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Carlos Alberto Montaner, el terrorismo precoz y la tembladera maldita

Fuentes: Rebelión

El pasado 2 de agosto el periodista Jean Guy-Allaad escribió, en la edición internacional digital del diario Granma, el artículo «Montaner, terrorista», donde aporta elementos sobre la participación de Carlos Alberto Montaner en actos terroristas realizados en Cuba a inicios de la década del 60 y lo señala como agente de la Agencia central de […]

El pasado 2 de agosto el periodista Jean Guy-Allaad escribió, en la edición internacional digital del diario Granma, el artículo «Montaner, terrorista», donde aporta elementos sobre la participación de Carlos Alberto Montaner en actos terroristas realizados en Cuba a inicios de la década del 60 y lo señala como agente de la Agencia central de inteligencia (CIA) de Estados Unidos.

Montaner por su parte, en su artículo «Granma miente», pretende que le convalidemos su participación en acciones terroristas en la década del 60, sobre la base de que estos hechos tuvieron lugar hace casi medio siglo, cuando apenas tenía 17 años, como si los delitos por terrorismo prescribieran en el tiempo y como si él entonces no tendría edad para ser terrorista.

Sin embargo, en una entrevista que le efectuara en septiembre de 2004 el medio digital literaturacubana.com, el Montaner entrevistado vendría a contradecir al Montaner terrorista. Ante la pregunta: ¿Piensa que esta tarea le ha restado tiempo a su obra de ficción, a su inicial vocación de novelista y cuentista?, Montaner señaló: «Querido Lauro, por supuesto que si. Tengo 61 años, y desde los 15 la llamada revolución cubana me ha mantenido permanentemente ocupado…». Nada, que estamos en presencia de un terrorista precoz, alguien que los sicólogos estadounidenses describen como un teenager terrorist.

En su artículo, Montaner reconoce que, en efecto, como señalara Jean Guy-Allart, fue detenido en Cuba en diciembre de 1960, cuando tenía 17 años, por «conspirar contra los poderes del Estado» y pretende hacernos creer que conspirar contra los poderes del Estado no tenía nada que ver con el terrorismo. Sin embargo, una vez mas el Montaner entrevistado viene a contradecir al Montaner terrorista. En una entrevista que le efectuara el periodista Angel de Jesús Piñera, que fuera publicada el 27 de abril de 1962 por la revista «Avance» de Miami, puede leerse que Carlos Alberto Montaner compartía la jefatura de Acción y Sabotaje de la organización Rescate Estudiantil con Alfredo Carrión Obeso. Nada, que en la semántica de hoy, es terrorismo lo mismo que en la década del 60 la CIA llamaba como Acción y Sabotaje.

Por otro lado, Montaner dice: «…fuimos apresados casi en el momento mismo en que comenzábamos a intentar ayudar a las guerrillas campesinas del Escambray que luchaban heroicamente para tratar de impedir la consolidación de la dictadura comunista en Cuba». ¿ Será que Montaner, a sus 62 años, habrá olvidado que fue Estados Unidos quien, a través de la CIA, creó y fomento el bandidismo en el Escambray, que costó la vida a más de 500 cubanos, entre los que se encuentran los maestros alfabetizadores Conrado Benitez y Manuel Ascunce ? Nada, que el Montaner periodista, huyéndole a la acusación de terrorista, se nos revela como un criminal agente de la CIA.

Desde mi punto de vista, la mejor respuesta de Montaner, a la acusación de agente de la CIA que le hizo Jean Guy-Allart, habría sido la de no darse por aludido. Después de todo eso es lo que aconseja fervientemente Vaclav Havel a los asalariados del gobierno de Estados Unidos que radican en Cuba. El por qué Montaner no siguió el sabio consejo de Havel forma parte de los aspectos insondables de la naturaleza humana. En Cuba y en otras partes de América Latina existe un refrán que dice que «el que ají pica es porque ají come», que parece explicar porque Montaner desoye a Havel.

En un discurso en el 2002, Douglas Feith, el jefe de asuntos políticos del Pentágono, reconoció el «desagradable hecho» de que en las últimas tres décadas el mundo, incluido Estados Unidos, toleró el terrorismo. Y agregó: «En el mundo post septiembre 11, nadie que aspire a la respetabilidad puede tolerar, menos aún apoyar, terroristas que en el pasado pudieron haber sido vistos como defensores de la libertad». Tal vez esto explique en parte porque Montaner huye despavorido de su pasado, y confiesa amargado: A veces tengo la sensación de que nuestra historia, o la historia de mi generación, es la de un grupo atrapado en una especie de arena movediza, en una tembladera maldita». A confesión de parte, relevo de pruebas…

rgomez19532004 @yahoo.es