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La visita del jefe del Estado español, Juan Carlos de Borbón, y su cohorte gubernamental al Reino de Marruecos ha supuesto sin duda un importante paso en la normalización de las relaciones entre ambos estados

Concesiones españolas a Marruecos

Fuentes: Gara

La visita del jefe del Estado español, Juan Carlos de Borbón, y su cohorte gubernamental al Reino de Marruecos ha supuesto sin duda un importante paso en la normalización de las relaciones entre ambos estados. No está de más señalar que ha sido un auténtico viaje de Estado, con una considerable carga política. Una vez […]

La visita del jefe del Estado español, Juan Carlos de Borbón, y su cohorte gubernamental al Reino de Marruecos ha supuesto sin duda un importante paso en la normalización de las relaciones entre ambos estados. No está de más señalar que ha sido un auténtico viaje de Estado, con una considerable carga política. Una vez más, los parámetros de la visita han sido, por una parte, los públicos, siempre basados en la «campechanía» del monarca español y las anécdotas protocolarias, así como la cordial relación entre las casas reales, pero por otra, los aspectos claramente políticos, los menos diáfanos, la verdadera «bajada de pantalones» española ante las exigencias alauitas.

De entre los actos protocolarios, destaca el sentido homenaje que el jefe del Estado español hizo ante la tumba de Hassan II, un monarca tiránico responsable de miles de crímenes y del expolio a su propio pueblo, «afición» que aún hoy alimenta y conserva su hijo, el Comendador de los Creyentes y actual Rey, Mohamed VI. Un acto que clarifica el abismo entre los discursos democráticos y las realidades: el admirado Hassan no ha sido repudiado por el rey español, monarca «demócrata» donde los haya, si es que es posible.

Pero al margen de gestos, protocolos y demás, es indiscutible que la importancia del viaje residía en el logro de la recuperación de un buen tono en las relaciones bilaterales, sobre todo porque el Estado español tiene demasiados problemas derivados de sus malas relaciones con Marruecos.

El monarca alaui, por otra parte, poder supremo en el país, ve con preocupación cómo, a pesar de que procura maquillar e impedir con subterfugios la evidencia, el islamismo político crece en sus distintas expresiones y se revela como la fuerza natural mayoritaria de carácter hegemónico, a pesar de que, por ahora, tácticamente a los partidos islamistas no les interese dicho escenario. Es por ello que debe articular diversos «éxitos» que reputen su figura y sistema, cada vez es más impopular y está siendo puesto en entredicho.

Sin autodeterminacion

Sin duda, para Marruecos, el eje del viaje residía en que el Estado español avanzase sus posiciones diplomáticas respecto al Sahara hacia los presupuestos franceses, de claro interés para Rabat y para Francia, evidentemente. Así ha sido. Tras décadas de pantomima «pro saharaui», España, la antigua metrópoli, ha abandonado definitivamente, si es que alguna vez estuvo junto a ellos, al Polisario. Se imponen «la cordura», la «praxis», «la moderación»: Sahara ha de ser y será una «autonomía» en el seno del Estado marroquí. ¡Proceso de descolonización sin autodeterminación!

Tras años de equidistante «apoyo», el pueblo saharaui es arrojado a los cascos de los caballos francoalauitas. Una buena «relación global» lo merece, es la excusa española. Plan Baker descafeinado y victoria final para el joven monarca magrebí. Hasta en los procesos de descolonización, España ha sido lo suficientemente mediocre como para perder toda capacidad de influencia. Primera concesión.

Pero «el cambio» socialista respecto a la resolución del «conflicto saharaui», inédita hasta ahora por gobiernos anteriores, combina con otros presupuestos negociadores en áreas tan cruciales como la inmigración, la pesca, la lucha contra los grupos teocráticos totalitarios o el conflicto territorial por los enclaves españoles en Marruecos: Leila, Ceuta y Melilla, entre otros.

El estructural nivel de corrupción que sufre Marruecos es decisivo para que la catástrofe humana que se deriva del desarrollo de las redes de inmigración ilegal sea la que es y tenga una tendencia geométrica. El corrupto sistema marroquí es incapaz de garantizar una regularización legal de los flujos migratorios. El Estado español exige un blindaje que evite las avalanchas de pateras y se conforma con las inconsistentes e hipócritas promesas del Gobierno marroquí, que sabe perfectamente cuál es el valor táctico de dicho fenómeno para condicionar y presionar al Estado español.

Por otra parte, el Estado marroquí no ha aclarado las profundas sospechas publicadas sobre la actuación de sus servicios secretos y los vínculos de éstos con organizaciones teocrático-totalitarias. Estas acusaciones han cobrado cuerpo pero el Gobierno marroquí sigue ajeno a permitir una convergencia investigadora con los servicios de seguridad españoles. De ahí que el Gobierno español, tras la visita de esta semana, ha asumido las declaraciones meramente diplomáticas como suficientes, cuando es evidente que son totalmente insuficientes.

La crisis de Leila

La crisis de Leila, resuelta tímidamente a favor de los legítimos intereses alauíes, reforzó las posiciones reivindicativas del Gobierno de Rabat en el ámbito internacional, y a su vez se convirtió en eje para vertebrar un discurso interno cohesionador. España ha tenido que asumir sin reparos la resolución, por lo que podemos entender desde un punto de vista técnico que se da otra concesión.

Al margen de los aspectos técnicos que se deriven de los acuerdos en inversiones empresariales, la visita española a Marruecos ha radiografiado con nitidez la debilidad diplomática del Gobierno español y, sobre todo, ha demostrado que Marruecos, aparte de sus estructurales problemas internos, es un Estado clave en el nuevo orden internacional, dado que a su importancia geoestratégica ha de añadirse la cobertura que le dan sus alianzas, demostrando así su capacidad de imponer sus posiciones al Estado español, en este caso.

Lo grave es que, obviando el desequilibrio de la balanza diplomática, la monarquía española ha jugado un papel crucial en la legitimación de un régimen y de un Gobierno ajenos a las mayorías populares, y de carácter claramente autoritario y antidemocrático, claro que, ¿qué se le puede pedir a monarquía borbónica? Sólo con recordar su más reciente pasado, sin ir más lejos, está todo dicho.

La visita española, además, es crucial para dilucidar el futuro de la República Arabe Saharaui Democrática, que evidentemente se ve un poco más aislada en su reivindicación de un proceso de autodeterminación que permita un Estado independiente, pero que se deshace de una vez de ese discurso español ambiguo y tendencioso que tampoco aportaba nada al proceso. Las cosas están claras y España ha consumado la «traición» que inició en 1975, cediendo el Sahara Occidental a Marruecos.

* Gabirel Ezkurdia: Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)