Recomiendo:
0

Independencia juvenil contra juventud envejecida

Fuentes: La Haine

0. Por razones que no vienen a cuento, me está siendo imposible seguir con los debates iniciados y con otras tareas de discusión teórica y política. Sin embargo, una serie de acontecimientos me han puesto en contacto con gente joven de varias naciones y Estados diferentes, aunque la petición mayor viene de colectivos del Estado […]

0. Por razones que no vienen a cuento, me está siendo imposible seguir con los debates iniciados y con otras tareas de discusión teórica y política. Sin embargo, una serie de acontecimientos me han puesto en contacto con gente joven de varias naciones y Estados diferentes, aunque la petición mayor viene de colectivos del Estado español. Ocurre que se constatan esfuerzos de las derechas más reaccionarias para aumentar sus influencias entre la juventud; también ocurre que a los partidos de orden y de centro así como a los reformistas, les es igualmente urgente recomponer sus bases juveniles. Tampoco podemos olvidar toda la oleada de luchas juveniles en bastantes sitios ocultadas por la prensa. Por diversos motivos, se me ha pedido mi opinión con respecto al peligro de que, concretamente, la derecha española más reaccionaria intentase estrechar lazos con colectivos juveniles dentro y fuera de su Estado, utilizando los recursos de que dispone. Así que he respondido a esas y otras preguntas con estas ideas puestas a debate práctico, mientras que espero a disponer de tiempo en abundancia para responder a alguna crítica libresca, abstrusa y metafísica. Y es que un avance práctico vale más que cien programas.

1. Antes de empezar, conviene tener en cuenta que las izquierdas revolucionarias no prestan la suficiente atención ni a los problemas de la juventud, ni a su autoorganización ni tampoco a los planes de la burguesía para adoctrinar y alienar a la juventud. Mientras que los poderes reaccionarios siempre han vigilado muy atentamente el adoctrinamiento de la juventud, incluso creando ministerios y aparatos especializados de educación y control. La dejadez de las izquierdas trae desastrosas consecuencias a medio y largo plazo que no podemos analizar ahora, pero que, en síntesis, se muestran en dos grandes campos: uno, las dificultades para ampliar la militancia revolucionaria, y, otro, el reforzamiento de la burguesía en cuestiones vitales de su poder material y simbólico.

2. Pero la gravedad de este problema se agudiza en los momentos en los que coinciden, por un lado, una tendencia al alza de las luchas e intervenciones juveniles, y de otros sectores; por otro lado, una coyuntura política que puede abrir expectativas de determinados cambios; además, un contexto global de tensiones, crisis y transformaciones que pueden derivar hacia situaciones contradictorias y, por último, un interés creciente de la burguesía y de sus aparatos por contener y reprimir tanto a la juventud en general como a los sectores que más se mueven en su interior. A grandes rasgos, esto es lo que hoy sucede en las naciones oprimidas por el Estado español, en este propio Estado y en buena parte de Europa.

3. Puede parecer que recordar ahora qué es y qué fue el PP es una cuestión trasnochada, pero el PP es una fuerza neofascista muy poderosa, con implantación en amplios sectores, con medios y dinero. Una fuerza contrarrevolucionaria que puede volver al gobierno del Estado español dentro de cuatro años. Aún así, la proximidad del monstruo no debe hacernos perder de vista que el PSOE tampoco es una maravilla sino al contrario. Quiere esto decir que no se puede hablar de uno sin hablar del otro, porque, en última instancia, son los dos grandes pilares de sustentación del poder de la burguesía. Sería un error imperdonable centrarnos sólo en el PP sin decir nada del PSOE, que en cuestiones vitales ha golpeado tanto o más duramente que lo que ha hecho el PP, gracias a su falsa imagen de progresismo.

4. El PP es un partido neofascista que se ha formado recogiendo los restos de diversos partidos franquistas, de los restos de partidos conservadores españoles posfranquistas y de nuevos sectores ultraconservadores, neoliberales, racistas e imperialistas españoles que han surgido en las dos últimas décadas, especialmente con los cambios iniciados en la mitad de la década de 1980.

5. Los franquistas crearon varios partidos a la muerte del dictador Franco. Uno de ellos el Alianza Popular (AP), cuyo líder era Fraga Iribarne, franquista y fascista hasta la médula, represor y asesino de obreros y revolucionarios, ex ministro y ex embajador de sucesivos gobiernos del dictador Franco. AP obtuvo muy malos resultados porque tenía la absoluta competencia de UCD o Unión de Centro Democrático del que luego hablaremos, del PSOE en ascenso y, sobre todo, por la muy viva memoria en la gente de lo que había sido el franquismo y seguía siendo el postfranquismo. A la derecha de AP pululaban otros grupos abiertamente fascistas y de extrema derecha, e incluso nazis. Fraga Iribarne, presidente de AP, dijo que «había que cambiar algo para que nada cambiase» refiriéndose a las reformas cosméticas para salvar lo esencial del régimen.

6. UCD fue el partido mayoritario al principio del postfranquismo porque aglutinó a todos los sectores listos y oportunistas de las últimas épocas del franquismo, que se habían enriquecido con la dictadura pero que comprendían que para seguir enriqueciéndose las cosas no podían seguir igual, y que discrepaban con AP y con Fraga en el sentido de que admitían algunos cambios formales más atrevidos, como el llamado Estado de las Autonomías, y apenas más. Pero por las propias contradicciones del franquismo y por la situación de crisis entonces existente, UCD nació con grandes tensiones internas que se mantuvieron en orden mientras tuvo la mayoría electoral, porque a todos los postfranquistas le interesaba mantener el barco a flote, pero cuando las cosas se le pusieron mal, y empezó a subir electoralmente el PSOE, las distintas tendencias postfranquistas dentro de UCD decidieron romper el partido.

7. El sector menos conservador de la burguesía española le dio el apoyo al PSOE que inmediatamente inició una política neoliberal y españolista, duramente antivasca, traicionando todas sus promesas electorales. Pero los sectores más conservadores, abiertamente reaccionarios y fascistas de la extinta AP y de los grupitos a su derecha, empezaron a debatir para crear el nuevo partido burgués. Tras una serie de intentos y fracasos, decidieron cambiar el nombre del partido que pasó de llamarse Alianza Popular a llamarse Partido Popular. Sin embargo, el poder decisivo siguió en manos del criminal fascista Fraga Iribarne. Fue este personaje, tanto por motivos de edad como respondiendo a un plan de modernización para atraerse a nuevos sectores conservadores, el que nombró a dedo como su sucesor y nuevo jefe a José Maria Aznar, individuo públicamente franquista, que rechazó la limitada Constitución monárquica, española y capitalista por demasiado atrevida.

8. El PP comenzó a jugar una triple baza para desbancar al PSOE y acceder al gobierno de Madrid. Por un lado, buscó una imagen neoconservadora y hasta moderada, intentando presentarse en el Estado español con los ropajes de la «nueva derecha», de los «nuevos empresarios», de la juventud postmoderna que empezaba a consumir masivamente gracias a las tarjetas de crédito de sus padres de media y pequeña burguesía, de los intelectualillos ególatras que no habían podido medrar y ascender todo lo que deseaban porque los arribistas del PSOE ya habían copado esos puestos, etc; por otro, se presentó ante la alta burguesía española como la única fuerza política capaz de desplazar al PSOE y reorientar la situación aún más en beneficio de esa alta burguesía en cuatro objetivos esenciales para el capitalismo español: uno, acabar con la izquierda abertzale; dos, aumentar los beneficios empresariales a cualquier precio; tres, aumentar el nacionalismo imperialista español y, cuatro, obtener la «protección» internacional de los EEUU para poder competir con el eje Berlín-París. Por último, atraerse a sus filas a la industria político-mediática para multiplicar sus mensajes superando a los medios de PSOE, y aquí obtuvo el apoyo incondicional del periódico El Mundo, una de las piezas clases en la estrategia descrita.

9. Hay que decir, además, que el ascenso social del PP se sustentó en la metódica y deliberada política de pérdida de la memoria histórica, de olvido, silenciamiento y hasta tergiversación de lo que había sido el terror y el terrorismo franquista durante cuarenta años, ocultación y mentira sistemáticamente aplicadas por el gobierno del PSOE más el apoyo del PCE. Una de las razones de este comportamiento era la de pasar rápidamente la página de las claudicaciones vergonzosas y humillantes de estos partidos y otros más pequeños en los años decisivos de los setenta, así como de CCOO y UGT en el decisivo ámbito de la lucha sindical. Al no existir el pasado, la derecha reaccionaria pudo ocultar su esencia brutal y presentarse con una imagen falsa e irreal. Además y por decirlo brevemente, las corrupciones y miserias del PSOE, la moda postmodernista y la ideología neoliberal, de una burguesía triunfante a final de los ochenta y comienzos de los noventa, auparon al PP.

10. Una de las fuerzas del PP radicaba en el apoyo de sectores de jóvenes urbanos que no habían conocido a la bestia franquista, que tenían a veces pero no siempre los recuerdos transmitidos por sus padres, que no habían recibido ninguna formación política democrática ni educación crítica, que se hundieron en el avasallador consumismo propiciado por la política de dinero barato y productos de mediana o ínfima calidad, que asumieron los valores racistas y occidentalistas, que veían bien los crímenes internacionales de los EEUU, que se identificaron con el nacionalismo español y su mística futbolera y de televisión-basura, que asumieron la violencia machista y sexista más misógina, que apoyaban las torturas policiales y se movilizaban exigiendo más represión policial. Eran las llamadas Nuevas Generaciones del PP.

11. El PP mantuvo sobre sí la piel de cordero hasta el instante mismo de conocerse su victoria electoral a comienzos de 1996, porque de inmediato las masas convocadas delante de su sede central en Madrid comenzaron a airear eslóganes y soflamas reaccionarios, imperialistas y racistas españoles, etc. Ya no hacía falta seguir fingiendo. En las calles de Madrid la juventud reaccionaria adelantó lo que iba a ser el comportamiento del PP durante ocho años. Bien es verdad que su gobierno tardó un tiempo en desarrollar todas las políticas neofascistas pero ello fue debido a que, primero, la victoria había sido por una muy reducida ventaja y necesitaba pactar con otras fuerzas y, segundo, antes de entrar a saco con las nuevas medidas necesitaba controlar los aparatos de Estado.

12. Hemos definido como neofascita al PP porque, primero, aun teniendo un trasfondo claramente franquista sin embargo ha aplicado algunas formas de dominación nuevas no practicas por el fascismo franquista y, segundo, el actual capitalismo no necesita por ahora recurrir a un fascismo tradicional sino sólo a uno de baja intensidad, un neofascismo. Esta diferencia sutil a permitido al PP atraerse durante su mandado a determinados intelectualillos, incluso ex centristas del PSOE y ex reformistas del PCE, y otros grupos de arrepentidos, trepas y conversos, siempre en busca de dinero fácil y egocentrismo mediático.

13. Sin embargo, sus medidas políticas, económicas y sociales eran tan devastadoras y tan inocultables sus efectos destructores, que ni la enceguecida soberbia del PP ni las mentiras y manipulaciones de su gran instrumento de prensa han logrado impedir su derrota electoral. Sobre todo, no lograron detener las crecientes y plurales movilizaciones de masas iniciadas alrededor del año 2000, en respuesta a una serie de injusticias en ascenso. Lo más característico de este proceso ha sido la conjunción de tres tendencias simultáneas: una, la nueva juventud crítica que plantea una nueva forma de intervención política; otra, la vuelta a la acción de militantes que se habían desmoralizado en los ochenta y noventa por los actos del PCE-IU y del PSOE; y, a otro nivel pero impactando en lo esencial, o sea en el problema de «España» como cárcel de pueblos, la radicalización de los pueblos oprimidos y de su juventud en especial.

14. Para entonces, las juventudes del PP estaban no sólo desbordadas sino paralizadas y envejecidas por su cómoda pasividad reaccionaria durante ocho años. Y es que la juventud en general, cualquier juventud, necesita de la acción para mantenerse joven y no envejecer antes tiempo; por eso hay tantos militantes revolucionarios jóvenes pese a su edad, pese a los largos años pudriéndose en cárceles o pasando dificultades en el exilio. Pero la juventud del PP era y es esencialmente burguesa de corazón, mente y, sobre todo, de bolsillo. Ahora bien, si analizamos los últimos actos del PP vemos el inicio de un intento de distanciarse de la imagen vetusta, enmohecida y fúnebre que ofrecía desde finales de los noventa. Mas para que este incipiente recuperación en sectores jóvenes coja fuerza, el PP ha de mejorar bastante su lenguaje y sus ofertas, cosa no descartable aunque sí difícil.

15. El PSOE, por su parte, surgió en el contexto de finales del siglo XIX, cuando el movimiento obrero empezaba a expandirse en el Estado. Surgió con algo de retraso con respecto a otros partidos socialistas europeos porque en el Estado la industrialización fue más tardía y débil. Y eso se notó en que desde el principio en el PSOE convivieron dos bloques de contradicciones: uno, entre revolución y reformismo, y otro, entre españolismo centralista y españolismo autonomista. La contradicción entre reformismo o revolución se decantó rápidamente por el primer punto, el reformismo, y el españolismo centralista se impuso al españolismo autonomista. Durante el franquismo estas característica, centralismo y reformismo, se mantuvieron camufladas pero reaparecieron a principios de los setenta para dar un salto desde 1982, con la formación del primer gobierno, a una total y pública defensa de la España capitalista, monárquica e imperialista.

16. Durante el tiempo que el PSOE tuvo el gobierno, no hizo absolutamente nada en serio en beneficio de la juventud, y menos aún de las mujeres jóvenes. No podía hacerlo porque la política neoliberal impuesta desde su primer gobierno tiene como característica básica, en lo referente a la juventud, sobre todo la obrera, el que la supedita a las necesidades de la burguesía en general y en especial de su fracción dominante. Como clase, la burguesía necesita una mano de obra dócil y pasiva, con tres grandes niveles en su interior: cualificada, descualificada e intermedia. Como Estado opresor de pueblos, necesita de una juventud imperialista, nacionalista y reaccionaria, que defienda la patria del capital. Como sistema en realidad machista, aunque sin los gritos histéricos del PP, la burguesía necesita de machos violentos, agresivos, y el PSOE no hizo nada efectivo contra la opresión de la mujer,. El actual terrorismo machista es aplicado por muchos criminales que se educaron y formaron durante los gobiernos del PSOE.

17. El PCE –perdón por lo de «comunista»– e IU no pueden tampoco hacer nada serio por la juventud. Aunque no tienen responsabilidades de gobierno, en la práctica si son responsables por colaboración necesaria ya que nunca, incluso en los momentos decisivos de haber demostrado dignidad y coherencia en los setenta, entonces se arrodillaron besando la bandera monárquica, defendiendo la propiedad privada de los medios de producción y legitimando la unidad territorial de la cárcel de pueblos que es el Estado español. Si se cede en estos puntos esenciales, se cede en lo demás, sobre todo en lo tocante a los derechos y necesidades de la juventud. Cuando el PCE ha estado pasivo ante la tortura, la guerra sucia, las cárceles de exterminio, las ilegalizaciones y prohibiciones de todo tipo, etc., cuando ha sido así ¿cómo va a salir en defensa de una juventud obrera cuyo futuro él mismo destruyó con los llamados «pactos de la Moncloa»? Para la juventud, el PCE es una enana fuerza envejecida, amargada, resentida y reaccionaria.

18. Pero las juventudes de las naciones oprimidas por el Estado tampoco lo tienen mejor, porque sus burguesías regionalistas y autonomistas defienden los mismos valores adultos, capitalistas y machistas, con el agravante, además, de que no han tomado ninguna decisión consecuente para mejorar la situación de sus juventudes. Los casos paradigmáticos son los de las burguesías protegidas y defendidas por el PNV y por CiU, que se han beneficiado y benefician de sus políticas neoliberales y colaboracionistas con el Estado. Las juventudes de las naciones oprimidas sufren así una doble presión ya que a la que padecen por el capitalismo y el Estado ocupante, hay que sumarle la que les añaden sus propias burguesías. En cuanto a Galiza, la responsabilidad mayor recae sobre la traición del BNG, bloque que se aupó sobre promesas y esperanzas de muchos sectores, también de la juventud, y que de inmediato comenzó a servir a la burguesía galega y al Estado español.

19. El peligro para la juventud en general –haciendo ahora abstracción de sus diferencias internas como el sexo-género, la clase y la nación a la que pertenecen dentro del Estado– proviene de dos frentes: uno, de la propia capacidad de absorción y alineación inherente al capitalismo en cualquiera de sus fases históricas de evolución, y que ahora se plasma en el consumismo en todas sus formas, incluido el de modas ideológicas integradas, nuevos escapismos individualistas, etc. Sin entrar ahora a una crítica de la tesis del postmaterialismo de la juventud de los países ricos, sí hay que insistir en la tarea crucial que cumple en la juventud la concienciación política y cultural radicales. El otro peligro va unido al anterior pero hay que analizarlo aparte y no es otro que la política del conjunto de fuerzas políticas arriba vistas, para llevar al corral del reformismo el malestar de los centenares de miles de jóvenes de jóvenes que por primera vez han votado pero no directamente a favor del PSOE sino en contra del PP. En los pocos meses transcurridos entre las elecciones generales y las europeas, el reformismo del PSOE y del PC-IU ha sido incapaz de ganarse la confianza de esos sectores y en general de la inmensa mayoría de los que se movilizaron desde comienzos del 2000. Todo indica que lo están intentado de nuevo.

20. Quiere esto decir que es una tarea urgente e inexcusable recordar lo que hicieron el PSOE y el PCE-IU, además del PNV, CiU y, a otra escala BNG, cuando tuvieron recursos y fuerzas para realizar avances democráticos, sociales, económicos, etc, que garantizaran estructuralmente el presente y el futuro de la juventud. Porque no sólo el PP es responsable del drama actual, también lo son quienes durante los gobiernos anteriores no tomaron medidas positivas sino negativas, precarizando el trabajo e imponiendo contratos basuras, desregulando y privatizando los servicios, no reglamentando el problema del suelo y de la vivienda, facilitando la especulación inmobiliaria y la piratería financiera, tolerando el negocio de la droga cuando no impulsándolo con los servicios secretos, etc. Y junto a esto, leyes represivas de toda índole, la guerra sucia y el terrorismo estatal, etc. Si la juventud desconoce todo esto, puede caer en el error garrafal que confiar en quien nunca han hecho nada por ella, sino comenzar a hundirla en el pantano actual. Desconocer el pasado del PSOE y del PCE-IU es darles todas las bazas para que vuelvan a repetirlo.

21. Que lo consigan o no, dependerá de varios factores de entre los que hay que destacar la existencia de organizaciones revolucionarias que arraiguen en esos sectores. Comparando la situación actual con la de hace 25 ó 30 años, en la que la juventud jugó también un papel muy importante, vemos cinco grandes diferencias: una buena, la primera, consistente en que ahora esos sectores no tienen tanta confianza en el reformismo, surgiendo por primera vez en la historia del Estado una oleada de movilizaciones con un fuerte despegue crítico hacia el reformismo y también hacia grupúsculos sobrevivientes del pasado que siguen con sus formas autoritarias y burocráticas de funcionamiento interno. Ahora, todo parece indicar que la juventud valora mucho más que antes su independencia de criterio y libertad de acción. Solamente quienes les demuestren con el ejemplo y con la práctica que son coherentes, que dicen lo que hacen y hacen lo que dicen, sólo estos colectivos se ganan la confianza de la juventud, lo que siempre es una garantía.

22. Otra diferencia, la segunda, es mala porque ahora las clases trabajadoras y en especial la juventud obrera y pequeño burguesa sufren un ataque capitalista mucho más brutal y, sobre todo, mucho más desvertebrador por los efectos totales de la precarización e incertidumbre existenciales. Si a esto le unimos lo dicho anteriormente sobre el consumismo, etc., comprendemos el choque de tendencias emancipadoras con tendencias desmovilizadoras. Los cambios en el medio urbano, en el trabajo, en la vida cotidiana, en la familia, etc., estos cambios han cogido desprevenidos a todos, también a los grupos de izquierda que no están reaccionando a tiempo. Y la juventud tiene la virtud y el vicio –según los casos– de la impaciencia, de modo que si no recibe una convincente respuesta en poco tiempo a una pregunta importante, esa juventud se vuelve para otro lado buscando la solución sin perder demasiado tiempo, pero las izquierda son lentas, torpes e ignorantes en estas cuestiones.

23. Hay otra diferencia, la tercera, a la vez muy buena pero también mala si no se interviene a tiempo. Ahora, por término medio, las jóvenes tienen conciencia muy superior de su especificidad de sexo-género a la de entonces, lo que es fundamental para la libertad colectiva se mire como se mire. Pero, dialécticamente unido a esto, toda emancipación sexual provoca la reacción machista furibunda e irracional. No es casualidad que el PP no hiciera nada contra el terrorismo machista porque sabía y sabe que refuerza a los factores más irracionales de poder y opresión. Tampoco es casualidad que el PSOE tome medidas policiales en vez de sociales y estructurales para contener los efectos del terrorismo machista, pero no para acabar con sus causas profundas. Si las organizaciones revolucionarias no intervienen activamente en este problema tan crucial, el reaccionarismo dispondrá de una baza autoritaria muy fuerte entre sectores importantes de la juventud masculina. Otro tanto debemos decir sobre las medidas de precarización, austeridad presupuestaria, desmantelamiento de los servicios sociales, programaciones televisivas, política cultural y educativa, política de fiestas, etc. El sindicalismo reformista tiene una culpa imperdonable en estas decisivas cuestiones.

24. Un aspecto crucial relacionado con el anterior, con el de la emancipación de la mujer pero que va más allá, y es la cuarta diferencia, es el mito de la supuesta y falsa revolución sexual en el capitalismo actual, con el VIH y otras enfermedades venéreas en aumento, con el consumismo sexo-pornográfico machista potenciado por la industria burguesa del sexo, con sus relaciones con las drogas, con sus conexiones con la innegable crisis del instrumento coercitivo matrimonio-familia, con la tolerancia controlada y vigilante de otras prácticas sexuales, etc. En estas cuestiones ha habido un relativo cambio, pero también el sistema patriarco-burgués, con el apoyo del irracionalismo fundamentalista de las religiones y su terrorismo ético-moral, está lanzando una inhumana contraofensiva que está desbordando a las izquierdas. No ha habido ni puede haber revolución sexual en el capitalismo porque este modo de producción genera en cada una de sus fases históricas los códigos y formas sexuales que necesita para facilitar el aumento de sus beneficios. La sexualidad, en el capitalismo, siempre es una práctica funcional e integrada en el sistemas, aunque dentro de ellas existan diferencias, y aunque fuera de ella y contra ella se practique otra sexualidad. Sólo en un contexto revolucionario puede iniciarse una verdadera revolución sexual masiva y su suerte dependerá, al final, de la marcha global del proceso revolucionario como totalidad.

25. Una quinta diferencia totalmente novedosa, es que entonces no había apenas lo que ahora denominan tramposamente el «problema de la emigración». Existía una fortísima emigración dentro del Estado, sobre todo hacia Euskal Herria y los Països Catalans, y despoblamientos de otras zonas, originándose situaciones que no podemos analizar aquí. La juventud de los países receptores es uno de los sectores sociales más manipulables por el racismo y el autoritarismo. La juventud obrera por la situación laboral; la pequeño burguesa y burguesa por razones ideológicas, y todas por razones de la propiedad machita de las jóvenes. La burguesía conoce muy bien cómo puede provocar y manipular en su beneficio el racismo y los miedos irracionales de la gente con esta cuestión. Sabe que tiene a su alcance un montón de votos y de apoyo de muchos sectores que se aprovechan de la moderna esclavización emigrante, desde la patronal hasta las familias con la explotación doméstica sin menospreciar la explotación sexual. Desgraciadamente, las izquierdas también miran esta situación como la vaca mira al tren.

26. La última y sexta diferencia, o la primera según se mire, es que a diferencia de hace 25 ó 30 años ya no queda apenas credibilidad alguna al Estado español para engañar a los independentistas como lo hizo entonces. Ahora, muchos jóvenes de las naciones oprimidas conocen la historia de trampas y engaños, promesas incumplidas y crímenes de Estado realizados por UCD, PSOE y PP, con el inestimable apoyo de PNV, UPN, CiU y PCE. Sin embargo, hay dos peligros ciertos: uno, que se llegue a otro acuerdo tramposo similar al de entonces entre algunas burguesías autonomistas y el Estado, y, otro, lograr imponer no sólo la total pérdida de memoria histórica de la juventud estatal –«española»– sino convencerle de que los pueblos oprimidos no tienen razón porque se le han otorgados autonomías, están dentro de Europa, pueden simultanear sus identidades con la europea y la estatal, etc.

27. Cada una de estas seis diferencias tienen sus lados buenos pero también los malos, dialéctica sobre la que hemos dicho algunas cosas pero en la que no podemos extendernos. Sin embargo, la juventud no puede seguir desconociendo que su presente y su futuro está determinado por las medidas que a medio y largo plazo imponen los gobiernos de turno mediante sus presupuestos estatales. En este caso, la política de austeridad estricta impuesta por el neoliberal Solbes, ministro del PSOE, no augura nada bueno porque todo el gasto social, toda lucha contra la miseria, toda mejora de los servicios públicos, etc, queda supeditada a la política de ahorro estatal en beneficio de la patronal. Tampoco augura nada bueno el que, por lo que llevamos visto, el PCE-IU haya claudicado una vez más ante esta barbaridad.

28. Con este panorama, las juventudes que malviven oprimidas bajo el Estado español no pueden cometer el error de confiar su futuro ni al reformismo ni a unos adultos que les han abandonado y traicionado. ¿Qué pueden esperar, por ejemplo, de las burocracias de CCOO y UGT que han vendido el futuro de la juventud por cuatro mísera lentejas para los trabajadores fijos? Podríamos seguir con ejemplos idénticos. La juventud, allí en donde esté, debe, primero, exigir responsabilidades a los mayores, aunque sean sus padres, debe preguntarles por qué han aceptado pasivamente tantas derrota y retrocesos; segundo, deben organizarse por su cuenta y, tercero, deben relacionar sus organizaciones juveniles con las organizaciones revolucionarias existentes en sus naciones, en sus pueblos, en sus barrios y trabajos, si los tienen.

29. Fundamentalmente, la juventud ha de recuperar su independencia práctica, y eso pasa por el abandono de la casa familiar para vivir en colectivo en cualquier comuna, gaztetxe o casa okupada. Es decir, la juventud ha de recuperar la costumbre larga en el tiempo de todos los movimientos revolucionarios del pasado que siempre han surgido de las tareas colectivas realizadas fuera de las cadenas de la familia patriarco-burguesa. Condenar a la juventud a la dependencia familiar y al empobrecimiento oculto, ha sido además de un arma de la burguesía también una victoria. La juventud ha de romper con esta infernal lógica de la dependencia para con las limosnas de los padres, las deudas con las tarjetas de crédito, los trabajos míseros y las fiestas alienantes impuestas por la burguesía. Es urgente que la juventud, esté donde esté y sea de donde sea, recupere su independencia vital.

30. Desde una perspectiva más amplia, a escala europea por ejemplo, los problemas que aquejan a las juventudes oprimidas por el Estado español son esencialmente los mismos que afectan a las de otros Estados. Por tanto, la independencia práctica de la juventud ha de coordinarse a nivel internacional y, consiguientemente, ha de tener una clara conciencia de que hoy los Estados existentes son instrumentos de opresión situados entre los pueblos oprimidos nacionalmente y la burguesía europea. Del mismo modo que un pueblo que oprime a otro pueblo nunca será libre, tampoco lo será una juventud que oprime a otra juventud.


EUSKAL HERRIA, 8/VII/2004

0