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Veraneantes infantiles bienvenidos en Cuba

Fuentes: Rebelión

En los días iniciales de este verano los cubanos observaron un inusitado fenómeno: muchos niños ajenos al vecindario jugando en los parques y calles con los niños de sus barrios. Los pequeños visitantes resultaron ser  hijos de vecinos que emigraron más o menos recientemente cuyos padres los han enviado a pasar el verano en sus […]

En los días iniciales de este verano los cubanos observaron un inusitado fenómeno: muchos niños ajenos al vecindario jugando en los parques y calles con los niños de sus barrios. Los pequeños visitantes resultaron ser  hijos de vecinos que emigraron más o menos recientemente cuyos padres los han enviado a pasar el verano en sus antiguas barriadas, pero también podían ser simplemente hijos de emigrados que habían confiado la atención de sus proles a algún familiar suyo cercano durante las vacaciones escolares de los niños.

Se dice que en las terminales aeroportuarias, principalmente en aquellas donde son recibidos los pasajeros de vuelos que llegan de Estados Unidos, es notable hoy en Cuba el elevado número de niños que arriban sin la compañía de  adultos, bien sea porque sus padres los confiaron a las tripulaciones o con apenas uno o dos personas mayores atendiendo a un grupo de ellos.

El objetivo de emisores y receptores de estos veraneantes se explica claramente más allá de los motivos de  reencuentro familiar que debe haber en muchos casos: quienes remiten a Cuba a los muchachos les garantizan un  lugar seguro y económico que sus hijos disfrutan ampliamente en el ambiente en que ellos mismos nacieron y vivieron  sus más tiernas infancias.

Los receptores, aunque asumen una enorme responsabilidad al garantizar el bienestar y la seguridad de estos  menores, más allá del reconfortante estímulo espiritual de servir a un pariente querido cuidando de su o sus críos durante un período relativamente largo, generalmente obtienen un beneficio material en forma de obsequios o alguna compensación económica estimulante. Se conoce  que la seguridad humana, y particularmente la de los niños, es precaria en Estados Unidos, especialmente en zonas como la ciudad de Miami, donde residen muchos inmigrantes cubanos llegados allí a lo largo del último medio siglo en virtud de las medidas de estímulo a la migración puestas en práctica por Estados  Unidos como parte de su política contra la revolución. El 6 de mayo último la periodista  Bernadette Pardo escribió en el diario El Nuevo Herald, de Miami, un artículo que, en algunos de sus párrafos, dice:  «… el salvajismo de los criminales se ha desatado en algunas zonas de Miami. En los últimos días, un vándalo armado con  una escopeta de cañones recortados asaltó a un muchacho y le pegó un tiro en el estómago. La víctima está aún  entre la vida y la muerte y tiene tantas postas de plomo en el estómago que los médicos, tras varias operaciones,  continúan sacándoselas de las entrañas.

«Poco antes y en otro incidente, un niña que estaba en la puerta de una biblioteca pública con su laptop fue víctima  de un grupo de salvajes que, no contentos con robarla, le fracturaron la mandíbula a patadas. «Varios policías me han  comentado que en áreas de Allapatah, Overtown y Wynwood han aparecido bandas de muchachos que se dedican a
aterrorizar a los residentes, especialmente a los más débiles: ancianos, niños y mujeres solas. Estas bandas se han tomado los pocos parques que hay en la zona y patrullan las calles a sus anchas robando a su antojo. «… barrios enteros de nuestra comunidad… viven bajo el terror de estas pandillas de maleantes… Una detective me explicó que  ella no entraba en cierta barriada de Miami a hacer un registro porque el teniente les ha dicho que eso es muy  peligroso. «

 Se comprende, a la luz de testimonios como este, que quienes han ido al extranjero en busca de mayor bienestar  material que el que les puede ofrecer su patria, asediada y agredida por el delito de defender a toda costa su  independencia y soberanía, recurran a uno de los más importantes logros de la revolución cubana, la seguridad  humana, como ambiente que desean para sus hijos, que también son  parte del futuro de la nación. La invasión de  veraneantes infantiles a disfrutar de la seguridad y tranquilidad que se respira en Cuba hace más ridículas aún las acusaciones del senador republicano por Florida Mario Díaz-Balart al presentar al Congreso una enmienda legislativa  destinada a reimplantar las prohibiciones relativas a los viajes y remesas impuestas por George W. Bush que dejarían sin  efectos las escasas modificaciones introducidas en estos asuntos durante el gobierno de Barak Obama, entre ellas las que permiten estas vacaciones infantiles en Cuba.

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