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A 25 años de Chernobil

Amenazas de lo nuclear: ya no más, nunca más

Fuentes: Rebelión

El 26 de abril se cumplieron 25 años de la terrible crisis nuclear de 1986 de la Central Atómica de Chernobil, Ucrania (Ex–República Soviética), cuando el reactor número 4 explotó durante una prueba de seguridad, provocando la muerte de más de 25 mil personas y dejado un sinnúmero de cánceres y enfermos. Debido a ello […]

El 26 de abril se cumplieron 25 años de la terrible crisis nuclear de 1986 de la Central Atómica de Chernobil, Ucrania (Ex–República Soviética), cuando el reactor número 4 explotó durante una prueba de seguridad, provocando la muerte de más de 25 mil personas y dejado un sinnúmero de cánceres y enfermos. Debido a ello es que vale la pena llevar a cabo un breve recuento analítico crítico de la situación general y las implicaciones y consecuencias de las principales amenazas de lo nuclear en los últimos tiempos y en la actualidad.

La amenaza armamentista nuclear de la destrucción total

Con el desarrollo capitalista de la energía y la tecnología nuclear usada para fines bélicos, parecería que la idiota ley evolutiva de la auto extinción humana no sólo se puede cumplir sino que rebasaría los peores pronósticos destructivos (auto-destructivos) ecológicos; pues en la actualidad el armamento nuclear existente en poder de los gobiernos de los países que mantienen armas nucleares activas, guardadas o parcialmente desmanteladas es suficiente para destruir más de 20 veces nuestro «planeta azul».

Actualmente hay nueve Estados-nación que han detonado armas nucleares. Cinco de ellos considerados «estados nuclearmente armados», un estatus reconocido internacionalmente otorgado por el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT por Non-Proliferation-Treaty, en inglés y TNP en español) iniciado en 1968. En orden de producción-adquisición de armas nucleares, éstos son: Los Estados Unidos de América (desde 1945), la ex URSS (hoy la heredada Federación Rusa) (desde 1949), El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (desde 1952), la República Francesa (desde 1960) y la República Popular China (1964). Después de que se firmó el tratado, otros cuatro países no firmantes del mismo han realizado pruebas nucleares: India (desde 1974), Israel (aprox. Desde 1979), Pakistán (1998), Corea del Norte (desde 2006).

Irán ha estado desarrollando la tecnología de enriquecimiento de uranio y ha sido acusado por las naciones occidentales de hacerlo con fines armamentísticos. La República Islámica iraní insiste que sus intenciones están limitadas a la generación de energía nuclear interna, a pesar de que se han detectado trazas de plutonio. Desde el 4 de febrero de 2006, el Organismo Internacional de Energía Atómica suspendió a Irán del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en respuesta a las preocupaciones occidentales sobre posibles programas nucleares1; y el 9 de junio de 2010 este mismo Consejo aprobó la resolución 1929 que condena a Irán por «las investigaciones que conduce y por la producción de pequeñas cantidades de uranio enriquecido a 20%» y acusa a esta nación de construir una amenaza para el mundo. También entraron y/o entran como «sospechosos» o «tramposos» nucleares, según las naciones imperialistas, otros países islámicos y no islámicos (como Irak, Libia, Rumania y Siria). Cabe señalar que Sudáfrica, Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania, que tuvieron en algún momento armas nucleares en su territorio ahora aparecen en el TNP como Estados sin armas nucleares.

Actualmente existen más de 30,000 armas nucleares activas y no activas en posesión de los nueve Estados arriba mencionados y según la Agencia Interna de Energía Atómica, más de 40 Estados podrían llegar a tener armamento nuclear en los próximos 40 años2; fundamentalmente porque existen mercados abiertos y mercados clandestinos o «negros» internacionales que proveen tanto las materias primas (p.e. materia fisible) como armas semimanufacturadas o ya terminadas. Presentados por orden de cantidad aproximada en posesión de bombas y otras armas nucleares3, los 9 Estados son:

Federación Rusa: 20,000

Estados Unidos de América: 11,000

Francia: 500

China: 450

Israel: 450

Reino Unido: 20

India: 30-50

Pakistán: 30-50

Corea del Norte: 1-104

Hoy se sabe que las tecnologías armamentistas son cada vez más peligrosamente mortíferas y destructivas, pues los países imperialistas y tecnológicamente poderosos siguen desarrollando armas nucleares, por ejemplo las armas miniaturizadas para la utilización directa sobre campos de batalla (mini-nukes o mini bombas). Los gobiernos de dichos países han utilizado armas con base en uranio empobrecido en los últimos conflictos. Una de las mayores amenazas actuales -aparte de las armas biológicas también ya utilizadas y en proceso de crecimiento- es el uso de la bomba radiológica (bomba «sucia»), explosivo convencional, rodeado de material radiactivo donde no hay explosión nuclear pues el objetivo de la bomba radiológica es dispersar productos radiactivos muy tóxicos con efectos nocivos en los cuerpos a largo plazo (cánceres, leucemias, etc.). También se cierne sobre las poblaciones humanas el llamado «terrorismo nuclear» a nivel de la cotidianidad de las urbes; por ejemplo un maletín que contenga una bomba de 10 megatones de TNT (que es el equivalente de 10 bombas de Hiroshima5) desaparece toda la vida en 4 kilómetros a la redonda (aproximadamente la mitad de París) y provocaría quemaduras de tercer grado en radio de 30 kilómetros (equivalente la totalidad del sur de Chile).

Pero la peor pesadilla que se ha cernido desde 1945, pasando por la llamada «guerra fría» (1946-1990), y que se sigue cerniendo sobre la humanidad y la «madre tierra» es sin duda la «guerra nuclear» una verdadera hecatombe apocalíptica que traería el Invierno Nuclear: Enormes cantidades de tóxicos, radiación, polvo, explosiones, incendios, etcétera; no llegaría la luz del sol a la superficie de la tierra durante meses o años y habría un cambio total del clima a escala planetaria (disminución de la temperatura en 20 grados C). Tendría consecuencias inmediatas terroríficas: 1,150 millones de muertes y 1,100 millones de heridos; y a mediano plazo traería total trastorno del clima y la total destrucción de la capa ozono, además la extinción masiva de la cadena alimenticia y miles de millones de seres humanos morirían de hambre y sed. En suma, como lo advirtió el físico ruso, nobel de la paz, Andreï Sakharov (1921-1989): «El invierno nuclear ocasionaría, según todas la probabilidades, la destrucción de la humanidad en tanto especie viviente»6. Por ello el eminente investigador y profesor de la Universidad de Rutgers, New Jersey, Dr. Alan Robock planteó la salida más racional y contundente: «Si tales armas no existieran, no podrían ser utilizadas. Y en estos momentos no existe un argumento racional para usarlas en lo absoluto. Si no pueden usarse, es necesario destruirlas y así nos protegeríamos de los accidentes, los errores de cálculo o cualquier actitud demencial.» Ello porque al parecer existe una ignorancia muy grande respecto alto riesgo nuclear: «…cualquier país que en estos momentos esté considerando la vía nuclear necesita reconocer que estaría poniendo en peligro no sólo a sus propias poblaciones sino también al resto del mundo al adoptar esta vía. Es hora ya de que el mundo piense una vez más en los peligros de las armas nucleares, y que esta vez adopte el camino hacia la paz y elimine la posibilidad de una catástrofe climática global inducida por la energía nuclear, por primera vez desde mediados del pasado siglo […] el uso de las armas nucleares en caso de un ataque total contra un enemigo sería una acción suicida debido al frío y la oscuridad anómalos provocados por el humo proveniente de los fuegos generados por la bomba. De hecho, se ha evidenciado que mientras más armas nucleares posea un país, menos seguro será».7

Por otro lado, la idea del «cero nuclear» (los países del mundo sin ninguna arma nuclear) se ha convertido en una «moda» en muchos círculos antiproliferación ante el supuesto compromiso de los 189 miembros del TNP (tanto nucleares como no nucleares) y se utiliza como un recurso demagógico-discursivo por parte de los principales gobiernos de países nucleares. El 1ero de abril de 2009, durante su primera reunión en Londres, los presidentes Dmitri Medvedev y Barack Obama declararon que Rusia y Estados Unidos (responsables del 95% de armas nucleares en el mundo) «encabezarían la marcha del mundo hacia un futuro sin armas nucleares». A principios de abril de 2010 Obama y Medvedev firmaron un nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START por sus siglas en inglés) a reducir su arsenal nuclear operativo hasta aproximadamente 2000 armas, que señalaron como «una nueva primavera de Praga del desarme». Según los analistas rusos Vladimir Orlov e Ivan Trushkin, el nuevo START no es demasiado radical pues los recortes podrían haber sido mucho más fuertes y el límite del número de cabezas nucleares desplegadas podría haberse reducido mucho más sin perjudicar en nada la seguridad8. Por otra parte dicho Tratado bilateral, igual que otros anteriores, no ha sido ratificado por el Congreso de EE UU, y la opinión del gobierno francés (el tercer país con más armas nucleares) fue más que sintomática respecto a la «nueva primavera de Praga»: «No es más que una broma; riámonos educadamente, volvamos al mundo real», las medidas tal vez «se aproximarán al cero nuclear pero no demasiado». Los propios especialistas rusos concluyen que: «Es difícil imaginar que el objetivo del cero nuclear llegue a alcanzarse en este siglo»9. ¿Entonces se logrará el «cero nuclear» algún día?

Desde nuestra perspectiva los START sólo son actos diplomáticos dosificadores que tienen mucho de simulaciones pero sobre todo de disimulos, pues en verdad sirven como simulacros distractores, que reducen las armas que ya son «chatarra» tecnológica −o sea obsoletas−; mientras la maquinaria novotecnológica de dichos países (sobre todo la norteamericana), como vimos, no se detiene en inventar y fabricar armas nucleares y no nucleares cada vez más nocivas, letales y destructoras que, efectivamente, como advirtió Andreï Sakharov, nos podrían llevar a todos (incluida la madre tierra) al super apocalíptico «invierno nuclear».

Recientemente el veterano comandante cubano Fidel Castro −ahora recargado como analista y crítico de las políticas imperialistas globales− ha emprendido una campaña para tratar de detener lo que él llama la guerra del fin del mundo, que sería a propósito de la cuestión nuclear, sobre todo por la campaña de los Estados Unidos y sus aliados (miembros de la OTAN, Israel y Corea del Sur) contra Irán a quien acusan de prepararse para construir armamento nuclear. Según Castro, ellos desde junio de 2010 están preparando un ataque a Irán, pero esta nación «tiene millones de combatientes entrenados y decididos a morir y por ello Estados Unidos y sus aliados perderían una guerra convencional contra ese país», lo cual abriría la guerra atómica que se convertiría en una guerra atómica global; donde el «daño colateral sería la vida de la humanidad». Fidel Castro en noviembre de 2010, hizo tres referencias: la primera a la resolución del Consejo de Seguridad del 9 de junio; la segunda a un ensayo nuclear realizado del 15 de septiembre, una prueba denominada subcrítica, realizado en Nevada y confirmado por el Departamento de Energía de Estados Unidos al Diario Japan Times. La tercera el episodio del hundimiento en una maniobra militar del Cheonan, buque de la armada subcoreana, lo cual constituyó una provocación contra la República Democrática de Corea10. En enero de 2011 -al mismo tiempo que el presidente iraní Mahmud Ajmadineyad abría su instalación de enriquecimiento de uranio de Nataz a embajadores de países no alineados ante la Agencia Internacional de Energía Atómica- se supo que Israel en colaboración con Estados Unidos desarrolló en el complejo Dimona en el desierto de Negev11, el sofisticado «gusano» cibernético stuxnet como arma para sabotear las centrífugas nucleares de Irán para bloquear su capacidad para crear una arma atómica y sí minar las ambiciones nucleares de Irán12.

En fin, pensamos que el pacifismo antinuclear del viejo Castro está plenamente justificado, por lo que estamos de acuerdo con la conclusión que hace en la entrevista de noviembre de 2010 realizada por Michael Chossudovsky: «Pienso que nadie en el mundo desea que la especie humana desaparezca. Y por ello sostengo el criterio de que deben desaparecer, no sólo las nucleares, sino las armas convencionales».

El intento de reimpulso capitalista de la energía nuclear

El investigador Gian Carlo Delgado nos informa que en Estados Unidos desde el inicio del periodo de George W. Bush las grandes compañías de la industria nuclear norteamericana (vgr. General Electric, General Atomics y Westinghouse, aunque ésta a la baja13) y sus representantes y promotores a través de la Oficina Nuclear, Ciencia y Tecnología de EUA y su Comité Asesor de Investigaciones en Energía Nuclear, lanzaron un «mapa de ruta» para el «renacimiento de la energía nuclear. Este «mapa» respondía al Plan bushiano de Política Nacional de Energía, expuesto unos meses antes por el Grupo Nacional para el Desarrollo de Política Energética, presidido nada menos que por el vicepresidente norteamericano y ex-presidente de Halliburton (primer proveedor mundial de petróleo) Dick Cheney. El Plan incluía expresamente el apoyo al sector privado de las industrias energéticas nacionales y calificaba también expresamente a la energía nuclear dentro de las «energías limpias»14. Así pues, el «mapa de ruta», se fue desplegando durante las administraciones de baby Bush, a través de una Estrategia y una Ley de política energética nacionales, señalando la necesidad de ir concretizando diseños, solicitudes de operación, incentivos económicos, subsidios, exenciones de impuestos, etc., para la construcción de plantas nucleoeléctricas; antes de enero de 2008 se registraron hasta 32 proyectos.

Nuevamente para el caso de Estados Unidos, con la llegada de Obama a la Casa Blanca, parecía que la estrategia nacional de aprovisionamiento energético del más grande consumidor mundial de energía (petrolera, eléctrica, etc.) cambiaría, pues se planteó un discurso que hizo pensar a varios crédulos que habría un mínimo giro hacia las energías renovables o limpias (eólica, solar, biomasa, geotermia, etc.), dicho discurso expresaba que se buscaba «sustituir el petróleo importado y otros combustibles fósiles con una ‘economía de energía limpia’ impulsada por viento, sol y biocombustibles»; quería hacer creer al mundo que el gobierno obamiano estaba comprometido con el Protocolo de Kyoto y con la reducción de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Incluso Steven Chu (Secretario de energía y físico ganador del premio nobel) declaró en una entrevista que: «En esencia necesitamos una segunda Revolución Industrial que genere mucha energía limpia, a bajo precio, de forma sustentable»15. Para ello señaló que se necesitaba modernizar la investigación en energía e invertir más en ella: «comenzando con los miles de millones de dólares incluidos en el paquete de estímulos económicos; crear demanda de energía limpia, obligando a las fábricas a recurrir a fuentes renovables, como turbinas de viento y paneles solares; tender miles de kilómetros de líneas de transmisión para llevar energía solar y de viento a los consumidores, e imponer un gravamen de facto a los combustibles fósiles al fijar un tope nacional para emisiones de gas invernadero»16.

Pero en realidad, a pesar de ese tipo de declaraciones de Obama y sus funcionarios de crear «empleos verdes», desde un principio ese gobierno hizo todo lo posible por buscar más fuentes de energía sin poner en crisis el negocio de las corporaciones petroleras y abriendo un nuevo frente al lobby nuclear. En efecto, en octubre de 2009, el primer presidente estadunidense de color declaró: «No existe razón tecnológica por la que no podamos usar la energía nuclear de manera segura y efectiva…Japón lo hace, Francia lo hace y no emite gases de efecto invernadero, así que sería tonto que nosotros no lo hagamos de manera mucho más efectiva». Posteriormente el 31 de marzo de 2010, Obama anunció que su administración abriría millones de kilómetros cuadrados a la exploración y perforación submarina en el Golfo de México, el litoral del Atlántico de Estados Unidos y reiteró su total disposición a explorar y perforar un ecosistema que ni baby Bush pudo inaugurar por más que quiso: el norte de Alaska (frágil y nodal ecosistema ártico polar, hábitat de osos blancos, ballenas, morsas, etc.). En efecto a partir de un estudio de 2008 de la Inspección Geológica de Estados Unidos  (USGS, por sus siglas en inglés) que encontró que el círculo ártico contiene poco más de una quinta parte de los recursos aún sin descubrir de petróleo y gas natural del mundo, tiene unos 47,2 billones (millones de millones) de metros cúbicos de gas natural, cerca de dos tercios de las reservas probadas de todo Medio Oriente, o 90.000 millones de barriles de crudo; se convirtió en un ecosistema altamente codiciado y disputado por todas la corporaciones globales de la industria energética17.

Pero lo más aparentemente sorpresivo de la política energética de Obama es que hace efectivo el llamado resurgimiento o reinicio de boom de la energía nuclear impulsado por G.W. Bush y el looby atómico mundial: el 16 de febrero de 2010 en su visita a la Fraternidad Internacional de Electricistas en Lanham, Maryland, Barack Obama anunció el otorgamiento de 8 mil 300 millones de dólares en garantías para créditos destinadas a construir la primera planta nuclear en el país en casi tres décadas18. Las garantías servirán para ayudar a Southern a construir 2 reactores en una planta en el Estado de Georgia. En Maryland expresó que «se requiere aumentar la oferta de energía nuclear para satisfacer su demanda eléctrica, con el fin de hacer frente al cambio climático», pues la energía nuclear no produce «emisiones de carbono», es decir se hace eco de considerarla una «energía limpia»19. Dicha consideración propagandística de la «limpieza» de esa energía -lo cual, of course, es totalmente falsa como veremos después- ha sido una campaña impulsada por las compañías operadoras de la Centrales atómicas del mundo, como Exelon, principal operadora en Estados Unidos, por cierto sospechosa de ser donadora de recursos económicos a las campañas de Obama al senado y luego a la presidencia.

Siguiendo la pauta impuesta por el gobierno estadunidense y los principales países atómicos asesorados por el looby nuclear, en México, en mayo de 2010, el gobierno de Calderón expone a través de un documento de la Secretaría de Ecología, que para hacer frente al «cambio climático», ubica a la energía nuclear como «fuente limpia», junto con la solar y eólica; y con el argumento de que la instalación de las infraestructuras de éstas dos fuentes energéticas sigue siendo costosa, a pesar de que en los años recientes los precios han bajado, se propone impulsar la construcción -después de 20 años de la planta de Laguna Verde- de «10 plantas nucleares para los próximos 20 años»20. Ello es consecuente con las declaraciones del 23 de abril del mismo año de la secretaria de Energía, Georgina Kessel, de que será hasta el año de 2024 cuando México produzca 35 % de electricidad con «métodos limpios»21. Es decir, para las concepciones de «moda», la energía nuclear es fuente «limpia» al nivel de la solar, la eólica, etcétera, y la inversión en la instalación de plantas y reactores es más «alternativa» y menos costosa que la inversión en las «otras» energías renovables; cuando se sabe que por lo menos es igualmente costosa y de altos riegos (pues es de de largo plazo e involucra cifras de 3.5 mil millones de dólares). Pero −¡y que pero!− es mucho más peligrosa y potencialmente contaminante y mortífera. Sino allí están para recordárnoslo los múltiples accidentes nucleares habidos, actuales y por haber, y, por si fuera poco, la pesadilla realizada de Chernobil (accidente catalogado como de máximo nivel=7) que aún no ha terminado del todo pues sigue habiendo degradación medioambiental, enfermos y muertos debido a sus letales y desastrosas consecuencias. (Definitivamente creo que hay que llamarla pesadilla y catástrofe aunque ahora los «expertos científicos» tratan de suavizarla22). Además que no se ha podido resolver −porque es ambientalmente irresoluble−, la cuestión del control, neutralización o desintegración de los desechos radiactivos (aunque los autollamados «científicos» ahora señalan que «hay nuevos métodos de tratamiento de los isótopos de vida media larga»23). Allí está muy recientemente (principios de noviembre de 2010) el traslado de desechos nucleares franceses a Gorleben Alemania que ha sido totalmente repudiado por los ciudadanos y ambientalistas alemanes porque -precisamente- saben que dichos desechos almacenados en territorio alemán son una superbomba de tiempo24. Efectivamente, como nos lo informa el investigador del Colegio de México, Alejandro Nadal, cada año un reactor típico (digamos que de 2da generación) genera de 20 a 30 toneladas de combustible nuclear quemado pero intensamente radiactivo; desechos que deberán mantenidos en refrigeración durante unos 5 años o más, hasta que su nivel de radiación permita su almacenamiento en depósitos secos que deben ser seguros, libres de filtraciones de agua y de sismos severos durante por lo menos 10 mil años debido a la peligrosidad de sus radiaciones. En el mundo hay unas 250 mil toneladas de combustible quemado. El gigante de los desechos, los Estados Unidos tiene 71 mil toneladas depositadas en las albercas de sus 104 reactores pues encontrar lugares para los depósitos en almacenes subterráneos (como vimos con los desechos radiactivos franceses) es un grandísimo problema. Así sucedió con el proyecto de basurero nuclear de Yucca, Nevada, cancelado por inviable por Obama. Para ese depósito se había diseñado un mensaje futurista con la participación de antropólogos, arqueólogos y lingüistas: Este es el texto que recomendaron para ser colocado en un lugar visible del depósito: «Este no es un lugar de honor. Lo que yace aquí era peligroso y repulsivo para nosotros. Este lugar es un mensaje. Pongan atención a lo que dice: Nos considerábamos una cultura poderosa»25

Así que ¿cuál fuente «limpia»?, por el contrario, es definitivamente una fuente que hay que cancelar para el presente y el futuro humano y planetario. Y, desde nuestra postura, tampoco entraría en el futuro inmediato, no digamos como parte de «las energías limpias», sino ni siquiera como parte de la pluralización de opciones energéticas; por más que el británico James Lovelock y otros científicos, especialistas y expertos de real o inventada «buena fe» la presenten como opción «segura», «eficiente», «rendidora», «limpia», «renovable», «sustentable», «maximizadora», «alternativa», etc, etc.. Y por más que se plantee que los reactores nucleares actuales son de tercera generación y anuncien el advenimiento de los de la cuarta; y prometan, además, «estudios de alto nivel del tratamiento de los desechos radiactivos y su disposición final». Con la energía nuclear del capitalismo definitivamente no hay salvación, hay condenación.

Los estallamientos nucleares japoneses en relación a Chernobil y la amenaza real del fin del mundo

«Fukushima es peor que Hiroshima y Nagasaki -dijo una sobreviviente del terremoto y del tsunami.

-¿Por qué piensa eso? -le preguntaron

-Porque Hiroshima y Nagasaki son el pasado y Fukushima es el futuro«26.

En todo el mundo existen 444 reactores nucleares activos oficialmente reconocidos (más 55 en construcción y 200 previstos o programados) por la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), los que representan alrededor del 14% de la energía eléctrica mundial (y sólo 2.8 % de la energía primaria general) y son 31 países los que tienen esta infraestructura para generar energía. Estados Unidos tiene 104 reactores (y por lo menos 4 están ubicados en California y Arizona en la frontera con México), es el país con el más alto número de reactores que representan aproximadamente 30% de la generación nuclear mundial, pero Francia con 58 reactores es la nación que más depende de la energía ya que 76.2 por ciento de su consumo proviene de esta fuente. Japón (hasta antes del 11 de marzo de 2011) era el tercer país en cantidad de reactores con 54 (que representaba 27% de toda la generación de su energía), después de Estados Unidos y Francia y arriba de Rusia, Corea del Sur e India. A continuación presentamos la lista de los países que cuentan con reactores nucleares (de primera, segunda y tercera generación) ya establecidos y los de próxima construcción (2010) para la producción de electricidad:

1) USA: 104 reactores y uno más en construcción. 2) Francia: 58 reactores (76% de su electricidad) y uno más en construcción; 3) Japón: 54 reactores y dos en construcción. 4) Rusia: 32 reactores y 11 en construcción; 5) Corea del Sur: 21 reactores y 6 en construcción (33% de su electricidad). 6) India: 20 reactores (y 5 en construcción); 7) Reino Unido 19 reactores. 8) Canadá 18 reactores; 9) Alemania 17 reactores; 10) Ucrania: 16 reactores y uno en construcción. 11) China: 13 reactores (y 27 en construcción). 12) Suecia: 10 reactores (40% de su energía eléctrica). 13) España: 8 reactores. 14) Bélgica: 7 reactores; 15) República Checa: 6 reactores. 16) Taiwán: 6 reactores; 17) Suiza: 5 reactores; 18) Eslovaquia: 4 reactores (y 2 en construcción). 19) Finlandia: 4 y uno en construcción (30% de su electricidad) y uno en construcción. 20) Hungría: 4 reactores 21) México: 2 reactores; 22) Brasil: 2 reactores. 23) Argentina: 2 reactores y uno en construcción. 24) Rumania: 2 reactores; 25) Bulgaria: 2 reactores y 2 más en construcción; 26) Pakistán: 2 reactores. 27) Sudáfrica: 2 reactores; 28) Holanda: 1. 29) Slovenia: 1. 30) Armenia: 1. 31) Lituania: 1. 32) Más el de Irán que está muy avanzada27.

Japón hasta 1997 llegó a contar con 17 plantas productoras de energía nuclear y con 51 reactores de distinta índole. En total la generación de energía eléctrica secundaria derivada de la producción de energía nuclear ascendía a 283 mil millones de kilowatt-hora y representaba un 33% del total de la electricidad generada en el país que es aproximadamente de 877 mil millones kilowatt-hora. En septiembre de ese mismo año, sin embargo, el gobierno japonés decidió aumentar la producción de plantas de energía nuclear para generar adicionalmente cerca de 478 mil kilowatt-hora para el año 2010, es decir un 42% del total de la demanda lo que, a su vez, significaba construir adicionalmente 30 reactores más con una capacidad de generación de un millón de kilowatts por unidad. Aunque había habido ya un accidente serio en diciembre de 1995 (escurrimientos de sodio presentados en el reactor Monju que llevaron a las autoridades energéticas japonesas a tomar la decisión de cesar las operaciones para proceder a investigar las causas del accidente); sin embargo, el accidente nuclear de septiembre de 1999 en la ciudad de Tokaimura fue un punto de partida para una transformación en la política de energía nuclear del gobierno japonés.

El 30 de septiembre de 1999, en Tokaimura ocurrió un derrame accidental de uranio en las instalaciones de procesamiento de combustible nuclear. Se sabe, a ese respecto, que, con el fin de lograr mayor eficiencia, la compañía generadora de energía eléctrica ignoró el manual de procedimientos y lo reemplazó con un manual que omitió varios pasos importantes. El resultado fue un derrame de uranio, superior en siete veces a lo permitido por las reglamentaciones internacionales, el desencadenamiento de una reacción nuclear y la exposición directa a la radiación de más de 70 personas. La reacción en cadena continuó por cerca de 20 horas y muchos residentes en la ciudad tuvieron que ser evacuados. Sin embargo, lo peor del accidente consistió en que el gobierno sabía muy poco de los peligros que representaban ese tipo de plantas procesadoras. Y no sólo eso, el derrame radioactivo en la planta fue causado por una dificultad mayor ocurrida fuera del reactor, es decir la forma más seria que se puede presentar en un accidente. Eso quiere decir que el accidente nuclear comenzó por un error que nadie pudo predecir en una planta privada procesadora de energía nuclear y que no existía ningún sistema que pudiera impedir la reacción en cadena por control remoto una vez que ésta comenzó. Las instalaciones del accidente en Tokaimura nunca estuvieron sujetas a inspecciones de sitio por parte del gobierno y, por lo tanto, no se hizo nada en torno a los procedimientos mínimos a seguir por una empresa privada. Por consecuencia el accidente no solamente impactó a la nación a causa de la exposición directa a la radiación y al daño que causó, que sino que también hizo surgir serias dudas acerca de la confiabilidad y control de la política nuclear llevada a cabo por el gobierno28.

Pero definitivamente el accidente nuclear de la planta de Fukushima (región al noreste del país) después del terremoto de 9 grados Ritcher y el posterior Tsunami del 11 de marzo de 2011, se ha convertido en el peor desastre nuclear de Japón y uno de los peores -o quizá el peor hasta el presente- a escala mundial; esto a pesar que hasta el 21 de abril no se había reportado ninguna muerte a consecuencia directa del mismo, pero si cerca de 20 trabajadores contaminados entre los cuales uno altamente contaminado que requirió atención médica especializada. No obstante, las consecuencias inmediatas y mediatas ambientales, económicas, sociales, políticas y emocionales para la región, para Japón y para el conjunto de la humanidad han sido y serán muy graves y definitivamente desastrosas y hasta hecatómbicas. Lo cual hace que no sólo se le pueda llamar una alarma nuclear (acompañada de «pánico nuclear») como inicialmente se le calificó, sino que sí se pueda calificar de evento catastrófico, tal y como el gobierno de Japón tardía pero finalmente aceptó al categorizarlo en el nivel 9 de la Escala Internacional de Eventos radiológicos y Nucleares (INES= International Nuclear and radiological Event Scale), creada después de Chernobyl, en 1990, y redefinida en 2008 por la Agencia Internacional de Energía Atómica. Escala que los clasifica de 1 a 7, según el nivel de riesgo, peligrosidad y efectos integrales. De 1 a 3 son considerados de «Incidentes». Y de 4 a 7 «Accidentes». Veamos: 4= Accidente con consecuencias de alcance local. 5= Accidente con consecuencias de mayor alcance. 6= Accidente con consecuencias serias. 7= Accidente con consecuencias graves o mayores; este grado indica que: «se acompaña de la liberación de grandes cantidades de material radiactivo con efectos extensos sobre la salud humana y el medio ambiente», por lo que dichos efectos «deberán ser contrarrestados con medidas de gran amplitud». Al reconocer este máximo nivel, quiérase o no se le ubica a la par de la hecatombe de Chernobil que alcanzó este nivel 7; si bien existen diferencias para cada caso, por sus efectos globales a corto y mediano plazos ambos se equiparan. En efecto, hay diferencias particulares debidas al país, la zona geográfica, la época, los tipos de reactores, etc. Pero no porque Chernobil haya sido causado por errores humanos (de vigilancia, descuido, diseño, etc.) y Fukushima por eventos meteorológicos, pues en las dos situaciones el factor central ha sido principalmente tecno-humano, y concretamente en los reactores de Fukushima debido a la necedad de la racionalidad del capital pro-nuclear de construir la planta en una zona altamente sísmica y vulnerable a eventos medioambientales (temblores, terremotos, maremotos, huracanes, etc.), siendo responsables de ello en orden de importancia: la corrupta y mentirosa Tokyo Electric Power (Tepco)29, los solapadores gobiernos japoneses y las encubridoras autoridades internacionales en materia atómica, principalmente la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). Y aunque hasta el presente la fuga radiactiva medida en terrabecquereles en Chernobil haya sido 9 ó 10 veces más que en Fukushima (entre 5 y 6 millones y entre 500 y 600 mil respectivamente), los impactos combinados y totales que ha tenido y tendrá esta catástrofe de 2011, es decir 25 años después, son -por su peso multidimensional- incluso más significativos que aquella de abril de 1986. Veamos algunos aspectos del porqué de esta afirmación nuestra:

  1. Después de las 2 cumbres climáticas mundiales de 2009 y 2010, en Copenhage y Cancún y ante el desvanecimiento del Protocolo de Kyoto, el looby pronuclear en contubernio con los principales países capitalistas, como señalamos arriba, promovieron la industria nuclear como la salida mejor posicionada para hacer frente a los cuestionamientos del calentamiento global y los excesos polucionadores de los gases de efecto invernadero (GEI). Por ello la llamada «crisis de Fukushima» viene a incidir críticamente sobre esta vía atómica, al demostrar su alta vulnerabilidad y su peligrosidad; es decir, su falsedad como salida pues en realidad no soluciona el problema sino lo agrava. Varios países y gobiernos han detenido temporalmente o han pospuesto o cancelado sus planes de Centrales, entre ellos: Suiza, Italia, Alemania, Austria, China, Chile, Venezuela y Estados Unidos. Congresistas, funcionarios expertos y académicos de diferentes naciones (incluidos de Estados Unidos, franceses e italianos que suspendieron su referéndum de junio de 2011) se han pronunciado por llevar a cabo suspensiones o replanteos en torno a la industria nuclear como opción energética internacional, nacional y regional. Asimismo este tipo de personajes se han pronunciado porque en las reuniones sobre la materia se reformulen las medidas de control y de seguridad de las centrales nucleoeléctricas, incuso hemos visto desfilar a expertos, burócratas y políticos visitando sus plantas, haciendo declaraciones optimistas al respecto con el objetivo de calmar las críticas y las inquietudes que ha causado Fukushima. Es el caso de México donde directivos la Comisión de Seguridad Nuclear y Salvaguardias de la Secretaría de Energía, y funcionarios de los gobiernos federales y el mismo gobernador de Veracruz Javier Duarte, han visitado Laguna Verde.
  2. El «accidente de Fukushima», se da en un contexto donde existen mayores expectativas públicas mundiales y nacionales respecto a la cuestión medioambiental y ecológica, la información y su exigencia en torno al hecho mismo y sus repercusiones geo-estratégicas son mayores que hace 25 años; además que tiene su sede en un país del primer mundo (la llamada «tercera potencia económica mundial», recién desplazada del segundo lugar), en donde las interconexiones industriales, tecnológicas e info-tele-comunicativas globales-locales son mayores: a) Así, los efectos en los abastecimientos manufactureros-industriales (automotrices, electrónicos y computacionales), y las repercusiones de las radiaciones y contaminaciones por mar (en el Océano Pacífico donde se han vertido por maniobras, fugas, filtraciones, descuidos e incidentes, casi 12,000 mil toneladas de agua radiactiva en varios grados), tierra y atmósfera son más impactantes en términos geoeconómicos y geopolíticos; incluso en las propias metrópolis japonesas densamente pobladas como Tokio-Yokohama-Kawasaki-Chiba (37 millones), Osaka-Kobe-Kyoto (18 millones), Nagoya (9 millones), etc., se han dejado sentir dichos efectos. Por ejemplo se han detectado isótopos radiactivos (principalmente Yodo 131 y 132 y Cesio 137) en China, USA, Rusia, Coreas, Canadá y hasta México; y los alimentos contaminados provenientes de las prefecturas de la zona noreste de Japón como leche, aproximadamente 11 verduras (entre ellas espinacas, brócolis, perejil, col, coliflor, kakinas, habas,nabo y mostaza) y pescados y mariscos, e incluso algas marinas y hongos siitake han sido prohibidos en su distribución y consumo interno y externo. b) La información, las opiniones y los debates en torno al evento y su entorno que corren por las redes sociales y los medios de comunicación convencionales han sido voluminosas y sustantivas en cantidad y calidad, debido precisamente los vínculos y flujos glocales. Igualmente las manifestaciones de protesta de los grupos medioambientalistas y ecologistas (entre los que destaca Greepeace), así como de la población en general a nivel de las grandes ciudades del mundo -sobre todo europeas como Alemania, Francia e Italia- y de las japonesas mismas han sido relevantes Tokio, Nagoya y Koneji. Los símbolos antinucleares y pacifistas han salido nuevamente a relucir y las consignas altamente significativas han sido: «cierre a las plantas nucleares», «no más armas nucleares», «nosotros no necesitamos las plantas nucleares», «no queremos otro Fukushima».
  3. El evento mismo de Fukushima en la situación japonesa ha tenido más incidencias debido a: a) la existencia de 6 reactores en la planta, de los cuales por lo menos 4 han resultado averiados peligrosamente y a los cuales se les ha tratado de controlar o reparar mínimamente, presentándose incidentes riesgosos (fusiones, explosiones, escapes, contaminaciones) que han llamado la atención y la preocupación no sólo nacional sino internacional. b) La existencia el 7 de abril de otro accidente nuclear – atizado por otro fuerte temblor- en la planta japonesa de Onagawa que sufrió derrames de agua en las piscinas de las barras de combustible y se cortó, entre otros daños, 2 de las 3 líneas de abastecimiento eléctrico de la Central y el sistema de refrigeración de las barras se interrumpió brevemente, así como se detecto un pequeño aumento del nivel de radiactividad dentro de los edificios de los reactores30. c) Enfrentamientos, contradicciones y tensiones de autoridades entre sí y con Tepco como empresa corrupta y ahora en quiebra; por ejemplo, es de llamar la atención que el primer ministro japonés Naoto Kan se expresara con dureza contra las ambigüedades de Tepco (¿qué demonios pasa!, dijo 4 días después del 11-03-11). Además de sabe que la economía japonesa se contraerá marcadamente este año y que varias empresas grandes y pequeñas japonesas entraron en procesos críticos o de plano hacia la bancarrota. Durante el primer mes de «crisis», incluso hubo amenazas de nacionalización o de «clausura total» del complejo Fukushima (como en Chernobil con toneladas de concreto y arena). c) El terremoto de 9 grados Ritcher, el tsunami de hasta 37 metros de olas, así como los cientos de réplicas (que van desde las de 5 grados hasta las que sobrepasan los 7º Ritcher) y de mini tsunamis han sido factores para prolongar y aumentar el dramatismo social y moral, que continuará unos meses pues los movimientos telúricos seguirán. En fin, La economía y el prestigio tecnoeconómico y político de Japón ha sido duramente dañado pues no sólo empresas automotrices y de la microelectrónica han sufrido pérdidas sino el conjunto de la vida económica, social y emocional macro y imicro (cotidiana) se ha visto y se verá afectada en este año y los próximos.
  4. Con más contundencia y extensión que a partir de Chernobil en abril de 1986; a raíz de Fukushima en marzo de 2011, se han develado situaciones e informaciones relativamente ocultas y se han suscitado reflexiones, críticas, expresiones, etc., que han puesto en entredicho las supuestas bondades de las nucleoeléctricas, ha sido un golpe importante y un paso crucial hacia el desenmascaramiento de éstas como generadoras «alternativas» de energía «limpia», «segura» y «eficaz». Ello a pesar de la tozudez de algunos analistas, expertos e ingenieros de todo tipo ligados −consciente o inconscientemente, directa e indirectamente− a los intereses pronucleares, que quisieron aprovechar la crisis nuclear de la planta de Fukushima para señalar con cinismo que esos reactores nucleares superarían la prueba del terremoto-tsunami y que con ello la industria capitalista constructora de reactores los crearía en su «quinta generación» super seguros y casi inmunes; y de otros que insisten en exhibirla como la gran opción para cumplir metas contraídas en acuerdos internacionales de reducción de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Ejemplos de estos dos casos los tenemos en: 1) Un consejero italiano de la empresa nuclear Enel que declaró: «si todo va bien, el terremoto de Japón puede demostrar que la tecnología nuclear se puede construir de manera fuerte y resistir terremotos de escala 9». 2) Las declaraciones de Juan Eibenschutz, presidente de la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardas (CNSNS, dependiente de la Secretaría de Energía, México) y diseñador del Proyecto de la Central Laguna Verde; dijo «la necesidad de contar con más plantas nucleares se hace evidente, o metemos más plantas nucleares o no vamos a cumplir los compromisos de reducción de emisiones».

    Con todo esto creo que una de las vertientes más peligrosa de la tecnociencia capitalista ha quedado mal parada y con ello la ciencia y la tecnología capitalistas en general se han exhibido con cierta claridad y «desfachatez» como ligadas a la ideología (en el sentido extenso del concepto, que según Sánchez Vázquez implica valores, expectativas e intereses31), a la política y sobre todo a la economía del capital general y de los capitales particulares. Por ejemplo, Alejandro Frank considera que las versiones y valoraciones de los simpatizantes a nivel mundial del lobby nuclear -como él-, que llama «expertos internacionales» (libres de «intereses» y de inclinaciones «conspiradoras») son las verdaderamente «científicas», y las demás son simplemente «anecdóticas»32.

    Así pues, vale la pena a manera de cierre presentar algunos de los argumentos más sólidos y de ciencia crítica de porqué la energía nuclear no es para nada una alternativa limpia, económica y eficaz. Esto es, por qué hay que seguir luchando a nivel teórico-práctico y político-ideológico por desmantelar la tecnociencia atómica vinculada al complejo capitalista armamentista y nucleoeléctrico. En ello se juega una de las amenazas más serias del fin del mundo y de la extinción de la humanidad. Hoy a la lucha antinuclear, ecologista, pacifista y humanista (25 años después de Chernobil y 45 días después Fukushima), se le abre la oportunidad de incidir con firmeza para continuar con la erradicación de esas nefastas y macabras amenazas de lo nuclear.

    Para exponer dichos argumentos seguiremos a Eduardo Rincón y Gustavo Ampugnani en su texto: «¿Necesitamos la energía nuclear?. Verdades sucias»33:

    1. Las nucleoeléctricas sí generan fuerte contaminación de Gases de Efecto Invernadero. Para realizar un correcto y completo análisis científico de la relación existente entre: i) la producción de energía nuclear y ii) la contribución al calentamiento global del planeta; no basta con estudiar las emisiones de GEI de los reactores, es necesario analizar todos los procesos del ciclo productivo-consuntivo nuclear: a) mineros, b) de enriquecimiento de uranio, c) de fabricación del combustible, procesamiento y disposición de los residuos. La incorporación de estos elementos a la valoración integral de la energía nuclear, la plantea como altamente contribuyente al calentamiento global y la descarta como alternativa frente al cambio climático. Asimismo los reactores nucleares no son limpios de GEI, pues si bien no generan altas cantidades de CO2, sí producen otros gases. Amén del despilfarro y la contaminación de ese bien vital que es el agua.
    2. La energía nuclear es pobre como fuente energética. El Uranio es la más pobre de las 4 principales fuentes energéticas no renovables (carbón, gas natural, petróleo y uranio). Todas juntas resultan insignificantes cuando se les compara con la energía solar: ya que en dos semanas interceptada por la Tierra supera todas las reservas conocidas de estos energéticos y el Sol −con sus explosiones nucleares naturales−, continuará enviando su energía a la Tierra como ahora por los próximos 4.5 milmillones de años. Ninguna fuente no renovable puede garantizar el suministro energético en el mediano o largo plazos.
    3. No existe solución verdadera y definitiva para los desechos nucleares. Como ya lo comentamos arriba éstos son peligrosísimos residuos radiactivos: algunos de ellos tienen actividad por miles de años. Si se optara por más centrales atómicas, éstas darían un poco de energía por unos cuantos años (menos de 5) pero sus residuos serían una terrible herencia para las generaciones que vivan en decenas de milenios por venir.
    4. Estimula la proliferación de armas nucleares. De una u otra manera la tecnología y los productos y subproductos de la industria nucleoeléctrica (incluidos, por supuesto, los residuos) están vinculados y propician el incremento de tecnologías y materiales nucleares utilizados con fines no civiles, es decir armamentistas y militaristas.
    5. Son costosas y caras. Pese a las promesas del lobby pronuclear, los datos duros demuestran que los costos de esta energía son elevadísimos. Por ejemplo, la planta nuclear de Shoreham, en Nueva York, fue presupuestada en 350 millones de dólares, y terminó costando más de 5.4 mil millones de dólares ¡más de 15 veces más¡. A pesar de los miles de millones de dólares gastados en subsidios (su verdadero «combustible», según A. Nadal) por los gobiernos, los 444 reactores en operación proporcionan un ínfimo porcentaje (2.8%) de la energía primaria consumida en el mundo. Además hay que incluir en su coste, los gastos de diseño, construcción, operación, mantenimiento de desechos y desmantelamiento al final de su vida útil.
    6. Son bombas de tiempo. El lobby pronuclear alega que la probabilidad de sufrir un accidente nuclear es muy bajo. Quizás sí, pero cuando este sucede (descontando los numerosos incidentes y accidentes ocultados perversamente a la opinión pública), como lo hemos visto en Three Miles Island (nivel 5, 28 de marzo de 1979, Pensilvania, USA), Chernobil (nivel 7, 26 de abril de 1986, Ucrania, ExURSS) y recientemente Fukushima (nivel 7, 11 de Marzo de 2011, Japón); las consecuencias son enormes e irreversibles. El terrible riesgo (que considera probabilidad y efectos) es inaceptablemente alto desde el punto de vista humanista y no capitalista. Y como han ocurrido ya varios incidentes y accidentes de diversos grados y en diversas situaciones las probabilidades de que sigan ocurriendo no son para nada bajas, por el contrario, en un mundo globalizado por el capital «salvaje» cada vez más inestable, inseguro, turbulento y militarizado (incluidas las propias armas atómicas) las posibilidades son cada vez mayores.
    7. Aumentan la dependencia tecnológica, científica y energética. Los países que no tuvieron la posibilidad de desarrollar su propia tecnología nuclear (que son la inmensa mayoría ya que sólo unos cuantos países la desplegaron a partir de sus intereses militaristas como los Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón o la ExURSS) y en los que se instalan plantas nucleares, se vuelven totalmente dependientes y tienen que emplear tecnologías y aparatos adquiridos a precios altísimos, lo que a su vez genera mayor sometimiento de ellos.
    8. No beneficia a las poblaciones necesitadas y a quienes aún no tienen electroenergía. La energía de las nucleoeléctricas (la de toda megaplanta, nuclear o convencional) sólo sirve a los megaconsumidores -armadoras de automóviles, fundidoras, grandes edificios, hoteles, etc. – y no a quienes carecen de energía eléctrica convencional.
    9. El tiempo de instalación de una planta se mide en lustros. En contraste, una planta eólica, solar o fotovoltaica se instala en meses. Si los desorbitados e infames planes de los gobiernos −en contubernio con el lobby pronuclear−, de instalar más de 200 plantas en los próximos años se llevaran a cabo, dizque para combatir la emisión de GEI; éstas estarían listas cuando ya el destino (fin del mundo real) nos haya alcanzado y jamás los reducirían, sino que contribuirían a llevarlos al máximo.
    10. La aportación de la energía nuclear a la producción energética mundial se reduciría si se instalarán los más de 200 reactores proyectados. Existen alrededor de 450 reactores nucleares, para duplicar esta cifra sería necesario construir un número correspondiente de plantas nucleares en los próximos años. A pesar de ese enorme esfuerzo, la contribución de la energía nuclear a la producción energética global no se duplicaría sino que se reduciría, ya que, en términos absolutos, se espera que la demanda energética mundial aumente en al menos 50% en 25 años. Por tanto, para duplicar la participación de la energía nuclear no bastaría duplicar, sino triplicar el número de reactores; habría que conectar a la red eléctrica ¡1,320 nuevos reactores en los próximos 25 años! Delirante, incosteable y extremadamente peligroso: una amenaza real y potencial del fin del mundo.

Frente a este megadramático panorama macabro y pro apocalíptico de las amenazas armamentistas y energéticas de lo nuclear, hay dos soluciones a corto y mediano plazos: 1a) Proponerse pugnar y luchar política, social y teórico-ideológicamente para detener y desmantelar dichas nefandas amenazas. 2da) Igualmente y al mismo tiempo, proponerse pugnar y luchar política, social y teórico-ideológicamente para invertir, investigar, desarrollar y operar la gama de energías renovables y verdaderamente limpias. La respuesta la tienen, por un lado, los movimientos pacifistas, ecologistas, ambientalistas, izquierdistas, humanistas, socialistas y comunistas verdaderamente conscientes y consecuentes; y, por otro lado, la humanidad proletarizada que necesita superar esas amenazas que el capital a puesto sobre su existencia y su futuro planetario.

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Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.