Recomiendo:
0

La precariedad de una reseña o la Bienal prefigurada

Fuentes: Periódico Cubarte

No me aventuraría -ni desde el periodismo cultural, ni desde la crítica de arte-, a calibrar, o ilustrar un megaevento como la Bienal de La Habana con tan solo tres muestras. Tratándose, en esta edición, de unas 300 exposiciones, entre muestras colectivas, personales y bipersonales, intervenciones públicas y cerca de 100 Open Studios. Con la […]

No me aventuraría -ni desde el periodismo cultural, ni desde la crítica de arte-, a calibrar, o ilustrar un megaevento como la Bienal de La Habana con tan solo tres muestras. Tratándose, en esta edición, de unas 300 exposiciones, entre muestras colectivas, personales y bipersonales, intervenciones públicas y cerca de 100 Open Studios. Con la implicación de 1004 artistas, entre cubanos y extranjeros.

El día de su inauguración, impresionado con los cinco grandes proyectos que integran La Posibilidad Infinita. Pensar la nación en el Edificio de Arte Cubano del Museo de Bellas Artes, le comenté a Mónica Alfonso, la directora de El Periódico Cubarte, «esto no debe quedar en la reseña noticiosa general, hay que hacer críticas de cada una de ellas, incluso de cada sección o sala».

Sin embargo, este no parece ser el credo de Mauricio Vincent, un periodista español acreditado para la Bienal. Su reciente reseña [1] sobre la XIII Bienal de La Habana es de una simplificación muy cuestionable. Con menos de la quinta parte -tres obras de tres autores de los 17 que participan-, se apura a generalizar toda una muestra colectiva, Intersecciones, montada en tres pisos de Factoría Habana. Y con estas, más dos obras –El bloqueo, de Tonel, en El espejo de los enigmas de Bellas Artes, y Al mal tiempo buena cara, de Roberto Fabelo, en Detrás del Muro-, intenta apuntalar un titular como este: «La precariedad hecha arte toma La Habana».

En Intersecciones, solo las dos fotografías de Carlos Garaicoa (La Habana, 1967), aluden explícitamente a la cacareada precariedad económica en Cuba. Pero lo hace, se ha planteado, para explorar la estructura social de nuestras ciudades, basándose en el examen de su arquitectura; en la Isla, como en España.

En mi opinión, la mayoría de las piezas seleccionadas por la Comisaria, Concha Fontenla, no significan, ni son expresiones de la precariedad económica en Cuba. No lo son, en la mayoría de los casos, en ninguna de las tres categorías de imágenes que define Göran Sonesson, las categorías de construcción, las categorías de función y las categorías de circulación.

La terminación dorada, plateada o niqueladas de los cinco Emblemas, de Dagoberto Rodríguez (Villa Clara, 1969), no alude a precariedad económica alguna. Siendo, por demás, resignificaciones de marcas de lujo: Chevrolet, Cadillac, Oldsmobile… Tampoco lo hacen las palabras escogidas por el cofundador de Los Carpinteros. Consignas que selecciona el cronista y -sin documentación alguna que lo refiera-, afirma son «las palabras más pronunciadas por Fidel Castro». «Yo soy Fidel», una de las que emplea el artista y que no menciona el periodista, surgió espontáneamente después de su desaparición física. Basta para revelar lo frágil de su aseveración.

Construir una instalación, de acero y plomo, con casi cinco metros de altura, no es posible para un artista precario, falto de recursos financieros. Tampoco los símbolos de Dagoberto. Tal vez, porque los artistas escogidos -como lo destaca el propio columnista-, representan «el conceptualismo cubano más solvente».

Por otro lado, ¿por qué reducir a tales conceptos piezas que se pretenden polisémicas? Las seis balanzas romanas equilibradas de Marco Castillo (Camagüey, 1971), no tienen por qué aludir unívocamente al funcionamiento de «la economía cubana underground«; podrían significar el equilibrio necesario entre las distintas formas de gestión de la propiedad que configuran la economía toda, en las que cuentapropistas como Gabriel participan. O un reclamo a la estabilidad económica condicionada históricamente y perturbada por fuerzas externas.

Lo mismo pasa con la emblemática obra País deseado de Antonio Eligio Fernández (La Habana, 1958) que reduce a la construcción de «una isla de Cuba con los objetos y adornos precarios que sus habitantes utilizan para decorar sus casas, cerámicas kitsch de indios emplumados, budas, panteras, chinos, racimos de uvas, elefantes o imágenes de Santa Bárbara y de la Caridad del Cobre». Así diluye la densidad del mensaje y el poder de generalización de la instalación de Tonel.

No se comprende, que -como apunta Ángel Alonso-, no es por su apariencia externa, sino por su falta de autenticidad, su artificialidad, lo que lo convertiría en kitsch. «Un video arte puede ser más kitsch que una telenovela», «en un producto utilitario artesanal puede haber más creatividad y autenticidad que en un óleo sobre lienzo». Tampoco, por ser de yeso, las utilizadas por Tonel significan imitaciones baratas o arte falso, ni representan la pobreza de los que las emplean para decorar sus casas.

País deseado fue montada en la misma Factoría Habana, durante la XI Bienal de La Habana. En aquel momento, el curador Alejandro Machado Font dijo que se trataba «de un mapa cultural de la vida cubana en la década de 1980 -un mapa del gusto y el mal gusto, de la población» [3]. Y lo es también -añado yo- del variopinto imaginario y del sincretismo de nuestra religiosidad.

Vincent interpreta la instalación El bloqueo, como una «alusión al bloqueo de Estados Unidos y también el interno». Para Mari Carmen Ramírez, curadora de Arte Latinoamericano en el Museo de Bellas Artes de Houston, la obra está relacionada «con las crisis humanitarias en los años noventa, cuando el colapso de la Unión Soviética dejó a la isla sin su socio comercial clave». Según Alex Segura Lozano (EFE) «La conocida instalación del artista cubano Tonel, creada en 1989 -no en 1991 como dice Vincent-, consiste en un conjunto de bloques de cemento en forma de Cuba, un diseño que da la impresión de una isla en riesgo de hundimiento» [4].

En la reseña, publicada el miércoles 24 de abril (23:28), el reportero de El País describió -e interpretó a su manera- la obra Al mal tiempo buena cara, de Roberto Fabelo (Camagüey, 1950). Según Marlene E. Sánchez, Directora de Comunicación de la Bienal, su emplazamiento se inauguró al otro día a las 5:30 pm, en la ensenada de Malecón, esquina a Escobar. Para el camagüeyano Premio Nacional de Artes Plásticas, la escultura AMTBC es «una especie de reclamo de optimismo».

Tal parece que Mauricio Vincent llegó a las muestras -o se sentó en su PC-, con una Bienal prefigurada, o encargada por El País. Solo dio un vistazo -por la real y/o por la virtual-, y escogió sesgadamente los elementos que sostuviesen su reseña kitsch; aunque tuviese que precarizar los sentidos de las obras, para sostener su relato. Que, por escaso entusiasmo para andar La Bienal, suplanta información por cubaneo.

No tuvo la intención de contrastar su modelo con la exuberante realidad, ni de reseñar lo que realmente pasa en la Bienal en curso. Lo suyo era asentar una matriz, repetida por él muchas veces: la eterna precariedad de Cuba Socialista. Un sentido con mayor valor de uso, para los dueños de PRISA y los que se pretenden del Mundo.

Lo suyo parece ser la simplificación folclórica, bocetar viñetas con el tono de la coyuntura política. Así hizo con la de 2015, que calificó como «La Bienal del deshielo» [5]. Llama la atención que en aquella ocasión se refirió a las nuevas galerías y estudios, «con todos los hierros», que ciertos artistas inauguraban en La Habana. Ahora que han surgido muchas más, prefirió silenciarlas.

El País debería ocuparse más de la precariedad que sufre buena parte de los ciudadanos españoles, incluidos los artistas. Un estudio sobre la precariedad del trabajo de los artistas en España concluyó que el 73,8 % de los pintores y escultores deben recurrir a otras fuentes de ingresos para aspirar a subsistir. La mitad de los encuestados (46,9%), tenía ingresos totales anuales en el umbral del salario mínimo interprofesional y para el 63,8%, los ingresos procedentes de actividades artísticas representaban menos del 20%.

Así es como precarios analistas dejan tan precarias visiones, dóciles al patrón ideológico de quien paga el salario.

Notas

1. https://elpais.com/cultura/2019/04/24/actualidad/1556116661_726542.html

2. http://www.felsemiotica.org/site/wp-content/uploads/2014/10/Sonesson-G%C3%B6ran-De-la-estructura-a-la-ret%C3%B3rica-en-la-semi%C3%B3tica-visual.pdf

3. https://cubanartnews.org/es/2012/06/19/un-recorrido-a-traves-de-la-exposicion-las-metaforas-del-cambio-parte-1/

4. https://www.efe.com/efe/america/cultura/el-arte-cubano-regresa-a-ee-uu-tras-casi-setenta-anos-de-desconexion/20000009-3249013

5. https://elpais.com/cultura/2015/05/29/actualidad/1432893458_038205.html

6. https://gestioneventos.us.es/_files/_event/_16604/_editorFiles/file/ACTIVIDAD_ART_STICA_Y_PRECARIEDAD_8WCEM.pdf

 

Fuente: http://www.cubarte.cult.cu/periodico-cubarte/la-precariedad-de-una-resena-o-la-bienal-prefigurada/