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Violencias machistas: desafíos para los medios de comunicación

Fuentes: SEMlac

La violencia machista debe abordarse en los medios de comunicación desde una perspectiva ética y comprometida con los derechos de las mujeres, que no las revictimice ni silencie, expusieron participantes en el seminario taller Violencia de género y medios, los días 3 y 4 de noviembre en la capital cubana.

Convocado por la Cátedra de Género y Comunicación «Mirta Aguirre», el encuentro es una de las acciones de capacitación que anualmente realiza el Instituto Internacional de Periodismo «José Martí» para ofrecerles a periodistas y profesionales de la comunicación conocimientos, herramientas y buenas prácticas en el tratamiento mediático de este tipo de violencia.

De ese modo se reinició el programa docente de esa institución, en medio de la pandemia de Covid-19, que esta vez se adaptó a un día de conferencia virtual y otro de encuentro presencial en un taller de buenas prácticas.

«La violencia de género es la manifestación extrema y más grave de las inequidades de género, porque puede haber peligro para la vida», alertó la psicóloga Mareelén Díaz Tenorio, al intervenir en la conferencia virtual, a la cual tuvieron acceso más de una veintena de periodistas de diversas provincias.

«No es una forma más de violencia. Es una violencia estructural que actúa como mecanismo de dominación y control, sustentada en un modelo de sociedad patriarcal», precisó la especialista del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR).

La experta explicó que es una violencia que supone siempre una asimetría de poder, se gesta en la desigualdad real o simbólica, en jerarquías que ignoran derechos y oportunidades, y son las mujeres, las niñas y los niños las personas más afectadas.

Al decir de Osmayda Hernández, del secretariado nacional de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), este es un problema generalizado y sistémico, con frecuencia naturalizado e invisibilizado.

La FMC, organización que agrupa a más de cuatro millones de cubanas, coordina un grupo multidisciplinario que abarca los ámbitos jurídico, de salud y las ciencias sociales, y trabaja en la elaboración de una estrategia integral en los ámbitos de educación, capacitación, sensibilización, enfrentamiento, asistencia y comunicación de este problema.

Hernández explicó que el grupo se enfoca en la revisión de protocolos de actuación, procedimientos y planes de acción de instituciones, organismos y ministerios para la prevención y atención de la violencia contra la mujer, así como en el establecimiento de una línea telefónica de atención a mujeres en situación de violencia.

Para la jurista Yamila González Ferrer, es clave igualmente la vinculación de este problema con el ámbito jurídico. Por ello, explicó, en el plano de la igualdad formal es importante que en la letra de la ley se reflejen los cambios que necesitamos; pero también entender que ello, por sí solo, no es suficiente.

En el camino de alcanzar la igualdad sustantiva se requiere también de otros muchos aspectos, como la valoración de la diferencia, la equidad, la igualdad real, material o de facto, la transformación de patrones socio-culturales y la responsabilidad estatal en la prohibición de la discriminación, dijo la vicepresidenta de la Unión Nacional de Juristas de Cuba.

Igualmente, habló de la necesidad de contar con mecanismos e instrumentos de orden sustantivo y procesal, que puedan allanar el camino para el tratamiento de los casos de violencia; así como protocolos de actuación.

Empoderar en vez de victimizar

«Los medios de comunicación deben ser un ámbito para visibilizar y problematizar socialmente este problema», sostuvo la periodista Dixie Edith Trinquete.

La también profesora de la Universidad de La Habana instó a periodistas y profesionales de la comunicación a conocer elementos teóricos de género y violencia de género, además de identificar las relaciones de poder y la cultura patriarcal, que están en el origen de las violencias de género.
«Hay que manejar estadísticas, pero no relativizar. Una sola mujer violentada es suficiente para que sea necesaria la actuación de la prensa», puntualizó.

Entre otras recomendaciones, llamó a evitar el espectáculo mediático, la estigmatización, culpabilización y sexualización de las mujeres que padecen o han padecido violencia; además de situar el contenido de la noticia como una violación de los derechos humanos que atenta contra la libertad y la dignidad de las mujeres.

También abogó por presentar cada agresión o asesinato no como caso aislado, sino como parte de la violencia generalizada contra las mujeres, y promover el rechazo social a este problema social, de salud y derechos humanos.

Acerca de cómo presentar las violencias machistas en los medios se habló durante el segundo día de trabajo, en taller presencial sobre buenas prácticas.

Los medios pueden sostener las violencias o ser grandes aliados en su prevención y denuncia, alertó la periodista Lirians Gordillo Piña. Por un lado, pueden naturalizar la existencia de las diversas expresiones de la violencia sexista en espacios privados y públicos y también reproducir los mitos e imaginarios que la sostienen. Por otro, pueden poner en evidencia esas violencias naturalizadas o desmontar los imaginarios sociales que la mantienen, comentó la periodista de la revista Muchacha, de la Editorial de la Mujer.

«A los medios les corresponde explicar los resortes sobre los cuales esas violencias se producen y reproducen, para que deje de ser un asunto privado y se considere como realmente es: un problema de salud, social y de derechos humanos de las mujeres», señaló Sara Más, quien coordina la Cátedra de Genero y Comunicación «Mirta Aguirre», creada por la reconocida periodista y académica cubana Isabel Moya Richard (1961-2018).

La violencia contra las mujeres no es un suceso, un hecho aislado, ni una noticia convencional. No es un hecho privado, sino social; es necesario ponerla en contexto, sostuvo la periodista de la revista Mujeres y corresponsal de SEMlac en La Habana.

Señaló que, además de una exposición rigurosa y conocimiento del problema, su abordaje mediático necesita de fuentes apropiadas, incluidas voces especializadas, de la academia, la investigación, organizaciones e instituciones que aporten profundidad y claridad al análisis, así como mujeres en situación de violencia, maltratadores, juristas, personal de trabajo social y otras disciplinas, autoridades policiales, entre otras.
Las buenas prácticas recomiendan no publicar imágenes y textos vejatorios para las víctimas o que laceren la dignidad de las mujeres, eliminar enfoques morbosos y melodramáticos, y no quedarse solo en la exposición de un hecho particular.

«También se desmonta la violencia machista cuando se evidencian las brechas y estereotipos de género, las relaciones de poder sustentadas en la superioridad masculina y la subordinación femenina en todos los espacios de la vida privada y pública, la cosificación de las mujeres y su explotación como objeto sexual y del deseo», valoró Sara Más.

Durante los intercambios, periodistas de diversas partes del país insistieron en la necesidad de romper las zonas de silencio sobre la violencia contra mujeres y niñas en los medios, asumir ese relato de forma responsable y alejada de sensacionalismos, enfocar mensajes y productos dirigidos a los hombres y propiciar también la formación de decisores políticos y de espacios de comunicación.