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Producir alimentos sin depender del estrecho de Ormuz: se puede, es rentable y está ocurriendo

Fuentes: Climática

En medio de una crisis agroalimentaria en puerta por la escasez de petróleo y fertilizantes, Ecologistas en Acción ha lanzado una guía con 30 iniciativas ganaderas que demuestran que producir alimentos desde una perspectiva ecosocial es posible y rentable.

Comemos todos los días. Entramos a un supermercado varias veces por semana. Pero casi nunca nos detenemos a pensar cómo llegan esos alimentos a las estanterías y a nuestros platos. La guerra en Oriente Próximo y el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde circula el petróleo y los fertilizantes que necesitan la agricultura y la ganadería, ha desnudado la insostenible dependencia fósil del sistema agroalimentario. En paralelo, la crisis en puerta en esta parte del mundo –una cesta de la compra mucho más cara– ha visibilizado las soluciones a este problemón: multiplicar la escala de una producción con perspectiva ecosocial, ya en práctica en muchos campos de España, respetuosa con el medio ambiente, con las personas y rentable en lo económico.

Semanas atrás, el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) publicó el primer estudio científico que refuta el argumento extendido de que las técnicas regenerativas generan menos cultivos con costes productivos más elevados. Ahora, Ecologistas en Acción ha lanzado una guía con 30 iniciativas ganaderas que demuestran que es posible producir proteína animal de otra forma, sin químicos y preservando la biodiversidad, el territorio y los animales.

Las experiencias están esparcidas por toda la península –la guía está acompañada por un mapa interactivo– y son viables económicamente. “Son proyectos diversos, extensivos, ecológicos, de razas autóctonas, venta directa, pastoreo regenerativo o impulsados por redes de mujeres ganaderas que, desde realidades distintas, trazan caminos hacia un cambio imprescindible”, explica esta organización.

El objetivo de la guía es dar a conocer el “mosaico de una transición que ya está en marcha”. “Aparecen ganaderos y ganaderas que han elegido un camino más complejo, pero profundamente coherente. Aspiramos a inspirar a otras personas, a informar a la ciudadanía y a las administraciones, y a conectar a consumidores con proyectos responsables”, explica Nacho Escartín, portavoz de Ecologistas en Acción, sobre la trascendencia del trabajo.

A su entender, la transformación del sistema agroalimentario no es solo un reto técnico sino un proyecto político, cultural y comunitario. “Requiere recursos y voluntad, pero también reconocer que la transición ya está ocurriendo. En pueblos y territorios diversos, hay personas que sostienen día a día un modelo basado en la justicia social, la salud de los ecosistemas y el bienestar animal”, sintetiza.

Junto, Entrecabritos, Torralba de los Sisones (Teruel).

Vacas nodrizas sin fertilizantes ni piensos externos

David González Sánchez, licenciado en Ciencias Químicas, máster en Ciencias Agroambientales, máster en Energías Renovables y especialista en la regeneración de suelos, explica que el sistema agroalimentario está conformado desde hace décadas por un triángulo con tres vértices: la dependencia fósil, la hiperespecialización y la distancia.

En este contexto, el estrecho de Ormuz es “el cuello de botella de la química agrícola mundial”. Un tercio del comercio global de fertilizantes transita por esta vía, hoy cerrada por Irán en represalia al ataque de Estados Unidos. 

En la finca Pajaretillo, en San José del Valle, Cádiz, la guerra preocupa menos que otros campos de la zona. Los ganaderos –tercera generación de una familia dedicada a este sector– no utilizan fertilizantes. Tampoco piensos externos. Hacen un “manejo holístico”,  una práctica de agricultura regenerativa que garantiza la salud animal y la regeneración del suelo. La transformación de la finca, antes empobrecida por prácticas intensivas, se puso en marcha en 2018. Todo ha ido a mejor, explican sus dueños.

En el mapa aparece también La Jara (Arafo, Tenerife), una finca pionera en la producción ecológica en Canarias, liderada por una mujer que pastorea cabras y ovejas de razas autóctonas. También cría pollos y gallinas al aire libre, con un manejo regenerativo del paisaje y fomentando la soberanía alimentaria en la isla.

Se cita el trabajo de Ecofes (Aínsa, Huesca), una ganadería ecológica de vacuno de raza Pirenaica, adaptada al clima y pastos del Pirineo, que se comercializa directamente a las personas consumidoras. Y el de Pasturabosc (Gaüses, Girona), con cabras que contribuyen a la prevención de incendios y produce leche ecológica que se vende de forma directa y en comercios locales.

La lista incluye, entre otros ejemplos, la granja familiar agroecológica las Lucías (Navatrasierra, Cáceres), proyecto que fomenta la biodiversidad y la educación ambiental; y Casa da Fonte (Mañente, Lugo), con vacas, cerdos, pollos y gallinas que favorecen la regeneración de suelos y pastos.

“En estas páginas –explica Ecologistas en Acción– no hay teorías abstractas, sino ejemplos concretos. Ganaderas y ganaderos que cuidan del monte mientras pastorean, recuperan razas autóctonas, venden directamente a su comunidad, se agrupan en redes, cooperan y entienden su labor no como una mera actividad económica, sino como un servicio ecosocial”.

El olivo y la agricultura regenerativa 

Las pruebas sobre los beneficios de las técnicas regenerativas empiezan a acumularse. Un innovador estudio realizado por el Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC (IAS‑CSIC) ha analizado cómo impactan en el cultivo del olivo, estrella de la agricultura española. La investigación, llevada a cabo en colaboración con la Finca Regenerativa Valle del Conde en Luque (Córdoba) y publicada hace semanas en la revista British Society of Soil Science, ha confirmado beneficios para el suelo y para los bolsillos de los agricultores.

“Hasta donde sabemos, ningún estudio había proporcionado una evaluación experimental en profundidad del impacto combinado de las prácticas regenerativas en los olivares hasta el presente trabajo”, señala Milagros Torrús Castillo, investigadora principal del IAS-CSIC, autora principal. 

Los resultados muestran que la agricultura regenerativa puede recuperar la salud del suelo y apoyar múltiples servicios ecosistémicos en los olivares, logrando indicadores casi comparables a los de un ecosistema natural. “La estructura, fertilidad, biodiversidad y funcionamiento del suelo mejoran notablemente, demostrando que este modelo es una alternativa sostenible para el olivar mediterráneo”, explica la experta.

La investigación analizó propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo en fincas regenerativas y convencionales del sur de España. El cambio de técnicas provocó un aumento del 33% en agregados estables al agua y humedad del suelo, un 75% más de materia orgánica, un 46% de potasio extraíble y un 18% en poblaciones microbianas cultivables.

Desde el punto de vista económico, el olivar regenerativo tuvo mejores rendimientos que el olivar tradicional: alcanzó un ingreso bruto de 2.825 euros por hectárea, frente a 2.428 en el convencional, con un ingreso neto de 1.340 euros frente a 467 respectivamente. 

Para González, este nuevo estudio confirma que la alternativa al cuello de botella del estrecho de Ormuz se llama agroecología, “un cuerpo de conocimiento acumulado durante décadas, con ejemplos documentados en todo el mundo”. No falta ciencia, dice. Faltan políticas. Reorientar las subvenciones –reformar la PAC– y desarrollar estrategias a nivel europeo que permitan la relocalización de la producción y la activación de circuitos cortos locales. “La agroecología se piensa siempre como opción, cuando es una necesidad”, resume. 

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