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El líder rebelde incursiona en la literatura erótica

Marcos presenta Noches de fuego y desvelo

Fuentes: La Jornada

El subcomandante Marcos está enamorado, fascinado, erotizado, por una mujer-luz, pero para poder remontar el rechazo inicial y seducirla ha transmutado una vez más su persona y, desde la oscuridad, se ha convertido en el misterioso Sombra, el Guerrero, un caballero medieval con armadura y yelmo cuya rejilla cubre, una vez más, no sólo su […]

El subcomandante Marcos está enamorado, fascinado, erotizado, por una mujer-luz, pero para poder remontar el rechazo inicial y seducirla ha transmutado una vez más su persona y, desde la oscuridad, se ha convertido en el misterioso Sombra, el Guerrero, un caballero medieval con armadura y yelmo cuya rejilla cubre, una vez más, no sólo su rostro, sino su pasamontañas.

Ubicada entre la realidad y la ficción, esta historia de amor y erotismo, con imágenes de sexo explícito en las que el jefe rebelde del Ejército Zapatista de Liberación Nacional se muestra sin pudores -para delicia de sus admiradoras-, es recogida en el libro-objeto de arte Noches de fuego y desvelo (Colectivo Callejero).

Este bello volumen, como lo calificó el escritor Carlos Montemayor, fue creado con base en una atinada combinación de textos-cartas encendidas de Sombra, pinturas de Antonio Ramírez (revelado como Pinceles) y diseño de Efraín Herrera (Cuadratín).

El libro tiene una segunda parte, en la que Marcos-Sombra se transmuta de nuevo en un pirata, un marinero, un caballo y un mago, en un desbordamiento de la imaginación seguida con fidelidad y creatividad por los colores y formas de Pinceles y la tipografía y acomodos del espacio de Cuadratín.

Entre tumultos, el singular volumen -que cuesta 900 pesos, tiene un tiraje de mil ejemplares y cuyos recursos recabados se destinarán a proyectos de salud en comunidades indígenas de Chiapas-, fue presentado el viernes en la Casa Lamm por Carlos Montemayor, Herman Bellinghausen, Adriana Malvido y los autores.

Marcos leyó el texto El amor, sus modos y ni modos, y de una manera quizá borgiana, que puede ser real o novelesca, pues habló de una carta de amor que el jefe rebelde escribió por encargo de un compañero de la comisión de investigación del EZLN, Elías Contreras, y de otra carta de amor más de éste mismo a Magdalena, otra compañera, quien, luego revelaría el subcomandante, como una vuelta de tuerca de su relato, murió en una batalla.

Y además, como un desdoblamiento, también literario, contó la manera como conoció al protagonista de Noches de fuego y desvelo, en julio de 2005. «Conocí a Sombra, el Guerrero, alguna de esas madrugadas en las que visité a los vigilantes. En ese entonces, en las distintas zonas se estaba discutiendo la que después sería conocida como Sexta declaración de la Selva Lacandona…»

Luego contó cómo surgió este libro de batallas de amor, en noches de desvelo entre Sombra, Pinceles y Cuadratín, en Guadalajara. «Ella (su amada) nos derrotó desde la madrugada aquella en que reunidos los tres, sin más lisonjas que las que ofrecen el café y el tabaco, llamarnos la Sociedad del Desvelo decidimos».

Literatura erótica renovada

«Qué se sumen, pues, los desvelos que esta historia, palabra, imagen, libro, provoquen, que luz tan alta como la que en ella anda, alto tiene el sueño y a desvelar alcanza con su brillo a todo varón o fémina que de serlo se precie, aunque aumente más así mi sufrida vela. No estoy vencido, no, saberlo vosotros y aquél que en la pelea entre para ser no dueño, sino siervo de mi señora.»

Montemayor dijo que los textos de Sombra, el Guerrero, son estupendos. «Ahora me sorprende más el ritmo clásico, que viene a la lengua española desde hace muchos siglos, desde que la lengua española era latín, que viene desde Séneca, desde Ovidio. Y no sé recuperado desde dónde, Sombra ha logrado integrar como parte de su expresión y de su arte literario».

Y planteó a manera de pregunta: «¿Por qué Marcos no iba a entrar -como ya lo ha hecho en el discurso político, en el relato y en el talento de recuperar estructuras, ritmos y motivos de las lenguas indígenas, particularmente del tojolabal, y renovar así las letras políticas de nuestro continente- o por qué iba a considerar vedado un terreno tan oscuro y a la vez tan luminoso como el de la literatura erótica?»

Hermann Bellinghausen recordó que «el guerrero enamorado es una tradición literaria en sí misma» presente por ejemplo, en la Europa medieval, el México antiguo y países de oriente como India y Japón.

«Desde el deseo las noches de insomnio se cargan de un sentido diferente a la angustia, la soledad, el desarraigo, la desazón que espoleó el cortejo de la dama, como capitán sitiando una difícil fortaleza, con la única y carnal visión de tomarla, y en un juego de espejos, ser tomado por ella», señaló.

Adriana Malvido propuso «dejarse atrapar entre las páginas, como cuando uno se deja atrapar entre las sábanas, o las yerbas, o las olas, en la piel del otro». Y agregó:

«Marcos se convierte en Sombra, el Guerrero, para escribir por las noches al único ser que ha sido capaz de doblegarlo, de seducir al seductor, de quitarle el sueño pero no la duermevela, y de llevarlo al delirio, al ansia, al miedo, a un suspiro interminable y a un impulso poético que hace volar por los aires y en añicos su armadura, su yelmo, su lanza y todo aquello que lo cubre para hacerse caballero andante, Quijote de la montaña, o Cirano.»