El sociólogo afropuertorriqueño Agustín Lao Montes, referente del pensamiento radical negro y coordinador de la Red Malunga, de visita en nuestro país en el marco del Festival Antirracista y Antifascista, analiza el racismo antinegro como régimen global de poder, el lugar de Haití en la historia moderna y los desafíos que enfrentan hoy los movimientos negros frente al avance de las derechas extremas.
Agustín Lao Montes llega a la Argentina en representación de la “Red Malunga: por la justicia global y contra el racismo antinegro”, una articulación transnacional que reúne activistas, investigadores y movimientos negros de distintos puntos del mundo. Afropuertorriqueño, doctor en sociología histórica y profesor en la Universidad de Massachusetts, Lao-Montes es una de las voces más destacadas del pensamiento crítico afrodiaspórico contemporáneo. En esta entrevista, reflexiona sobre el racismo antinegro como estructura constitutiva de la modernidad, la experiencia histórica de Haití como proyecto político radical y el papel de la cultura en la construcción de un antirracismo capaz de enfrentar el nuevo escenario global.
Federico Pita.- En tu reciente publicación “Regímenes de antinegritud y movimientos contra el racismo antinegro en América Latina y el Caribe”, proponés el concepto de “antinegritud” para pensar el racismo de manera estructural. ¿Qué aporta esta noción frente a las lecturas más habituales sobre discriminación racial y por qué es clave para entender la realidad contemporánea de los pueblos negros?
Agustín Lao Montes.- El concepto de antinegritud no sería exacto, sino que lo estamos traduciendo como racismo antinegro porque viene de antiblackness en inglés. También en Brasil se habla de antinegritud pero en realidad no es un concepto que procede de la tradición radical negra en Brasil como tal, pero es una expresión singular que tiene la fuerza de cualquier expresión singular, de poder representar, con impacto retórico. Tiene la capacidad de representar con la inmediatez, con el punch, como se dice en esa metáfora del boxeo. Uno de los fenómenos más importantes para entender el mundo en que vivimos, el mundo moderno, el mundo que a partir del siglo XVI preside un proceso de globalización que nos lleva al mundo como está hoy día.
Entonces lo que hace la categoría de antinegritud o de racismo antinegro es reconocer que no se puede entender la historia de la humanidad y en particular la historia moderna, si no se reconoce la importancia fundamental del racismo antinegro o de la antinegritud para entender desde la colonización hasta las formas contemporáneas de hoy día de la colonialidad. La formación de los Estados-nación de la región que llamamos a partir de finales del siglo XIX de América Latina, las culturas dominantes, la economía mundial capitalista con una división racial del trabajo, todas las instituciones centrales que configuran el mundo en que vivimos están coloreadas por la antinegritud o el racismo antinegro. Entonces, esto es una cuestión estructural. Fundamental.
Federico Pita.- El informe recorre la experiencia de Haití y su centralidad en la lucha histórica y actual contra el racismo antinegro. ¿Cuál es el aporte de esa experiencia para la comprensión y análisis del funcionamiento del racismo antinegro como régimen global de poder?
Agustín Lao Montes.- Yo planteo que en América, en esta parte del mundo que yo también llamo Nuestra Afroamérica para parafrasear el término que acuñó José Martí, hago un contraste entre dos vías de construcción de nación-Estado. Una es la que comienza con los Estados Unidos y otra con Haití. Esto está relacionado a cuáles son los primeros dos procesos históricos de construcción de Estado. Y cuando digo Estado-nación, siempre lo digo titubeando, y lo hago porque la idea misma de Estado-Nación es una imposición ideológica que está predicada en una supuesta homogeneidad cultural de comunidad que no existe.
El modelo de Estados Unidos es un modelo donde se mantiene la esclavitud. El único país, el único proceso de construcción de país en la región de América donde hay una abolición de la esclavitud, es Haití. Precisamente porque Haití es la revolución más profunda de esa época que los historiadores como Eric Hobsbawm le han llamado la era de las revoluciones. La era de la revolución francesa, la guerra de independencia de los Estados Unidos y la revolución haitiana.
La única de ellas donde hay no solamente una voluntad, sino una práctica de abolición de la esclavitud como elemento definitorio de la construcción como país, es en Haití. Entonces ahí ya hay un hito que marca una diferencia clave en relación al resto del mundo, porque Haití también se define como una república negra desde su constitución misma. Y al ser definida de esa manera, la idea misma de la negritud como una identidad histórica, como plantea muy bien Aimé Césaire sobre Toussaint de Louverture, la idea misma de la negritud como una identidad histórica, no la negritud como un color, sino como una identidad, como un proyecto político histórico, Haití nace como un proyecto abolicionista antirracista de descolonización. Y en ese sentido rompe con el resto del mundo.
La revolución haitiana marcó el principio del fin del imperio francés, que por eso le abrió la puerta a la Pax Británica, a la hegemonía británica en el sistema mundo moderno colonial capitalista. Y por eso también fue el principio del fin de la institución de la esclavitud formal. La esclavitud continúa de otras maneras, pero a la esclavitud formal de aquella época le da el golpe de gracia la revolución haitiana.
Haití surge como una nación negra. El resto del continente se niega a la africanía, a la negritud como un componente importante de la constelación cultural que compone la nación como comunidad cultural y política. Hay una negación de que lo negro o lo africano es un componente de lo nacional.
Federico Pita.- Sos Coordinador General de MALUNGA, una red global contra el racismo antinegro. ¿Cuál es la apuesta política de la red y por qué considerás estratégico construir articulaciones regionales y transnacionales para enfrentar la antinegritud en el escenario actual?
Agustín Lao Montes.- Uno de los argumentos de Malunga, de sus razones de ser, es que el racismo antinegro ocurre en todo el mundo de manera diferencial pero relacional. Es importante a través de la educación, la investigación y de la acción colectiva, combatir el racismo antinegro. Eso no se puede hacer de manera abstracta, sino que hay que entender las formas concretas en que el racismo antinegro se expresa en diferentes partes del mundo. Inclusive los diferenciales locales de los nacionales. Es decir, el racismo antinegro tiene la paradoja de que es terriblemente local y a su vez es un fenómeno global. Por eso debemos juntar las energías de acción colectiva contra el racismo antinegro en diferentes lugares, para elaborar una coalición antirracista a nivel mundial.
Federico Pita.- En un contexto marcado por el avance de las derechas extremas, el negacionismo y la legitimación de discursos de odio, ¿cómo impacta el nuevo escenario global en las luchas antirracistas y qué desafíos específicos plantea para los movimientos antirracistas en América Latina y el Caribe?
Agustín Lao Montes.- Somos muchos los que alrededor del mundo reconocemos el peligro inminente y la emergencia de formas profundamente autoritarias y violentas del poder imperial y del poder estatal. Desde Donald Trump en Estados Unidos, que está potenciando las formas de ruptura del orden internacional de la posguerra a la decadencia en medio de la policrisis de la ideología liberal que ostentan organizaciones como la ONU ya se había manifestado, entre otras cosas, lo veíamos en el genocidio de Gaza y la inacción de esta organización.
Estamos en un mundo donde la pretensión de las nuevas formas del fascismo es imponer la fuerza bruta como determinante en las formas de interacción entre los Estados, y como será también esa dominación al interior de los Estados. Trump tiene esa idea, y ya lo dijo con toda claridad después del secuestro de Nicolás Maduro el 3 de enero. Dijo que iban a mantener la militarización del Caribe, asegurando que iba a gobernar Venezuela, que iba a intervenir Irán y que en los Estados Unidos iba a militarizar las ciudades.
Todo esto tiene claramente un componente racista, no solamente por el hecho no menor de que todas las personas que estaban en esa conferencia de prensa eran hombres blancos, sino también porque es precisamente el poder despótico de los imperios blancos, que muy bien Du Bois lo demostró desde principios del siglo XX, fundamental para entender el fenómeno de las guerras imperiales. Hay una voluntad expresa, manifiesta del poder del hombre blanco de recuperación de su poder patriarcal-burgués-blanco. Entonces no se puede entender el fascismo si no tiene como uno de sus componentes principales en nuestro contexto, el racismo.
Federico Pita.- Tu visita a Buenos Aires se da en el marco del Festival Antirracista y Antifascista. ¿Qué lugar ocupa la cultura, el arte y la experiencia colectiva en la construcción de un antirracismo radical orientado a la justicia global?
Agustín Lao Montes.- Esto que estamos hablando es parte de lo que tenemos que poder discutir en Argentina durante el festival antirracista. Cómo le comunicamos al mundo que lo que está en juego es una política antirracista radical, que es la más efectiva para confrontar ese poder despótico imperial, que es el mayor peligro que cursa el mundo hoy en día.
Por otro lado, la cultura, el arte, la dimensión estética de lo político, es de las formas más efectivas de autoafirmación y resistencia, no sólo por su poder comunicacional, porque eso sería una visión instrumentalista de la cultura, sino porque tiene la capacidad de expresar con profundidad y complejidad hasta donde nos llega al corazón, al alma, a la mente, a las sensibilidades de las mayorías, esa ofensiva de muerte a la cual estamos confrontando. El eros, la vida, la voluntad de vivir dignamente se expresan con una contundencia, con una fuerza, con un poder, con una complejidad de expresividad, con justicia poética a través del arte. Los movimientos antisistémicos tienen en el arte, en la estética, en la cultura, en los movimientos culturales, formas profundas de resistencia y afirmación y vehículos para construir para la vida. Son recursos de esperanza para la liberación.


