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Desvelos del capitalismo marca España

Fuentes: El Salto

Las grandes fortunas españolas se encuentran en fase de «intranquilidad». Más allá de la incertidumbre sobre el nuevo Gobierno, las multinacionales han entrado en una fase de baja rentabilidad que ha atraído a tiburones de las finanzas internacionales. La inestabilidad internacional puede ser una oportunidad para la redistribución… o para que esas empresas exacerben su […]

Las grandes fortunas españolas se encuentran en fase de «intranquilidad». Más allá de la incertidumbre sobre el nuevo Gobierno, las multinacionales han entrado en una fase de baja rentabilidad que ha atraído a tiburones de las finanzas internacionales. La inestabilidad internacional puede ser una oportunidad para la redistribución… o para que esas empresas exacerben su lógica de acumulación caiga quien caiga.
Hay quien se toma una tila. Quien combate la ansiedad con drogas, prescritas o no. Y quien, con los mismos dolores, al menos no tiene que fregar un baño o hacerse la comida. Otras personas lo harán por ellas. La ansiedad es el problema de salud más extendido en el siglo XXI. No obstante, solo unos pocos elegidos tienen la capacidad de que los representantes políticos se tomen en serio sus inquietudes.

«El PSOE tranquiliza al Ibex: no habrá ministros de Podemos ni giro a la izquierda» (1 de mayo de 2019) «Pedro Sánchez intenta tranquilizar a los empresarios sobre las subidas de impuestos» (1 de junio). «Pedro Sánchez tranquiliza a los empresarios garantizando el ‘compromiso presupuestario’ del nuevo Gobierno» (20 de noviembre). «Moncloa tranquiliza a los empresarios: Habrá estabilidad y freno a Podemos» (7 de diciembre) Iglesias y Montero, de ‘gira’ por las empresas para vender sus reformas económicas (16 de diciembre). «Calviño, Redondo y Maroto tranquilizan a los empresarios en plena ‘operación ERC’ (18 de diciembre).

Los titulares de prensa subrayan la inquietud de la gran banca, las multinacionales y las grandes fortunas hacia un programa de reformas que mermen la «rentabilidad», el concepto que mejor define la tranquilidad bajo la óptica de las élites. Las dificultades para formar Gobierno -el llamado «bloqueo»- han generado zozobra, pero la incertidumbre de un Consejo de Ministros con cuerpos extraños, aunque solo sea por la novedad, es el principal motivo de desvelo de la Bolsa, el llamado «eje de la Castellana» o, llanamente, el capitalismo español. La presentación del acuerdo el 30 de diciembre no ha hecho si no aumentar el coro de voces que piden a gritos una tila o, en sus vertientes más extremas, una asonada.

Sus temores

Pedro Ramiro y Erika González han publicado recientemente A dónde va el capitalismo español, un ensayo que parte de la hipótesis de que desde 2008, las multinacionales españolas agotaron sus posibilidades de expansión. La crisis cortó el ciclo en el que las multinacionales habían exprimido las plusvalías de las infraestructuras diseñadas por las administraciones españolas y aquellas procedentes de la privatización de empresas en Latinoamérica. También, pero no completamente, el acceso al crédito. El endeudamiento privado que posteriormente fue encasquetado, sin mucho agobio, a la Sareb, y las políticas de dinero barato del Banco Central Europea cauterizaron esa herida.

Acabado ese ciclo, que tuvo su clausura simbólica con la abdicación del rey Juan Carlos en 2012, las grandes empresas del Ibex -ACS, OHL, Sacyr o Telefónica en primer lugar, pero también el Santander o el BBVA- se han visto obligadas a dejar entrar en su capital a fondos de inversión internacionales. BlackRock, que hoy es el primer gallo en las cotizadas en el selectivo club de las 35, CVC Partners o los fondos soberanos de países como Qatar, han empujado a las multinacionales españolas a incluir en sus consejos de administración al poder corporativo mundial. «Es una tendencia histórica del capitalismo», recuerda Ramiro, pero a través de fusiones y absorciones, la financiarización ha acabado de desdibujar la hispanidad de la marca España.

Los nuevos gallos
Tres entidades, dos estadounidenses y una híbrido entre lo público, lo privado y lo fallido han emergido como actores protagonistas en la historia del capitalismo español después de la crisis de 2008.

BlackRock. ¿Quién manda al fondo de inversión que manda en el Ibex? Pues unos cuantos multimillonarios estadounidenses. Desde hace una década, BlackRock es líder mundial en gestión de fondos. Estos tiburones de Wall Street tienen posiciones en otros bancos europeos como Deutsche Bank (4%) y el Banco de Irlanda (5%). Su CEO se llama Larry Fink, autor de la célebre frase «Antes de comprar [acciones] hay que ver sangre en las calles».

Blackstone, «un fondo buitre, se ha convertido en el mayor casero de España». Esta declaración de Pablo Iglesias durante el debate electoral del 4 de noviembre puso en el candelabro (sic.) al banco de inversión que hoy controla seis Socimi y llegó a acumular más de 30.000 viviendas. A modo de «huelga de inversiones», el fondo retiró todo su parque de viviendas de los portales de alquiler de vivienda para protestar por los tímidos intentos de regulación de precios por parte del Congreso. En 2019 ha iniciado una oleada de ventas de sus viviendas en España. Su cofundador, Stephen A. Schwarzman, es colega de Donald Trump.

Sareb. Ni pública, ni privada, sino todo lo contrario. Su actual presidente procede de Barclays. Su anterior presidenta venía del Santander. Todo queda en casa de la gran banca a pesar de que el Estado es, a través del FROB, el principal accionista de Sareb.

¿Qué temen los apellidos Botín, Urquijo, Pérez o Del Pino? «En primer lugar a la evolución del contexto geopolítico global», responde Ramiro. La triada «estancamiento, deuda y desigualdad», en la era que se ha definido como del «capitaloceno» -que ha dado como lugar el calentamiento global y la pérdida acelerada de la biodiversidad- y que transcurre en un paisaje político de inestabilidad han llevado a la clase dominante a un punto en el que es incapaz de seguir sosteniéndose sobre la seducción -el consumo y su ejército de clases medias- y recurre, desarrolla Pedro Ramiro, a la coerción.

En el caso de los apellidos de marca España, «se avecina una caída de los beneficios y un fin de lo que entre comillas se ha llamado la recuperación económica». Porque, resume Ramiro, su rentabilidad se sostiene sobre los mismos pilares que la sostuvieron hasta 2008, «un modelo de patas cortas», ladrillo y turismo, para más señas. El mercado del alquiler, como novedad.

Tranquilitos

Andrés Villena Oliver, sociólogo y periodista autor de Las redes del poder en España, cree que la idea de apaciguar a los mercados, los inversores o el gran capital parte del verbo ‘tranquilizar’, «propio de la izquierda española y Europea». De tener que poner una fecha para justificar esa afirmación, Villena sugiere marzo de 1983, cuando el Gobierno de François Mitterrand -apoyado por por los comunistas- revirtió sus primeras medidas de recuperación de derechos sociolaborales y se produjo el llamado «giro hacia el rigor». La presión de las grandes fortunas: alta inflación, ataques a la divisa francesa, fuga masiva de capitales y una «huelga de inversiones», cortocircuitaron el último intento de la socialdemocracia europea en la arena económica. Y sirvieron de aviso, alto y claro, a Felipe González.

Desde entonces, como señalaba Isidro López en un artículo en El Salto, el Ministerio de Economía ha mostrado el camino que se quería para la tranquilidad de las élites. Miguel Boyer, Carlos Solchaga, Pedro Solbes, Elena Salgado, Nadia Calviño. Gamas de grises dentro del neoliberalismo dominante. Perfiles que, subraya Andrés Villena, suponen, con la llegada de Calviño al Ministerio, la apoteosis de los «Tecos» -técnicos comerciales economistas del Estado- que, junto con la abogacía del Estado -cuerpo con más sesgo de clase, señala Villena-, funcionan «como un puente» entre la gran empresa y el Estado.

Caben en un palco

«Quien manda es una clase político-empresarial formada por presidentes y directivos de las mayores empresas, políticos que ya han dado vueltas en las puertas giratorias, directores de periódicos y representantes de la élite cultural», así resume Erika González la estructura del poder. Con la inclusión de los «técnicos» en las administraciones o en una lucrativa excedencia, se trata del «poder fijo» frente al variable poder electo. «A nivel de concentración, caben en un palco», cuantifica González quien, junto con Ramiro, forma parte del Observatorio de las Multinacionales en América Latina.

El desembarco de BlackRock y otros fondos de inversión ha modificado el equilibrio de fuerzas que, para Villena, se resume grosso modo en tres tercios: en uno estarían las familias de rancio abolengo, próximas a la Casa Real -las del Franquismo S.A. que ha radiografiado el periodista Antonio Maestre-, una segunda capa formada por tecnócratas de veleidades progresistas -Boyer, Guillermo de la Dehesa- que han acabado gestionando las fortunas del Ibex y el tercer tercio, formado por el «verdadero poder internacionalista» financiero.

Tigres y leones

El capital español sigue obedeciendo al toque de silbato de diez multinacionales. La especialidad de la casa, el ladrillo, viene servida de la mano de la gran banca. La energía es el otro gran nicho de los negocios del capitalismo de rancia solera.

Santander. Ana Patricia Botín ha seguido la costumbre familiar de deslizar sus preferencias sobre la formación de Gobierno. El banco es líder en la creación de filiales en paraísos fiscales. Domina el cotarro privado en Sareb. controla Metrovacesa y tiene accionariado en Merlin y Prisa (4%). Black Rock tiene un 5% de las acciones del Santander.

BBVA. Las buenas noticias para el banco son que el proyecto para la Operación Chamartín tira para adelante. Las malas son que el expresidente, Francisco González -puesto ahí por Aznar- está imputado en una pieza separada del caso Villarejo. BlackRock posee un 5% del banco.

Telefónica. Su presidente ejecutivo, José María Álvarez-Pallete solo pide a Sánchez «estabilidad institucional» para seguir ampliando negocios.Actualmente sus accionistas más significativos son BBVA con un 6,9% de votos, BlackRock (5,3%) y Caixabank (5%). En la cartera de Telefónica, se incluye un 9,44% de las acciones del Grupo Prisa.

Iberdrola. Envuelta en una trama en la que está la larga sombra del excomisario Villarejo, Iberdrola no se ha resentido y sigue justo por detrás de los tótems del capitalismo cañí en volumen de ingresos y en beneficios. Entre sus accionistas minoritarios están BlackRock y el modelo de libertades Estado de Qatar, que posee casi un 10%.

Repsol. Los tímidos planes de lucha contra el cambio climático del Gobierno socialista llevan todo el año provocando exabruptos de Antonio Brufau, presidente de la gran petrolífera «española». Su mayor accionista es Sacyr, con un 7,67% de derechos de voto, seguido por BlackRock (4,86%).

Endesa. Hoy su presidente ya no es Borja Prado (de los Prado de toda la vida) si no el abogado Juan Sánchez-Calero. El principal accionista de Endesa ya no es español, español, español, es la italiana Enel (70% de las acciones).

Gas Natural Fenosa. Desde 2018 llamada Naturgy, fue la puerta giratoria de Felipe González o la exministra Cristina Garmendia. Su mayor accionista es La Caixa, con un 25,65% de acciones. Otro 40% depende de dos fondos de inversión, uno estadounidense y el británico CVC Capital Partners.

ACS. La llegada de Pedro Sánchez con la moción de censura fue un jarro de agua fría para Florentino Pérez. Pero pronto le mejoró la cara. El grupo tiene también ya como accionistas a BlackRock (3%) y al Banco de Noruega (2,7%).

Ferrovial. Es la más «pequeña» de las once principales transnacionales españolas en cuanto a ingresos y beneficios. El 43% pertenece a la familia Del Pino. También tienen presencia significativa la Union Bank of Switzerland (31% de las acciones) y BlackRock (3%). Desde 2008, las empresas de Del Pino están en Holanda. El origen de Ferrovial se remonta al Franquismo.

¿Hay alguna posibilidad de que una de estas tres familias se alíe con un Gobierno que plantee una redistribución de la riqueza? Villena sí cree que hay grietas para explorar. Klaus Schwab, jefe del Foro de Davos, una reunión de los mandarines de todo el orbe que se producirá este mes de enero, habla de capitalismo consciente, sensible a la desigualdad, la crisis climática y la brecha de género. La Business Round Table, formada por las 200 compañías más poderosas de Estados Unidos expresa un deseo de limitar las remuneraciones de los ejecutivos.

Para Erika González, discursos así son poco menos que mala literatura. El sistema se basa en el crecimiento y para eso, incide González, «necesita utilizar todos los ejes de acumulación de riqueza». Explotación laboral -no subidas de salarios-, explotación de territorios -no recuperación de la biodiversidad-, acceso ilimitado a recursos materiales y energéticos –ciao, ciao, reducción de emisiones- y una fiscalidad turbocapitalista –auf wiedersehen, mejora de los servicios públicos- son las propuestas de mínimos para el sostenimiento del sistema. Las de los negocios como siempre pasan por bajadas de impuestos progresivos y la apertura de nuevos nichos para la acumulación, además de contar con un cuerpo diplomático paralelo para la expansión de esa marca España, junto con la Sareb y el régimen de las Socimi. Son los requisitos que las grandes fortunas desean para seguir durmiendo a pierna suelta.

Águilas y buitres
Las Socimi, sociedades de inversión exentas del pago del impuesto de sociedades. Son los nuevos gallos y buitres en el corral del capitalismo inmobiliario español.

Merlin. En 2015, un año después de su creación, se convirtió en la primera Socimi que entró a cotizar en el Ibex35, y no ha parado de subir. Su último gran triunfo fue entrar en la operación Chamartín. Su principal accionista, con diferencia, es el Santander (22,27%), seguido por BlackRock (3,14%) y por otra estadounidense, Invesco. En su consejo de administración se mezclan nombres del Santander como Javier García-Carranza -emparentado con los Benjumea de Abengoa- o Francisca Ortega -consejera en la Sareb- y de personas investigadas en la Audiencia Nacional -Ismael Clemente, implicado en el caso Defex sobre tráfico de armas-.

Colonial. Debe su nombre al Banco Hispano Colonial que, como todo el mundo intuye, se dedicaba a la explotación de territorios y personas de los territorios de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Hoy es una de las grandes Socimi del país. Fiel a su historia de libertades, Colonial está controlada por el emirato de Qatar, que tiene el 20% de las acciones, el grupo colombiano Santo Domingo, BlackRock y el Deutsche Bank. Cotiza en el Ibex.

Cerberus Capital Management es un fondo de inversión especializado en fondos de pensiones. En España, sin embargo, se lanzó al mercado inmobiliario a través de su gestora, Haya Real State. Cerberus compró entre 2017 y 2018 importantes paquetes inmobiliarios de LiberBank, Banco Santander, Sabadell y BBVA. A través de Haya, el fondo está ligado a los Aznar por medio de su presidente, Juan Hoyos Martínez de Irujo, amigo del expresidente y de José María Aznar Botella, hijísimo y consejero de Haya en España. El fondo ha hecho un arte de explorar los vínculos entre la clase política y los negocios.
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