Recomiendo:
0

Democracia universal

Fuentes: Cádiz Rebelde

La democracia ma non troppo; la democracia con estabilidad política garantizada a perpetuidad y con consenso casi universal; la democracia vacía de ilusiones y de proyectos colectivos, mercadificada; la de formalismo y ritual sagrados e imperativos -dio Bush la orden para Iraq: «Quiero que todo el mundo vote»-, que sirve como modelo planetario, se establece […]

La democracia ma non troppo; la democracia con estabilidad política garantizada a perpetuidad y con consenso casi universal; la democracia vacía de ilusiones y de proyectos colectivos, mercadificada; la de formalismo y ritual sagrados e imperativos -dio Bush la orden para Iraq: «Quiero que todo el mundo vote»-, que sirve como modelo planetario, se establece u obtiene «su certificado» de distintas maneras. Sabido es que son inescrutables los caminos del Señor.

1.- En nuestro país, en el Estado Español -modelo de transmutaciones donde los haya-, la cosa mercocrática, tal como está funcionando, fue el resultado pleno y acabado de un largo período de transición en el que los líderes de izquierda veían la emergencia de la lucha política como el reinicio de una vieja batalla perdida.

Quedaron satisfechos con un monarca reciclado a toda prisa para un glorioso paladinaje constitucional, y con dos pequeñas cucharaditas de memoria histórica para consuelo de luchadores rotos. Esa pequeña dosis de memoria sirvió también para poder señalar como propio, y para ocupar después, un lugar bajo el sol. El lugar era el de los antiguos perdedores en la nueva estructura política que perpetuaba el sistema de poder vigente. Era el de los vencidos siempre que actuasen -nostalgias autorizadas al margen- como vencidos. Más tarde sus representantes políticos prescindieron plenamente de sus orígenes traicionados y se reacomodaron entre los autodenominados «partidos democráticos». Fue un proceso de asimilación y reciclaje.

Memoria siempre sosegada, progresivamente perdida, y dosificada con cuidado, sobre un fascismo presentado como remoto pero que sin embargo se había mantenido rejuvenecido durante cuarenta años en la continua actividad de reprimir y de matar. Silencio e impunidad, bajo la cobertura de una justicia que por principio de «reconciliación nacional» sólo podía mirar hacia delante. Justicia desde el olvido.

Durante años, la izquierda instituida solemnemente por el franquismo «profundizó» a conciencia, renuncia a renuncia, una democracia que iba perdiendo aliento popular. En esa pérdida de vitalidad social consiste precisamente la realización plena, hasta las raíces, del modelo washingtoniano. Así que llegamos bien situados a la nueva era del Imperio.

En las últimas etapas de ese ajuste de la vida humana al mercado estamos ahora, con una justicia y una administración carcelaria ad hoc, que se acomodan cada vez más al modelo bushiano de los «soldados con impunidad» y los «combatientes enemigos sin derechos», las detenciones ilimitadas, la negación o simplemente la invisibilidad o la frívolización de la tortura.

Estamos además dentro de un mercadeo colosal que repudia las legitimidades evidentes y retuerce la legalidad para adaptarla a los consenso políticos básicos de las nuevas oligarquías.

En este contexto, los intelectuales más audaces son todavía capaces de criticar con visibles aspavientos el nombramiento de un defensor de la tortura como Fiscal General de los EEUU, aunque ignoran todas las denuncias sobre al aplicación de la tortura en su propio país. En esa misma estructura de papeles complementarios, los sindicatos mayoritarios garantizan la planificación sistemática de la liquidación de los derechos de los trabajadores y la privatización progresiva de los servicios públicos.

En los últimos días la liga de fútbol profesional, máxima organización de masas de la democracia consolidada, es llamada a la colaboración en la campaña del referéndum a la Constitución Europea, mientras los órganos de Falsimedia tiñen de hermoso azul estrellado un nuevo sistema de poder oligárquico con reducción sistemática de los derechos sociales.

La Constitución Europea -desconocida por completo por la enorme mayoría de los ciudadanos-consumidores- es ahora, de repente, la panacea universal para todo, desde el despliegue providencial de los derechos humanos derivados de la Libertad, a la consagración de una sociedad plenamente informada -según nos sugiere desde la campaña institucional de la televisión pública el parafascista Luis del Olmo-.

2.- Ocurre a veces que la democracia del modelo, plenamente manontropada durante décadas, ha sido desbordada por la movilización popular, y las circunstancias no hacen previsible un rápido «torna atrás».

Tal ha sido el caso de Venezuela en los últimos años de la república bolivariana. Las circunstancias no han sido favorables para la vuelta al redil de la democracia de programa neoliberal, único e indiscutible. Por eso el retorno al «ma non troppo» democrático que aleje para siempre el espectro del «populismo radical» chavista, ha exigido algo tan escandalosamente antidemocrático como un golpe de estado.

En Venezuela el intento de reinstaurar el sistema de poder oligárquico ha recurrido al golpe parafascista mediático-militar, y a toda clase de maniobras en un proceso de deslegitimación violenta, que ha circulado desde el lock out empresarial, sabotaje petrolero e intento de bloquear la distribución de alimentos, hasta los repetidos intentos de quiebra constitucional con apoyo de los medios de comunicación interiores y exteriores dispuestos a legitimar «plebiscitos extraordinarios» como los «firmazos y reafirmazos». Tal es la historia más próxima de los intentos de restaurar esa «democracia ma non troppo» en sustitución de la República bolivariana de Venezuela.

Un proceso tan espectacular en el abordaje de todos los posibles caminos violentos sólo puede funcionar -en ausencia de unas FFAA a la chilena o a la colombiana- con un apoyo mediático masivo, interno y externo. Falsimedia fabricará guiones virtuales que anticiparán el éxito de los procesos golpistas y los transformará en movimientos democráticos. Falsimedia se convertirá en el primer agente del golpe, asumirá el rol fundamental en la restauración violenta de la democracia del «consenso de Washington».

3.- Hay otro modelo más de instauración democrática manontroppista, todavía más brutal y más cínico. Se establece cuando el modelo tiene que ser gestionado desde fuera y debe ser preparado para un ajuste perfecto e irreversible a determinados programas de colonización, como en Iraq. Entonces la «democracia ma non troppo» requiere de la intervención de una maquinaria militar con una brutal potencia de fuego como la que lanzaron contra el país los EEUU y el RU. La democracia bajo control imperial directo surge de la matanza y de las ruinas.

La «democracia final» en un proceso de este tipo tiene que garantizar la presencia permanente y estable de un gobierno títere, después de un proceso sistemático de destrucción del patrimonio público y de apropiación de las riquezas por las multinacionales de las potencias invasoras. Esa servidumbre política y el cambio total de la propiedad económica tenía que ser establecida después de una guerra destructiva y victoriosa. El vasallaje político y el total expolio económico son la verdadera constitución iraquí para cuyo sostenimiento se organiza la democracia bushiana: «La experiencia increíble de esperanza para los iraquíes» que proclamó Bush en rueda de prensa semanas antes del simulacro electoral del 30 de enero.

Después de casi dos años de iniciada la «democratización a bombazo limpio» y el peculiar proceso constituyente de los «daños colaterales» y la destrucción sistemática del país, continua la invasión. Los ejércitos extranjeros se repliegan desde las ciudades insurgentes hasta las afueras, realizando bombardeos masivos, y reocupando las ruinas después de haber producido un feroz castigo a todos los habitantes. El «delenda est Falluja», en el fondo «delenda est Iraq», ha sido repetida en todos los discursos de Bush el Joven -émulo contemporáneo de Catón el Viejo- bajo el eufemismo de «establezcamos la democracia en Iraq».

«Quiero que todo el mundo vote», ha dicho el gran necio como ofreciendo un preciado talismán, en rueda de prensa ofrecida el día 7 de enero.

Voto legitimador es el que reclama Bush. Voto a listas autorizadas, desde censos electorales parciales, bajo control militar de votaciones y recuentos.

«Es una oportunidad para que expresen sus opiniones», como si una feroz batalla de opiniones enfrentadas no estuviese ocurriendo diariamente en Iraq, como si la mayoritaria no fuese, con toda evidencia, la orden de salida a los militares de los EEUU.

«En Iraq se está estableciendo una nueva forma de vida», proclama Bush para su público, mientras que los iraquíes mantienen viva en sus retinas la terrible forma de muerte que llevaron los marines a Falluja.

También para su público califica Bush a los 200.000 iraquíes que resisten con las armas en la mano o apoyan activamente la resistencia a la invasión -cifra que ha dado el propio gobierno títere- de «grupo de gente que le tiene miedo a la libertad».

4.- La democracia ma non troppo de una sociedad-mercado, en la que los ciudadanos tienen el doble papel de trabajadores precarios e intercambiables, por un lado, y de consumidores compulsivos, por otra; y el único derecho de la Libertad, el de acceso a un Mercado en el que no obstante se pueden compran, euro sobre euro, dólar sobre dólar, los derechos humanos, tiene que ser sostenida por un enorme aparato de publicidad. Su objetivo es el de generar antagonismos artificiales que favorezcan una mínima identificación, y que sirvan también para la movilización a la pata coja que requiere la «elección» de los cuadros políticos del sistema.

Una vez establecida la democracia ma non tropo goza de una aparente estabilidad que es fácil de confundir con una inevitable permanencia. Estructuras de poder fundamentales fuera del control político, programas electorales vacíos y en cualquier caso no vinculantes, elecciones periódicas con presencia y alternancia política bien delimitadas, clases sociales agrupadas políticamente en ciudadanía apática es decir inexistente. Sin embargo, los ríos profundos avanzan a veces por cauces inesperados.

5.- Del man non tropo a la democracia repudiada

Hace unas semanas que la publicación de una macro encuesta de Transparencia Internacional, el Barómetro Global de la Corrupción, traía a la luz algunas percepciones que deberían producir cierto desasosiego en los líderes políticos del mundo. Resulta que los partidos políticos -la base fundamental de los sistemas políticos del «imperio de Washington»- son las instituciones valoradas como «las más corruptas» por los ciudadanos, por encima de los parlamentos -también con una valoración bajísima en honradez cívica-.

Teniendo en cuenta que los partidos son los instrumentos fundamentales de representación y también los centros de reclutamiento del personal político que será seleccionado y ocupará los escaños parlamentarios y los sillones del poder ejecutivo la percepción es potencialmente demoledora para la legitimidad del sistema político.

También el tercer pie institucional, el de la Justicia, queda malparado por una profunda desconfianza ciudadana que no tiene reservas en calificarla de corrupta.

En el Estado Español también los partidos ocupan ese primer puesto en la particular relevancia que da la corrupción. El segundo puesto está ocupado por los medios de comunicación.