menon no se escucha la Delhi feroz, esa que permanece viva y en alerta 24 horas en un balancín de vértigo. Tampoco se perciben los pitidos de los coches, los síntomas de atasco, ni nubes de humo gris que envuelven a la ciudad en un manto de polvo y olores que hoy cuesta recordar. Lo que veo a través de una pantalla de ordenador es un armario de madera con libros y el rostro de Menon sereno, para una ciudad hiperactiva. “Si hay algo bueno de esta pandemia es que hemos integrado el comunicarnos desde cualquier parte del mundo”, dice desde la videollamada.

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Nivedita Menon es profesora de Pensamiento Político en la Universidad pública Jawaharlal Nehru en Nueva Delhi (JNU, por sus siglas en inglés). Han pasado casi diez años desde que publicó en la India Seeing Like A Feminist (Zubaan Books y Penguin Books India, 2012), un ensayo en el que la autora analiza el deseo, el cuerpo, el valor y la tradición familiar, la violencia sexual hacia las mujeres y grupos LGBTHK (la ‘H’ pertenece a Hijras y la ‘K’ a Kothi); temas atravesados por el nacionalismo extremo, los valores de una sociedad patriarcal, la casta y la religión. Ver como feminista ha sido traducido al castellano por la escritora Tamara Tenenbaum y publicado por la editoral consonni el pasado octubre de 2020.

“Escribí el libro para un público genérico, teniendo en cuenta que es un libro académico. Tuvo muy buena recepción además ha sido traducido a varias lenguas nacionales, no solo al hindi, también al panyabí, etcétera”, señala Nivedita Menon. Aparte de esta última publicación, Menon ha publicado otros libros académicos como Recovering Subversion: Feminist Politics Beyond The Law (2012), la compilación Sexualities (2007) y Power and Contestation: India after 1989 (2007), en coautoría con Aditya Nigman. Además ha sido traductora de diferentes textos de ficción y no ficción, del hindi y malayo al inglés, y viceversa. Y es una de las cofundadoras del blog kafila.online, espacio en el que diferentes voces de activistas, periodistas, escritores y escritoras han creado un lugar de participación crítica en torno a tópicos del mundo contemporáneo tratados desde una perspectiva radical.

Nacionalismo hindú e islamofobia

La universidad en la que imparte clases Menon se ha convertido en punto de mira de ataques desde que el primer ministro de la India, Narendra Modi, fue elegido para gobernar el país en 2014 como representante del partido nacionalista hindú Bharatiya Janata Party (BJP). A principios de enero de 2020, más de 50 personas que portaban objetos violentos, hirieron a 39 estudiantes y profesorado de la JNU. Fueron atacados por grupos de estudiantes de la derecha relacionados con la Rastriya Swayamsevak Sangh -organización paramilitar india nacionalista hindú-, de la que Modi fue parte. “JNU está vista como una esfera académica en la que hay libertad de pensamiento. Es un entorno democrático, de pensamiento feminista. Llevamos recibiendo sucesivos ataques desde 2016”, cuenta la escritora. En enero del añopasasdo también hubo protestas en todas las partes del país contra la reciente ley de ciudadanía, conocida como la ley antimusulmana. Ese ataque a la universidad fue descrito por los nacionalistas como una prevención para no alterar el orden por las protestas que se venían sucediendo contra esta ley. “Todo esto es parte de la erupción nacionalista y de las reacciones islamófobas. Las protestas en desacuerdo a la ley de ciudadanía pararon con la Covid-19. Ahora se están manifestando las personas agricultoras porque este Gobierno no es solo nacionalista, si no que también es capitalista. Las comunidades tribales y sus recursos naturales están siendo vendidos al beneficio de las empresas”, señala Menon. Las protestas contra la nueva reforma agraria se iniciaron a mediados de noviembre. Numerosos grupos de agricultoras y agricultores marcharon a Delhi desde todos los puntos de la India. En un país en el que la mitad del tejido económico lo sustenta la agricultura, el campesinado denuncia que las compañías privadas les harán “más esclavos”. “La consecuencia va a ser la destrucción de la seguridad alimentaria de todo el país”, comenta la escritora.

Como dice Nivedita Menon, hay que diferenciar el hinduismo -que es la religión-, de la extrema derecha hinduista política o del nacionalismo hindú –conocido como Hindu Rashtra-, ya que esta ideología política está fundamentada en la creencia hacia una única religión (la hinduista), una lengua (el hindi) y una nación; conceptos que son irreversibles en la agenda política del ‘mandato Modi’. “Este panorama político, y además masculinizado, pertenece a una esfera de clase alta del norte de la India. El hinduismo no tiene unos parámetros definidos en la totalidad de la India, ya que en cada estado o comunidad la cultura y los valores son diferentes. Así que ellos se proclaman hinduistas, practican su religión, pero luego ven a los dalit [son la clase más baja en el sistema de castas, son también conocidos como intocables] como basura. Ni siquiera están de acuerdo con las prácticas religiosas de otras comunidades”, añade.

A la escritora se la conoce también por oponerse a la ocupación de Cachemira, lugar en el que se ha restringido la libertad de movimiento, aumentado la presencia militar y limitado la conexión a internet desde que el Gobierno indio derogó su autonomía en 2019, un estatus especial que se mantuvo en el territorio durante 70 años expuesto en el artículo 370 de la Constitución india. “La mayoría de las personas que viven en Cachemira son musulmanas, de ahí la cesión del estatus”, explica Menon. Según los datos proporcionados por el Gobierno en 2011, este estado es el único en toda la India con mayoría musulmana, un 68 por ciento de la población.

Mujeres, violencia y casta

Ver como feminista se publicó en India en el año en que se produjo uno de los casos de violación grupal más sonados en el país. Una mujer de 23 años fue violada y golpeada por un grupo de seis hombres en un autobús, incluyendo el conductor. Miles de manifestantes se enfrentaron a las fuerzas de seguridad y salieron a las calles para reclamar al Gobierno seguridad para las mujeres en la India.

Producto de estas protestas, el Parlamento indio modificó la ley penal en 2013 en la que por primera vez se endurecían las condenas relacionadas con las agresiones sexuales pudiendo llegar hasta la pena de muerte. “Sin embargo, no es la ley que estábamos reclamando”, añade Menon, que en su libro critica ausencia de perspectiva de género en la elaboración del precepto. “Lo positivo de esta ley fue que por primera vez se definieron los términos de abuso o asalto sexual. No obstante, es una ley centrada en la condena del violador, no en nuestra seguridad. Las mujeres en este país siguen sufriendo violencia”, explica. La ley tampoco reconoce la violación dentro de los matrimonios vigentes y protege a los miembros de las fuerzas de seguridad del procesamiento por abuso sexual. El caso de violación fue llevado a la pantalla por Netflix en una serie titulada Delhi Crimes, que recibió recientemente un Premio Emmy Internacional. “La serie tiene un reparto muy bueno, pero no la he visto porque se centra mucho en tratar a la policía de manera heroica, cuando no fue así”, critica Menon.

El feminismo en la India se ha visto sesgado también por el sistema de castas: las personas de clases más altas tienen un acceso mayor a recursos incluyendo el acercamiento al movimiento. “Las voces que más se escuchan son las de mujeres de castas altas porque la mayoría de los discursos se han construido en inglés o en hindi. Cuando se produjeron estas protestas, hubo muchas mujeres que salieron a la calle sin declararse feministas como tal; salieron defender sus derechos por todas las mujeres”, añade Menon. En Seeing like a feminist, la escritora explica la existencia de un movimiento feminista dalit y que estas ven el feminismo mayoritario indio como un campo dominado por mujeres privilegiadas centrado en los problemas de las mujeres urbanas. “Hay un gran número de mujeres dalit y organizaciones feministas que hablan otros idiomas, no solo inglés. Pero es cierto que las voces que saldrán en la televisión, y las más escuchadas, son las de clases altas”, añade. Es el caso del #MeToo en la India. “Las que se unieron a este movimiento o las que denunciaron era porque tenían más poderío económico y un respaldo detrás. No representan a todo el conjunto de mujeres”, argumenta.

La intelectual dalit Cinthya Stephen acuñó el término “dalit womanism” para referirse a un activismo completamente diferente, inspirándose en el “womanism” de las mujeres negras en Estados Unidos. “Que no haya organizaciones declaradas feministas en este país, no significa que las ideas no existan: el concepto feminismo como tal, actualmente, es una imposición blanca”, remarca Nivedita Menon.

El estado de Uttar Pradesh es el lugar en el que más violencia contra las mujeres se ejerce, según los datos aportados en 2019 por la Oficina Nacional de Registros de Delitos (en inglés NCRB). “Las mujeres en este país siguen sufriendo violencias y en las dalit aumenta cada vez más. En concreto en este estado, que es muy afín a las políticas de la extrema derecha hindú. En las zonas rurales el sistema patriarcal es más duro, sobre todo entre castas. Es muy complicado que emerja allí el concepto de feminismo”, comenta la docente. Este territorio ubicado al norte de la India también es el lugar donde mayores crímenes se cometen contra la población dalit además de criminalizar a creyentes musulmanas y musulmanes. “Está penado casarte con personas que no son de tu misma religión. Incluso en la calle si una mujer hindú está comiendo un trozo de pizza con un hombre musulmán, las autoridades pueden directamente detenerlo”, argumenta Menon. En el estado de Uttar Prades, se aprobó una ley para penalizar a las personas que se casaban con alguien diferente a su religión. Conocida como una ley “anticonversión” o “love jihad” y promovida por los nacionalistas, acusa a los hombres musulmanes de querer radicalizar a las mujeres hindúes para convertirlas al islam.

Comunidad LGBTHK

La clase también permea en las siglas LGTBTHK. Las personas que se identifican como Hijra y Kothi (se diferencian de las Hijra porque no nacen en una comunidad adscrita) no pertenecen, tal cual señala Nivedita Menon en su libro, a la misma clase que la élite urbana señala como gays/lesbianas/queer/trans. “Una mujer hijra puede ser trans pero las mujeres trans no pueden ser hijras. Por supuesto que las violencias a las que se enfrentan son las mismas pero las hijras pertenecen a comunidades y a clases pobres. No encontrarás hijras de clase alta”, especifica Menon. En las políticas queer la casta no deja de estar presente, y se considera este término tan solo accesible para las personas que dominan la lengua inglesa o son cercanas al mundo de la academia. Además como se refleja también en el ensayo de Menon, en un estudio realizado por Alok Gupta, las personas queer de clases medias y altas no ven que la casta sea un problema, al contrario que las hijras, para las que la clase social es la mayor barrera en la sociedad.

En 2019 la India dejó de criminalizar las relaciones entre las personas del mismo sexo. “El proceso de cambio en la sociedad es muy lento, pero como ves, ni siquiera los entornos occidentales están preparados para adoptar este cambio, si nos vamos a ejemplos como Estados Unidos, Europa… Todavía en Hollywood las películas no muestran al cien por cien relaciones LGTBIQ+. Pero sin duda, es un gran paso”, explica Menon. El famoso Día de San Valentín, conocido en todo el mundo, tiene más sentido en el contexto indio dentro de este colectivo y matrimonios de diferentes religiones ya que este día lo ven como una reivindicación. “Esta celebración representa la libertad de elegir a quién se quiera amar, independientemente del género, casta y religión. Es una celebración para visibilizar que no solo existen relaciones heterosexuales de una misma religión. Esta es la libertad que choca porque claro: ¿cómo se construye la India sin pertenecer a la clase alta y los valores del hinduismo…?”, sentencia.

Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2021/03/ver-como-nivedita-menon/

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