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Entrevista al politólogo Manolo Monereo

«La independencia de Cataluña tiene sentido contra la Europa neoliberal, no frente al estado español»

Fuentes: Rebelión

Las aguas políticas discurren tormentosas en Cataluña en los últimos tiempos. Como prueba, tres elecciones en menos de cinco años. Después de gobernar dos años con el apoyo del PP (2010-2012), Artur Mas convocó elecciones anticipadas el 25 de noviembre de 2012, con la mira puesta en el soberanismo y la autodeterminación. CIU obtuvo la […]

Las aguas políticas discurren tormentosas en Cataluña en los últimos tiempos. Como prueba, tres elecciones en menos de cinco años. Después de gobernar dos años con el apoyo del PP (2010-2012), Artur Mas convocó elecciones anticipadas el 25 de noviembre de 2012, con la mira puesta en el soberanismo y la autodeterminación. CIU obtuvo la victoria (aunque con un fuerte retroceso) en estos comicios, triunfo que se concretó en un acuerdo de gobierno con ERC. El 9 de noviembre de 2014 tuvo lugar un referéndum, en el que pese a la suspensión acordada por el Tribunal Constitucional participaron 2,3 millones de ciudadanos (el 81% votó a favor de la independencia).

En medio del largo proceso, Cataluña se convirtió en un laboratorio de recortes sociales y de derechos. Además, la presente legislatura durará sólo tres años. El presidente de la Generalitat ha decidido adelantar al 27 de septiembre de 2015 unos comicios que se celebrarán en clave plebiscitaria. En torno a este escenario, el politólogo Manolo Monereo sostiene que la independencia de Cataluña sólo tiene sentido si se plantea (dentro del estado español y en alianza con los pueblos del Sur de Europa) frente a una Unión Europea de carácter netamente neoliberal. Además, «entre los nacionalismos español y periférico, siempre ha habido otra vía: la República».

-En un análisis de fondo, que trascienda el detalle de la política cotidiana, ¿cómo observas lo que está ocurriendo en Cataluña?

Si no es con una mirada desde el sur de Europa, no podemos entender -a mi juicio- lo que está pasando en Cataluña. Pero tampoco si no entendemos que estamos ante la crisis del Régimen del 78. En Cataluña hay una lucha por la hegemonía muy fuerte entre los diferentes sectores y fuerzas del mosaico político. La burguesía catalana siempre ha tenido la predisposición no sólo a ser dominante, sino también culturalmente hegemónica. Parecería, hace sólo unos meses, que Artur Mas y esa burguesía catalana habían perdido la partida, y que eran los sectores a su izquierda (sobre todo ERC) los que iban a ganar. Parecería además que eso dejaba a la izquierda federal en un segundo plano y hasta podía emerger la CUP como la alternativa por la izquierda a ERC. Eso ha cambiado en estos años de conflicto Cataluña-España, que me parece muy simplificador del conflicto real, de clase, que hay en Cataluña. En cuanto al adelanto electoral, es evidente que se produce por un acuerdo entre CIU y ERC.

-¿En qué consiste el cambio que apuntas?

En primer lugar hay un agotamiento de la «onda» soberanista-independentista de Artur Mas, entendida como los distintos «dimes y diretes» con el PP, conflictos internos en Cataluña o derivas relacionadas con un soberanismo más o menos «radical». El segundo factor es un cierto cansancio ante tanto debate soberanista al margen de los problemas reales que la población está sufriendo dramáticamente, y que tienen que ver con la pobreza, la desigualdad y el paro. En tercer lugar ha aparecido el fenómeno Podemos, que rompe el mapa político catalán de una manera sustancial, porque aparece un nuevo espacio político que sitúa el federalismo en otro plano. Y que a su vez asume un planteamiento radicalmente democrático respecto a la política española. Al final, la gran pregunta es: ¿Se puede «salvar» Cataluña sola, al margen del estado español? ¿La Constituyente catalana es posible sin una constituyente española? Yo creo que no, y ése es el nuevo debate. Cuando veo a Ada Colau, a los diferentes Guanyem o al intento de un Guanyem-Catalunya y veo a Podemos, eso significa que está surgiendo un nuevo espacio político, aunque los independentistas soeces lo denominen «españolismo».

-¿En qué términos se sitúa, por tanto, el conflicto en tu opinión?

El primer conflicto es el que enfrenta al norte con el sur de Europa, y que se está interpretando en Grecia, Italia, Portugal y España. El estado español, de hecho, se ha configurado como una periferia subordinada y dependiente de los grandes poderes económicos europeos, básicamente de Alemania. Como ha dicho un antiguo ministro portugués, somos un protectorado. Ya no somos países independientes. La independencia, y ahí reside el segundo conflicto, no es tanto la independencia frente a España sino respecto a Europa. Porque la Europa que se está construyendo es de carácter neoliberal, profundamente antidemocrática y contraria a los derechos sociales en el sur de Europa. Para mí, la jugada de la supuesta independencia de Cataluña se juega en una alianza del sur de Europa frente a los países del norte, y en un proceso constituyente. Esa es la jugada de Podemos, Syriza e Izquierda Unida. Ésta es la batalla en Europa hoy. ¿De qué independencia de Cataluña hablamos, si no, dentro de un protectorado europeo del sur?

-Has citado a Izquierda Unida, Podemos y Syriza. ¿Cuál es tu opinión sobre los planteamientos de la CUP, actualmente con tres diputados en el parlamento catalán?

Creo que la CUP se ha quedado hoy en un discurso anacrónico (en el sentido estricto de la palabra). Han hecho un discurso soberanista e independentista desde una base municipalista y democrática muchas veces admirable, de contrapoder social y lucha por nuevas formas de participación. Pero creo que su discurso global parte de una falsa polaridad, Madrid-España frente a Cataluña, cuando la pregunta real es: ¿Qué vamos a hacer los pueblos del estado español ante la agresión gigantesca que nos viene de la UE y nos sitúa en la periferia de Europa? En el estado español, en Cataluña y en Madrid no habrá derechos sociales, autonomía real para las personas, soberanía popular ni libertades materiales. Este discurso de una «liberación» de Cataluña, al margen del estado español y de los pueblos que lo conforman, es un error estratégico que los convierte en la izquierda de CIU y ERC, pero en un mismo bloque.

-Sin embargo, la síntesis entre izquierda y soberanismo/independentismo no da malos resultados en algunos territorios. En las elecciones al parlamento vasco, de 2012, Bildu alcanzó el 25% de los votos. En las últimas elecciones europeas el Sinn Féin superó el 20% de los sufragios en la República de Irlanda.

Te invierto ahora yo la pregunta. ¿Por qué Podemos es hoy la segunda fuerza política en Euskadi? Porque el espacio identitario no es el único en juego, al margen de los conflictos socioeconómicos y de clase. Podemos está poniendo en pie un espacio democrático-radical donde ya no basta sólo con decir «yo soy español» o «yo soy vasco». Además de la polarización centro-periferia, «España nos roba» o «el pueblo vasco y su lucha por la independencia», hay otras cosas que son tan importantes o más para la gente. Ése ya no es el único espacio que genera identidad y conflicto social. Está asimismo ese otro espacio que es la lucha de clases, el conflicto socioeconómico y la agresión externa que nos viene de una Europa alemana. Eso es lo determinante.

-Sin embargo, has defendido en artículos y conferencias la necesidad de reconstruir un imaginario español. Porque los imaginarios y las identidades movilizan a la gente. ¿Por qué razón defiendes su importancia cuando se trata de un imaginario «español», pero en el caso de Cataluña o Euskadi lo prioritario son otras luchas?

Claro que no se puede vivir sin identidad. Pero lo que planteo es que la crisis, gran recesión o gran involución ha cambiado los marcos de la Política (en sentido fuerte). Y en ese marco hay un problema, que es el de España. Hasta ahora la izquierda -en mi caso, la izquierda comunista- ha estado orillando permanentemente el problema de España. En parte hemos hecho como todos los demás: «fugarnos» hacia Europa. Es decir, el problema de España se resolvería en Europa. Sin embargo, ahora Europa es el problema y no la solución. Y ahí está precisamente el problema de fondo. Cómo volver a la cuestión de España cuando Europa es el problema y España la solución. Eso obliga a replantearnos en serio un nuevo imaginario, sabiendo que el imaginario español está ampliamente colonizado por el imaginario franquista. En parte se lo hemos ido dejando nosotros durante estos años, porque no hemos sabido capaces de construir un imaginario alternativo. Anguita esto lo vio hace muchos años, lo que ocurre es que es mensaje lo defendieron él y unos pocos: el mensaje republicano.

-¿Con qué materiales consideras que habría que reconstruir este imaginario español?

En España ha habido siempre otra España y otro imaginario posible. Y no ha sido una España cualquiera, sino la democrática. Es en cierto sentido la España «liberal» de verdad, la republicana, la de los derechos (también de las nacionalidades)… Hablo de Pi i Margall, Azaña o Juan Negrín, por poner tres ejemplos que no son estrictamente de mi cultura política. Había, por tanto, otra España posible que rompiera con el dominio que sobre el estado ha ejercido la oligarquía latifundista-financiera y los grandes poderes económicos, los que tradicionalmente han mandado en el país. Esa España posible era la republicana. ¿Qué ha ocurrido? Ese discurso era contrario al de la transición dominante.

Además, nos volvimos borbónicos en esta transición que inauguraba el Estado de las Autonomías. La izquierda institucional, básicamente el PSOE pero también en parte el PCE hasta Anguita, la asumieron. En la época de Anguita volvimos a poner encima de la mesa otra España, en la que se reconoce su pluralidad esencial, y ahí resolver el problema de Cataluña y el País Vasco. A eso se le llama derecho de autodeterminación. Pero ahora queremos ir mucho más allá. Ir a un discurso de una España común, democrática, republicana y socialista (la República siempre ha sido cosa de izquierdas en este país). Además, lo que retorna tras la crisis y tras este fiasco europeo es la Europa de las naciones.

-¿Por qué la soberanía y la autodeterminación consideras que la pueden plantear los viejos estados-nación (por ejemplo, España frente a una Europa alemana), pero no te parece un acierto estratégico que lo defiendan las naciones sin estado integrados en esos viejos estados nacionales (por ejemplo Cataluña y el País Vasco dentro de España)?

Por una razón de carácter político y geopolítico. Primero, porque cualquier proceso independentista en Cataluña y el País Vasco implica una ruptura de la comunidad existente. En eso no hay que engañarse. Las comunidades vasca y catalana se romperían si fueran independientes, porque habría una parte, que no sería ni la derecha ni la «carca», que no estaría de acuerdo con esa independencia. Habría minorías nacionales, minorías españolas, en esas comunidades. Además resurgiría con mucha fuerza el nacionalismo español en el resto del estado. Por tanto, la idea de que la independencia sería gratis es, a mi juicio, equivocada. En segundo lugar, si implosionan la Unión Europea y el euro, ¿sería viable una Cataluña independiente? Eso Castelao ya lo planteó en Galicia. Por eso defendió los derechos de Galicia pero no la independencia. Precisamente porque existe la geopolítica, porque existe el imperialismo y la lucha de clases a nivel mundial. Porque hay una jerarquía de naciones. Nosotros queremos retornar a un estado republicano y solidario, independiente de una Europa que está liquidando la soberanía y los derechos sociales de los trabajadores.

-Has subrayado, en alguna ocasión, el valor de los espacios de socialización de la izquierda abertzale para las clases populares. ¿Es el elemento nacional, o la defensa abierta del independentismo, un factor de movilización que la izquierda desaprovecha cuando apuesta por fórmulas federales?

Pero la misma presencia de Podemos en las dos comunidades con mayor presencia nacionalista, nos demuestra hasta qué punto la idea de basar un proyecto de autodeterminación política, económico y cultural en el independentismo tiene enormes debilidades. Romper y escindir el estado español cambia a Euskadi y Cataluña, pero también a España. En un momento en que el proyecto europeo ha fracasado, creo que es más factible encontrar una alianza basada en un proyecto común de cultura, civilización y político entre los pueblos que componen España. Hablamos todos un mismo idioma y tenemos todos, para bien y para mal, una historia común de encuentros y desencuentros.

-Dices un proyecto común… ¿En qué marco político-institucional?

¿Tiene que ser el estado-nación tradicional? Seguramente, no. Creo que eso no es viable. ¿Un estado federal? Podría ser esa la fórmula. Eso lo decidiremos colectivamente. Pero el verdadero problema es que Europa fracasó. El problema de fondo es también si los pueblos del estado español tienen mecanismos que permitan reconoces las diferencias, y sobre las diferencias construir una nueva unidad. Eso para nosotros, en Izquierda Unida, implica una ruptura con la oligarquía. Por eso nuestro proyecto (el de IU) tiene un contenido de clase. Y también nacional. Porque tenemos un enemigo común, que es el BBVA, es Botín y son las oligarquías catalana y vasca. Son parte del mismo poder, como se ve cada día. Si no tenemos esa visión, de una construcción republicana que rompa con el dominio y el control que los poderes económicos (y del conjunto de la burguesía del estado español) nos están imponiendo, tendremos grandes dificultades. Que son las mismas dificultades que tiene la CUP al ir en este proceso defendiendo un proceso nacional con la burguesía catalana. Cuando tú priorizas el conflicto con España frente a otros conflictos sociales, culturales y de clase, eso señala tu marco de alianzas y hace imposible una alianza con la izquierda del estado español.

-Pero, a pesar de lo que dices, se podría argumentar que el soberanismo/independentismo abre «líneas de fuga» en el Régimen del 78. Podría contribuir a resquebrajarlo y generar nuevas oportunidades…

Creo que sin la unidad de los pueblos y de los trabajadores del estado español, no hay proceso constituyente. Tampoco para Cataluña. La gente está entendiendo que entre los nacionalismos español y periféricos, hay otra vía. Y esa vía en España ha sido siempre la República. Partiendo de la vieja propuesta que viene de Pi i Margall y de tantos otros, en ese contexto hay que iniciar un proceso de autodeterminación. Yo en esto creo que las posiciones más matizadas e inteligentes las tuvo siempre Castelao: la idea de que en un contexto político donde existe una jerarquía de naciones, los pueblos tienen que encontrar mecanismos que les permitan autodeterminarse, pero también ser viables política y geopolíticamente. Eso, a mi juicio, se hace dentro del estado español. Y para que se vea que no se trata sólo de una defensa del viejo estado español, si en algún momento no planteo la cuestión de Portugal es porque sé que en este país genera un problema grave. El «unionismo», a la manera de Unamuno, entre Portugal y España en una federación-confederación, sería problemática para una parte fundamental de la población portuguesa. Ahora bien, en todo esto hay dos buenos barómetros para medir lo que hacemos: la soberanía popular y el internacionalismo.

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