Con motivo de la publicación de su último ensayo, Geocracia, el paradigma que va en pos del bienestar de la gente y el planeta y no del mercado, quisimos conversar con el autor mexicano residente en California para indagar en su original propuesta política.
Álvaro de Regil Castilla es director ejecutivo de la Alianza Global Jus Semper, organización que desde 2003 impulsa el salario digno como base de las sociedades sostenibles y democráticas. Puso en marcha la iniciativa Salarios Dignos Norte y Sur, referente internacional en la denuncia del intercambio desigual mediante el arbitraje laboral en las cadenas globales de suministros generada por la globalización corporativa. Es, además, miembro fundador del Observatorio Internacional de Salarios Dignos (OISAD) en la Universidad La Salle en Ciudad de México.
Desde 2015 su labor se centra en promover la necesidad de construir el imaginario de un nuevo paradigma en pos del bienestar de las personas y del planeta en un entorno verdaderamente democrático, libre del capitalismo. Como parte de este concepto transformador, trabaja en los ámbitos de los derechos laborales, las empresas y los derechos humanos, la economía de decrecimiento/estado estacionario, la renta básica y la drástica reducción de la huella ambiental de la humanidad como única forma de lograr la sostenibilidad de la vida en nuestro hogar: el planeta Tierra.

Álvaro es también colaborador de la visión y la praxis transformadora de la iniciativa de la Gran Transición del Instituto Tellus en Boston, Massachusetts, y consultor sobre las causas subyacentes de la inmigración con varias organizaciones comunitarias en California y con la Universidad Luterana de California.
La trayectoria de Álvaro de Regil dio un giro radical cuando en 1999 pasó a escribir y trabajar en torno a paradigmas sociales de democracia real, justicia social y decrecentistas, un camino que contrasta con sus años en el corazón del capitalismo corporativo, puesto que trabajó más de veinte años en multinacionales como Ford, IBM y Univisión, además de en su propia empresa de mercadotecnia directa.
Conceptos de partida
Laura G. Vales: Han pasado 5 años desde que escribiste la primera versión de Geocracia, una propuesta que cuenta a día de hoy con una estructura mucho más forjada. ¿Cómo resumirías este paradigma para una ciudadanía que ya percibe que el sistema actual está en crisis, pero no sabe hacia dónde mirar?
Álvaro de Regil: Geocracia propone establecer un contrato social con nuestro planeta, reorganizando a las sociedades en comunidades ecosocialistas y realmente democráticas que construyan nuevas formas de vida centradas en cuidar que las necesidades del planeta, en función de los nueve límites planetarios, estén siendo satisfechas y no al revés, como lo es ahora con el capitalismo, donde la tradición dualista cartesiana hace que veamos al planeta como un regalo para nuestro disfrute y explotación. Debemos organizarnos para que el planeta nos gobierne (γεω-κράτος) y no insistir en el infructuoso reverso. Se trata de transitar de los actuales estilos de vida hedónicos, dirigidos a la satisfacción de un montón de necesidades creadas para maximizar la acumulación, a estilos de vida eudemónicos para la satisfacción de nuestras necesidades reales. Se trata, en síntesis, de cambiar drásticamente nuestros valores y sistemas de vida y de consumo, eliminando las necesidades innecesarias creadas artificialmente y los frívolos apetitos hedonistas por nuevos modos de vida dignos y sostenibles; lo que es el bienestar eudemónico de florecimiento humano y gregario en vez del hedonista de individualismo consumista.
LGV: En tu propuesta aludes varias veces al «planeta», a la necesidad de «salvar el planeta», de su bienestar y de su salud; incluso del «gobierno del planeta sobre toda la vida». Sin embargo, este tipo de lenguaje resulta dicotómico cuando tratamos a la Tierra como un ente inerte («Geo-«) y no como la biosfera o Gaia, un sistema vivo del que formamos parte. En estos términos, ¿nos podrías aclarar si tu geocracia se fundamenta en una visión de la Tierra como ente inerte que gobierna la vida, o como vida que se autogobierna a sí misma?
ÁdR: Es claramente la segunda. Nosotros somos una especie más dentro de la biosfera o Gaia, que se gobierna a sí misma a pesar de que, paradójicamente, somos la única especie que no sabe vivir en armonía con nuestro planeta dador de vida, porque, siendo la especie con mayor poder de raciocinio, reflexión y conciencia, no aprendemos a cuidar la fuente de nuestra vida. Parece que el ego, el superyó en nuestra propia naturaleza, se interpone.
LGV: Desde el punto de vista jurídico, en tu ensayo señalas cómo ciertas leyes y sentencias, como el caso de Citizens United contra la Comisión Electoral Federal en EE. UU. influyen en el gobierno de la sociedad de manera poco democrática. Sin embargo, en Suiza, el colectivo Ancianas por el Clima (KlimaSeniorinnen), logró que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos obligara al Estado helvético a adoptar medidas efectivas contra el cambio climático. ¿No crees que vías legales como esta podrían utilizarse para dotar a la naturaleza —a Gaia— de personalidad jurídica, como en varias constituciones de América del Sur? ¿De qué otras maneras podría tu geocracia aprovechar estos instrumentos jurídicos nacionales e internacionales para proteger la vida y los ecosistemas y avanzar hacia sus objetivos?
ÁdR: Desde luego que se puede aprovechar. En España se tiene el caso del Mar Menor. Pero la situación general global es que el capitalismo manda, por lo que no vivimos en un ethos realmente democrático, sino que padecemos la mercadocracia o dictadura del mercado. Debido a una enorme corrupción generalizada e incluso legalizada, como en el caso de la jurisprudencia sentada por el Tribunal Supremo en EE. UU., el capital dicta la agenda en todos los ámbitos de la cosa pública. Por ello, necesitamos organizarnos para forzar un nuevo contrato ecosocial centrado en el bienestar planetario. Es la única forma de enfrentar a fondo la causa de raíz reemplazando el capitalismo.
LGV: De igual modo, sobre ese «contrato ecosocial con Gaia» que planteas, ¿nos podrías esclarecer esta idea haciendo una analogía con el contrato social entre humanos? ¿Cómo se concretaría este pacto con Gaia en derechos, deberes y responsabilidades, y qué implicaciones tendría para la organización política y social que propone la geocracia?
El Anexo A de mi ensayo presenta los «Componentes medulares del ethos democrático de Geocracia». Este aspira a proteger toda la gama de derechos humanos de manera vinculante (civiles, políticos, económicos, sociales, ecológicos, culturales, de género…) además de los derechos de los demás animales. En contraparte, nuestra responsabilidad es vivir de forma que cuidemos el planeta, lo cual se refleja directamente en nuestra huella ecológica, resultado de nuestros estilos de vida y su consumo. Ahora, estoy muy consciente de que lograr un nuevo contrato social con quienes detentan el poder es el mayor obstáculo, porque las clases políticas son en realidad agentes del mercado y están rotundamente en contra del cambio de paradigma, por más que la ciencia alerte de las catástrofes que ya se manifiestan. Por ello, apunto a dos estrategias. Una es forzar el cambio utilizando la lógica del mercado mediante acciones permanentes de no cooperación, porque esto tiene un pacto brutal inmediato en el ritmo de acumulación capitalista y es lo único que les interesa. Esto es actuar conforme a la lógica del mercado. La otra es una especie de plan B, pero que puede implementarse desde el principio, donde, dependiendo de los avances en el nivel de concienciación, las comunidades pueden empezar a transitar hacia la construcción de su propio estilo de vida eudemónico en su propia biosfera o ecosistema.
Economía, consumo y redistribución
LGV: Al transitar desde esa «mercadocracia» a una geocracia, desarrollo, progreso y sostenibilidad dejan de ser conceptos separados y pasan a formar un triángulo interdependiente. Desde esta perspectiva, ¿cómo deberían transformarse las políticas públicas y los modelos de organización territorial para garantizar que toda forma de progreso se mida por su capacidad de sostener la vida?
ÁdR: Por principio de cuentas, el PIB pierde todo sentido, con las políticas públicas para el progreso y el desarrollo, creando nuevos indicadores de bienestar ecosocial, siendo uno de los principales la huella ecológica de cada comunidad, al tiempo que se deben tener métricas para el grado de satisfacción de nuestras necesidades reales, en alimento, vivienda, salud, educación, ocio, etcétera. El objetivo es crear un equilibrio que asegure lo más posible la satisfacción sostenible del metabolismo social entre nuestra especie y toda Gaia. Aclaro que no puede haber un modelo homogéneo. Cada comunidad debe determinar su particular forma de practicar el paradigma geocrático en función de sus contextos culturales y de recursos naturales porque cada una habita en ecosistemas con abundancia y también carencias de recursos necesarios. El objetivo es ser comunidades lo más autónomas y autosostenibles posibles, pero indudablemente tiene que haber comercio con otras comunidades. Insisto en que es imprescindible un cambio cultural a sistemas de vida eudemónicos que tienen que ser frugales, mas plenamente gratificantes porque están satisfaciendo nuestras necesidades reales.
LGV: Si la verdadera sostenibilidad exige recortar drásticamente la huella de quienes consumen como si tuviéramos varios planetas, ¿cómo puede la geocracia impulsar esta redistribución radical sin que las élites económicas bloqueen cualquier cambio que ponga fin al privilegio de vivir a costa del resto del mundo?
ÁdR: Bueno, ya expliqué anteriormente las estrategias a seguir: se pone máxima presión a través de estrategias de no cooperación de manera permanente, que al mismo tiempo, al dejar de consumir una plétora de productos y servicios innecesarios, nos incorporamos a nuestros nuevos estilos de vida eudemónicos, transitando así gradualmente al nuevo paradigma geocrático. Es evidente que esto tomará décadas, siendo el primer paso la labor diaria para provocar la toma de conciencia.
LGV: En tu ensayo se aborda la compatibilización entre la mejora de las condiciones de vida de los más desposeídos y la reducción de la huella ecológica global. ¿Podrías desarrollar un poco más cómo se articula esta relación en la práctica y qué mecanismos permitirían simultáneamente justicia social y sostenibilidad ecológica?
ÁdR: Es claro que donde hay un sobregiro en la huella ecológica es en el llamado Norte global. Estados Unidos, por ejemplo, consume cinco veces lo que debería consumir. Yo incluiría también a las clases medias del Sur global. No hay una varita mágica. Muchos analistas creen que debemos reducir nuestra huella ecológica en un tercio para 2050 a más tardar. Para lograr un decrecimiento con equidad, he ilustrado con una gráfica que aparece en mi ensayo la proyección que hizo en 2008 la Global Footprint Network, donde, si seguimos una trayectoria de decrecimiento hasta llegar a una economía estacionaria, los ricos tendrían que reducir su consumo de hectáreas per cápita hasta en tres quintas partes, mientras que los pobres —del Sur y del Norte del planeta— tendrían que triplicarlo. Así podríamos disfrutar de la vida con un consumo de energía per cápita sostenible, al menos un tercio menor globalmente, y hacerlo con equidad. Desde luego, ya estamos tarde y, mientras no nos embarquemos en una trayectoria de decrecimiento, más difícil será lograr el objetivo.
LGV: En el ensayo, citas un estudio de Jason Hickel que sostiene que un nivel de vida digno para 8.500 millones de personas requeriría solo el 30 % de los recursos actuales. Sin embargo, ese cálculo asume que ese 30 % extra estará disponible y no parece considerar cuestiones críticas como la alimentación, dependiente de combustibles fósiles, lo que pone en duda la capacidad de sostener siquiera al 50 % de la población sin el concurso de los fertilizantes de síntesis, tal como señala Manuel Casal en Nosotros, los detritívoros. En este sentido, ¿qué valor concedes a este estudio dentro de tu propuesta geocrática? ¿Crees que tiene algún punto ciego como este de la alimentación posfósil?
ÁdR: Hay dos aspectos a considerar. Actualmente, es cierto que dependemos en buena medida de fertilizantes fósiles y esto no podrá cambiar sustancialmente mientras no nos embarquemos en una trayectoria de decrecimiento que incorpore de manera muy importante el desarrollo gradual de pequeñas comunidades autosuficientes, pequeñas pero muchas de ellas, aun bajo la égida capitalista. El otro aspecto a considerar es el tamaño de la población en la trayectoria de decrecimiento. Creo firmemente que es necesario también reducir sustancialmente el tamaño de la población. El último informe del IPCC establece repetidamente que los dos impulsores del dióxido de carbono son el crecimiento económico y el demográfico. Si logramos reducir no solo el crecimiento, sino el tamaño de la población en el siguiente medio siglo, nuestra dependencia de los fertilizantes fósiles se reduciría drásticamente. ¿Cuánta menos población? No se puede determinar en un cálculo científico certero actualmente. Pero por encima de ello, como Geocracia es una propuesta realmente democrática, solo se puede concienciar a la gente de que podría vivir mejor si tiene menos hijos o ninguno, pero siempre tendrá el derecho inalienable a decidir.
Élites, poder y estrategias
LGV: En tu ensayo afirmas «si la gente acomodada se niega a llevar un estilo de vida frugal, no tendremos futuro». Pero, precisamente, esa gente sí cree que lo tendrá y que seguirá siendo cómodo, al menos para ellos. ¿Quién «no tiene futuro» en realidad: nosotros o ellos? Además, la actual estrategia imperialista y neoparafascista, que supone una gran amenaza para cualquier cambio que siga tu modelo, apenas aparece mencionada en tu propuesta. ¿Por qué decidiste no abordarla ni proponer estrategias para enfrentarla? Y ¿qué opinas de corrientes ecomaoístas o rojipardas, que también están circulando como referencia política y cultural?
ÁdR: Creo que para nosotros está más que claro que el capitalismo no tiene futuro, pues es gaianamente insostenible. Ahora, no abordo el actual imperialismo neofascista porque considero que sería infructuoso y costoso en vidas humanas enfrentar directamente al hegemón imperialista anglosajón y a sus títeres en otros países. Por ello, la propuesta central de Geocracia es presionar vía la lógica del mercado con una estrategia permanente de no cooperación y otras tácticas temporales como pueden ser los boicots de consumo y paros temporales: no trabajo, no estudio, no compro y no salgo a protestar para evitar la represión. Lo único que le pega realmente a la bestia capitalista es la caída del consumo, porque reduce el proceso de reproducción y acumulación y el beneficio de los accionistas. Al mismo tiempo, aun si no logramos obligar a un gobierno a que abandone el capitalismo, podemos desligarnos del mismo sustancialmente si actuamos paralelamente para construir nuestras nuevas comunidades, urbanas y rurales ecosocialistas. En cuanto a las corrientes ecomaoístas y rojipardas, no las conozco lo suficiente para opinar.
LGV: Desde tu postura, el actual marco institucional global está capturado por intereses corporativos y el demos (el pueblo, en su etimología griega) es rehén del capital. ¿Qué transformaciones institucionales propone la geocracia para recuperar la soberanía democrática?
ÁdR: Lo que ya he propuesto: una estrategia de presión permanente centrada en la no cooperación, principalmente en la reducción del consumo, para exigir un nuevo contrato que solo puede ser ecosocial y, por tanto, no capitalista. Es fácil decirlo; pero hacerlo —dejar de consumir—, no es tan fácil mas perfectamente posible porque es cuestión de convencimiento y fuerza de voluntad para cambiar nuestros hábitos. Insisto en que el consumo es la clave para pacíficamente derrotar al sistema. Si reducimos el consumo por estrategia y también por el necesario decrecimiento, daremos un durísimo golpe a la acumulación capitalista.
LGV: En tu propuesta afirmas que «los políticos son meros agentes del mercado», lo que parece excluir cualquier posibilidad de alianzas estratégicas con la clase política. En este contexto, lo que se viene denominando estrategias duales, que combinan acción desde abajo (bottom-up) con intervención desde estructuras más amplias o estatales (top-down) para impulsar transformaciones profundas, ¿qué papel podrían jugar dentro de tu modelo geocrático?
ÁdR: No lo veo de manera medular, porque el objetivo es cambiar el sistema económico. Aclaro: sería tonto no establecer puentes e incluso relaciones estrechas con todo miembro de la clase política con quien compartamos fuertes afinidades, porque desde luego las hay. Pero no creo que se puedan desmontar las estructuras capitalistas por las vías institucionales. Supongamos de manera muy idealista que logramos que un gobierno acepte un plebiscito, una propuesta que emane de la ciudadanía organizada para un nuevo contrato social donde se reemplaza el capitalismo por un sistema ecosocialista y donde el gobierno acepta que los ciudadanos vayan a votarlo para un sí o un no. Estoy seguro de que si se logra un sí, si ese gobierno no acude a la represión y la violencia sin ambages, el imperio y sus lacayos harán uso de ella, especialmente con tantos gobiernos proto- o abiertamente fascistas. Por ello, creo mucho más realista, aunque más lenta, la estrategia de no cooperación pacífica, que además desarma la posibilidad de represión.
Sobre movilización y acción directa
LGV: Precisamente resultan muy interesantes las fórmulas planteadas para forzar a los gobiernos a negociar un contrato ecosocial —paros o huelgas nacionales de no cooperación— pero, ¿cómo asegura la geocracia una suficiente cohesión social para llevar a cabo estas fórmulas revolucionarias frente a quienes defienden la cultura consumista dominante?
ÁdR: La etapa de forzar un contrato social está aún distante, por la sencilla razón de que el primer paso es provocar la toma de conciencia para lograr la incorporación a un movimiento ecorrevolucionario que tenga la debida masa crítica. En el ensayo planteo que todo comienza con la formación de lo que denomino «Células Ciudadanas» (CCs). En su Anexo E, ofrezco una descripción esquemática detallada del trabajo conducente al éxito de la formación y cohesión de las CCs en el contexto de la construcción de unos bienes comunes ecosociales sostenibles. Lo bueno, es que no es solo difundir y promover, sino que desde un principio se reclutan y forman las células para enseguida empezar a practicar la nueva cultura geocrática que, como mínimo, se practica con el cambio de nuestros hábitos de consumo. Sin ello, no hay nada que hacer.
LGV: En relación a la propuesta de huelgas nacionales de no-cooperación, ¿consideras que algunos elementos de esta no-cooperación —por ejemplo, dejar de consumir productos y servicios de las grandes corporaciones— deberían mantenerse de manera indefinida como práctica política permanente?
ÁdR: Desde luego. Es muy factible e imprescindible para actuar en congruencia. Depende solo del nivel de compromiso. Si se logra, se tiene la fuerza de voluntad para dejar de consumir y deshacernos de muchos hábitos creados e innecesarios del sistema. Es pasar del hedonismo al eudemonismo.
LGV: Por otra parte, ¿cómo evalúas la viabilidad real de una movilización de este calibre cuando observamos que la gente ni siquiera toma medidas de coherencia ética en su vida digital, que en teoría debería ser un campo más sencillo sobre el que incidir que por ejemplo la huelga laboral? Me refiero a que, por poner un ejemplo actual, pese a saber que empresas como Google cooperan con el genocidio en Gaza, gracias al informe de Francesca Albanese para la ONU, la mayoría de la población no abandona servicios como Gmail… ¿No resulta bastante desalentador?
ÁdR: Tienes mucha razón y puedo afirmar que a todos nos falta lograr una total congruencia. Pienso que conforme avancemos en la labor de difusión y promoción —o evangelización, si prefieres— de la nueva cultura geocrática, será mucho más fácil lograr mucha congruencia. Por ejemplo: digamos que logras formar tu propia célula, y que tiene solo cinco miembros. Bueno, pues desde ese momento ya todos tienen una responsabilidad libremente adquirida, pero también un sentido de identidad, y como la célula está activa y se crea metas y proyectos, todo eso ayuda a lograr mayor entusiasmo y coherencia, porque además de adoptar nuevos hábitos de consumo, también se busca que cada miembro de una célula forme su propia célula, en un esfuerzo de polinización para crear masa crítica en tu propio entorno y esfera de influencia.
LGV: En Geocracia planteas la superación del Estado y su sustitución por asambleas de democracia directa. Teniendo en cuenta el marco legal y político actual, que dificulta profundamente este tipo de transformaciones, ¿crees que este contexto puede convertirse en un obstáculo importante para la viabilidad del nuevo paradigma? ¿Cómo imaginas una transición posible sin caer en dinámicas de confrontación o criminalización? …porque tal como están restringiéndose libertades y modificándose legislaciones en muchos países, cabría pensar en que fuese calificada de ilegal, subversiva o incluso equiparada a un golpe de Estado o a un acto terrorista.
ÁdR: Sin duda habrá esos desplantes políticos. En unos países será más factible lograr asambleas e incluso cooperativas autónomas y en otros tomará más tiempo. Pero creo que el catalizador es la formación de comunidades a partir de las CCs, que es el primer paso. Al formar una pequeña comunidad que no viole leyes, pero adopte gradualmente una nueva forma de convivir, será más difícil la represión. A menos que se trate de un gobierno fascista donde te obliguen a, por ejemplo, consumir lo que no quieres, la no cooperación en el consumo es el arma más eficaz para ir gradualmente desmontando el sistema.
LGV: ¿Sería viable una estrategia legalista de inoculación de la democracia directa en las instituciones representativas, como defendían en España Democracia Directa Digital o Democracia Directa Informatizada en Uruguay hace casi una década, haciendo uso de las tecnologías digitales?
ÁdR: Creo que no se pierde nada con intentarlo. Creo que posiblemente se podrán ejercer acciones de democracia directa puntual. Por ejemplo, lograr el referéndum de alguna nueva iniciativa legislativa concreta. De hecho, en la democracia directa, con parlamentos, las figuras de referéndums —cuando la propuesta es parlamentaria— y plebiscitos —cuando la propuesta viene de la ciudadanía organizada— son esenciales y deben realizarse. Pero dudo mucho que se permita una elección directa del tipo de sistema económico o de un nuevo contrato social sin capitalismo.
Células geocráticas y medidas económicas
LGV: Tu propuesta de Células Ciudadanas busca romper la enajenación y fomentar la cohesión desde lo local a lo global. ¿Cómo aseguraría el paradigma geocrático que estas pequeñas unidades no se queden atrapadas en iniciativas aisladas?
ÁdR: El concepto, como expuse antes, es formar tu CC con el compromiso de que todos sus miembros se esfuercen por formar otra propia. Eso genera un efecto de polinización, pues cada célula ya tiene lazos establecidos con su célula original. Por ejemplo, acepto integrarme a una CC y al mismo tiempo formo la mía. Desde ese momento ya interactuó en dos CCs. Luego, conforme se va formando la suficiente masa crítica en una comunidad, un barrio, un sector de una ciudad y luego un municipio, llegará el momento de convocar a asambleas ciudadanas, para compartir experiencias, enriquecer las propias y establecer lazos permanentes de intercambio de todo, desde conocimiento hasta de recursos. Así se debe ir formando una bola de nieve hasta tener una masa crítica para objetivos concretos a nivel local, municipal y de comunidades, en el caso de España. Reitero que este proceso de aculturación y organización tomará décadas, mas es urgente.
LGV: Y ¿consideras que dichas Células se podrían entender como el germen de un Movimiento Gaiano capaz incluso de hacerse con el poder, en la línea de lo que plantea el chileno Fernando Raga en sus novelas, especialmente en Revolución en Gaia?
ÁdR: No conozco esa novela, pero está claro que es una posibilidad. Estamos hablando de un movimiento ecorrevolucionario global, por lo que no se puede pensar en una homogeneidad en el nivel de organización y alcance, puesto que cada contexto histórico, político, cultural y ecosistémico de cada sociedad es diferente. Lo que debe unir y ser homogéneo en este movimiento es el objetivo de reemplazar el capitalismo por un sistema ecosocial geocrático, donde Gaia manda y nosotros nos organizamos para obedecerla y cuidarla.
LGV: De hecho, volviendo a la estrategia basada en la no-cooperación, en el ensayo señalas que «muchas personas no podrían permitirse ir a la huelga dadas sus indigentes condiciones económicas». ¿No sería entonces necesario avanzar hacia un sistema paralelo al mercado y al Estado que garantice mínimos materiales mediante tierras y recursos aportados solidariamente? Precisamente esta aproximación encajaría con la propuesta ecoanarquista de las Cooperativas de Desarrollo Comunitario (CDCs) planteadas por Ted Trainer para ir creando un amplio colchón social para cuando colapsen el mercado capitalista y el Estado. ¿Estás de acuerdo en que existe esa convergencia de planteamientos?
ÁdR: Claro que sí. Tal vez no lo plantee tan claramente en el ensayo, pero volviendo al anexo E, propongo cuatro áreas de actividad de las células: 1) Talleres de Concienciación Ciudadana; 2) Programa de Recaudación de Fondos y/o Recursos; 3) Desarrollo de redes de economía comunitaria (CSER) y 4) Desarrollo de Campañas de Boicot de Consumo y Boicots Económicos Nacionales (CSER). Es un concepto básico que está para afinarse, enriquecerse y adaptarse a cada comunidad permanentemente.
LGV: En el nuevo paradigma se introduce un sistema monetario propio (Anexo D), basado en unos Certificados de Estimación Social (CES) que reemplazan la lógica de acumulación del dinero por la contribución a la comunidad. Explícanos en qué consiste este sistema y si se podría evitar que algunos miembros se beneficiasen de este sistema mientras otros cargan con la mayor parte del trabajo comunitario.
Andrea SurboneÁdR: El concepto está desarrollado por Andrea Surbone, un miembro de Jus Semper, quien, por cierto, está por realizar un experimento de su propio paradigma, Filoponía, en Cuba. Consiste en la forma de retribuir por la contribución que realiza cada persona al bienestar comunitario, principalmente por su trabajo, mas no exclusivamente. No es dinero, no es un billete que puedas ir a cambiarlo por un producto y un servicio y luego quien te lo vende utilizarlo para sus propios fines o que puedas ahorrar y depositarlo en un banco. Está hecho para que consumas lo necesario para satisfacer todas tus necesidades reales dentro de la huella ecológica que pueda ser sostenible en cada comunidad. Es lo que se conoce como un vale, que se canjea por un producto y un servicio y luego pierde su valor. Es decir, es digital y es efímero. Esto previene que se especule con él y que surjan ideas que corrompan el intercambio de bienes y servicios por tu trabajo.
Los CES deben emitirse cuando la comunidad ya ha logrado transitar plenamente a su nuevo paradigma ecosocial. No es la única forma de asegurarte una vida digna, porque al llegar a ese estadio de desarrollo comunitario, es porque se ha logrado un estado de bienestar. Así, todos los miembros de la comunidad tienen derecho a vacaciones, licencia por enfermedad, embarazo, año sabático y cualquier otro derecho aprobado por la comunidad. Como se describe en la sección de «Derechos humanos y bienestar», todos los miembros de la comunidad gozan del derecho a la atención médica universal, educación, renta básica, vivienda y una pensión digna de jubilación. El Anexo D describe una lista no exhaustiva de 20 componentes medulares de una ecología planetaria sostenible para elaborar el imaginario del nuevo paradigma. Reitero que está para mejorarse y enriquecerse.
Superpoblación y colapso civilizacional
LGV: Entrando en materia de derechos, el paradigma geocrático induce a una reducción voluntaria del tamaño de la población para avanzar hacia un modelo sostenible. ¿Cómo se puede abordar este debate, profundamente ético y sensible, evitando que la cuestión demográfica derive en políticas coercitivas?
ÁdR: Como ya he abordado esta cuestión anteriormente, solo reiteraré que por encima de todo está el derecho inalienable de cada persona a decidir si tiene hijos. No podemos forzar nada. Lo que sí tenemos que hacer en el proceso de concienciación es destacar la enorme importancia que tiene el tamaño de la población para el decrecimiento. Así es que lo responsable es enfatizar que todos consideremos que para lograr la sostenibilidad es esencial reducir el tamaño de la población teniendo menos hijos o ninguno, siendo esto una decisión personal. El Anexo B, cubre este tema directamente.
LGV: Sin duda, lo difícil es plasmar una idea teórico-utópica a un escenario real. En el plano político, ¿qué ventanas de oportunidad ves para que la geocracia empiece a materializarse? ¿El colapso en ciernes podría ser la gran oportunidad, como algunos defienden para otros marcos?
ÁdR: En los círculos políticos no veo ventajas, pues presenciamos una corrida a estadios reminiscentes de la primera mitad del siglo XX. Pero esto mismo va dando señales claras de que esa corrida esconde una lucha por el control de los recursos naturales. Al mismo tiempo, crecen los eventos catastróficos climáticos cada vez más visibles. Esto está provocando que crezca la toma de conciencia. Hay cada vez más personas, sobre todo los jóvenes y en todos los continentes, cada vez más consternados por el futuro que les espera. Así es que creo que hay un campo cada vez más fértil para la organización estratégica ecorrevolucionaria.
LGV: No obstante, en tu análisis el concepto de colapso de la civilización parece estar ausente, al menos de forma explícita. ¿Lo has omitido por algún motivo? ¿No coincides en que reconocer la posibilidad —o inevitabilidad— del colapso es un factor clave para diseñar estrategias realistas y calcular el mejor timing de acción? Si se asume que el sistema puede colapsar, parecería esencial que cualquier propuesta de cambio esté preparada para ello, tal como ya lo están la extrema derecha y diversas milicias armadas en varios países, tal como se va filtrando poco a poco en los medios.
ÁdR: Si bien no utilizo el término «colapso civilizatorio», sí establezco claramente que enfrentamos un «grave riesgo existencial» producto directo del sistema capitalista, y que a menos que sustituyamos a las estructuras absolutamente insostenibles del capital, con la mayor urgencia, nos enfrentaremos a nuestra desaparición en las próximas décadas. Creo haber sido claro en que es urgente actuar. Coincido también con que enfrentamos un colapso civilizatorio.
Diálogo y alianzas con otras corrientes
LGV: En Geocracia señalas que tu propuesta se nutre de tradiciones ecocéntricas y ecosocialistas. ¿Cómo dialoga este paradigma con las principales corrientes del poscrecimiento y de la transición civilizacional —como el Buen Vivir, la Vía de la Simplicidad de Trainer, Extinction Rebellion, Transition Towns, las ecoaldeas o la permacultura— y qué alianzas consideras más estratégicas para acercarlas a la geocracia?
ÁdR: Bueno, no conozco todas. Mi pensamiento ecosocialista se desarrolló a partir de estudiar los trabajos del sociólogo John Bellamy Foster y autores afines. Pero su trabajo se queda en la dialéctica y poco en su implementación. De hecho, le entrevisté para ese fin, pero no profundizó suficiente en el tema. Conozco a grandes rasgos el Buen Vivir sudamericano, las comunas bolivarianas, la simplicidad de Trainer —que en Geocracia lo propongo como llevar una vida frugal, eudemónica y placentera— o lo que proponen en Extinction Rebellion, porque uno de sus miembros publica en Jus Semper. Pienso que estas y otras aportan buenas ideas y algunas tienen claras afinidades con la geocracia. Sin duda, en la geocracia, estas visiones y otras afines deben confluir hacia un imaginario paradigmático para salvarnos salvando a Gaia. Lo que debe ser una condición indispensable en esa confluencia son tres objetivos fundamentales: 1) provocar la toma de conciencia para organizar un movimiento ecorrevolucionario, 2) reemplazar el capitalismo por el ecosocialismo democrático y 3) decrecer hasta arribar a una economía estacionaria sostenible.
LGV: Desde este escenario, en tu propuesta afirmas que «el decrecimiento solo puede ser concebido como parte del proceso socialista, luego ecosocialista, para transitar al nuevo paradigma geocrático». ¿Queda entonces fuera de tu marco la posibilidad de una alianza con los movimientos ecoanarquistas?
El texto del cartel superior dice: ‘Este es un Senado de los monopolistas, regido por los monopolistas y para los monopolistas’. Fuente: johnbellamyfoster.orgÁdR: No necesariamente, pero desconozco cómo proponen una gobernanza al interior del movimiento y posteriormente si se logra transitar al nuevo paradigma. Si lo que proponen es no tener ningún tipo de gobierno, lo veo difícil. No conozco los pormenores de una propuesta ecoanarquista, pero el nombre dice mucho y lo entiendo como sin gobierno. Además, hay muchos anarquismos. Hay anarcosocialismo, anarcoverdismo, anarcoveganismo y otros más. En contraparte, si se refieren al desmembramiento de los estados-nación, yo no lo veo mal para nada; de hecho, pienso que hay mucha mayor posibilidad de un ethos ecosocial sin estados-nación. Pero tiene que haber una gobernanza realmente democrática en cada comunidad y tiene que ser ecosocial en el sentido de que su propósito tiene que ser ir en pos del bienestar de cada miembro de su sociedad y de su ecosistema. Pienso que son más probables las afinidades que las disparidades, mas puedo equivocarme. No creo en los dogmas.
LGV: También argumentas que «el consumismo es un acto de devoción a la religión del régimen mercadocrático». Pero entonces, si la lucha se desarrolla en ese plano simbólico, ¿no debería la geocracia incluir un componente religioso o al menos espiritual, como propone el Gaianismo? ¿No compartes la idea de que «solo un mito desplaza a otro mito», y que, por tanto, cualquier propuesta de transformación social debería construir también un relato mítico capaz de movilizar a las personas?
ÁdR: Puede ser. La religión de la geocracia sería amar y cuidar a la madre que nos da la vida. Pero me preocupan las tendencias dogmáticas muy prevalentes en las religiones. El consumismo es un arma de destrucción masiva porque descerebra a las personas, las despoja de su identidad, de su dignidad y de su pensamiento crítico. Ese acto de devoción es lo que las zombiniza para convertirlas en meras unidades de consumo desechables si pierden su poder de consumo y es el principal obstáculo para concienciarnos y organizarnos.
LGV: En términos de diálogo, al inicio del ensayo señalas la simbiosis entre el paradigma geocrático con la «hipótesis de Gaia». Esta visión parece entroncar con la Teoría de Gaia Orgánica de Carlos de Castro y por su propia apuesta gaiarquista. ¿Cuál es el grado de similitud entre tu propuesta y esta última, consideras que se aproximan o se diferencian? ¿Hay retroalimentación mutua con el pensamiento y propuestas del científico del GEEDS?
ÁdR: Pienso que hay mucha coincidencia desde mi perspectiva no científica. Y es coincidencia porque yo concebí la geocracia cinco años antes de conocer la Teoría de Gaia de Carlos de Castro. La principal coincidencia es que la geocracia convoca a organizarnos alrededor de las necesidades metabólicas —que son autótrofas— de nuestra biosfera, de Gaia, cuidando de ella de tal manera que aprendamos por primera vez a vivir, humildemente, en armonía con nuestro planeta, como lo hacen todas las demás especies, dejando que Gaia nos gobierne. Así es como entiendo la Teoría de Gaia de Carlos de Castro.
Valores, mass media y cambio cultural
LGV: En tu propuesta hay un constante apelativo a «darse cuenta», «concienciar» o «reeducar», es decir, a usar la razón como palanca para la transformación social. Sin embargo, décadas de ecologismo han mostrado que esta vía no basta. ¿Por qué crees que en el caso de la geocracia debería funcionar? ¿No serían necesarias también otras vías de acción que no dependan de la racionalidad humana, considerando que la ciencia demuestra que actuamos principalmente por emociones y hábitos?
ÁdR: Es muy buena pregunta. Desde luego que no basta, pero es absolutamente indispensable porque estarás de acuerdo en que si la gente no está debidamente informada, jamás tomará conciencia, ni se sumará al movimiento. Es esencial que las personas no solo tomen conciencia, sino que tomen propiedad de ello y lo hagan con pasión pero sin fanatismos, que sientan que es su lucha por sus valores y por sus intereses personales. Asimismo, para implementar otras vías de acción, es necesario que la gente haya tomado conciencia de lo que se nos viene y lo que ya nos está cayendo. De otra forma, no veo cómo podríamos convocar y ejecutar acciones de presión, como son las campañas de no cooperación. De igual forma, no hay una sola manera de provocar la toma de conciencia, sino tantas como genere la creatividad de quienes se embarquen en ello, desde charlas informales, coloquios, publicaciones, documentales, películas, festivales, hasta marchas con objetivos muy puntuales, por nombrar unas cuantas.
LGV: Un aspecto central en tu propuesta es el cambio cultural, pero no detallas cómo intervenir en este ámbito. En vistas de ese necesario cambio y de su centralidad, ¿cómo plantea el paradigma geocrático incidir en el sistema educativo, en la creación artística o en los medios de comunicación? Además, ¿qué papel se le asigna a internet y a los smartphones, considerando que hoy se erigen como medio fundamental de canalización de la cultura y de los hábitos sociales?
ÁdR: En el Anexo D, desarrollo lo que denomino «Componentes Medulares de una Ecosociología Planetaria Sostenible», que no es exhaustiva, pues hay más elementos importantes a desarrollar. Esos componentes reflejan un cambio cultural en aspectos concretos, en economía, consumo, comunidad, trabajo, mercados, derechos, cultura frugal, transporte, etcétera. En cuanto a su implementación, veo dos etapas para el cambio cultural. La primera es ahora y es el proceso de difusión y promoción a nivel base dentro de nuestras esferas de influencia, individuales y de grupo. El cambio cultural es amplio y se centra en un cambio de valores donde se prioriza el bien común en lugar del bien individual. Esto implica una serie de cambios de comportamiento y hábitos. En la práctica, el principal cambio debe realizarse en nuestros hábitos de consumo y en la revalorización de lo que es consumir y las consecuencias que tiene positiva o negativamente nuestro consumo, de tal forma que adquiramos una cultura de consumo social y ecológicamente responsable a partir de una nueva conciencia y cultura social. Es prioritario el cambio cultural en el consumo porque es el que tiene el mayor impacto, por mucho, en revertir el daño ecológico y en lograr decrecer para materializar dicho objetivo, además de incidir en el sistema de acumulación. La segunda etapa es el cambio cultural en los sistemas educativos y en las artes. Desde un principio se puede incidir en cómo se educa. Por ejemplo, un maestro con la debida conciencia puede esforzarse por educar inculcando una cultura social y ecológicamente responsable a sus alumnos, pero difícilmente podrá cambiar los sistemas de educación hasta que logremos un nuevo contrato social. Solo entonces podremos cambiar los currículos educativos para reemplazar el contexto capitalista por el ecosocial e influir de lleno en todos los aspectos de la vida de una comunidad, incluyendo las artes y cómo se utilizan los medios masivos de comunicación, que ya no serán corporativos y privados, sino ecosociales y públicos. En cuanto a internet y los teléfonos inteligentes, esos son una herramienta esencial para todo lo que ya estamos haciendo y hagamos en el futuro; creo que es cristalino.
LGV: En Geocracia no podemos encontrar una reflexión profunda sobre los medios de comunicación, que son hoy uno de los principales dispositivos de poder y de construcción del consenso. ¿Por qué este vacío en una propuesta que aspira a ser un cambio de paradigma? ¿No es necesario democratizar los medios como paso imprescindible para tener una verdadera democracia?
ÁdR: Lo acabo de comentar. Es desde luego necesario desprivatizar los medios masivos de comunicación, pero esto no sucederá hasta que forcemos un nuevo contrato social en el contexto de los estados-nación. En otros contextos, como los de comunidades autónomas, tenemos que presuponer, que serán ecosociales y que tendrán sus propios medios de comunicación locales y siempre públicos.
LGV: Propones, además, redefinir el concepto de «progreso». Sin embargo, algunas voces sugieren que sería más coherente prescindir por completo de él. ¿Por qué crees que vale la pena mantenerlo y cómo crees que se podrían evitar los problemas que históricamente ha generado en términos ecológicos y sociales?
ÁdR: Pienso que todo aquel que esté por reemplazar el capitalismo por el ecosocialismo, verá como progreso el acercarnos a nuestras metas, por ejemplo, acercarnos a reducir nuestra huella ambiental aunque todavía no hayamos llegado a nuestra meta. No veo cómo no verlo así. Pero si a alguno no le gusta el término, tendrá que buscar otro que la mayoría entienda como un avance, ir adelante, hacia un objetivo, porque «progreso» sucede en un contexto de avance en el tiempo. En el Anexo C de Geocracia, desarrollo, el concepto geocrático de «Desarrollo, Progreso y Sostenibilidad», para mayor referencia.
Democracia vs. Geocracia, Estado-nación y conflictos
LGV: Volviendo a la cuestión del modelo de democracia, en tu ensayo señalas con contundencia que «en contra de la creencia popular, no vivimos en democracia». ¿Qué crees que revela esta afirmación sobre los límites estructurales de los sistemas políticos actuales? ¿Hasta qué punto esta falta de democracia real es, en tu opinión, la raíz del colapso ecológico y social que denuncias?
ÁdR: Creo que he presentado con claridad que el capitalismo ha capturado los salones del poder gubernamental en todos los países. Esto se vuelve muy transparente con solo observar los cambios en la jurisprudencia en las metrópolis del sistema y cómo el dinero fluye por los salones con el fin de que el capitalismo controle las agendas públicas. El enorme problema es la falta de integridad moral de las clases políticas. Sin duda, hay políticos que iniciaron sus carreras con las mejores intenciones altruistas para luchar por el bien de sus comunidades. Pero el poder corruptor del dinero y del poder demostró que su integridad moral era frágil y cedieron a la codicia. Esto ha permitido que, en vez de vivir en democracia, padezcamos la mercadocracia y, como el capital es la causa subyacente directa de la crisis ecológica, las pseudodemocracias liberales son los agentes que no solo han permitido, sino coadyuvado a que el capital impere a costa del colapso ecosocial. Hay esfuerzos por cambiar esto a nivel teórico.
Por ejemplo, Andrea Surbone ha desarrollado muy buenas ideas al respecto, donde propone lo que llama los «Consejos populares por sorteo», para democratizar ciertas decisiones que hoy residen en centros cerrados de poder, con el fin de romper las cadenas del binomio dinero/poder. En el anexo A sobre democracia, incorporo este concepto en el inciso sobre Confirmación Electoral. El hecho es que hay mucho por hacer para construir un nuevo edificio de democracia directa donde el asiento del conductor de la cosa pública resida siempre en el demos y no en la clase política y de una forma que el dinero no pueda corromper los ideales.
LGV: ¿Sería la geocracia compatible con el Estado-nación actual, o contemplas su disolución como consecuencia de la implantación de la democracia directa? ¿Qué opinas del biorregionalismo y de modelos como el Confederalismo Democrático del Curdistán o el del EZLN en Chiapas? En la práctica, si una comunidad decide democráticamente una cosa y su vecina otra incompatible —por ejemplo, sobre el uso de un recurso común—, ¿cómo propone tu geocracia resolver estos conflictos entre comunidades soberanas?
ÁdR: En mi ensayo, contemplo la construcción de estructuras geocráticas tanto en los actuales estados-nación como fuera de ellos. Al margen de los estados-nación, contemplo un plan B cuando se ve imposible lograrlo dentro de estos, que de todos modos sucede de forma simultánea. En la actualidad, creo que en muchos casos es más factible el plan B. Por ejemplo, en la sociedad estadounidense veo imposible cambiar al estado imperial, no solo por el gobierno actual de ultraderecha, sino por la cultura tradicional muy enajenada de la realidad mundial, prejuiciosa y abiertamente ignorante, producto de un sistema diseñado para mantener a sus ciudadanos en la inopia. Por el contrario, veo a las sociedades del Sur Global mucho más proclives a hacer la transición y con mucha mayor cercanía y conocimiento de cómo se debe vivir en armonía con Gaia. Mi postura es que no debe ni puede haber una sola forma homogénea de implementar la geocracia.
La idea de organizarnos alrededor de las necesidades de nuestra biosfera está abierta a llevarlo a cabo de acuerdo con las condiciones políticas, culturales, económicas, de desarrollo y de recursos de cada comunidad, siempre y cuando practiquen una verdadera democracia y sean ecosocialistas porque la idea es estrictamente ir en pos del bienestar del demos y de Gaia. Tiene que ser ecosocialista porque el capitalismo es antitético a ella. De lo contrario, sería como querer curar la enfermedad con la causa de ella. Entonces, los modelos que mencionas y otros que ya tienen años de experiencia real, como las comunas bolivarianas de Venezuela, pueden perfectamente practicar la geocracia en función de sus circunstancias particulares. A propósito de estas comunas, se dan dentro del estado-nación venezolano, aunque ya estamos presenciando las agresiones imperiales cada vez más beligerantes. En cualquier caso, sería erróneo proponer tener un modelo monolítico y dogmático. Finalmente, si la comunidad vecina está en contra del paradigma geocrático y prefiere vivir en mercadocracia, pues ya veremos cómo convivir con ella, bajo el entendido de que no habrá otra opción más que mantenernos como vecinos distantes, pero en paz, intentando acordar una distribución equitativa de los recursos compartidos.
LGV: Y por terminar atando dos de los cabos fundamentales de nuestra conversación, ¿cómo se compatibilizan GEOcracia y DEMOcracia? Por ejemplo, ¿qué sucedería cuando lo que conviene al conjunto de la vida entrase en conflicto con lo que decidiese democráticamente una comunidad? O incluso, yendo a una escala mayor y dejando un apunte sobre el problemático tema del antropocentrismo vs. ecocentrismo… cuando lo que le conviniese a la especie humana no fuese lo mismo que le conviene a Gaia.
ÁdR: Difícilmente puedo imaginar que lo que le convenga a Gaia no le convenga a los humanos o viceversa, porque dependemos directamente de Gaia. Somos parte de ella. Es como decir que, aunque nuestro cuerpo depende de oxígeno, optamos por privarnos de él. No obstante, sin duda hay comunidades cuyas mayorías prefieren vivir en el capitalismo con sus miembros individuales regodeándose en el consumismo, donde en consulta tras consulta democrática, después de haber sido debidamente informados y alertados, seguirán eligiendo el individualismo porque, por desgracia, es parte de nuestra naturaleza y hay personas que nunca cambiarán. Empero, pienso que cuando la mayoría entienda que enfrentamos un alto riesgo existencial si seguimos como siempre, optará por cambiar, aunque no sea por motivos altruistas, sino por mero instinto de supervivencia, aunque sea totalmente individualista. Allí reinará la razón y el poder divino del instinto. Geocracia, o sea, Gaia, es vida, y democracia es permitir que nos gobierne la fuente de nuestra vida, aprender a vivir en armonía con ella, porque nuestra vida y la de las futuras generaciones penden de ello.


