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El caso de George Orwell

La sociedad de masas y la realización del individuo

Fuentes: Rebelión

Uno de los escritores de quien más se habló en el intenso período de la Guerra Fría, George Orwell, yace hoy olvidado, habiendo perdido su papel de ariete en las campañas antisoviéticas de los años cincuenta. Eric Blair, su verdadero nombre, asentó una crítica demoledora a las sociedades totalitarias de control social. Su obra, se […]

Uno de los escritores de quien más se habló en el intenso período de la Guerra Fría, George Orwell, yace hoy olvidado, habiendo perdido su papel de ariete en las campañas antisoviéticas de los años cincuenta. Eric Blair, su verdadero nombre, asentó una crítica demoledora a las sociedades totalitarias de control social. Su obra, se refirió al fascismo, recién concluida su derrota, pero también a la Rusia estalinista.

Sus dos relatos del pináculo: La granja de los animales y 1984 han quedado como hitos ejemplares del sometimiento de la individualidad a la razón colectiva, del problema del Estado privado de raíces morales. «La historia, decía Joyce, es una pesadilla de la que intento despertar», nadie mejor que Orwell supo comprender esto. Cuando en 1949 publicó 1984, una frase, luego famosa, el «Hermano Mayor te vigila», fue utilizada desde entonces como símbolo de la capacidad supervisora del estado totalitario. Escrita contra las deformaciones del hitlerismo y el estalinismo la narración describía un país en el cual los sistemas de inspección se multiplicaban hasta hacer imposible la vida privada.

Nacido en Bengala, India, en 1903, hijo de un funcionario civil de menor cuantía en la administración colonial británica, Orwell estudió en Eton, donde fue discípulo de Aldous Huxley. En 1921 ingresó en la policía imperial y fue destinado a Birmania. Esa experiencia coercitiva le moldeó su carácter. Aprendió a detestar el colonialismo y vivió desde adentro las técnicas represivas de los sistemas de dominio autoritario. Tras renunciar a la policía birmana, en 1928, regresó a Inglaterra donde frecuentó a los mineros desocupados y a los menesterosos de los barrios pobres, de donde salió su primer libro «El camino de Wigan Pier», escrito en 1936.

Fue a España a luchar junto a los republicanos. Luchó, como subteniente, en los frentes de Aragón y de Teruel, donde fue herido en el cuello lo cual le dejó una afección en la voz. En 1937 comenzó a renegar del comunismo. Escribió «Homenaje a Cataluña» y al regresar a Londres ingresó en el servicio hindú de la BBC. Al estallar la guerra fue rehusado por el ejército.

Su primer éxito, Rebelión en la granja, fue escrito en 1944. Mediante una fábula política trató de caricaturizar la Unión Soviética de Stalin que tanto había impugnado. En 1949 publicó 1984 sobre el totalitarismo moderno. Hoy, la pesadilla reflejada en aquella novela se advierte fácilmente en una sociedad moldeada por Bush en la cual con la llamada Ley Patriótica ha violado los derechos constitucionales y las libertades civiles ampliando las posibilidades de registros ilegales, supervisión telefónica, arrestos sin habeas corpus, juicios militares por delitos civiles, investigaciones de expedientes bancarios, médicos, siquiátricos y estudiantiles, grabaciones telefónicas, pesquisas por internet y encarcelamiento por sospecha.

Naturalmente, Orwell no conoció a Bush. La distorsión de la verdad, la reescritura de la historia, las técnicas de lavado de cerebro mediante la persuasión racional fueron temas críticos inaugurados por él. Orwell habló del «newspeak» o la «neohabla» y del «doublethink» o la «infraidea» como maneras de encubrir el verdadero pensamiento o disfrazar las discrepancias con una simulación de adherencia. Existe en la obra un «Ministerio de la Verdad» encargado de orientar todas las manifestaciones conceptuales. Para diseñar las líneas de ese ministerio de su ficción se basó en su trabajo en la BBC. En su obra el Estado impide la realización del individuo e impone su presencia ineludible y opresiva en todas las manifestaciones de la vida. La saturación mediática imposibilita la opinión original.

Su obsesión con las persecuciones las derivó de su vida personal. Scotland Yard le siguió de cerca desde que se reunía con los mineros desempleados y los miserables potencialmente rebeldes para escribir su Wigam Pier. Durante el tiempo en que trabajó en la BBC fue espiado por una rama de la inteligencia británica. Sin embargo, sus propios antecedentes como agente y su antiestalinismo finalmente le arrastraron al abismo moral. En 1948 pasó a una unidad especial anticomunista del Foreign Office una lista de ochenta y seis simpatizantes comunistas y degeneró en un miserable delator. Orwell murió en enero de 1950, en Londres, víctima de una tuberculosis que le venía minando desde hacía tiempo.

Su gran mérito consiste en haber descubierto y retratado un fenómeno típico del siglo XX: la sociedad engullida por un objetivo superior que suprime lo distintivo de cada ser humano. En la sociedad de masas el carácter disciplinado del sujeto está basado en el consentimiento colectivo, la democratización de la dependencia y la manipulación centralizada de la capacidad de decisión. Orwell supo ver, por encima de las fronteras y de los tiempos, los rasgos comunes de un mundo, entonces inminente, que hoy es una realidad.

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