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Entrevista a John Berger

Fuentes: La Llbertat dels Antics

FN- Quisiéramos empezar pidiéndole que comparta con nosotros los temas que han ocupado sus últimos pensamientos acerca del mundo actual. JB.- Últimamente he estado pensando en la necesidad de abandonar ciertas palabras con las que a diario nos atosigan los medios y los políticos con sus discursos, vaciándolas de sentido. Palabras como democracia, libertad, justicia, […]

FN- Quisiéramos empezar pidiéndole que comparta con nosotros los temas que han ocupado sus últimos pensamientos acerca del mundo actual.

JB.- Últimamente he estado pensando en la necesidad de abandonar ciertas palabras con las que a diario nos atosigan los medios y los políticos con sus discursos, vaciándolas de sentido. Palabras como democracia, libertad, justicia, derechos humanos resultan huecas, sin ningún referente real.

FN.- Es decir, abandonar esas palabras que pueblan nuestro vocabulario, esas ideas que nos habitan y condicionan nuestra manera de ver el mundo y la vida.

JB.- ¡Exacto! Por otro lado, es preciso tener otra perspectiva del tiempo, con un sentido histórico, no sólo considerar el presente en su inmediatez como lo hace la clase política bajo el capitalismo que sólo busca la ganancia inmediata sin pensar en los sufrimientos de tanta gente que dio su vida para lograr lo que hoy tenemos.

FN.- En otras palabras, configurar una nueva mentalidad.

JB.- Efectivamente. Y para ello hay que saber escuchar y observar la naturaleza, todo lo que tiene existencia física, que no ha sido creado por el hombre. Así podemos ver que la naturaleza abarca un sinfín de elementos que nos maravillan, nos causan asombro y nos acercan al sentimiento de lo sagrado… el reconocimiento de que la vida es un don, un regalo y que en la naturaleza no hay lugar para la dictadura del mercado. Sin embargo, no hay duda de que hoy vivimos bajo una dictadura económica.Berger habla, en seguida, de la distinción -cada vez más abismal- entre ricos y pobres. Afirma que hoy los ricos en el fondo padecen todos una enfermedad grave: la paranoia, lo cual se advierte en su recurrencia a expresiones como «terroristas» dirigidas a todo lo que pueda constituir una amenaza. Y al mismo tiempo, la creciente estigmatización de luchadores sociales como delincuentes o criminales potenciales. Por otro lado, destaca también los lazos solidarios de los sectores de abajo, específicamente de los pueblos indios: «debido a su fuerte sentido de identidad y su fuerte relación con la naturaleza, tiene un potencial de resistencia especial -aunado a la capacidad de paciencia que han mostrado- que hace que no necesiten ser rescatados».

FN.- Finalmente, díganos cómo describiría usted el periodo histórico que atravesamos. ¿Qué figura se le viene a la mente?

JB.- Justamente, he estado buscando un punto de referencia que no pretende ser una definición exacta, sólo aproximada. Me temo que resulte bastante fuerte, casi brutal, sobre todo para quienes consideran la era de la globalización como un periodo marcado verdaderamente por la eliminación de fronteras, lo cual abre cierta idea de libertad. El punto de referencia que he encontrado es la prisión. Y no es metáfora, es real. Pero para describirlo es preciso pensar en términos históricos. El filósofo Michel Foucault mostró cómo el Estado penitenciario fue inventado a fines del siglo XVIII, ligado a la producción industrial, sus fábricas y filosofía utilitarista. Después vino el modelo del Panóptico, tal y como Jeremy Bentham, apologista del capital industrial lo concibió al introducir la circularidad de las celdas y el mirador, guardián en la torre central, vigilándolo todo noche y día. Hoy, además de la tecnología moderna que tiene acceso hasta lo más íntimo de tus ideas, planes y sueños, tenemos otra realidad que nos ofrecen los «oasis» en que se han convertido las fronteras para los migrantes de tantos países del tercer mundo que, anónimos, hambrientos y mutilados, arriesgan sus vidas, sus sueños y sus nombres en las esquinas de los primeros mundos prometedores de libertad y progreso. El ciberespacio ofrece al mercado una rapidez instantánea para el intercambio. Se le utiliza día y noche para las operaciones de bolsa y es gracias a esa rapidez que la tiranía del mercado puede ejercerse en un espacio fuera de todo territorio. Sin embargo, tal rapidez tiene un efecto patológico sobre quienes lo practican: la anestesia. Poco importa lo que adviene. al final de todo el negocio, el business continúa. Pero existe otra cara también. En la prisión mundial el ciberespacio ha encontrado la manera de revertir sus efectos y utilizarlos contra los fines de quienes lo iniciaron.

FN.- Es la idea de las páginas web y los blogs como www.desinformemonos.org.

JB.- Así es. Y no olvidar que la resistencia está en saber escuchar a la Tierra, a la naturaleza.

http://lallibertatdelsantics.blogspot.com/2009/12/entrevista-john-berger.html