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El juego del esqueleto

Fuentes: Areítodigital

Tal pareciera que desde el punto de vista del gobierno estadounidense y de varios de sus renombrados politólogos especializados en las relaciones entre los Estados Unidos y la América Latina, específicamente, en las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, al apoyar la iniciativa de los gobiernos de Cuba y Estados Unidos de restablecer relaciones […]

Tal pareciera que desde el punto de vista del gobierno estadounidense y de varios de sus renombrados politólogos especializados en las relaciones entre los Estados Unidos y la América Latina, específicamente, en las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, al apoyar la iniciativa de los gobiernos de Cuba y Estados Unidos de restablecer relaciones diplomática, lo que le piden a Cuba para lograr la normalización de esas relaciones, es lo mismo que le ofrece una persona a otra en el dicho popular de raíz machista que en Cuba llamamos «el juego del esqueleto»…

¿Quieres jugar al juego del esqueleto?, una de ellas pregunta. Después de esa primera parte, el dicho, que subsecuentemente se explica en términos explícitos, aunque chabacanos y lascivos – si bien riman–, es sinónimo de una proposición abusiva, arbitraria… inaceptable.

Roberta Jacobson, Secretaria Asistente de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, en enero pasado, en conferencia de prensa en La Habana, después de haber concluido la primera reunión sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, nos dejó saber a todos clara y ufanamente los propósitos de la nueva política estadounidense en relación a Cuba: «Mi país está cambiando de táctica o la forma de implementar su política pero no ha abandonado sus fines». Mucho le agradecemos su sinceridad; se lo agradeceremos por mucho tiempo.

A principio del pasado mes de marzo, semanas después de que la señora Jacobson aclarara esta fundamental postura oficial, el profesor William LeoGrande, respetado y conocido especialista en asuntos relacionados a la América Latina y específicamente a Cuba, coautor con Peter Kornbluh, también especialista en asuntos relacionados a la América Latina, del libro de reciente publicación, ¨Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations between Washington and Havana¨, sorprendió, al menos a mí, con su artículo , ¨5 cosas que Cuba puede hacer para agilizar la normalización de relaciones con Estados Unidos¨.

Sorprendió, a mi entender, ya que la posición anterior del profesor LeoGrande había sido de comprensión y conciliación entre las dos partes, Cuba y Estados Unidos, basada en la igualdad entre Estados soberanos. Inclusive en un artículo relacionado con estos asuntos entre Cuba y Estados Unidos llegó a afirmar: «Ambas partes deben ajustar su comportamiento; Washington como el actor más poderoso debería dar los pasos iniciales más atrevidos. La Habana necesita reconocer y responder positivamente ante esos pasos aún si sirven a otros intereses norteamericanos».

Ahora eso de «dar los pasos iniciales más atrevidos» por parte de Washington, ¿se queda en haber decidido Estados Unidos estar de acuerdo con el gobierno cubano en el restablecimiento de la relaciones diplomáticas entre ambos países, y entonces el resto del proceso de la normalización de esas relaciones dependerá de las concesiones que tendrá que hacer el gobierno cubano, antes de que algo más se logre en ese proceso de normalización?

¿Y por qué es Cuba la que debe hacer concesiones a Estados Unidos para viabilizar un avance más rápido en camino hacia la normalización de relaciones entre los dos países? Aunque LeoGrande en su artículo reconoce que «hay muchas cosas que Washington puede y debe hacer para acelerar el proceso», no las menciona. Ni a una. Aunque explica al finalizar su artículo por qué Cuba debe hacer concesiones ahora: » …a medida que el presidente Obama se encuentre bajo el ataque político por no obtener ¨nada¨ a cambio de acercarse a La Habana, los líderes de Cuba tienen una oportunidad de demostrar que Obama tomó la decisión adecuada: que la cercanía y la coexistencia producen resultados.» Entonces, de nuevo, ¿qué pasó, LeoGrande, con aquello que escribiste no hace mucho de que «Washington, como el actor más poderoso, debería dar los pasos iniciales más atrevidos…»? Además, profesor, cuáles resultados son los que producen ¨la cercanía y la coexistencia¨ a los que usted se refiere, ¿a los resultados que Estados Unidos no pudo arrancarle a Cuba con su política de agresión permanente en contra del pueblo cubano supuestamente rechazada por el presidente Obama en sus declaraciones del pasado 17 de diciembre?

LeoGrande, al proponer en su artículo de principio de marzo las cinco cosas que Cuba debe hacer lo antes posible para proteger a Obama de sus enemigos políticos en Estados Unidos y así asegurar el proceso de normalización de las relaciones con Cuba, aparenta una afectada ingenuidad. En este trabajo por cuestión de espacio trataré sobre tres de las cinco, las cuales considero de más importancia.

La primera de estas llamadas ¨cosas¨ afecta la naturaleza y legitimidad misma de la sociedad civil cubana. La que existe y siempre ha existido, la de verdad, no la que Estados Unidos inventa para subvertir e imponer sus intereses en muchos países alrededor del mundo, especialmente en países cuyos gobiernos se oponen a sus políticas imperiales, como es el caso del gobierno cubano. En un párrafo equipara a los empleados a sueldo de Washington, los que el gobierno estadounidense le place llamar indistintamente ¨la sociedad civil cubana¨ o ¨disidentes¨, y a la organizaciones de masas en Cuba; y al negar la legitimidad a los cuatro gatos de los americanos, LeoGrande se la niega a las organizaciones de masas de la sociedad cubana. Y no sólo eso sino que en un segundo párrafo convierte al Estado revolucionario cubano [la entidad superior política de la Nación] en un mero factor más de la sociedad cubana, equiparándolo a la Iglesia Católica [que sí es un factor más de la sociedad cubana] e instando a ambos que juntos -de igual a igual– conformen una delegación representativa de la sociedad civil cubana que de esta manera sea de la aceptación de Estados Unidos… Nada menos que cambiar para complacer a nuestros enemigos, además, robándole así al Estado cubano, desde ahora, la legitimidad de sus estructuras políticas y sociales. Destruir, deslegitimar, en vez de acrecentar y profundizar los conceptos del mismo Estado, de la sociedad civil cubana y quienes la componen. Divide et impera.

La segunda de estas ¨cosas¨ que LeoGrande propone que Cuba haga unilateralmente, a priori, para asegurar la normalización de las relaciones con Estados Unidos, es facilitar el comercio de Estados Unidos con el sector privado en Cuba. Con más afectada ingenuidad que en la anterior propuesta, en ésta el autor, después de señalar la vital importancia de este comercio en el desarrollo económico de Cuba y que el mismo está enmarcado en el nuevo modelo económico decidido por el Gobierno y Partido cubanos, LeoGrande advierte, inocentemente, lo problemático que será para la ineficiente burocracia cubana bregar con los cientos sino miles de entidades privadas cubanas en su comercio directo con Estados Unidos.

Como si no fuera nada extraordinario, una cosita sin importancia, el autor propone excluir a las instituciones y entidades centrales del Estado socialista de la ejecución y fiscalización de las responsabilidades del comercio exterior. Y eso para comenzar, no más. A la larga no más economía socialista; no más socialismo. El juego del esqueleto, como dijimos en un principio.

Quizás la más increíble de las tres ¨cosas¨ que según LeoGrande Cuba puede ahora hacer para acelerar la normalización de las relaciones con Estados Unidos es «trabajar con Estados Unidos para reenfocar los programas sobre la democracia». El profesor no le pide al gobierno de Estados Unidos lo que obviamente es lo más sencillo y requerido: que de fin, para siempre, de esos programas intrínsecamente subversivos e injerencistas, que sería una solución permanente a esta inaceptable política estadounidense, sino lo que le pide a Cuba es que acepte, sin chistar, en un cambio cosmético en los mismos. En otras palabras, le pide al gobierno revolucionario cubano que acepte la injerencia estadounidense en los asuntos internos del país. Le pide a Cuba que acepte la violación de sus derechos soberanos como precio para acelerar la normalización de las relaciones con el gobierno que se mantendrá agresor, esta vez con el consentimiento del gobierno agredido. ¿Qué lindo y conveniente, eh? ¿Es o no es el juego del esqueleto?

Dejemos que sean las palabras del propio LeoGrande las que expliquen este galimatías. «El objetivo inequívoco de la Ley Helms-Burton es el cambio de régimen [en Cuba], así que el gobierno cubano siempre ha considerado estos programas como irremediablemente subversivos. Cuba exige la terminación de estos programas, pero funcionarios norteamericanos han sido igualmente categóricos en no renunciar a ellos.» «Sin embargo», continúa LeoGrande, «esos mismos funcionarios están bien conscientes que la naturaleza encubierta y provocadora de los programas es incompatible con la nueva relación que el presidente Obama está tratando de construir con Cuba. En eso reside una oportunidad para reorientar los programas de cambio de régimen y en su lugar enfocarlos en apoyar lazos auténticos entre la sociedad civil cubana y la norteamericana; lazos no manufacturados ni manipulados por el gobierno.»… Así de simplón, de ingenuo y de inocente nos representa en estos definitorios momentos el profesor LeoGrande al gobierno de Estados Unidos y a sus políticas en contra de Cuba.

Y esto es parte de lo que recomienda al gobierno y al pueblo cubanos un distinguido profesor estadounidense que es reconocido por en el pasado abogar por el mejoramiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Aunque hay otros distinguidos especialistas, autoridades también en estos asuntos, que nos recomiendan, nos piden, como con mucha sinceridad ha hecho el coronel Lawrence Wilkerson, profesor sobre temas de seguridad nacional, que seamos muy cuidadosos: «Tienen que ser cuidadosos en cómo ustedes [el pueblo cubano] van a permitir a ese colosal gigante económico y financiero reentrar en su país», así lo ha planteado quien fuera Jefe de Despacho del Secretario de Estado, Colin Powell.

Con mucho cuidado, es el lema de orden en estos tiempos sobre estos asuntos. Repito hoy lo que anteriormente he dicho, hoy en Cuba no hay que temer a los nuevos caminos que se abren, pero nadie debe ignorar los riesgos como tampoco las ventajas que ello supone. ///