Es la sexta vez en cinco meses que los valencianos dicen al presidente de la Generalitat que no lo quieren. Que no lo quieren. Que no lo quieren. Y que no lo quieren. Y ya ha quedado claro que se lo dirán todas las veces que haga falta. Con contundencia, con firmeza. Con lágrimas en los ojos, que son tan ingobernables, y con toda la fuerza que solo otorga la dignidad.
El punto de encuentro era la plaza del Ayuntamiento de València, y mucho antes de constituirse la riada de gente, ya resonaban los gritos de “Mazón dimisión” y “El presidente a (la cárcel de) Picassent” y “No son muertos son asesinatos”. También algunos carteles desgastados y otros de nuevos. “Queremos votar” sobre fondo rojo y “Mazón dimisión” sobre fondo negro. En la calle de las Barcas, las aceras estaban llenas de gente que esperaba. El sol también ha querido hacer acto de presencia y, después del eclipse matinal, deslumbraba a todo el mundo desde la calle del Periodista Azzati.
Las vivencias al límite
Como en las ocasiones anteriores, muchos familiares de las víctimas mortales han sacado las fuerzas de donde no saben que las tienen y han ido a València a exigir la dimisión de Carlos Mazón. Con ellos, las fotografías de los parientes que los arrebataron. Había las más conocidas, las que dan la cara y mantienen encendida la reivindicación. Toñi, Rosa Maria, Dolores, Encarna… Y también hay más, desconocidas. Algunas, como por ejemplo la Marga, de Benetússer, que dice que ha ido a prácticamente todas las convocatorias porque corrió mucho de peligro aquel día. Y señala Manolo, un hombre mayor de quien dicen sus amigos, con cierto sentido del humor, que tiene el honor de haber atravesado nadando la avenida Ramón y Cajal de su pueblo. Dice que tuvo mucho de frío. Mucho. Que no era agua, que aquello era barro con agua y cañas y que nadó entre neveras y coches. Y sus acompañantes nos dicen, cuando él no nos oye, que continúa en tratamiento psicológico.
Teresa Romero, de València, perdió su hija de cuarenta y tres años, su yerno de cuarenta y cinco y su nieto de cuatro en Aldaia. Fueron a recoger al nano de la escuela y pasaron junto al barranco de Torrent. “No dieron ningún aviso. Pido justicia, porque otra cosa no me la darán. Que se haga justicia y que quién sea que lo pague.”
Àngela Ridaura es de Paiporta y pasando por la plaza de la Mare de Déu nos recuerda que su pueblo es la zona cero y sin darle mucha importancia, porque está viva, nos dice que estuvo a punto de morir, que en su casa de la calle de la Florida entraron tres metros de agua y que, como pudo, subió hasta el tejado y que estuvo tres días en casa de los vecinos porque ante su puerta se acumularon treinta y cinco coches que impidieron que el agua saliera de la casa y aquello se convirtió en un embalse. Y Àngela y la gente que la acompaña recuerda que ha perdido doce personas conocidas. “Un chico de cuarenta y nueve años, un vecino de ochenta y seis…” Y lo dice porque ella está viva y, claro, como no ha de ir a València a manifestarse para pedir la dimisión de Carlos Mazón. Por eso, cuando en la plaza entra la colla Estrela Roja de Dulzaineros y Tabaleters de Benimaclet, se le iluminan los ojos y aplaude.
La pieza que han tocado durante todo el recorrido es “La Processó de la Memòria”, de Ferran Navarro, que es el dulzainero principal. Es un tema profundo y grave que remueve y que llama a la introspección. En este caso, la música tiene un poder especial que es el de propiciar la comunión entre los manifestantes y las personas que, a lo largo de todo el recorrido, han permanecido encima las aceras para verla pasar. No sé si la cifra que da la delegación de gobierno español de asistentes incluye toda esta gente que aplaude de una manera respetuosa y emocionada el paso de la colla y también de las víctimas que se cogen a las pancartas y a las fotografías de sus familiares como un náufrago a su tabla. Están aquí, en València, por ellos. Lo repiten entre lágrimas cuando nos saludan o cuando les hacemos la pregunta absurda.
En esta ocasión, los han acompañado representantes de los servicios públicos esenciales que el gobierno del PP y Vox menosprecian tanto.
Un bombero, Nicolás Valverde, del cuerpo del Ayuntamiento de València, se ha mostrado solidario con las víctimas y ha dicho que se ha hecho lo que se ha podido con los medios disponibles. “Creo que para avanzar, puesto que no ha sido capaz de ser transparente y sincero, tendría que dar un paso atrás y hacer posible las elecciones”, ha dicho, con calma.
La enfermera, Àngels López, del Centro de Salud de Alzira, ha lamentado el descontrol que hubo el 29 de octubre cuando nadie anuló ni las consultas ni las intervenciones no urgentes con todo lo que esto representa de movimientos de gente por la carretera. Pacientes y sanitarios quedaron atrapados o no pudieron volver a sus casas, por ejemplo, ha dicho antes de empezar y durante la lectura de uno de los manifiestos finales.
Manifiestos plurales, como las víctimas
Los manifiestos han sido plurales, como plurales son las víctimas. Esto se ha encargado de decirlo Mariló Gradolí, presidenta de una de las asociaciones que esta semana ha recibido un doble señalamiento. Por un lado, la vice-presidenta del Consell, Susana Camarero, sin nombrarla, dijo que está muy marcada políticamente, por ser de Compromís. Y de otra, las redes sociales del PP han seguido esta estrela para volver señalarla.
Y en su parlamento ha denunciado las maniobras del presidente Mazón al reunirse por separado con algunas víctimas en un intento de blanquear una gestión negligente que, según el acto de la jueza de Catarroja, causó la mayoría de las víctimas mortales.
En el de los Comités de Reconstrucción se ha criticado duramente el acuerdo entre el PP y Vox para aprobar el presupuesto de la Generalitat. Los han acusado de atentar contra los derechos más fundamentales y contra las libertades porque el negacionismo del cambio climático pone vidas en riesgo. Han criticado también que muchas empresas relacionadas con los casos de corrupción del PP hayan conseguido contratos para hacer trabajos de reconstrucción en las diferentes zonas afectadas por la gota fría.
Uno de los momentos más tensos de la lectura de los manifiestos ha estado cuando han tomado la palabra trabajadores del 112. Han denunciado su situación de precariedad porque trabajan para una empresa privada. “Vuestras emergencias son su negocio y nosotros también somos víctimas de la situación”, ha explicado una operadora. En un momento dado, una de las víctimas le ha gritado diciendo que a ella no le cogieron el teléfono aquella noche.
Con todo, el momento más emocionante de la noche ha estado cuando se ha leído el nombre de todas las víctimas. 230, porque a las 228 se suman los dos operarios que murieron haciendo tareas de limpieza y reconstrucción. 230 nombres que han rebotado contra el cielo negro de València en medio de un silencio solo roto por el helicóptero de la policía que durante todo el rato ha sobrevolado la plaza. Cada nombre era un puñetazo contra un Consell zombi que no sabe que no cuenta con el respeto de ninguna de las personas que estaban allí, que no sabe que gobierna un país que no es el mismo que era el 28 de octubre.
El Palau de la Generalitat, testigo de la indignación
Cansados de la caminata y de tanto rato esperando de pie, sentados en los bancos de piedra de la Casa Vestidor, ante los Apóstoles, había un grupo de jubilados. Uno de ellos tiene una barraca en la Albufera, todavía sufre los efectos de la barrancada en unas tierras que dice que dan pena. Señalan el Palau de la Generalitat y nos preguntan si pensamos que nos escuchará el presidente.
El presidente hoy no tenía agenda pública. El Palau de la Generalitat, que ha servido de telón de fondo de los parlamentos, ha permanecido cerrado y fuertemente custodiado por la policía. Ayer Mazón la tuvo en Alicante. Ayer no le hizo falta huir, porque su partido le había improvisado un comité de bienvenida. El mismo partido que en las últimas horas se ha dedicado a criminalizar a las víctimas, a intentar dividirlas, a señalar una por una las personas que el jueves protestaron contra él cuando fue a las fiestas de la Magdalena (Castelló dela Plana).
Publicado en vilaweb 29/3/2025