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Estados Unidos utilizó a la OEA para impedir el triunfo de la revolución cubana en 1959

Fuentes: Granma

A pesar de lo mucho que se ha hablado y escrito en las últimas semanas acerca del respaldo de la Organización de Estados Americanos (OEA) a la sistemática política terrorista del gobierno de Estados Unidos contra la Revolución cubana en los 50 años transcurridos, aún quedan muchas facetas de ese indecoroso comportamiento poco conocidas por […]

A pesar de lo mucho que se ha hablado y escrito en las últimas semanas acerca del respaldo de la Organización de Estados Americanos (OEA) a la sistemática política terrorista del gobierno de Estados Unidos contra la Revolución cubana en los 50 años transcurridos, aún quedan muchas facetas de ese indecoroso comportamiento poco conocidas por la opinión pública internacional. Una de ellas es que a finales de 1958, el gobierno estadounidense se encontraba organizando una mediación de la OEA que impidiera el triunfo del Movimiento 26 de Julio y su brazo armado, el Ejército Rebelde, dirigido por el Comandante en Jefe Fidel Castro.

Una de las primeras referencias a que un proceso mediador se encontraba dentro de las numerosas opciones que se manejaban en la Casa Blanca y por la Agencia Central de Inteligencia, con el propósito de impedir el triunfo revolucionario en Cuba, se aprecia en una de las preguntas realizadas el 18 de agosto de 1958 por el inspector general de la CIA, Lyman Kirkpatrick, al entonces representante del Movimiento 26 de Julio en el exilio -con sede en Caracas, Venezuela- Luis M. Buch Rodríguez, ante quien se presentó como representante del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

El tirano Fulgencio Batista en compañía del presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower.

Dentro de otros variados intereses, Kirkpatrick se interesó en conocer cómo valoraría la Dirección del Movimiento 26 de Julio la mediación de un gobierno latinoamericano entre los revolucionarios y Batista. Mencionó expresamente a Venezuela. Según las memorias de Buch, solo bastó su expresión de desagrado ante tal posibilidad, para que Kirkpatrick manifestase que con ese gesto ya se daba por respondido.1 El papel mediador desempeñado por los embajadores norteamericanos Sumner Welles y Jefferson Caffery, durante la Revolución del 30, una maniobra de triste recordación, explica la rápida reacción de Luis Buch.

El 31 de octubre de 1958, durante una reunión con empresarios norteamericanos con grandes inversiones en Cuba, Roy Rubottom, subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, adelantó que el gobierno norteamericano preparaba una mediación de la OEA en Cuba. En respuesta a una pregunta de Kenneth H. Redmond, presidente de la United Fruit Company, dijo que desde hacía varios meses el gobierno se encontraba enfrascado en hallar «las vías y medios» que les posibilitase «encontrar una solución» a la situación revolucionaria en Cuba, mencionando «los buenos oficios de la Organización de Estados Americanos como una posibilidad». 2

La forma de lograr que esta medida pareciese una idea latinoamericana, la obtuvieron a través de una indicación transmitida el 8 de diciembre de 1958 a las embajadas de EE.UU. en los países miembros de la OEA, en la que se instruía mantener conversaciones informales con todos los gobernantes de la región, llamando a la «solidaridad hemisférica» con el objetivo de evitar lo que llamaron el «baño de sangre» que significaría el triunfo de la Revolución en Cuba. Una de las primeras respuestas fue la del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, quien ofreció de inmediato enviar 10 000 soldados para apuntalar a Batista, lo que no se materializó por el rápido desplome de la tiranía, pero se convirtió en la base de las acciones paramilitares que Trujillo, por encargo norteamericano, encabezó en 1959 contra Cuba.

Otra respuesta fue la del gobierno ecuatoriano, que ofreció la posibilidad de que el ex presidente Galo Plaza, quien a la sazón se desempeñaba como embajador ante el Consejo de la OEA, formase parte de un grupo de personalidades notables de otros dos países, que visitara La Habana a nombre de esa organización interamericana y mediase entre el tirano Batista y los revolucionarios, para encontrar una salida «pacífica» a la situación revolucionaria existente.3

Aparentemente, la creación de este grupo era lo que el gobierno de Estados Unidos había estado organizando en las últimas semanas, porque ya contaba, para ello, con el respaldo del también embajador en la OEA y ex presidente de Panamá, Arnulfo Arias.4

El documento que muestra más crudamente el desempeño mercenario conferido a la OEA por las autoridades norteamericanas, titulado «Plan para el arreglo de la lucha civil cubana», del 29 de diciembre de 1958, fue elaborado por el Director de la Oficina de Asuntos de América Central y Panamá del Departamento de Estado, y enviado al subsecretario Rubottom.5

El objetivo de este extenso documento fue describir los pasos a realizar a partir de la creación del grupo mediador de la OEA; la solicitud al tirano Batista de visitar Cuba «para un estudio de primera mano»; entregarle a Batista un plan que contemplara «una tregua inmediata» y que «se mantendría el orden por las fuerzas armadas cubanas, comandadas por oficiales no involucrados en alguna brutalidad».

También expresa el documento que «si hubiera una aceptación general para la tregua y el procedimiento descrito, el comité buscaría el consentimiento de Batista y después le pediría al presidente del Consejo de la OEA que convocara a una reunión», y que en esa reunión «el Comité justificaría su acción sobre bases humanitarias e insistiría en que el Consejo solicitara a las Naciones Unidas que se ocupara del problema cubano y sugeriría la solución explicada antes». El involucramiento de la ONU se hacía sobre la base de que «el papel de las Naciones Unidas como supervisora de elecciones no es nuevo; lo desempeñó de forma exitosa en Grecia y el África colonial».

Es evidente que la CIA, a través de su agente Manuel Antonio de Varona, trabajó en aras de asegurar este plan mediador. Esto se aprecia al leer que «en cuanto a la aversión de Cuba a la interferencia exterior en los asuntos del país, se recordará que Antonio Varona, el líder de los auténticos (…) ha estado llamando de manera insistente a la intervención de la OEA en la tragedia cubana».

Existen dos elementos que prueban que este plan estaba en proceso de implementación. El primero de ellos, una afirmación del propio Rubottom durante una reunión celebrada en el Departamento de Estado el 29 de diciembre, cuando, refiriéndose a la política hacia Cuba, dijo que el embajador norteamericano ante la OEA, John Dreier, «está estimulando el interés en la situación entre los miembros de la OEA sobre una base humanitaria».6

Otra afirmación del subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos Rubottom acerca de que este plan estaba en ejecución, la realizó dos días más tarde en el Departamento de Estado, el 31 de diciembre de 1958. En ese momento, al intentar resumir los pasos dados para prevenir supuestamente el triunfo revolucionario en Cuba a través de la OEA, expresó: «El Departamento de Estado tiene la esperanza de que algunos resultados beneficiosos se derivarán (…) el propósito es obtener un apoyo general de la OEA para una intervención pacífica en Cuba para prevenir un fuerte baño de sangre».7

Las publicaciones cubanas de la época, en particular las tituladas Ediciones de la Libertad, de la revista Bohemia, de enero de 1959, se ocuparon de mostrar al mundo que el verdadero «baño de sangre» era el que había ejecutado sistemáticamente la tiranía batistiana, que contó con el apoyo irrestricto del gobierno norteamericano… y también de la OEA.

El triunfo del 1ro. de Enero de 1959 hizo inútil aquel plan mediador, que se convirtió en el antecedente más inmediato de las numerosas acciones realizadas, a partir de entonces, para respaldar sistemáticamente las agresiones del gobierno de Estados Unidos encaminadas a derrotar la Revolución.