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Entrevista con Norma Cruz, defensora de los derechos de la mujer en Guatemala

«Debemos plantearnos cero tolerancia a la violencia»

Fuentes: SEMlac

Defensora de los derechos de la mujer, Norma Cruz vive a diario en contacto directo con mujeres víctimas de la violencia intrafamiliar, sexual y psicológica, a quienes recibe en la fundación «Sobrevivientes», en Guatemala, en servicios hace ocho años. También ayuda a familiares de las víctimas de femicidio. La fundación que dirige, una de las […]

Defensora de los derechos de la mujer, Norma Cruz vive a diario en contacto directo con mujeres víctimas de la violencia intrafamiliar, sexual y psicológica, a quienes recibe en la fundación «Sobrevivientes», en Guatemala, en servicios hace ocho años. También ayuda a familiares de las víctimas de femicidio.

La fundación que dirige, una de las más activas en el país, atiende por lo menos a 5.000 personas al año y ha logrado condenas contra agresores hasta de 103 años de cárcel. Esta fundación se ha convertido en la única entidad querellante de casos de asesinatos de mujeres, abuso sexual y agresiones a las guatemaltecas y su presidenta reconoce lo difícil que es buscar la aplicación de la justicia en un país donde predomina una cultura machista y prevalece la impunidad.

¿Cuál ha sido su experiencia al defender a mujeres víctimas de agresión física y sexual?

Por un lado, humanamente dura, porque es mucho el sufrimiento de las mujeres, la mayoría niñas, adolescentes, jóvenes. Hay depresión, intentos suicidas, cóleras, desconfianza, sentimientos de culpa.

Sin embargo, con el acompañamiento terapéutico adecuado y la aplicación de justicia, ellas logran salir de ese cuadro y las vemos iniciar o continuar su proyecto de vida con otras fortalezas.

¿Es difícil atender mujeres en esta situación en un país machista, con un sistema de justicia permeado por el machismo?

Bastante complicado, un caso de violencia intrafamiliar o violencia sexual puede llevar a la muerte. No solo existe una cultura patriarcal, sino también de impunidad, en la cual las mujeres somos posesión primero de los padres y hermanos y luego del esposo; por lo tanto, todo está permitido.

Hoy la violencia que afecta a las mujeres se ha extendido al ámbito público; es decir, cualquiera por el hecho de ser hombre puede golpearnos, violarnos o asesinarnos.

Quienes trabajamos para cambiar esta realidad somos vistas como transgresoras del orden establecido, sufrimos constantemente señalamientos, cuestionamientos y descalificaciones por parte de los agresores.

¿Es difícil hacerle entender a una mujer, que vive en un círculo de violencia, que si sale de él no debe regresar?

A quienes hemos sido formadas en la creencia de que existimos en función de asistir a otros y se nos educa para que no nos miremos como seres humanos, con derechos, es difícil romper con el círculo de la violencia.

Este es un proceso que no se da de un día para otro. Debemos reconocernos como personas, como ciudadanas con derechos, y con el apoyo terapéutico aceptamos y aprendemos a amarnos y vamos ubicando la violencia en su lugar, fuera de nuestras vidas. Es entonces cuando empezamos a romper con lo que nos une a ella, ahí damos el salto, y decimos ya no más violencia en nuestras vidas.

¿Qué avances hay en las mujeres que la Fundación rescata?

Rompen el silencio y toman la decisión de no permitir que nunca más las vuelvan a golpear, a humillar con acciones o palabras de menosprecio o discriminación.

Hacen uso de las leyes que las protegen para exigir el respeto a sus derechos humanos como ciudadanas. Este es el avance más importante y el que marca un punto de partida para transformar esta sociedad patriarcal.

¿Es la violencia intrafamiliar el preámbulo al asesinato de mujeres?

Efectivamente, es el punto de partida para el asesinato de mujeres porque los golpes, gritos e insultos indican que hay un menosprecio a nuestro ser mujer y, cuando esto ocurre, la línea que separa un golpe de un asesinato es mínima. Quien grita y golpea lo hace porque cree que la mujer es de su propiedad y puede hacer con ella lo que quiera, incluso quitarle la vida. Sumado a ello, sabe que las posibilidades de que se le sancione son lejanas. Debemos plantearnos cero tolerancia a la violencia intrafamiliar.

¿Qué se requiere para ser querellante en casos de violencia intrafamiliar, violación sexual y femicidio en un país violento y machista?

Lo fundamental es estar convencidas de que queremos poner un alto a la violencia, que viola nuestros derechos, y que el agresor debe responder ante la justicia por lo que ha hecho. Si estamos claras en esto podemos buscar apoyo de un abogado. Nosotras decimos que si una mujer rompe el silencio y pide justicia es para ganar. Por ello las instituciones que la acompañamos debemos de realizar todo a nuestro alcance para armar la prueba, y los operadores de justicia deben de comprometerse a dar sentencias justas, desprovistas del más mínimo contenido machista.

¿Cuáles debieran ser las medidas para frenar la violencia contra las mujeres?

Incorporar al contenido de estudios en el sistema educativo nacional el tema de la no violencia contra las mujeres, la discriminación, y así poder contar con ciudadanos y ciudadanas que rechacen la violencia. Asimismo, debe fortalecerse la seguridad y la aplicación de justicia para transmitir el mensaje de que la sociedad no va permitir más violencia.