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Turquía

Entendiendo el frente formado en Saraçhane

Fuentes: Rebelión

A pesar de haber estado en el poder durante veintitrés años, el AKP nunca ha sido tan débil y desesperado como lo es ahora. En ningún otro momento había ejercido un poder tan excesivo de manera tan irresponsable.

Las tres ramas del Estado, el aparato estatal, los medios de comunicación, la prensa y las instituciones democráticas están dirigidas desde el Palacio Presidencial. Al convertir la crisis económica en una crisis política, Erdoğan concentra un poder inmenso para imponer su propia agenda en el país. Cuanto más fortalece su régimen autoritario, más se debilita y pierde legitimidad.

La lógica de Erdoğan es simple: quien no está con él, está contra él. Ha puesto a todos los ciudadanos en una posición en la que su destino depende de sus caprichos. El ejemplo más claro de esto es la oposición que enfrenta por parte del alcalde de Estambul, Ekrem İmamoğlu, y otros alcaldes afiliados al CHP (Republican Popular Partí). Para Erdoğan, las decisiones arbitrarias que toma con un puñado de oligarcas en el Palacio importan más que la voluntad expresada por el pueblo en las urnas.

El 19 de marzo, Erdoğan llevó a cabo un golpe judicial para destituir a İmamoğlu de su cargo, el último de una serie de golpes. Todas las elecciones celebradas en el pasado han sido cuestionables en términos de legalidad y equidad. Sin embargo, hasta ese día, el pueblo de Turquía había comenzado a aceptar esta realidad.

En lugar de buscar el consenso y respetar las normas democráticas, Erdoğan hizo lo contrario. Intentó imponer su voluntad totalitaria sometiendo a los tres poderes del gobierno, creando una dictadura de partido único que recuerda a los regímenes fascistas y buscando eliminar a İmamoğlu, al CHP y a toda la oposición.

En 1933, el Partido Nazi se convirtió en el partido más grande de Alemania. Hitler transformó la República en una dictadura de partido único, basada en una ideología totalitaria. A pesar de las diferencias, Turquía está experimentando un proceso similar. La ideología totalitaria del gobierno unipersonal de Erdoğan se basa en el llamado «Ideal Turco-Islámico», que fusiona la identidad étnica turca con el islam político.

Si bien Hitler eliminó la oposición tanto por medios legales como violentos, siempre se cuidó de darle un barniz legal a su dictadura. Hoy, Erdoğan está haciendo lo mismo en Turquía, y sus ambiciones totalitarias deben ser frenadas. Los sectores más amplios de la sociedad han comprendido en Saraçhane/Estambul que todas las vías para buscar justicia han sido cerradas, haciendo que la resistencia en las calles sea necesaria y legítima.

Erdoğan y su socio, el líder del Partido Movimiento Nacionalista, Devlet Bahçeli tienen mayoría en el parlamento, violando las reglas del consenso democrático. Por lo tanto, mientras el sistema presidencial permanezca, la resistencia institucional es inútil.

Por esta razón, la lucha se ha trasladado a las calles. Se ha vuelto necesario demostrar a Erdoğan y a la Alianza Republicana que su mayoría parlamentaria no significa nada frente a un pueblo movilizado. Esto ocurrió en Saraçhane, donde participaron medio millón de personas, y tres días después en Maltepe/Estambul más de dos millones de personas llenaron la zona. El CHP, el partido Kurdo DEM (Partido para la Igualdad y la Democracia de los Pueblos) y todos los elementos de oposición de derecha e izquierda están cambiando el equilibrio de poder y demostrando su mayoría en las calles. Retroceder ante o comprometerse con el régimen es inaceptable. A medida que crece la resistencia popular y los jóvenes llenan las calles, Erdoğan perderá todo su poder. El Líder de CHP, Özgür Özel enfatizó este punto frente a la multitud el 24 de marzo, y tenía razón.

Estudiantes universitarios, trabajadores, hombres, mujeres, kurdos, turcos, personas de izquierda y de derecha —individuos que conforman todo el espectro de la sociedad— se reunieron en Saraçhane, creando una coalición amplia pero no oficial. Como dijo Özgür Özel, se formó una «Alianza de Turquía» bajo la iniciativa del CHP. Sin embargo, ahora es el momento de darle un nombre a esta alianza y establecer objetivos claros. La izquierda debe fortalecer aún más esta unidad desarrollando políticas y proyectos revolucionarios.

Algunos intentan desviar la atención criticando las deficiencias del CHP en lugar de reconocer el poder del pueblo; este es un enfoque retrógrado que no contribuye a la resistencia.

Los grupos de izquierda liberal y dogmática, en lugar de canalizar el coraje de las masas en un marco político, hacen críticas superficiales como «no sigamos al CHP», pretendiendo adoptar una postura revolucionaria. Un artículo en el sitio web de Investigación Marxista afirma:

«En los últimos años, la estrella en ascenso del liberalismo socialdemócrata, el CHP, está siendo utilizada para aumentar su aprobación social. Las protestas que dependen del ‘poder derivado del consumo(!)’ y los mítines musicales frente a Saraçhane, llenos de retórica audaz pero vacía, solo sirven como una catarsis emocional y, en última instancia, son desperdiciadas, contenidas y neutralizadas.»

Este enfoque critica los levantamientos populares sin comprender la psicología social de las multitudes, tratando de dictar cómo debería resistir el pueblo en lugar de aprender de él. Algunos incluso se burlan de los jóvenes en lugar de involucrarse con ellos. Si el CHP propone usar el «poder derivado del consumo», entonces los revolucionarios deben impulsar el «poder derivado de la producción»—o mejor aún, combinar ambos para establecer una hegemonía política. Deben surgir visiones creativas que capten profundamente las emociones de los cientos de miles que resisten.

En lugar de ofrecer propuestas políticas significativas para la resistencia, dar lecciones abstractas sobre el CHP a quienes ocupan las calles es inútil. Un escritor de Serbestiyet va aún más lejos, afirmando:

«Dado que el partido se está ahogando en el torbellino de la miopía política y arrastrando a su propia base con él, los miles reunidos en Saraçhane quedaron decepcionados y sin esperanza. Ni los discursos de Dilek İmamoğlu ni de Özgür Özel, ni las declaraciones de Mansur Yavaş, pudieron capturar o reflejar la energía política de la multitud.»

Estas palabras vacías y grandilocuentes provienen de alguien que claramente no comprende a los valientes individuos que resisten desde hace días. Los manifestantes se inspiran en la poesía de Nazım Hikmet y en las canciones populares de Mahsuni y Edip Akbayram. Se enfrentan a los vehículos antidisturbios (TOMAs) con sus propios cuerpos. Si algunos gritan «Somos los soldados de Mustafa Kemal», los revolucionarios pueden responder con «Somos los soldados del socialismo» —¿quién podría objetar eso?

El hecho es que el CHP es la columna vertebral de esta resistencia y la fuerza que moviliza a las multitudes. El objetivo no debe ser romper con él, sino desarrollar las estrategias adecuadas para incorporarlo. Debe crearse un proyecto político que incluya a todos los movimientos sociales y partidos políticos involucrados en la resistencia.

No se necesita mucho —solo 4 o 5 demandas políticas claras. La responsabilidad de esto recae en los partidos de izquierda y derecha que participan en la resistencia. Los siguientes objetivos podrían servir como base común para todos los componentes del movimiento:

  1. La liberación de İmamoğlu y otros presos políticos.
  2. El fin de los administradores designados por el gobierno (kayyums).
  3. Elecciones anticipadas.
  4. Una nueva constitución que incluya los derechos kurdos y restablezca el sistema parlamentario.

Estos objetivos no solo son alcanzables, sino también esenciales para el éxito de la resistencia.

M. Tas es el autor del libro Racismo en Europa, graduado de la Universidad de La Habana (1987), y es un profesor retirado en Inglaterra. Es el moderador del sitio web Unidad y Solidaridad por la Democracia. Traduce del turco, inglés y español, y publica diversos artículos sobre política actual, marxismo y América Latina.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.