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Decrecimiento con muchas renovables: la tercera vía llega desde Euskal Herria

Fuentes: El salto [Inagen: Gorka Laurnaga y Lorea Flores, con el manifiesto de Stop Fosilak en la mano. Foto: STOP FOSILAK.]

Nace Stop Fosilak, una organización formada por activistas y académicos vascos, un territorio muy dependiente del capital fósil: “El dilema no es decrecimiento o energías renovables. Necesitamos ambas y al mismo tiempo”.

Al igual que pasó con la guerra en Ucrania, el precio de los combustibles y de los alimentos volverán a encarecerse. Irán ha cerrado el estrecho de Ormuz, un paso marítimo clave del capitalismo fósil. Por allí circulan los barcos que transportan petróleo, gas y fertilizantes, materias primas que siguen moldeando a la economía mundial. En Euskal Herria –Comunidad Autónoma Vasca, Navarra y el País Vasco Francés–, donde el 85% del consumo energético total todavía procede de combustibles fósiles, este nuevo conflicto bélico tendrá un fuerte impacto local. 

“A nivel energético, Euskal Herria está en el bando de Trump”, lamenta el activista Gorka Laurnaga, uno de los fundadores de Stop Fosilak, una nueva entidad medioambiental que ha nacido al calor de esta crisis geopolítica con un lema potente y disruptivo: decrecimiento y renovables a gran escala, «ambas y al mismo tiempo». 

Es decir, una tercera vía –integradora, lúcida, pragmática– que pide romper la dicotomía que tanto crispa y divide al movimiento ecologista. Es tan necesario reducir el consumo energético y material, como aceptar que las centrales eólicas y fotovoltaicas deben formar parte de los territorios. «Una transición justa y rápida», resume Lorea Flores, doctora en Biología, coordinadora de Greenpeace en Euskadi y Navarra y también portavoz de este nuevo colectivo, integrado por militantes, académicos y científicos.

El diagnóstico es que en medio de las bombas, los misiles y la reacción fosilista impulsada por la Casa Blanca –abrazada por la extrema derecha europea–, la situación de Euskal Herria es “muy preocupante”. “Nacemos para señalar el elefante en la habitación: la fuerte dependencia que tenemos al gas y al petróleo. Somos una sociedad especialmente fósil”, describe Laurnaga.

“También nacemos –agrega– en la discusión social sobre la implantación de energías renovables, una discusión muy polarizada Entre el todo de cualquier manera y no hacer nada, creemos que existe una tercera vía: avanzar en un decrecimiento de la esfera energética y material y al mismo tiempo implantar toda la energía renovables que podamos”.

Una transición muy lenta

Solo el 27% de la electricidad que se consume en Euskal Herria se genera a partir de energías renovables situadas en territorio local, una cifra que se reduce al 6% en el caso del País Vasco. A su vez, toda la región es energéticamente muy intensiva, con consumo de 40 MWh por persona y año, el doble de la media mundial.

Pese a su tamaño pequeño, la región tiene cinco aeropuertos, un millón de coches sólo en el País Vasco, una red de gasolineras que ha sumado 48 estaciones entre 2020 y 2024, y un sistema de calderas que funciona casi en su totalidad con combustibles fósiles (93%).

«Tenemos un mix energético muy grande y una transición muy lenta«, resume Flores. ¿Los motivos? Muchos. Falta de decisión y valentía política, el fuerte lobby de industrias que dependen de los combustibles fósiles y un débil empuje del movimiento ecologista, que no ha visto en la variable tiempo una prioridad, describe esta activista.

Por tanto, señala Laurnaga, Stop Fosilak nace para decir: 1) El cambio climático está aquí, ya no es una problemática del futuro. 2) Los combustibles fósiles son la mayor amenaza de la vida en el siglo XXI y hoy Euskal Herria es una “petro-nación”. 3) La transición ecosocial necesita energía renovable en todas sus escalas, en los tejados y en grandes proyectos. 

Dependencia y vulnerabilidad 

Para quienes integran esta nueva organización, una transición que sea justa pero que no sea rápida “se queda renga”. La convulsión mundial de estos días, con los precios del petróleo y el gas disparados, confirman la urgencia de instalar muchas plantas renovables. 

«Cada día que pasa sin colocar energía renovable es un día más que consumimos energía fósil. Hay que romper la huella del inmovilismo. No moverse significa reproducir el status quo del capitalismo fósil, el capitalismo más salvaje, depredador y contaminante», explica  Laurnaga. 

Cuba, Venezuela e Irán evidencian que es un grave error estratégico –no solo climático– seguir dependiendo del petróleo y gas. «Un terreno geopolítico de gran inestabilidad, es un terreno de dependencia y vulnerabilidad para Euskal Herria. El internacionalismo está cogiendo forma de panel fotovoltaico. Tenemos que apretar el acelerador», pide este activista.

En el manifiesto fundacional, la organización llama a “tomar el timón de la energía” y responder con urgencia a las preguntas “¿cuánto?, ¿dónde? y ¿cómo?”. Las respuesta a estos interrogantes, concluye Laurnaga, pueden cambiar la vida de Euskal Herria. En Muskiz, los vecinos siguen respirando aire contaminado por benceno tras la fuga de la refinería de Petronor. “Las renovables también ayudan a que respirar aire sea un placer y no un peligro».

Fuente: https://climatica.coop/decrecimiento-renovables-tercera-via-euskal-herria/