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El debate sobre las ONG

Fuentes: Rebelión

El debate sobre las ONG en España En los últimos tiempos, estamos asistiendo a frecuentes informaciones relacionadas con escándalos, anomalías e irregularidades protagonizadas por ONG, a lo largo y ancho de toda España, hasta el punto que empieza a cundir una cierta preocupación sobre este tipo de organizaciones. En estas situaciones, siempre se escuchan argumentos […]

El debate sobre las ONG en España

En los últimos tiempos, estamos asistiendo a frecuentes informaciones relacionadas con escándalos, anomalías e irregularidades protagonizadas por ONG, a lo largo y ancho de toda España, hasta el punto que empieza a cundir una cierta preocupación sobre este tipo de organizaciones. En estas situaciones, siempre se escuchan argumentos que resumiendo mucho, oscilarían entre aquellos que sostienen que todas las ONG son organizaciones enfermas por naturaleza, interesadas y poco transparentes; hasta aquellos otros que en cambio defienden que el propio espacio solidario en el que trabajan estas organizaciones les aleja de cualquier crítica, siendo por el contrario hechos aislados y puntuales que nada tienen que ver con el sector. En mi opinión, ambas posiciones son tan inexactas como poco adecuadas para ayudar a comprender mejor las causas que están llevando a esta cascada de escándalos y problemas que se suceden en las ONG de nuestro país y que tiene mucho mayor calado de lo que parece.

Existe un serio problema a la hora de delimitar el tipo de organizaciones a las que nos estamos refiriendo cuando hablamos de ONG, ya que no existe una definición unívoca, incuestionable y precisa sobre las mismas. Nadie sabe el número exacto de organizaciones que podrían englobarse en esta categoría, ya que en España, el concepto de ONG se está usando para designar un abanico de organizaciones tan diversas como contrapuestas, extraordinariamente diferentes en principios, objetivos, orígenes y fines, habiendo perdido con el paso del tiempo el carácter selectivo del término. No es casual que hayan sido las principales instituciones multilaterales, como el FMI, BM, OCDE, NN.UU. o la OMC, quienes hayan desplegado el mayor esfuerzo conceptual por señalar lo que es una ONG, mientras que las propias organizaciones afectadas han abandonado precisar su espacio operacional de trabajo y el mínimo común denominador que deben tener para acogerse a esta denominación.

Las ONG deben entenderse como un fenómeno de la sociedad global y un exponente más de las profundas transformaciones que se están produciendo en los Estados, en la gobernanza y en el conjunto de la sociedad. Las particularidades del modelo español de ONG ha generado unos perfiles específicos y singulares, que se complican de forma extraordinaria al haberse amparado bajo esta denominación a un universo de organizaciones tan amplias como contrapuestas, ya que la mayor parte del movimiento social construido a partir de la consolidación de nuestro sistema democrático y la recuperación económica se haya acogido a esta denominación para captar simpatías, apoyos y recursos, habiéndose convertido en iconos de la solidaridad por excelencia, en buena medida, propiciando algunas de las disfunciones que presenta el sector, y que alimentan buena parte de las irregularidades que se suceden. Así, en el caso de España, existen una serie de elementos específicos en su modelo de ONG entre los que podríamos señalar, la juventud del fenómeno, su extraordinaria fragmentación y atomización, la alta dependencia institucional, una elevada fragilidad organizativa, la enorme dependencia económica del Estado y haber optado por disponer de un espacio mediático muy alto frente a otros niveles de participación y vinculación social.

La enorme profusión de ONG dedicadas a los mismos fines que compiten por obtener los escasos recursos públicos existentes para el sector, ha facilitado una progresiva fragmentación en ellas que han troceado cada vez más las demandas de los sujetos a los que se dirigen captar mayores volúmenes de recursos. Con ello, las ONG han optado por aumentar los fondos disponibles y el impacto mediático de sus actuaciones, en lugar de ensanchar su base social y ofrecer cauces nuevos de participación e intervención efectiva, adquiriendo una enorme debilidad organizativa. Al haber convertido muchas ONG los recursos económicos en la esencia de su actividad, han prescindido de otras formas de intervención social e institucional no monetarizadas, generándose una elevada dependencia económica del Estado, avalado por dos datos iniciales especialmente concluyentes, como son, el alto sometimiento económico de las ONG del sector público, al Estado, y al mismo tiempo la escasa generación de fondos propios, especialmente a través de cuotas de asociados, salvo muy contadas excepciones. De esta forma, el modelo español de ONG avanza hacia una subordinación económica de los presupuestos públicos, en cualquiera de sus administraciones e instituciones, salvo en el caso del apadrinamiento, que como hemos visto tiene más de marketing financiero que de solidaridad.

A la luz de todo ello se plantea la exigencia de una profunda revisión en el sector para impedir su degradación, establecer parámetros comunes y homologables de funcionamiento que sean de obligado cumplimiento, evitando actuaciones espúreas y poco éticas como las que se están registrando en los últimos años. Para ello las ONG deben actuar desde una ética universal, en coherencia con la responsabilidad y las convicciones que supuestamente persiguen. Tengamos en cuenta que si las ONG necesitan de códigos éticos es porque han surgido entidades que no defienden estos principios éticos universales y que, por tanto, no pueden considerarse como tales. Son las mismas ONG las que más interés deben tener en separar a aquellas otras entidades de aluvión, que han adoptado esta fórmula organizativa para aprovecharse mejor de la simpatía social y del apoyo económico que han cosechado en las últimas décadas. Debe plantearse abiertamente la conveniencia o no de que el sector se autorregule, junto a la capacidad y posibilidad de que ello se lleve a cabo desde las propias Organizaciones No Gubernamentales. Parece necesario crear espacios de verificación y control de las ONG por medio de organismos formados por ellas mismas pero no relacionados con su funcionamiento o financiación, dotados de competencia y autoridad para intervenir ante irregularidades manifiestas. Al mismo tiempo, es conveniente delimitar también cuáles son los elementos básicos exigibles a las ONG y qué medidas deben aplicarse para su respeto en caso de incumplimiento. Pero son las ONG las que tienen que recorrer este camino, definiendo, identificando y estructurando ese mínimo común denominador común a todas ellas, junto a los mecanismos efectivos para su defensa.

No se puede negar que las ONG nacionales y transnacionales están desempeñando un papel crucial en las transformaciones sociales y económicas de los Estados, generando e impulsando cambios políticos de gran calado. Las intervenciones cada vez más indiscriminadas que numerosas ONG llevan a cabo ante sociedades, acontecimientos y grupos humanos demuestra hasta qué punto es cada vez más necesaria una regulación amplia de sus espacios operacionales y también de la propia semántica ideológica que aplican. Resulta imprescindible romper la dinámica perversa en la que intervienen activamente consistente en despolitizar la esfera privada (anulando con ello su potencial de contestación) y privatizar la esfera pública (para transferir el potencial de los Estados -y con ello del conjunto de la sociedad- al capital privado). Por ello, el rearme ideológico de las ONG es una condición necesaria para articular respuestas efectivas a la globalización y sus efectos, permitiendo al mismo tiempo dotarse de una legitimidad social cada vez más en entredicho. Y frente a ello, es evidente que las ONG deben alterar sus prioridades, pasando del paradigma de la competición Estatal a la construcción de un nuevo orden global, entendiendo que no puede haber ONG sanas en sociedades enfermas, en tanto que éstas forman parte de las mismas sociedades.

Estos son algunos de los muchos debates a los que deben hacer frente las ONG en España, y que más tarde o más temprano deberá llevarse a cabo. El sector necesita de una profunda reflexión que impida que organizaciones oportunistas se apropien de la trayectoria, el esfuerzo y el apoyo que infinidad de organizaciones han obtenido con mucho esfuerzo en las últimas décadas.

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