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Código de las Familias: expectativas, problemas y proyecciones

Este es el tiempo, no es otro

Fuentes: La Tizza

En 2020, La Tizza convocó a un intercambio para abordar cuestiones relativas al futuro Código de Familias. Por la importancia del tema para el presente y futuro cubano, publicamos hoy una transcripción de dicha discusión. Agradecemos la colaboración de DB Estudios y Glenda Martínez Cabrera para la realización de este debate.

***

Camila Calcines (CC): Hola a todos y todas, la plataforma digital La Tizza cumple tres años y lo celebramos con un espacio de discusión dedicado a analizar cuestiones relativas al futuro Código de las Familias que, según acuerdo de la Asamblea Nacional del Poder Popular, se someterá a referéndum en el segundo semestre de 2021. Para ello nos acompañan Lirians Gordillo, periodista y feminista y Yamila González Ferrer, coordinadora del Proyecto de Género de la Unión de Juristas de Cuba. Ya comenzamos.

Lirians, Yamila, siéntanse bienvenidas. Con ustedes se estrena este espacio en el que estaremos conversando, dialogando, reflexionando sobre un tema que es hoy eje central en el futuro de los cubanos y las cubanas: el Código de las Familias. En las últimas sesiones de la Asamblea Nacional se aprobó un cronograma de generación legal. Una de las futuras leyes que recibió tratamiento mediático fue el Código de las Familias, que será llevado a referéndum. ¿Qué es un Código de las Familias? ¿Qué historia tiene en Cuba? ¿Por qué es el único instrumento legal que será sometido a referéndum?

Yamila González Ferrer (YGF): Bueno, antes de dar una explicación concreta de qué es un Código de las Familias debemos decir que las normas jurídicas son la manera en que se expresa el derecho, pero esa mirada no se puede reducir solo a esa expresión, porque lo que incorporan las normas jurídicas es, precisamente, todos los elementos desde lo axiológico, desde lo sociopolítico, que se tienen en una sociedad determinada a partir de la voluntad del Estado y, dentro de eso, de la clase que está en el poder para expresarlo; por lo tanto, siempre debemos tener claro ese contenido axiológico que tienen todas las normas jurídicas.

Un Código de las Familias, como un código de cualquier materia, es una norma jurídica que trata con especialidad un tema determinado en el ámbito del derecho. En este caso, los temas de familia en el mundo, por lo general son incorporados a los Códigos civiles, es decir, que dentro de un Código civil están las cuestiones relativas no solo a la persona en específico, a los contratos, a las obligaciones, a las sucesiones, sino también lo relativo a la familia.

Sin embargo, hay algunas experiencias que cada día, desde mi punto de vista, se fortalecen más, que le dan una autonomía propia a esa materia del derecho, porque definitivamente la tiene. Aunque su tronco común sea el Derecho civil, el Derecho de familia tiene entidad propia por todas las instituciones, por todas las complejidades con que cuenta. Ese pensamiento de darle entidad propia, de darle fortaleza a todas estas instituciones y a su regulación conllevó a que en 1975 se aprobara en nuestro país el Código de Familia que, en aquel momento, fue un hito que llevó a primeros planos el tema de la igualdad entre mujeres y hombres, el tema de la igualdad de los hijos, que ya tenía un sustento en norma también, tanto en la Constitución del 40 como en la Ley de Equiparación Civil de la Mujer de 1950. Solo un cambio de la estructura socioeconómica y social del país pudo posibilitar que esta norma jurídica, que ya ahora aparece específica en un Código determinado, tuviera toda su expresión y pudiera ser en verdad efectiva.

El otro elemento es que se trata de una norma que se va a llevar a referéndum constitucional. Primero, hay que decir que no va a ser la única norma que se lleve a referéndum constitucional, es decir, cualquier norma jurídica que se lleve a aprobación por parte de la Asamblea es susceptible de ser sometida a consulta popular y un referéndum. En este caso la decisión estuvo vinculada a que el Derecho de familia, los temas vinculados a la familia —y eso se pudo apreciar en la misma discusión del texto constitucional— son de gran complejidad y atañen a toda la población, es decir, todo el mundo opina, todo el mundo… y es necesario que se pueda debatir, y que se puedan dar a conocer ampliamente sus contenidos y las consecuencias que tiene, en el orden jurídico, el establecimiento de muchas cuestiones, porque si bien el Código del año 1975 fue muy relevante en aquel momento, en este momento, como es lógico, ha quedado retrasado, es decir, no responde a la realidad socio jurídica de las familias cubanas.

CC: Luego de esta mirada que nos presenta Yamila, desde su visión de jurista, Lirians, ¿cómo tú responderías a esas preguntas?

Lirians Gordillo (LG): Bueno, ya Yamila dio mucha información, que es un elemento importante que yo creo que hay que tener en cuenta a la hora de llevar a referéndum. Es decir, que cuando el Código se someta a consulta popular y luego a referéndum, a nosotros como población, como ciudadanía ese conocimiento, incluso esa historia anterior que ha tenido el Código de las Familias en Cuba, ese referente que constituyó un hecho de adelanto y revolucionario en sí mismo, todo eso nos pueda ser muy útil ahora, porque el Código del 75 rompió con muchas limitaciones y tabúes que había en ese momento y nosotros estamos en una situación, ¿verdad?, un poco similar muchos años después.

Yo sí quería compartir mi opinión, qué es lo que pienso sobre el hecho de que se lleve a consulta popular y luego a referéndum. Ahí considero que hay dos lecturas, y que debemos ser conscientes, al menos yo soy consciente de eso… Una es el contexto en que se tomó la decisión de que se llevara a consulta popular y después a referéndum, porque sabemos que las propuestas revolucionarias, la voluntad y el ímpetu de llevar todos los derechos a todas las personas chocan con prejuicios, con estereotipos machistas, homofóbicos… y en ese contexto es que se toma la decisión de llevar a referéndum el Código de las Familias. Por supuesto que las personas como yo, que queremos todos los derechos para todas las personas, pues sentimos que en cierta medida esto nos pone en una situación tensa, ¿no?, porque han emergido criterios, apuestas y acciones que van también contra esa voluntad. Entonces, yo en lo personal no estoy de acuerdo con llevarlo a referéndum. Sin embargo, y ahí quiero pensar que se me sube el ímpetu revolucionario, creo que es una oportunidad, incluso el referéndum es una oportunidad y voy a decir por qué… Porque sí estoy muy a favor de la consulta popular, porque comparto el criterio con Yamila en que es un código, una ley que implica la vida cotidiana de la gente y, sobre todo, el ámbito de la vida que nos es más cercano, más impactante, que es la familia; o sea, nosotros abrimos los ojos en nuestras casas la mayoría del tiempo, rodeados de nuestra familia y cuando pensamos en bienestar, cuando pensamos en felicidad, cuando pensamos en futuro, se nos aparece ese espacio de nuestra casa, nuestra familia, los seres que queremos. Por ello, un Código que vaya a regular y a proteger ese espacio en el que nosotros proyectamos nuestra vida la mayoría del tiempo…, porque también, por supuesto, también están la escuela, el trabajo, el ámbito público, pero la familia es lo que nos es más cercano, más entrañable… es muy importante que lo llevemos a consulta popular, que todos, todas y todes opinemos sobre ese ámbito, sobre cómo queremos que sea nuestra experiencia de vida, nuestra familia, nuestros afectos, nuestro futuro, porque uno de los temas que quizás vamos a conversar aquí — quizás Yamila lo va a comentar — es cómo el envejecimiento poblacional y los derechos de las personas más ancianas también tienen que estar reflejados ahí.

Creo que también el debate popular sobre la Constitución fue un proceso rico, que pudo ser mucho más rico, y quizás si entendemos lo mucho más que pudiéramos haber hecho en ese proceso constitucional, lo podamos aprovechar en la consulta popular del referéndum de familia. Ese fue un momento muy bueno que, si lo sabemos aprovechar bien, luego el referéndum va a ser un resultado no de este tiempo, de este enero de 2020, sino resultado de todo un debate, de todo un proceso, de toda una información que podamos compartir, que nos permita incluso crecer y llegar en mejores condiciones a un referéndum, donde veamos la importancia de pensar en todas las personas, en todas las familias, y de vernos también en ese referéndum y en ese Código de las Familias.

Por eso se trata de una posición encontrada. Pienso que quizás mediaron cuestiones muy cercanas a los estereotipos y a los prejuicios que incidieron en la decisión de llevarlo a referéndum; pero pienso que también el referéndum fruto del buen proceso que seamos capaces de hacer durante la consulta popular puede ser una oportunidad para lograr, con ese referéndum, un país donde la igualdad, la equidad y el respeto hacia la humanidad de las personas prevalezca.

CC: Sí, yo opino igual. Con independencia de los riesgos que podamos correr debido al propio contexto en que nos encontramos y las distintas o diversas posiciones y criterios que hay hoy en la población, igual es un espacio que ayudaría a tener más conocimiento sobre el propio referéndum, qué se está llevando al referéndum, el instrumento y sobre la realidad de las familias cubanas. Hoy nos construimos un criterio y luego, cuando debatimos y estamos en espacios de participación con otras personas, otros miembros de la propia ciudadanía, nos damos cuenta de que a veces erramos en esos criterios que tenemos y aprendemos o descubrimos cosas nuevas, ¿no? Entonces, con independencia de estos riesgos, el espacio de debate, de consulta popular siempre va a ser muy provechoso para la ciudadanía, lo veo así de alguna manera.

YGF: Y yo considero que, en la medida en que seamos capaces de explicar y de lograr que todo el mundo se involucre en este proceso, y que la gente conozca los contenidos que va a tener ese nuevo Código de las Familias, se sensibilizarán más; porque coincido con Lirians en que el ámbito de la familia es en el que más funcionan los estereotipos, en el que más las personas se sienten en espacios de rechazo a determinadas formas de vida vinculadas a la diversidad, y creo que va a ser un momento educativo importante. En la medida en que seamos capaces de llevar una estrategia comunicacional de todos esos contenidos desde una perspectiva educativa, considero que la población cubana —por más criterios que tenga y por más que esté influyendo en estas cuestiones el fundamentalismo religioso desde posturas muy conservadoras— cuando conozca esos contenidos y sepa todo lo que se va a regular y todo lo que va a representar en términos de beneficio neto para el funcionamiento de las relaciones familiares, y de la solución de conflictos que existen —y existen muchos en la familia—, pues me parece que va a ser un buen espacio para el debate y para entender que el mundo de la familia también tiene que ver con el mundo de la política, para seguir ese criterio que tenemos desde el feminismo de que lo personal es político.

Yo creo que este tema está directamente vinculado al proyecto social de la Revolución cubana, a ese proyecto que lo que pretende es justicia para todos, justicia en diversidad. Considero que abordarlo desde el espacio de la familia, que es donde más complejas se hacen todas estas cuestiones, va a ser un momento de oportunidad para que nuestra población se eleve desde esa perspectiva.

CC: Con relación al tema que veníamos debatiendo o intercambiando, conversando, ¿sobre qué aspectos de la vida cotidiana se va a estar legislando? ¿Pudieran decirme, o comentar a los oyentes algunos aspectos sobre este tema?

YGF: Bueno, mira, creo que primero hay que conectar la respuesta que pudiera dar con el contenido de la Constitución y lo que refleja esa Constitución porque, en definitiva, esa es la voluntad expresada en un documento jurídico de la sociedad que tenemos y a la que aspiramos. Eso es muy importante. Una Constitución resume eso —desde el punto de vista jurídico—, es decir, qué tenemos y a qué aspiramos. Cuando nosotros vamos a una lectura, porque además siempre insisto como jurista en que no podemos leer un artículo de la Constitución desligado de otro, tenemos que ver el texto constitucional de manera integral, para después entender cuáles serían los contenidos, o de qué manera se tendrían que enfocar los contenidos de un nuevo Código de las Familias.

Cuando nosotros vamos a los fines del Estado establecidos en el artículo 13, nos está hablando de igualdad efectiva, de dignidad humana y de desarrollo humano sostenible.

No es posible un desarrollo humano sostenible sin una perspectiva de género, sin un respeto a la diversidad.

Vamos al artículo 40 que transversaliza el criterio de que la dignidad humana es un valor esencial en toda nuestra dinámica, en todo nuestro proyecto. Vamos a un artículo 42 que amplía y profundiza en todo el tema de las discriminaciones y que incluye la de género, la de orientación sexual, la de identidad de género, la de edad, la del origen territorial y otras. Vamos a un artículo 43 que nos está refiriendo el tema de la igualdad entre mujeres y hombres, incluso en el debate constitucional muchas veces se decía «pero, ¿para qué hace falta un artículo 43 si ya tenemos un 42 que dice que no puede haber ninguna discriminación?». Sí hace falta, porque todavía las relaciones de género afectan en lo fundamental a las mujeres y, por eso, que el texto constitucional exprese —al asegurar en especial— esos derechos de las mujeres, no quiere decir que no se le aseguren a los hombres, quiere decir que es una acción afirmativa específica en función de quienes históricamente han sido más vulneradas.

Pero hay otros artículos importantísimos vinculados a la intimidad personal, al desarrollo integral de la personalidad, todo eso impacta en las familias y en esa sociedad que estamos construyendo. Cuando vamos a todos los artículos vinculados a las familias nos encontramos con un primer artículo 81 que te da el concepto de lo que para el Estado cubano son las familias, y ya no habla de familia en singular, habla de familias en plural y parte, en efecto, de la diversidad y del reconocimiento a todas las formas de familia con independencia de la organización que asuman. Eso es muy importante, vinculado a lo que ya decía de los otros elementos del Código.

Por lo tanto, cuando ya nos adentramos en cuáles serían los contenidos de un nuevo Código de las Familias tenemos que partir de esos paradigmas constitucionales y de los contenidos propios de las instituciones, entre las que no necesariamente el matrimonio es la principal ni la más importante —como lo expresa la propia Constitución— . El matrimonio es una de las formas de constitución de familia, tan válida como otras, como pueden ser las uniones de hecho, como pueden ser las familias monoparentales, en fin, una gran diversidad de familias. Y entonces, ahí vamos a esas instituciones que van a organizar ese entramado de relaciones jurídico familiares como puede ser la filiación, las relaciones parentales, y ya no viéndolas como relaciones paterno-filiales —recordemos el término de Patria potestad—, pues relaciones paterno-filiales nos está dando una mirada estereotipada de un poder simbólico desde lo masculino, el hombre como jefe del hogar. También desde el punto de vista terminológico, del lenguaje que utilizamos, tenemos que modificar esos patrones de conductas humanas. Por consiguiente, ahí va todo el desarrollo que deben tener esas relaciones parentales desde la perspectiva de los derechos de niñas, niños y adolescentes, los que también deberán estar reflejados en el Código, no ya desde las relaciones de las madres y los padres con sus hijos e hijas, sino de los propios derechos de niñas, niños y adolescentes, que es un enfoque muy particular que tienen que tener.

Pero también ahí está insertado todo el tema que hemos venido trabajando por tantos años de la responsabilidad paterna, del espacio que tienen los padres para el desarrollo integral de sus hijos junto con las madres; y está vinculado al tema de otros miembros de la familia, como pueden ser las abuelas y abuelos. Este es un país donde las abuelas y abuelos han tenido un papel fundamental en la educación de los nietos y nietas, en su cuidado, y sin embargo no tienen el derecho, directamente expresado, de exigir ante un tribunal esa comunicación, o que se puedan dar variantes de guarda con respecto a sus nietos y nietas cuando las madres y los padres no puedan ejercerla o existan dificultades y conflictos de índole similar.

Es decir, hay una gran gama de aspectos dentro de las relaciones filiatorias y parentales que se puede desarrollar,

y un elemento muy importante es el de darle un papel notable a los afines, a esas madrastras, a esos padrastros, que no nos gusta esa terminología porque es muy peyorativa o despectiva, pero bueno, a esas madres o padres afines, a esas abuelas y abuelos afines que también tienen derecho, porque también tienen muchas responsabilidades en el cuidado. Entonces, eso hay que saber manejarlo en el espacio familiar.

Lo vinculado al envejecimiento poblacional y a situaciones particulares, para lo que solo poseemos hoy una institución, que es la de la tutela, para la que se requiere por obligación una declaración de incapacidad de la persona, cuando sabemos a la perfección que hay un gran número de personas que sí pueden requerir de determinados apoyos para ejercer sus derechos, y no hay que «incapacitarlos» y coartarles esas posibilidades.

Otro elemento fundamental que tiene que incorporarse en el nuevo Código es el relacionado con la violencia desde el punto de vista sustantivo. Si estamos hablando de relaciones en el ámbito de respeto, de diversidad, pues el aspecto de la violencia de género dentro del espacio familiar es importantísimo, cuando además tenemos cuatro artículos constitucionales que apuntan a ello y que reconocen la necesidad de crear los mecanismos institucionales para hacer efectivo el tratamiento a la prevención y atención de los casos que tengamos, aunque ello no significa que hoy no podamos hacer, porque hoy, con lo que tenemos, podemos actuar.

Sin embargo, una nueva norma jurídica sería un gran paso de avance vinculado a otras que también se están modificando. Porque esto hay que verlo en la interrelación de todas las normas jurídicas, pues también se van a modificar las normas procesales en materia civil y familiar, las normas penales en materia sustantiva y procesal, las normas laborales, en fin, que me he extendido un poco, pero para hablar de esos contenidos tenemos que entender la amplitud y diversidad de los mismos, no centrarnos en uno solo de ellos.

LG: Este no puede ser el único encuentro que haya para hablar sobre el Código de las Familias porque, además, cuando sumemos más voces a esta conversación, vamos a tener como una serie en varias partes.

A eso quería agregarle que estamos en un momento donde, por suerte, hay varios escenarios en los que se puede conformar una agenda de derechos, de realidades, de expresiones, de vivencias, de relaciones, de problemáticas que necesitan estar en un Código de las Familias, y quizás pudiéramos conversar luego de qué implicaciones puede tener… ¿ciertamente una ley va a cambiar la realidad? No la cambia de forma directa, pero yo creo que la necesitamos, porque es la expresión máxima de nuestras aspiraciones y de lo que podemos llegar a ser en este momento. Dentro de 10 años nos vamos a plantear otras revoluciones, porque va a ser otro momento, otro contexto, pero es fundamental tratar que sea lo más revolucionario posible hasta para nosotros mismos, que nos podamos sorprender, incluso de que nos parezca demasiado. Pienso que empujarnos hacia esa realidad va a ser importante, y es algo que le debemos a nuestros hijos, nuestras familias, nuestros nietos, porque sabemos que, en la lucha de un país, por una cultura justa, esto es como el arañazo en la piedra. Esto no es así, ni tan sencillo ni tan rápido, pero sí considero que no podemos darnos el lujo de permitirnos conformarnos o de decir que no se puede porque no estamos preparados… eso a mí me insulta, creo que es un insulto a la inteligencia humana y es un insulto a los mejores valores que ha tenido históricamente este país, que no se ha conformado con la injusticia, que no se ha conformado con la pasividad, para decirlo de alguna manera.

Entonces, para volver al principio, sobre esa conformación de la agenda hay temas que yo quería agregar. Por ejemplo, en relación con el matrimonio, nosotros necesitamos resolver la edad del matrimonio también, pues hoy las niñas o adolescentes con el permiso de sus padres pueden contraer matrimonio a los 14 años de edad, y los varones a los 16 años. Incluso ahí el legislador como colega, jurista, tuvo una distinción de género a la hora de decidir que las niñas —para mí son niñas a los 13 años— pueden contraer matrimonio. Eso es algo que nosotros debemos resolver de inmediato, y es también algo importante porque se conecta con otras realidades y problemas que estamos teniendo en la vida cotidiana, por ejemplo, es el embarazo adolescente. Por ello hay que hablar también de ese tema.

Yamila comentaba algo muy importante que es el tema de la violencia, ante lo cual la Constitución abre ventanas que se pueden convertir en puertas para resolver temas importantes, como es la violencia por motivos de género, que tiene sus particularidades y que una de sus expresiones es la violencia por motivos de género en el contexto familiar, y está también la violencia intrafamiliar; en ese sentido, el capítulo de las familias dentro de la Constitución pienso que fue muy bien construido, muy amplio y que permite visibilizar todo esto que Yamila presentaba.

Pero yo tengo el deber —como feminista— de decir que necesitamos regular en el Código de las Familias la violencia intrafamiliar.

Necesitamos también aprovechar el momento para hablar de la violencia de género en el espacio familiar y necesitamos también tener la conciencia de que son dos fenómenos que tienen particularidades, porque la violencia por motivos de género que se declara en la Constitución necesita también una mirada específica, necesita una política integral, pública, estatal, que lleve la coordinación de muchas instituciones y que —es mi opinión— también precisa una respuesta legal específica. Pero eso puede ser otro podcast, otro encuentro.

Otro de los temas que también pudiera regular el Código de las Familias está en la realidad de las madres solteras.

Hay varias investigaciones de materia social en Cuba sobre las realidades de las familias, de las mujeres, de las personas de la tercera edad, de la infancia y de la adolescencia, cuyos resultados debemos aprovechar y visibilizar desde los medios, pero también en encuentros en centros laborales, en centros escolares.

Y eso es algo que nos va a ayudar en el proceso de consulta popular, es un recurso muy importante que poseemos.

Hay algo que se nos quedó fuera en la Constitución de la República y es el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, y eso tiene un impacto… bueno, yo como feminista percibo que eso transversaliza, o sea,

poner el cuidado y la reproducción de la vida en el centro tiene que formar parte de la construcción del socialismo y por supuesto de una sociedad que tenga un mejor futuro.

Y eso es un tema que, para nosotros, se cruza con muchas otras situaciones y realidades de las que se va a estar hablando en el debate sobre el Código de las Familias.

¿Qué es el envejecimiento? ¿Qué es la guarda y cuidado? ¿Qué es el cuidado al interior de la familia? ¿Qué es, también, el matrimonio?

Pienso que, a lo mejor, aunque no quedó esa perspectiva de «hablemos sobre trabajo doméstico no remunerado» —y también remunerado— sino «hablemos sobre trabajo doméstico no remunerado y de cuidados», esta es una buena oportunidad para que nosotros la pongamos, porque el trabajo de cuidados no remunerado ha recaído históricamente sobre las mujeres y eso tiene un impacto en la vida laboral de las mujeres, en el desarrollo… y las respuestas tampoco pueden recaer en las familias, la respuesta tiene que ser concertada, conciliada entre el Estado, la familia, la comunidad, entre el sector privado —que lo tenemos ahora—, entre muchos sectores. Sobre eso también tenemos que hablar, además de muchas otras cosas que ahora mismo se me pueden estar quedando.

CC: Sí, es evidente que todos los artículos que recoge el Código impactan en la familia. Sentimos, por lo que decías, Lirians, que nos van quedando pendientes algunos temas como el matrimonio en la adolescencia, la igualdad de géneros, el trabajo no remunerado en la mujer… Entonces, son temas que, con el debate que nos vamos a dar en lo próximo, podemos lanzarlo, ¿no?, que el pueblo, la sociedad cubana participe y lo ponga a debate.

LG: Hay muchos planos de interés y muchas complejidades, pero podemos aprovechar esos retos como una oportunidad.

YGF: Lo que pasa es que tenemos que fortalecer el hábito de hablar con la gente, de explicarles, de no llegar con imposiciones, con el supuesto de que la gente sabe y comprende determinadas ideas. He tenido experiencias de charlas con grupos de personas diversos, a los que, cuando tú vas y profundizas con ellos en lo que se quiere, qué significa o qué implicaciones tiene, en este caso el nuevo Código de las Familias terminan por entender. Lo que sucede es que tenemos que ser sistemáticos y contundentes en todo este tiempo del que disponemos, porque no tenemos toda la vida para eso, tenemos solo este tiempo breve. Porque mientras tanto otros están actuando todos los días, porque tienen detrás una intención política que no la ven todos sus seguidores…

LG: Mira, en otros lugares han empezado con el aborto. ¿Por qué en Cuba no empezaron con el aborto? ¿Ni con los derechos de las mujeres? Porque sabían que ese era un muro de contención que no les iba a dejar conectar con nadie. Ah, pero empezaron con el tema del matrimonio, un tema con el que conectan… porque su interés no es conectar… a ver, su base es el pueblo pero, ¿a quiénes fueron los primeros llamados de atención, las primeras cartas? Al Partido, a la dirigencia del país: esos son su público primario. ¿Por qué? Porque tampoco son bobos… ¿La gente tiene miles de inconformidades con todo lo que no hemos podido cumplir? Sí. ¿Con todas las contradicciones? También. ¿Con todo lo que no tenemos en el socialismo y se piensa que sí tenemos en el capitalismo? Pero hay una revolución de por medio. Y lo otro que ya está aquí, que no se va a quitar, es el tema del empoderamiento de las mujeres. Esos son dos muros de contención con los que no es operativo confrontar de manera abierta… Pero, ¿con quién sí podemos conectar? Con la homofobia… Ahí tenemos la base. ¿Qué pasó entonces? O, ¿qué puede pasar? Pues que hubo una pugna y se llevaron el matrimonio igualitario… ganaron, ahí ganaron.

YGF: Bueno, no estoy de acuerdo con ese criterio, pero…

LG: ¿Tú sabes por qué ganaron? Creo que el artículo 81 era la primera opción, o sea, el actual 81, para mí debió ser aquel 68. Ahora, ¿por qué ganaron? Porque en el pulso simbólico dijeron NO, y ese NO fue por la expresión de estereotipos y prejuicios. Por lo tanto, simbólicamente ganaron. Ahora, ha habido otros que han dicho «…bueno, ¿un freno…?». Porque, además había una ceguera, quizás opcional, con las conexiones simbólicas del fundamentalismo religioso cubano con el caso de Brasil. Entonces parece que la dirigencia del país puso un detente a la cuestión. Entonces, ahí es donde nosotros tenemos que aprovechar la oportunidad.

YGF: Y por eso es tan importante. Lo que digo es que usted tiene un por ciento «X» —no sé cuál— de personas que siguen a este fundamentalismo religioso por los mecanismos o herramientas que han utilizado, etcétera, pero tienes otro grupo que no sigue al fundamentalismo religioso, pero que es muy machista y muy homofóbico. Por tanto, es en ese grupo donde está la oportunidad porque estos que están en el fundamentalismo nunca van a votar que SI, alguno tal vez, o dos, pero tú tienes que dedicar tus mayores fuerzas a trabajar con este otro grupo, que «no cree en nada», como se dice, pero que es machista a matarse, y ahí es donde hay que conectarlos con lo político, porque esa gente se muere por este país y por esta Revolución, ¿entiendes?

Pero cuando tú les digas: «sí, pero parte del proyecto social de esta Revolución es la diversidad, es que todas las formas de familia sean reconocidas, es que a todo el mundo hay que reconocerle derechos…», entonces, a mi juicio, eso hay que analizarlo, (…) hay que conectar con lo político.

CC: En algunos espacios públicos fueron gente de los mismos núcleos los que asumieron posiciones homofóbicas…

YGF: Pero esos no están conectados con el fundamentalismo, esos están conectados con el machismo ancestral que tenemos. Y cuando a esa gente tú le digas (…) «oye, esto sí tiene que ver con la Revolución», la cuestión cambia.

LG: Tampoco nosotros hemos señalado abiertamente que el fundamentalismo religioso se conecta con este que está acá, y tiene un programa político, porque esta gente, además del 68 pidieron otras cosas… ¿Ustedes saben que estas gentes pidieron escuelitas privadas y centros de salud propios? ¿Ustedes saben que esta gente reparte comida en carretilla? ¿Ustedes saben eso? Porque esta gente lo que quieren es esto, esta es la familia original que quieren esta gente. ¿Ustedes saben que esta gente dice que las mujeres tienen que sentarse al final del templo, y que no pueden ser pastoras, o que si son pastoras tienen que responder a estas ideologías? Ah, y que el Señor te dice que siembres, pero no que siembres bondad, no, que siembres que ser pobre es malo. ¿Ustedes saben eso? Ah, pues ese es el modelo de familia que esta gente quiere. ¿Ese es el modelo de socialismo que queremos nosotros?. La gente va a decir… perdón, no, es que no es ni el modelo de cristianismo que nosotros queremos. Pero hay que hablarle con claridad a la gente.

Esa es la parte en la que yo pienso que sería fértil una alianza entre academia, activismo y medios, porque el conocimiento está ahí, o sea, cómo hay que legislar, cómo es la cosa.

El periodismo te puede decir de cuántas maneras, o la comunicación te puede decir de cuántas formas nosotros podemos organizar este contenido, ponerlo… y el activismo le daría carne, corazón y vida, porque si no le ponemos a esto carne, corazón y vida, la gente no se conecta. Eso era, más o menos, lo que yo había pensado.

YGF: Pienso que no podemos olvidar la función educativa que tienen las normas jurídicas. Cuando en el año 1975 se aprobó el Código de Familia, aquello fue un escándalo. ¿Por qué?, porque imponía un nuevo modo de ver las relaciones familiares en el que el papel de la mujer, el de los derechos de los niños, no desde la perspectiva actual, pero desde los derechos de los niños, tenían un impacto, y eso se enfocó en los derechos y deberes de los cónyuges. Es cierto que no tenemos un desarrollo notable desde entonces y lo mostró la Constitución con el tema del trabajo en el hogar, pero desde el año 1975 uno de los artículos vinculados, uno de los artículos de los derechos y deberes conyugales es la valoración del trabajo en el hogar. Fíjense en todos los resortes que desde el punto de vista jurídico se utilizaron para fomentar la igualdad y un tipo de familia diferente.

Vamos a algo que hoy cuestionamos, pero que en aquel momento tuvo otro impacto, por ejemplo, el tema de guarda y cuidado y régimen de comunicación, con respecto a la preferencia con la madre. Hoy consideramos que eso es discriminatorio, que es una expresión de discriminación indirecta, porque bueno, el objetivo en el momento en que se elaboró no era discriminar a los padres ni mucho menos, pero en aquel momento, cuando en lo fundamental las madres eran las encargadas del cuidado, como también muchas madres lo son ahora, tenía sentido; pero entonces no se tenía una conciencia ni una responsabilidad sobre el papel del padre y si los padres habían tenido los derechos —jurídicamente hablando— sobre sus hijos, esa preferencia del artículo 89 por la madre era una acción afirmativa con respecto a la realidad que vivían las madres cubanas.

Hoy lo vemos diferente, hoy decimos, ¿y la responsabilidad paterna? Un padre responsable ¿por qué no va a tener esos derechos? ¿Por qué no partimos de una valoración del interés superior del niño, niña o adolescente?

Interés superior que siempre hay que conectar con la perspectiva de género, porque eso tampoco se puede desvincular, el tema de la perspectiva de género con el interés superior de los niños y las niñas.

Lo que quiero decir es que el potencial educativo que tiene un Código de este tipo, un Código que irradia hacia todas las personas y hacia todas las familias, es muy fuerte, y eso lo vinculo con el tema de la unidad, porque para nosotros es un reto y una oportunidad —como ya veníamos diciendo de alguna manera las dos— el hecho de este debate constitucional y hasta el referéndum tienen que tributar a al menos dos elementos: la cultura del respeto y la cultura del derecho.

No le estamos imponiendo a ninguna familia en particular un modelo específico, al contrario, la Constitución lo que refiere es que todos los modelos son válidos.

Lo que pasa es que una norma jurídica tiene que enfocarse en derechos iguales para todos y todas las personas y para todas las familias, después cada familia asumirá el tipo y las formas que considere. Es decir, que yo esté reconociendo la diversidad familiar no quiere decir que me estén imponiendo un tipo de modelo, por lo tanto, ahí se une la cultura de derechos que debemos dar y el respeto a la diversidad, y eso tiene que potenciar la unidad. No le podemos tener miedo al debate, a que las personas piensen diferente, lo que tenemos es que dar todos los elementos para que las personas entiendan que todos debemos tener los mismos derechos; que en lo concreto y en lo particular tenemos que aplicarlo, tenemos que respetarlo y de alguna manera tenemos que dar nuestro voto para que esa diversidad sea posible.

Con esto, por supuesto, no estoy incitando a ningún tipo de voto de las personas, pero sí a que se entienda que no estamos imponiendo modelos, sino educando en la diversidad familiar y en la cultura de derechos para todas y todos. Repito, desde mi punto de vista, eso fortalece la unidad de este pueblo, que sobre todas las cosas es un pueblo con gran humanismo y con gran sentido de los derechos y de todo lo que tenemos que defender para salvarnos y potenciarnos como nación.

LG: Yo estaba pensando en el tema de la unidad y cómo en el escenario público muchas veces —lo digo desde mi experiencia de periodista— relacionamos a la hora de redactar o de nombrar cómo estos temas generan polémica, y digo, bueno, si nosotros vamos a buscar la raíz, ¿de dónde sale la polémica?… no, la polémica no la puede generar el querer reconocer, legislar derechos e igualdad y protección sobre todas las personas. Eso no puede generar polémica, entonces, ¿cuándo y por qué salta la polémica? Bueno, cuando salen los estereotipos, los prejuicios que generan discriminación, que me hacen pensar que no vivo esa realidad —porque si la vivo me duele— y por lo tanto estoy en una posición de protección y que he sido educada de acuerdo a la tradición, en que «eso» está mal visto y no quiero nombrar ese «eso» porque puede ser interpretado y son múltiples realidades; bueno, pues ahí salen los estereotipos y salen los prejuicios. Por tanto, lo que realmente está atentando, lo que en verdad genera polémica son los estereotipos y los prejuicios que, de ser tenidos en cuenta, de impactar en un resultado, pueden generar discriminación.

¿Por qué yo, que soy una mujer blanca, heterosexual, me tengo que sentir afectada porque se reconozca otro tipo de realidad familiar que, además, existe? No la estamos inventando. ¿Por qué no reconocer a otro grupo humano? Yo pienso que las personas debemos hacer un ejercicio de introspección ante esa realidad.

¿Que duele? Sí. Todo el mundo ha crecido con una concepción familiar de mamá, papá, nené… y cuando esos marcos se rompen duele, sí, crecer duele, cambiar duele, a veces nos duele… siento que incluso nos puede doler reconocer que hemos sido injustos, o que hemos afectado la vida de otra persona por un prejuicio. Eso a una persona con sentido de justicia le tiene que doler. Y, ¿es más cómodo no reconocerlo y decir que tengo la razón? Todas las personas creo que nos identificamos con sentirnos buenos seres humanos, entonces, hay un ejercicio de introspección.

Yo siempre pongo un ejemplo: mi esposo es mulato, soy una blanca de ojos verdes, pero siempre pongo, claro, el ejemplo de que en los años 50 mis hijos hubieran tenido un dolor. Y pongo un ejemplo de la vida real y lo quiero compartir aquí, porque siento que las discriminaciones tienen el mismo núcleo, que es separar a las personas y no poner al ser humano en el centro y voy a hacer un cuento, no voy a decir el nombre de la persona que conozco, una persona muy cercana, una vecina. Es una señora ya mayor, ella está jorobada en un ángulo de 90 grados, es una mujer blanca de ojos azules que cuando el triunfo de la Revolución, mucho antes, se casó con un hombre negro, tuvo unas jimaguas y, por supuesto que de inmadiato su familia la renegó, y esa señora, cuando le descubren, con sus jimaguas muy pequeñitas que tenía esta hernia discal, le dijeron que se tenía que operar. ¿Cómo esa señora, con dos niñas, se podía operar si tenía que estar, mínimo, como tres, cuatro meses en cama? Esa señora no se pudo operar. Esa historia es la historia de una discriminación no resuelta en una familia y eso se repite, en vidas marcadas por muchachas, por personas, por parejas homosexuales, que hoy uno de los dos muere y, ¿por qué hay que pensar que él tiene que prever que vaya a testar a favor de esa persona? No estamos inventando. ¿Cuántas madres solteras existen? ¿Cuántos abuelos hay hoy encargándose de sus nietos porque sus padres migraron o están cumpliendo misión internacionalista? ¿Cuántas familias hay constituidas o reconstituidas? Entonces, ¿por qué?, ¿en qué posición podemos ponernos nosotros para afirmar que esta familia es válida y esta no, que este dolor es bueno y este no, que este amor es bueno y este no?

Pienso que lo que sí afecta la unidad nacional es no reconocer el valor de la diversidad en la nación,

y lo que sí puede afectar la unidad nacional es no ponernos delante de un espejo y todos los días decirnos, bueno, estos son mis prejuicios y estas son mis limitaciones como ser humano, estos son mis defectos, estas son mis virtudes, ahora, estos son los míos, los demás no tienen por qué sufrir —en materia de derechos—, porque van a sufrir en materia de vínculo personal hasta que yo no los pueda resolver, hasta que no pueda resolver mis concepciones culturales sobre esas personas.

Pero estamos hablando de una sociedad en donde todas las personas tienen derechos, estamos hablando en materia de derechos, no nos referimos a un asunto de opinión, o cuál es su creencia, o su orientación.

Eso entra en sus concepciones personales, que tienen implicaciones políticas, sí, compañeras y compañeros y compañeres. Porque usted es un ciudadano, y en un escenario laboral o escolar sus prejuicios pueden hacerle daño a otras personas. Pienso que también tendremos que hablar en el futuro de cómo nuestros prejuicios, cómo no someternos incluso a ese diálogo con nosotros mismos y con la realidad que nos rodea y crecer todos los días un poquito sí afecta el desarrollo del país que queremos. En eso nos pondría también a pensar: en qué hacer. Y lo conecto con la última pregunta para que también Yamila comente qué le parece.

Pienso que en el futuro tendremos que hablar con sistematicidad, largo, tendido, poniéndonos de acuerdo y con disensos también sobre este tema y sobre el Código de las Familias porque, sobre todo, el Código va a proteger derechos de familias que existen y nos va a hablar de un futuro posible, o de valores incluso, o expresiones culturales, la manera en la que nos relacionamos, la manera en que educamos a nuestros hijos y nuestras hijas, la participación familiar.

Somos un país envejecido y tenemos que cambiar una cultura para aprender a convivir con ese envejecimiento. ¿Y el Código de las Familias va a ayudar a eso? Yo creo que sí, que puede ayudar en otras cosas, puede impactar incluso en cómo concebimos el amor, porque es la vida cotidiana de la gente.

Por tanto, ¿qué hacer?

Conversar largo y tendido, disentir, repensarnos, porque puedo tener un criterio ahora, pero en mi confrontación con otras personas puedo reafirmar el mío, nutrirlo.

Otra de las cosas que habrá que propiciar es una mayor información. Todavía sabemos poco.

Hay que presentar el Código, conformar una agenda, dar elementos de por dónde viene, que los especialistas que participan puedan compartir, que la población transmita sus necesidades, los valores que quiere que estén. Creo que eso es importante, contar cada vez más con mayor información, que incluye referentes históricos como los que estábamos conversando hoy.

¿Por qué algo que hoy pensábamos que tenemos que superar, que fue el Código de 1975, fue revolucionario en su tiempo? O sea, cómo ha sido el recorrido que hemos tenido hasta hoy.

Lo otro que también es importante es la participación ciudadana y el activismo, que la gente se involucre en este proceso, en conformar una agenda, en presentar esa agenda, en conversar con las personas, en mostrar las problemáticas a las que se les va a dar solución…

Y lo otro, también importante, es el posicionamiento político en todos los escenarios, a saber, individuales, colectivos, pero también del Partido y de las autoridades del país. Es importante, porque esto tiene que ver con un proyecto de país y trasciende como un proyecto de nación, de los valores de una nación, de justicia social, de inclusión, de que hoy vamos a hablar de problemas que ojalá no tengamos en el futuro y en el futuro estaremos hablando de otros, como hablamos en el pasado de problemas que tuvimos y que resolvimos. Y, sobre todo, con la conciencia de que, al menos en lo personal, en cuestiones de igualdad y de justicia, no es este un camino acabado, nunca, es un camino que se construye siempre, y que debemos atravesar dando pasos. Y no tenerle miedo.

En ese sentido, hace falta un posicionamiento político de las autoridades que conecte la vida cotidiana y el Código de las Familias con el proyecto de nación y el proyecto de país.

YGF: Yo, siguiendo esa línea, en medio de ese proceso sería buena la presencia de especialistas en estos temas, juristas, etcétera, en medio de los debates que se den en la comunidad, o incluso antes, espacios en los que la población puede sentir que se les explica, que se les comenta de qué van las leyes, de qué va el referéndum, de qué van los artículos, porque a lo interno de la familia se conversa pero también responde a esas subjetividades que decía Lirians, ¿no? Entonces, tener más claridad, de qué va el Código de las Familias o en camino a qué va el nuevo Código de las Familias.

Yo considero que, en esta etapa, en que todavía no tenemos un anteproyecto de Código de las Familias tenemos que aprovechar todo lo que podamos expresar o debatir con relación a los retos que tenemos y a las carencias que tiene el Código que hoy tenemos. Hay un grupo de trabajo en el que estamos trabajando, debatiendo, estudiando, etcétera; pero no, eso no es —desde mi punto de vista, por supuesto— lo que correspondería ahora mismo.

Pero hoy sí tenemos un Código que tiene carencias, que tiene expresiones de estereotipos sexistas que están afectando a la luz de nuestra realidad de hoy, porque lo que pasó en 1975, lo que fue novedoso en 1975, ya no lo es. Bien, pues tenemos que analizar un poco qué es lo que pasa, cuáles son las problemáticas familiares que tenemos hoy en día por solucionar, o que tienen solución tras una carrera de muchos obstáculos, porque no es ágil, porque no es expedita la ley que existe.

Es de eso de lo que tenemos que hablar porque, como decía Lirians, no estamos haciendo, o no pretendemos un Código de las Familias para una sociedad que no tenemos, o para un planeta que no existe, sino que es para nuestra sociedad, y son los problemas de las familias de nuestra sociedad los que tenemos que resolver. Y eso está hoy, aunque no tengamos todavía redactado el nuevo Código, y eso sí lo podemos debatir, y ese sufrimiento humano, esas carencias que en el orden de los derechos y de las garantías tienen las personas son las que tenemos que llevar a discusión, porque todo el mundo tiene un vecino, una vecina, todo el mundo tiene en su radio de acción una familia que está sufriendo una situación de violencia, un niño o niña que lo está sufriendo, o una mujer, o una persona anciana, ¿verdad?

Todo el mundo tiene situaciones conflictivas vinculadas a las relaciones materno y paterno filiales… ¿Se resuelven hoy? ¿Tenemos las herramientas para resolverlas como debería ser?

Vamos a debatir eso, para que la gente entienda que lo que se quiere es dar las vías jurídicas para el reconocimiento de derechos y garantías necesarias, ¿bien?

Me parece que pudiéramos concentrarnos en eso, me parece que debemos discutir, como decía Lirians, y hablar muchísimo de los estereotipos que están imperando. ¿Por qué? Porque el reto mayor —e Isabelita Moya siempre nos lo decía— es el cultural. Sabemos que las mujeres participamos en todo, estamos en todos los espacios, todo eso es verdad, pero cuando llegamos a la casa tenemos doble jornada; y las que trabajan tiempo completo en la casa «no trabajan», ¿verdad? O todo lo que está pasando hoy en día en espacios de las nuevas formas económicas y que tienen impacto en la familia, porque estamos hablando de negocios que se realizan en espacios familiares, con los mismos miembros de la familia, y ¿cómo se distribuyen las responsabilidades en ese negocio? ¿Quiénes son los que tienen el poder económico en ese negocio? Es decir, muchas cosas están sucediendo hoy a lo interno de la familia.

El mismo tema que señalaba Lirians del embarazo adolescente, de los partos, de la maternidad adolescente, y de las vías que pudiéramos utilizar para resolver esas situaciones y que hoy no tenemos de forma expedita. Es decir, son muchos los conflictos familiares con los que estamos lidiando de manera cotidiana y precisan que les demos solución.

¿Podemos sentarnos en una comunidad y decir cuáles son los problemas principales que tenemos aquí? ¿Qué está influyendo en lo que está pasando? ¿Por qué fulana no pudo ser delegada del Poder Popular porque el marido «no se lo permitió»? Ahí estamos en una relación de desequilibrio de poder. ¿Cómo tendremos que desarrollar los derechos y deberes conyugales? ¿Qué impacto puede tener eso desde la perspectiva de la violencia?

En fin, considero que tenemos que utilizar lo que poseemos hoy y lo que sabemos de nuestros problemas de hoy, por ejemplo, esa naturalización e invisibilización de los estereotipos, que crea roles cerrados, roles asignados y asumidos, como decimos, desde una perspectiva cerrada y que afectan.

Y vuelvo al tema de la cultura del derecho y el respeto a la diversidad. Eso tiene que ser central en los debates.

Respeto a la diversidad significa —como decía Lirians— que el hecho de que yo tenga un modelo de familia, no implica que el modelo de familia de al lado sea mejor o peor que el mío, pero ambos modelos deben tener derechos y los mecanismos y las garantías para, cuando veamos vulnerado alguno de esos derechos dentro de nuestro espacio familiar, poder ir ante las instituciones correspondientes para resolverlo y que existan las vías expeditas para ello.

Para empezar el debate, visualizar estas cosas y hablar claro y transparente es lo primero que nos va a ayudar a fortalecer la unidad nacional y el proyecto de justicia social de la Revolución cubana que, en definitiva, desde su propia génesis ha estado luchando contra todo tipo de discriminaciones.

Y estos estereotipos que tenemos hoy, que generan prejuicios, se derivan en discriminaciones efectivas y palpables: hoy hay gente que está sufriendo. Por ello me parece que, para empezar, antes de ese momento de la consulta popular donde ya vamos a tener un anteproyecto que sí será el espacio de discusión concreto de lo que nos parece bien o mal, hoy debemos discutir esas cosas para ir promoviendo que la gente reflexione sobre estos temas como un asunto de prioridad desde lo personal y lo humano. Es lo que me parece.

CC: Entonces, con relación a los actores que estarían implicados, estaríamos hablando principalmente de la sociedad, del pueblo y, bueno, coméntenme también otras instancias implicadas, aunque ya lo hemos dicho en el debate, pero solo para retomar la idea y que nos quede claro quiénes serían estos actores principales que van a estar en medio del proceso del referéndum.

YGF: Desde mi punto de vista tiene que estar todo el mundo involucrado en esto. Nosotros no podemos decir que el ámbito de las familias pueda reducirse a determinadas instituciones.

Yo creo, por ejemplo, que las instituciones jurídicas tienen una altísima responsabilidad y que los juristas, de manera general —y les hablo, por ejemplo, desde el compromiso con mi organización, la Unión Nacional de Juristas de Cuba, que tiene como centro la superación profesional y el aporte a la cultura jurídica de la población— tenemos una misión tremenda, como organización social, de llevar este debate a nuestros espacios, a las provincias, a los municipios, porque una fortaleza nuestra es que las organizaciones e instituciones tenemos hábito de trabajar interrelacionados. Eso fluye muy bien, por ejemplo, tenemos a la Federación de Mujeres Cubanas.

La FMC tiene, en todas las comunidades, sus Delegaciones, unas pueden funcionar mejor que otras, pero existen, es decir, que si eso se potencia desde nuestras organizaciones de base, que son nuestra fortaleza, desde las organizaciones profesionales, como puede ser la organización de los juristas, de los periodistas, en el sentido de que los periodistas y los comunicadores tienen una misión tremenda en el cómo llevar esto a la población, cómo transmitir conocimientos o contenidos técnicos, como los que podemos dar los juristas, para que sean comunicados de la manera más comprensible posible.

Ese es un tema que atañe a las instituciones educativas. Este es un tema que se tiene que discutir en las escuelas, en la asignatura de Educación Cívica, donde hay un espacio para la educación de la familia, hay que discutirlo. Tenemos que discutir con nuestros niños esto, educarlos en el debate y en la reflexión de todos estos fenómenos.

Y, por supuesto, nuestras instituciones políticas, desde la dirección del Estado, que tiene como voluntad la eliminación de todas las discriminaciones, deben estar involucradas y proyectar un tipo de familia, o de familias –en plural– como la que está plasmada en la Constitución, que es la expresión jurídica de la voluntad política.

Pues todo el mundo se tiene que poner en función de eso en medio, por supuesto, de las otras prioridades que tiene el país, que son muy complejas en materia económica, es decir, todos los retos que tenemos como sociedad bloqueada, como sociedad que tiene disímiles circunstancias complejas, pero esta también tiene que ser una prioridad para que ese debate que pretendemos sea sano, amplio, pueda contribuir a la transformación del pensamiento, a la reflexión sobre estos temas tan trascendentales y en los que todos tenemos una implicación directa.

LG: Estoy de acuerdo con que es un ámbito en el que participan muchos actores e impacta a tantas personas que, por supuesto, todo el mundo pudiera… todas las personas, toda la ciudadanía tendría un rol, las instituciones, las organizaciones, los especialistas…

Yo antes lo comentaba, me parece que habla de problemáticas, realidades, diversidades de familias y escenarios que existen en Cuba. Por lo tanto, hay que mostrarlos. Estoy de acuerdo. Hay estudios suficientes, porque el conocimiento científico tiene que llevarnos hacia lo mejor del ser humano, o sea, ese conocimiento científico no abstracto, no verticalista, no el hegemónico hoy, no, no, el conocimiento científico conectado con lo mejor del ser humano, con los sentimientos, con los valores de las personas, ¿verdad? Y hay investigaciones sociales que dan cuenta de esas prioridades y esas problemáticas que nosotros tenemos. Hay que visibilizarlas, hay que socializarlas, hay que ponderarlas, hay que jerarquizarlas también desde la comunicación, desde los escenarios políticos, estatales, comunitarios, culturales, religiosos… al final estamos hablando de la vida de este país, no sé, de la vida de todos los días.

Y otra cosa que estaba pensando es la importancia del activismo, de organizaciones, individuos, colectivos independientes, o sea, de muchas expresiones, de espacios religiosos también, de toda la sociedad, de expresiones culturales. Y algo que yo reflexionaba también cuando se dio el debate constitucional es que quienes estábamos de acuerdo o queríamos un posicionamiento revolucionario sobre estas cuestiones, todas y todos, cada uno de nosotros, alzó la voz, dijo SI.

Hay que mostrar esta diversidad porque muchas veces, lamentablemente, lo que se posiciona y siempre va a expresarse es quien no esté de acuerdo, y la matriz de opinión que se genera también es negativa y siempre los estereotipos y los prejuicios impulsan a la gente, de manera incluso a veces irracional.

He escuchado comentarios en ese diálogo con las personas, con la gente, y les digo ¿pero tú de verdad crees eso? O uno lee comentarios en trabajos periodísticos y… ¿la gente realmente creerá eso?

El estereotipo y el prejuicio te impulsan a ser irracional, ¿no?, porque ese es su principio: disminuir, sintetizar tanto, a través de valores negativos, enraizarse con un sentido común que pasa incluso, a veces, por los sentimientos de las personas y llega a ser irracional, que es lo primero que usted expresa y cuando usted se sienta a recapacitar dice: «¡ño, apreté!».

Por eso la importancia del conocimiento científico y que ese conocimiento científico se enlace con los valores, o sea, pase por la bondad de las personas, por ponernos en los zapatos de los demás.

Por eso otro de los actores importantes es toda la gente que quiera el bien común; y el bien común no es el bien mío o el tuyo, no, el bien común. Todas y todos tenemos esa responsabilidad. ¿Que va en contra de los tiempos y de la vida cotidiana de cada uno? Sí. ¿Que te digan a las ocho, ocho y media, vamos a sentarnos para la reunión del barrio a debatir estos temas? Candela esa tarea. Pero, como decía Yamila, no tenemos otra vida, no tenemos otro tiempo, tenemos tan solo 2020 y 2021.

Entonces, si nos ponemos en sintonía con este año que dice «hay que tener buena vista», hay que estar 20/20, vamos a ver claro por dónde ir abriendo el debate y dedicarle el tiempo también que necesita, pues para que el tiempo futuro sea bueno, tendremos que sembrar en este, y sembrar implica dar guataca, implica sudar, implica dedicarle tiempo, regar la matica, o sea, implica un trabajo, un esfuerzo físico y mental.

Si el esfuerzo común de todas las personas se pone para lo que es, esa siembra puede salir buena, tiene que salir buena, o sea, yo creo que el dominó no está para que nosotros digamos que vamos a sembrar mañana, no, que ahora no se puede regar… no, no, este es el tiempo, no es otro.

En ese sentido tengo la convicción de que toda la gente que quiere, que está a favor y que, a lo mejor tiene sus propios prejuicios, que no está tan convencido, que no le gusta… pero tiene un dolor personal, porque todos tenemos un dolor personal, y porque también hay que cruzar todas las identidades y todas las discriminaciones, a toda esa gente podemos convencerla de qué es lo mejor para la Revolución. Todavía tenemos expresiones de racismo, pero estoy casada con mi mulatico y nadie me puede decir que no, ni mi familia. Mis hijos son mestizos…, hay otras que sí no pueden salir de la mano con orgullo. Entonces, ¿por qué mi familia sí y la de otros no? ¿Por qué hoy mis hijos pueden ser felices y otras familias reconstituidas incluso vivir en armonía?

Tenemos que ponernos en el debate ético y humano de «¿por qué yo sí y otro no?».

Esa primera pregunta se la puede hacer una persona del ámbito jurídico, una persona del ámbito religioso, una académica, la jefa de un sector, o sea, cualquiera, todo el mundo puede mirarse ante el espejo.

Después vamos a lidiar con todos los dolores, todo el mundo… ¿por qué yo sí y otro no? Porque tú dices la comunidad y uno se diluye, pero esa preguntica individual que se hace cerradito uno a sí mismo es fundamental y es algo que nos puede marcar en el debate y, por supuesto, para el futuro.

CC: Casi al finalizar, si les pido que definan en una palabra o frase sus expectativas y percepciones del proceso que nos va a llevar a un nuevo Código de las Familias, ¿qué me dirían?

YGF: Bueno, pues yo diría optimismo y lucha, entrega y compromiso con la lucha —valga la redundancia— por el mundo mejor y por el país mejor que queremos y que estoy segura que podemos tener con la voluntad y el compromiso de todas y todos en esta batalla contra los estereotipos y los rezagos de una cultura que ya no pertenece a la sociedad que tenemos, pero que todavía está presente en muchas personas. Por lo tanto, pensar con optimismo, y no con dudas, que vamos a ser capaces de lograrlo con la unidad y la fortaleza que se requiere para ello. No fue una palabra, fue más que una palabra, pero bueno…

LG: No, aquí personas de pocas palabras no somos. Si cierro los ojos y me imagino ese proceso, ¿cómo yo veo el Código de las Familias? ¡Ay! Verdad que el poder da el símbolo. Lo conecto con algo que vi hace poquito, que fue un árbol, y esa imagen de árbol me la imagino con las raíces puestas en lo mejor del ser humano, de las personas, en los valores que no distinguen y que solo distinguen cuando no hay bondad, cuando no hay honestidad, cuando no hay incluso valor para enfrentar el miedo, porque lo bueno viene con lo malo. Tenemos dos manitos, o sea, crecer implica también pérdida en el sentido de incluso cuestionarnos a nosotros mismos, y por eso también lo conecto con un árbol, porque todo ese proceso nos va a permitir crecer, y nos va a permitir crecer como los árboles, que no son lineales, ni son iguales, y lo hermoso que tienen es que no son perfectos, que tienen muchas irregularidades, pero que, como van en busca del sol, los tipos y las tipas, o lo que sea, porque —por suerte— no tienen género, van para allá arriba, van a elevarse, a lo mejor que haya, siempre creciendo, con agua, con sol… Esa imagen estaba buena en la diversidad de esas raíces, que una hoja no se parece a la otra, una le gusta más el sol, la otra no, o sea, en esa diversidad ¿verdad? Y que lo bueno que tienen los árboles, que tienen las plantas, es que cuando sueltan con las florecitas las semillitas, crece otra y ahí son dos maticas y de las dos maticas se hace un bosque…

YGF: y eso da oxígeno…

LG: Claro, o sea, vida. Al final es vida, ¿no? Y la vida tiene que ver con la familia, uno la conecta con la reproducción. Compañeros —porque una feminista se los tiene que decir— es vida, es que las personas se unen, se hacen comunidad para vivir en armonía y en felicidad. En eso yo pienso y eso me impulsa, y me da el optimismo que decía Yamila, que tiene que ser, no puede ser otra cosa todo este proceso de debate, de prepararnos, de sembrar esa tierra para prepararnos para ese árbol, de ponerle una buena semilla, para que crezca como tiene que crecer, ¿no? En eso estaba pensando.

CC: Agradecemos la presencia a Lirians, Yamila, a ustedes por escucharnos y a DB Estudios en el sonido. Si lo desean pueden enviarnos sus sugerencias y opiniones a nuestro correo [email protected], también pueden encontrarnos en Medium, Facebook, Twitter y Telegram. Somos inconfundibles, La Tizza, así con doble z.

Camila Calcines (Centro Memorial Martin Luther King Jr.), Yamila González Ferrer (Coordinadora del Proyecto “Justicia en clave de género” de la Unión Nacional de Juristas de Cuba), Lirians Gordillo (Periodista y feminista).