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Como nos engañan con las pensiones

Fuentes: Rebelión

No parece que debamos felicitar al gobierno por haber aprendido a alarmar a los españoles al peor estilo neoliberal publicando una proyección de población para el año 2049 hecha por el INE, justo tres días antes de que hiciera pública su intención de endurecer las condiciones y disminuir la cuantía de las pensiones. El documento […]

No parece que debamos felicitar al gobierno por haber aprendido a alarmar a los españoles al peor estilo neoliberal publicando una proyección de población para el año 2049 hecha por el INE, justo tres días antes de que hiciera pública su intención de endurecer las condiciones y disminuir la cuantía de las pensiones. El documento ha sido profusamente difundido y comentado por todos los medios de comunicación y persuasión. Curiosamente, nunca antes el INE había hecho una proyección de población para un periodo de tiempo tan largo, seguramente ajustándose a que todos los demógrafos coinciden en que sólo tienen validez científica proyecciones de población para un máximo de diez años. Pero con el argumento del envejecimiento de la población española en el futuro, el gobierno justifica su apuesta política por el recorte de pensiones e incluso puede vanagloriarse de su sentido de la responsabilidad con el futuro de los trabajadores. Veamos si ese ejercicio de responsabilidad es cierto.

Los autores del estudio reconocen que puede ser cuestionado científicamente y que se basan en hipótesis que pueden variar. ¿Cuáles son esas hipótesis?

Primera hipótesis. La baja tasa de natalidad permanecerá prácticamente inalterable en los próximos 40 años e incluso disminuirá en algún periodo de ese tiempo. Absolutamente cuestionable, por ejemplo, Francia o Dinamarca han revertido su baja tasa de natalidad mediante la implementación de políticas de apoyo a la mujer y los hijos.

Un gobierno que de verdad hiciera un ejercicio de responsabilidad se cuestionaría la razón de esa baja tasa de natalidad y descubriría, sin excesivo esfuerzo, que detrás está el desempleo de los jóvenes, su nula estabilidad cuando lo tienen, el difícil acceso a la vivienda, la creciente incorporación de la mujer al trabajo productivo, la falta de escuelas infantiles públicas y menos con horarios laborales, la imposibilidad real para las parejas de compatibilizar horario laboral y familiar, la dificultad de atención al hijo en el primer año de vida, etc.

Segunda hipótesis. La esperanza de vida entre los mayores de 65 años crecerá en ese tiempo en 4,5 años. No hay por donde cogerla. En los últimos 25 años la esperanza de vida en España ha aumentado en esos 4,5 años exactamente, pero lo ha hecho fundamentalmente -como en todos los países donde se ha producido ese fenómeno- por la disminución de la mortalidad infantil, y mucho menos a consecuencia de que los ya adultos vivan más años que antes. Aunque no hay estadísticas satisfactorias para apoyarnos, si conseguimos un aumento de 1-2 años de esperanza de vida para los mayores de 65 en ese período de tiempo ya será mucho y muy bienvenido.

Tercera hipótesis. La inmigración decrecerá. No sabemos a cuento de qué tal hipótesis. La historia nos demuestra que aquí como en Francia o Alemania o en USA o incluso entre regiones y comarcas de un mismo Estado, donde hay trabajo fluyen los trabajadores nacionales o extranjeros. Es una constante desde la aparición del capitalismo, se inició con las migraciones desde la agricultura a la manufactura y nunca se ha incumplido. Desconocerlo solo demuestra que la proyección es un encargo del gobierno para justificar sus políticas.

Así que esa falsa pirámide de edad no nos va a llevar a la catástrofe por mucho que haya sido aireada por los medios de comunicación como demostración de la inviabilidad futura de las pensiones. Lo cierto es que el envejecimiento de la población no es más que una variable de segundo orden con respecto a las pensiones.

Las pensiones dependen fundamentalmente de factores económicos y, sobre todo, de voluntad política.

Veamos primero los factores económicos. Hace 50 años el porcentaje del PIB dedicado a pensiones era del 3% y ya se pronosticaba su inviabilidad para el presente. Hoy el porcentaje es del 8,6% (2008) y aún así se pueden ahorrar miles de millones anuales para reserva cara a las futuras pensiones (8500 millones de euros en 2009). ¿Qué ha sucedido? Que el PIB ha ido aumentando conforme aumentaba la productividad. Según estimaciones del Banco de España se puede esperar un crecimiento del PIB anual en los próximos años del 1,5%. La cifra es baja si tenemos en cuenta que en los últimos diez años su crecimiento ha sido del 2,79 anual (se incluye 2008 y casi todo 2009), pero démosla por buena. Si tomamos como base el PIB que resulte este año y lo signamos como 100, para el año 2049 será de 182%, que nos indica que exactamente que con el mismo esfuerzo que el actual podríamos dedicar a pensiones un 15,28 del PIB, mayor que el 15,1 necesario que estimaban algunos bancos en otra alarma publicada el pasado año para las pensiones de… ¡2060! (1). Para continuar combatiendo el alarmismo: Italia dedica hoy el 14% de su PIB para pensiones y está saliendo más rápidamente y mejor librada de la crisis.

Existen muchas más razones económicas para aclarar como quieren engañarnos, pero vamos a nombrar solo dos: ¿Por qué no se enfrenta de una vez el problema de la economía sumergida cifrada por el Colectivo de Técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda en el 23% del PIB (208.000 millones de euros/año)? Podríamos sufragar pensiones, sanidad, educación y dependencia juntas. Pero sobre todo, ¿En qué libro divino está escrito que la única fuente de financiación de las pensiones sean las cuotas de empresarios y trabajadores y nunca la implicación de los Presupuestos Generales del Estado en sufragar las mismas? ¿O es que las pensiones son menos importantes que el Ejército o la Casa Real? Son varios los países de la UE en los que los PGE participan en sufragar las pensiones.

Por lo que todo conduce a considerar que tan solo se trata de voluntad política. Zapatero se rindió en Davos ante los poderosos y sus amenazantes exigencias.

Y es que, al final, todo se reduce al más descarado intento de los grandes poderes económicos de llevarse la parte del león de los incrementos del PIB y dejar migajas para el resto. Se llama lucha de clases, y los poderes económicos la entienden perfectamente. No les importa que los esforzados trabajadores del campo o la construcción deban estar dos años más en el duro tajo para conseguir su no excesiva pensión. No les importa que en lo inmediato se dificulte el acceso de los jóvenes al trabajo al haber un incremento de trabajadores mayores. No les importa que disminuya la cuantía de las pensiones, ya de por si exiguas, al pasar su cálculo desde el salario de los últimos 15 años, como se hace actualmente, a 20 ó 25. No les importa que con ese incremento de años para el cálculo de la pensión aumente de forma estadísticamente considerable la posibilidad de años en blanco -en paro- con otra penalización en la cuantía de la pensión. O sea, solo les importa que haya dinero disponible para sus enormes necesidades de acumulación y concentración de capital.

El gobierno se ha puesto de su lado. El resto de ciudadanos quedamos al otro lado.

Nota:

(1) Vicenç Navarro: www.vnavarro.org

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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