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México: Indígenas demandan aborto seguro

Fuentes: La Jornada

Quienes piensan que los derechos reproductivos de las mujeres no han sido una prioridad del movimiento indígena mexicano no han hablado con las líderes de las diversas regiones del país. El EZLN, sin duda uno de los más interesantes movimientos políticos que se desarrollan en nuestra tierra, se reconoce como un importante impulso al movimiento […]

Quienes piensan que los derechos reproductivos de las mujeres no han sido una prioridad del movimiento indígena mexicano no han hablado con las líderes de las diversas regiones del país. El EZLN, sin duda uno de los más interesantes movimientos políticos que se desarrollan en nuestra tierra, se reconoce como un importante impulso al movimiento feminista indígena nacional, según expresó recientemente un grupo seleccionado de mujeres líderes de Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Chiapas, Chihuahua, Michoacán y Puebla. Las mujeres están tomando posiciones en los cuerpos de decisión e impulsando una agenda basada en la equidad de género y en la promoción de los derechos sexuales y reproductivos.

Con frescura y claridad envidiables, me decía una de las líderes tzotziles que las mujeres indígenas de hoy deciden cuántos hijos tener y cuándo, además de que están luchando contra la mortalidad materna, es decir, para disminuir las muertes por embarazo, parto o aborto:

«Aunque lo nieguen, en Chiapas hay aborto, sea provocado, sea espontáneo. Aunque algunos luego lo ven mal, ¡que si es castigo de Dios!, cuando lo que es castigo es tener 10 hijos y que luego que se muera la mamá los deje huerfanitos. El caso de una muchacha de 23 años lo dice todo. Esta muchacha ya tenía seis hijos y al darse cuenta de que ya no le venía su regla, se puso a alzar cosas pesadas, a llevar cubetas de agua grandes desde el pozo hasta la casa, se aventaba desde el árbol para golpearse el vientre. Una vez llegó a su casa sangrando, tenía chorros de sangre, limpió todo y se quedó varios días así hasta que le dio fiebre: estaba entre la vida y la muerte. Después decidió ir al hospital de Comitán, pero no la quisieron atender porque supuestamente es malo hacerse un aborto y que güiri, güiri. Por presiones de la familia la tuvieron que atender, y una vez que la atendieron le querían hacer la salpingoclasia a fuerzas, amenazaron a su esposo, le dijeron que su mujer iba a morir si no le hacían la salpingo, el aceptó y luego se arrepintieron, porque su meta era tener ocho hijos y sólo tenían seis. La mayoría recurre a estas técnicas tan peligrosas: cargar cosas pesadas y tirarse de los árboles, pero también conocen hierbas abortivas: la ruda, el romero, la hoja de aguacate, la crementina del nopal son efectivas cuando las manejan bien. Son las mujeres las que conocen y buscan métodos para abortar; también han recurrido al citotec (famoso medicamento abortivo), se consigue en las farmacias, pero es carísimo, de 400 a 800 pesos por dos pastillas, y no es mejor que las hierbas.»

Según estimaciones, cada año se realizan en el mundo 44 millones de abortos. En Europa del Norte, Canadá, Estados Unidos y algunos países de Asia se realizan legalmente, con tecnología segura y con proveedores profesionales y certificados; en América Latina se practican unos 4 millones 200 mil abortos anualmente en forma clandestina y en condiciones de riesgo; solamente Cuba tiene despenalizado el aborto.

Al contrario de lo que afirma sin el menor dato el líder Protanga Jorge Serrano Limón -acusado de malversación de fondos para sus campañas que promueven hijos no deseados aun entre mujeres violadas-, uno de los grandes beneficios de la despenalización del aborto es la reducción de los problemas de salud física y mental y, sobre todo, de las muertes por aborto. Las diferencias son enormes: en Africa las muertes por aborto inseguro son de 13 por ciento; en Asia, 12 por ciento; en América Latina, 21 por ciento; en Europa Oriental, 24 por ciento; en Europa del Norte el porcentaje llega a 2 por ciento, y en Estados Unidos y Canadá la mortalidad materna es menor a uno por ciento.

Hace 14 años, en el quinto Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, realizado en San Bernardo, Argentina, en 1990, líderes de Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Paraguay y Perú decidieron instituir el 28 de septiembre como Día por la Despenalización del Aborto en América Latina y el Caribe. La fecha se eligió por un antecedente histórico: el 28 de septiembre de 1888 Brasil decretó la abolición de la esclavitud de los hijos e hijas nacidos de madre esclava. Esta disposición se denominó «libertad de vientres». De manera simbólica, la campaña actual por la despenalización del aborto pretende que cada 28 de septiembre sea el día para la libertad de los vientres de las mujeres de la región, para que ellas elijan, libremente y de manera responsable, la continuación o interrupción de un embarazo. A partir de entonces más mujeres se han sumando a esta batalla para que no se penalice más a quienes deciden interrumpir un embarazo no deseado.

Líderes indígenas se suman a esta campaña, pues, como decía una de ellas: «¡Ya es tiempo de tomar conciencia de que se pueden salvar muchas vidas! La mujer que no quiere tener un hijo mueve el mar, el cielo y la tierra para no tenerlo, y en eso corre peligro su vida».