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Entrevista a Gustavo Hernández Sánchez sobre La tradición marxista y la encrucijada postmoderna: Notas para una historia social y cultural en el siglo XXI

«Entiendo la postmodernidad como la lógica cultural del capitalismo avanzado (como lo entienden autores como Fredric Jameson)»

Fuentes: El Viejo Topo

Doctor en Historia Moderna por la Universidad de Salamanca, donde el pasado mes de abril presentó su tesis sobre el fuero universitario en el periodo Barroco, Gustavo Hernández Sánchez ha sido miembro del Departamento de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea de esta Universidad como contratado FPU y ha mantenido siempre una preocupación fundamental por la […]

Doctor en Historia Moderna por la Universidad de Salamanca, donde el pasado mes de abril presentó su tesis sobre el fuero universitario en el periodo Barroco, Gustavo Hernández Sánchez ha sido miembro del Departamento de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea de esta Universidad como contratado FPU y ha mantenido siempre una preocupación fundamental por la teoría y la divulgación del conocimiento histórico, elementos que considera necesarios para acercar su trabajo a la sociedad. Es miembro co-fundador del Grupo de Estudios Culturales A. Gramsci. 

Nuestra conversación se centra en el libro indicado que ha sido editado por Visión Libros, Madrid, 2017.

Mi enhorabuena por tu libro. Me centro, nos centramos en él si te parece. En esta conversación, en cuestiones generales y en la introducción. El libro, escribo ahora para los lectores, está estructurado en cuatro capítulos y en un apartado de conclusiones. Presentas los capítulos en las páginas finales de la introducción. Además lo abre un prólogo de Raimundo Cuesta. Empiezo por aquí: ¿quién es Raimundo Cuesta? ¿Qué ha significado, qué significa para ti? 

Raimundo Cuesta es un amigo y un maestro para mí, aunque pueda parecer un tópico. Amigo en tanto que es una de las pocas personas que desde el primer momento, cuando coincidí con él como alumno en el Máster de Formación del Profesorado, me ha tratado intelectualmente como a un igual. Y maestro porque es una persona de grandes inquietudes intelectuales, capaz de aportarte muchísimo conocimiento, de aprender de ti y contigo. Creo que posee las virtudes que pocos intelectuales tienen en este país, entre otras, la humildad. Tú también tienes un poco de eso.

Por favor… Muchas gracias. 

Pero también la sinceridad, no tiene ningún problema en decirte lo que no le gusta cuando le comentas alguna idea. Eso es muy positivo y muy de agradecer. Aparte, como él mismo comenta a veces de forma irónica, se ha convertido en un «clásico» de la historia de la educación. Su trabajo colectivo con otras personas como Julio Mateos o Juan Mainer en torno a la Federación Icaria (FEDICARIA) y la revista Con-ciencia Social, en la que me han invitado a integrarme como novel del reciente consejo editorial, creo que es fundamental. La única pena es que continúan siendo unos grandes desconocidos, a pesar de su excelente trabajo.

Pues creo, desgraciadamente, que tienes razón. Habrá que empezar a conocer a personas «desconocidas» que son muy valiosas. Por cierto, él habla en su texto de «hipermodernidad». ¿Es lo mismo que postmodernidad? 

Entiendo que no, sino utilizaría el mismo concepto. Raimundo se muestra reticente a aceptar el concepto de postmodernidad tal y como yo lo entiendo a pesar de que, como he señalado en una reseña sobre su libro La venganza de la Historia y las paradojas de la Memoria sea más postmoderno de lo que él mismo se atreve a reconocer. Su última obra Las lecciones de Tersites, es una buena muestra de lo que digo. En ella reflexiona sobre el yo y la objetivación del sujeto, desde el punto de vista planteado por Bourdieu, entre otros. La subjetividad o la experiencia figuran en este libro como mediación fundamental en la conformación de los individuos y de su subjetividad, lo que me parece que son preocupaciones características del fenómeno de «lo postmoderno» y de las nuevas narrativas vinculadas a dicho fenómeno. Sobre ello estamos preparando un trabajo conjunto.

El libro contiene dos dedicatorias. Una de ellas es esta: «A mis padres, que me enseñaron el significado de la ética mejor que ningún manual de filosofía». ¿Cómo lo hicieron? ¿Cuál es el significado de la ética? 

Lo hicieron enseñándome el valor del trabajo y hasta cierto punto la centralidad del mismo para las personas pobres, al menos en las sociedades Occidentales como la nuestra. Quizá más de lo que se trata en los textos de Marx, a los que yo he accedido mucho más tarde, pero que mis padres nunca tuvieron la oportunidad de leer. Mi madre trabaja limpiando casas y mi padre en una grúa en la que pasa gran parte de las horas del día (una media de 10-12 horas diarias, descansando solo algunos fines de semana). Antes teníamos un bar en el que trabajábamos toda la familia, y yo me he criado literalmente en él.

El significado de la ética queda recogido en las conclusiones, en su acepción más sencilla, la que le da la RAE (y sin ser yo un gran defensor de esta institución): «parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus valores».

Vivimos en Pizarrales, no sé si te suena el barrio, se lo digo a todo el mundo, es el mismo barrio en el que se crió el Lute, algo de lo que estamos muy orgullosos allí.

No me suena vuestro barrio, discúlpame, pero debería sonarme por lo que cuentas. 

Pues bien, en él la gente joven, hijos de trabajadores como yo, tenemos más fácil bajar a Almería a buscar hachís y ganarnos un sueldo que ir a estudiar a la Universidad o acceder a un buen trabajo, o incluso hacer un doctorado, algo muy poco frecuente y, en mi caso, además, para terminar en el paro como estoy ahora. Estas contradicciones son a veces difíciles de comprender y difíciles de explicar para la gente que vivimos allí. Pero cuando tus padres te explican que es mejor estudiar que traficar o que robar, o que tenemos que ayudar a nuestros vecinos, a pesar de todas las dificultades con las que te vas a encontrar por ello, creo que te están enseñando el buen camino, una posición ética en un mundo en el que es más fácil ser una mala persona que una buena persona. No sé si te he respondido.

Sí, sí, me has respondido muy bien, y de paso me has dado una magnífica lección de ética, como una de las que tus padres te han dado a ti.

Eres cofundador, se habla de ello en la contraportada del libro, del Grupo de Estudios Culturales Antonio Gramsci. ¿Por qué Antonio Gramsci? ¿Qué te interesa más de su obra y de su vida y su práctica?

Elegimos a Gramsci porque parece que se ha convertido en una figura central del nuevo panorama político, a pesar de que yo soy muy escéptico de que estemos viviendo un momento nuevo en la política. Sí que es cierto que se han introducido algunos cambios. Pues bien, entendíamos que no todo vale respecto a Gramsci y de que era interesante disputar esta figura frente algunas utilizaciones recientes de la misma, sin que queramos erigirnos tampoco en los guardianes de la verdad de Gramsci.

Sobre su obra me interesa prácticamente todo, pero he de decir que no soy ni mucho menos el mayor experto sobre él. Hay muchas otras personas que le conocen mejor que yo. A mí me llegó fundamentalmente a través del marxismo británico y no tanto a través de Manuel Sacristán. Por esta razón, puede que me interese más apreciar cómo su codificación a través de autores como Hobsbawm ha permitido que el marxismo no fuese desechado de la Academia.

¿Qué actividades organiza este grupo de estudios culturales?  

Pues de todo un poco, pero especialmente aquellas centradas en dar una dimensión crítica y de divulgación a trabajos que pudiesen tener un carácter más académico. El pasado curso, por ejemplo, organizamos un seminario sobre «Sexo, género y clase» que fue todo un éxito. También hemos preparado este curso varias «Escuelitas» de formación sobre el concepto de «trabajo» o sobre «el feminismo y la izquierda», o presentaciones de libros que nos parecían interesantes. Tenemos un blog en el que también subimos trabajos de este tipo y, en fin, cualquier propuesta que trate de generar espacios de formación, reflexión y debate sobre temas históricos y/o de actualidad con carácter interdisciplinar y contra-hegemónico en tanto que una de las premisas del Grupo es que entendemos la cultura como un espacio abierto de confrontación ideológica y el conocimiento como un arma liberadora. Hacia ese fin se dirige toda nuestra actividad.

Por cierto, desde mi ignorancia en este ámbito, ¿qué es eso de «Estudios Culturales»? 

Pensaba que nunca me lo ibas a preguntar (risas).

Me ha parecido poco educado empezar a bocajarro con esa pregunta. 

La elección del término Estudios Culturales pretendía generar polémica y veo que lo ha conseguido. Los Estudios Culturales (Cultural Studies) son un campo de estudio ya consolidado y muy vinculado en sus orígenes a algunos autores del marxismo británico del que antes te hablaba como pueden ser Edward P. Thompson o Raymond Williams, al menos en una de sus vertientes metodológicas, la culturalista. La otra es la postestructuralista que, en lo que respecta a mí, puede ser una posición personal en algunos casos, pero no es la del Grupo. Por cierto, todas ellas tenían como referencia a Gramsci, pero no sólo, también a Benjamin y otros marxistas quizá menos conocidos como Bajtin o Voloshinov, que también podríamos considerar ciertamente heterodoxos. Autores como Terry Eagleton afirman que la teoría cultural nació en un diálogo extraordinariamente creativo con el marxismo. Y, en cierto sentido, podríamos considerar que esa es la voluntad del Grupo al elegir este nombre, el cual a veces genera extrañeza o rechazo entre la izquierda. La cultura, tal y como la entendía el Grupo de Birmingham, esto es, como espacio generador de imaginarios que son la base de acciones vitales, es un campo de lucha fundamental en el presente. Es en este sentido en el que entendemos a Gramsci y su concepto de «hegemonía», pero no solo, también en cuanto a la construcción de significados o, más recientemente, la propia producción de subjetividades. Creo que era Jameson el que insistía en que los Estudios Culturales o el «materialismo cultural» han sido esencialmente un proyecto político y un proyecto marxista. No sé si me he extendido demasiado, pero precisamente desde el Grupo estamos preparando un trabajo colectivo sobre estas cuestiones. De hecho creo que he sido un auténtico espoiler, espero que mis «compas» me sepan perdonar.

Seguro que te perdonan y no te has extendido más de la cuenta. Me centro ahora en el título de tu libro. ¿Qué es la tradición marxista para ti? ¿Por qué tradición y no ciencia, filosofía, praxis, ideología, cosmovisión, concepción del mundo o saber teórico-político? 

Esta misma pregunta se la hacías a César Rendueles, y opino lo mismo que él.

Me repito como un loro, lo siento. 

El marxismo es una tradición intelectual que, aunque a muchos no les guste, por fortuna a nosotros sí, forma parte de nuestro bagaje cultural. Algo así venía a decir también Hobsbawm en uno de sus últimos libros: Cómo cambiar el mundo. Y como tal lo entiendo en el ensayo.

En el campo más concreto de la historia, lo entendería más como una orientación de la investigación que como un método en sí mismo.

Para entendernos mejor, ¿qué es esto de la encrucijada postmoderna? O si quieres, ¿qué concepto manejas, tienes o construyes del postmodernismo? 

Entiendo la postmodernidad como la lógica cultural del capitalismo avanzado, tal y como lo entienden autores como Fredric Jameson. Creo que esto ya es un hecho, queramos o no aceptarlo. Es decir, que no es una ideología que podamos descartar o no o a la que podamos adscribirnos sino que forma parte de nuestra experiencia y de la cultura del presente, entendiendo cultura tal y como antes dije. El neoliberalismo es una ideología, además es la ideología dominante, cuestión que a menudo se relaciona con «lo postmoderno» desde un punto de vista mecanicista, es decir, la base (economía) sería el neoliberalismo ¿no? Y su superestructura la postmodernidad. Creo que debemos superar estas lógicas maniqueas. Debemos de construir una ideología alternativa al neoliberalismo y para ello, aunque no nos guste, probablemente tendremos que empaparnos de postmodernidad, comprender las lógicas culturales de nuestro tiempo de forma crítica y tratar de transformarlas. Lo que no resultará nada fácil. El problema ahora no es tanto el qué sino el cómo.

Y esa lógica cultural del capitalismo (en su fase descarnadamente neoliberal) que es el postmodernismo, ¿qué la caracteriza? 

Algunas de las claves las apunto en el capítulo primero, podemos hablar de ellas en la siguiente entrevista. Pero igual que podemos construir otros mundos, o que esto es posible, también podemos imaginar otra postmodernidad. De ello trata el libro.

Hablas de construir una ideología alternativa al neoliberalismo pero ¿quiénes deben o debemos construirla? ¿cuáles deben ser sus valores, sus contenidos?  

Creo que un poco entre todos de manera colectiva, por supuesto no existe, o no debe existir, ninguna pequeña vanguardia que lo dirija. La cosa es compleja. El programa tiene que ser de mínimos, por ejemplo, todos y todas aquellas que nos consideremos anticapitalistas, feministas y antifascistas. A partir de ahí, debemos de generar lógicas de integración y de participación democrática y no de exclusión como se consigue la mayor parte del tiempo.

Te pregunto ahora por el subtítulo del libro. Respiremos un poco.

Ya respiro

Fuente: El Viejo Topo, septiembre de 2017.

 

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