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Perspectivas para las izquierdas

Fuentes: Rebelión

No hemos llegado a mitad de la legislatura. Está lejos el horizonte de las elecciones generales. Pero esta nueva etapa es decisiva para consolidar la dinámica del cambio de progreso y garantizar su continuidad y refuerzo en la próxima legislatura.

Aunque el Gobierno de coalición entre Partido Socialista y Unidas Podemos y sus confluencias no tiene mayoría parlamentaria, hay una mayoría relativamente sólida de acuerdo de legislatura, apoyo a los presupuestos y estabilidad gubernamental, en el que son importantes la colaboración de los nacionalismos periféricos, en particular ERC y PNV. En pugna por su prevalencia entre las derechas, toda la estrategia del Partido Popular, en colaboración con VOX y Ciudadanos, para dividir y hacer caer al Ejecutivo y adelantar las elecciones generales ha fracasado.

Tras la fase más dura de la crisis sanitaria y socioeconómica derivada de la pandemia, habiendo desplegado un amplio escudo social y frenado la estrategia de bloqueo y crispación de las derechas, el Gobierno progresista y el bloque de la investidura comienzan otra etapa con nuevos retos: la recuperación económica de la mano de los planes y la financiación europea; la culminación de la ambiciosa agenda social frente a la aguda crisis socioeconómica, y el encauzamiento de la cuestión catalana y la crisis territorial. La reciente remodelación del Gabinete expresa su voluntad de avanzar en esos retos y aspira a agotar la legislatura hasta finales de 2023 (o primeros del 2024), con la tarea de consolidar la victoria del bloque progresista en esas elecciones generales y asegurar el cambio de progreso en la siguiente legislatura.

Aparecen tres dilemas relevantes a dilucidar: ¿Tiene suficiente consistencia el proyecto y las fuerzas progresistas, representado por el actual sistema de alianzas, para liderar otra legislatura y profundizar en su agenda reformadora, frente al supuesto avance electoral de las derechas pero aisladas del bloque nacionalista? Aparte de la pugna en las derechas, con la probable absorción de Ciudadanos por parte del Partido Popular y la persistencia de VOX, con la correspondiente derechización de ambos ¿se va a modificar el mapa de las izquierdas con una recomposición de sus equilibrios estratégicos y representativos, con mayor o menor prevalencia del Partido Socialista, y las inclinaciones centristas de un sector del mismo, respecto del espacio del cambio, con una agenda firme de progreso?. ¿Va a avanzar un proceso colaborativo y confluyente entre las fuerzas del cambio (Unidas Podemos junto con En Comú Podem y Galicia en Común, con Más País-Compromís, así como con otros sectores diferenciados del PSOE), que no solo permita ampliar el campo electoral común y su reflejo institucional sino promover una mayor activación cívica?

Es imprescindible un análisis riguroso de las tendencias sociales y electorales para enmarcar los respectivos proyectos de país, básicamente tres: conservador, socioliberal y transformador. Con la particularidad de que el Gobierno de coalición progresista y el propio sanchismo ha tenido que expresar un acuerdo (mínimo) entre los dos últimos proyectos y fuerzas progresistas.

No obstante, los dos próximos años son decisivos para consolidar o no esa dinámica democrática y social y sus equilibrios políticos y de legitimidad ciudadana, así como posibilitar su continuidad con un nuevo impulso para la siguiente legislatura. Esa trayectoria probable genera el nerviosismo que subyace en el propio poder establecido y las derechas, así como el intento de la neutralización de la presión reformadora progresista.

La agenda socioeconómica, democrática y sanitaria

Pues bien, con sus límites, los mejores indicadores sobre estos temas los facilita el CIS, del que recojo los datos de su último Estudio 3330, Barómetro de julio 2021, con una elaboración propia, expresada en varios gráficos, para facilitar la comprensión sintética de estas tendencias y permitir la aproximación a las respuestas respecto de esos interrogantes.

En primer lugar, como punto de partida, explico los principales problemas existentes en España según la percepción de la ciudadanía, que deberían definir la gestión institucional en esta etapa y el proyecto de cambio de progreso a medio plazo. El CIS pregunta por tres opciones: el primer problema, el segundo y el tercero. O sea, sumados podrían llegar hasta el 300%. Enumera unos cincuenta problemas. Aquí he desechado los que apenas son seleccionados por un porcentaje de pocas décimas y el resto los he agrupado en tres grandes bloques.

En el primero, ‘Paro y problemas socioeconómicos’, he agregado diversos problemas económicos y sociales incluido, además del paro y la crisis que son los más destacados, aspectos como la precariedad laboral y la educación. Como se pueden elegir de forma compatible, ya sean dos o tres de ellos, aparecen como prioritarios más del 100% de veces (105,4%); significa que la gran mayoría social ha respondido, al menos, con uno de este tipo de problemas socioeconómicos en una de las tres opciones, mayor que la suma de las otras dos. En el segundo, ‘Problemas políticos’, incluyo la inestabilidad política y la falta de acuerdos entre partidos, el mal comportamiento de los políticos, la corrupción…; aquí la suma llega al 55,8% de veces, en torno a la mitad que los problemas socioeconómicos. El tercero, ‘Peligros para la salud’ es el más homogéneo, integra fundamentalmente el impacto del coronavirus y su gestión, al que el Estudio dedica una amplia investigación demoscópica: es muy preocupante para el 35,4% de las personas encuestadas.

Una parte de la población ha elegido un problema de cada uno de los tres tipos (socioeconómicos, políticos, salud), y otra parte ha elegido dos de tipo socioeconómico y uno de los otros dos. Es evidente la desproporción de la amplitud percibida socialmente respecto de los tres tipos de problemas. A título orientativo y de forma simplificada para comparar en términos de porcentaje, más intuitivo, tenemos las siguientes proporciones: 35,1%, la problemática socioeconómica; 18,6% la política, y 11,8% la pandemia.

Se puede añadir que la independencia de Cataluña, sumadas las tres opciones, llega al 5,8% de la población, y que la violencia de género solo es considerada por el 1,1%, así como el racismo por el 0,4%. En estos casos, como en algunos otros que, como digo, no llegan al 1% y no los he considerado, hay que advertir que el CIS selecciona los tres primeros problemas, y ello es compatible con respuestas más abiertas sobre si tal o cual problema preocupa a la gente, cosa que es evidente y masivo para circunstancias como la desigualdad de género o el cambio climático, que aquí apenas aparecen entre las prioridades de la población.

En resumen, esta radiografía nos está mostrando las preocupaciones principales de la sociedad. En primer lugar, se muestra la cuestión social y económica, superior a la suma de las otras dos, con la demanda de empleo decente y protección social en primer plano; en segundo lugar, la temática política que interpreto en la doble vertiente de exigencia democrática y eficacia en la gestión institucional; en tercer lugar, la política sanitaria que lleva aparejada la garantía de unos servicios públicos de calidad que reduzcan la incertidumbre de la pandemia.

Se deducen unas conclusiones muy claras para definir la gestión gubernamental y el proyecto reformador progresista, en disputa entre sus tres orientaciones antedichas aunque en su actual polarización entre derechas e izquierdas (con la colaboración nacionalista): la agenda socioeconómica y laboral, con algunos retos inmediatos (SMI, precariedad laboral, ley de vivienda, política energética, reforma laboral, fiscalidad progresiva…) y la financiación europea adicional para la recuperación económica (verde y digital); la agenda democrática, de eficacia política y legitimidad institucional, incluido la regulación del marco plurinacional y territorial, así como de los grandes poderes constitucionales (empezando por el judicial y la Corona), y la agenda sanitaria, con garantías de seguridad y servicios públicos.

En esta nueva etapa, la gestión de las distintas representaciones políticas se va a confrontar con estas demandas sociales mayoritarias, en el marco por la configuración de nuevos reequilibrios de poder institucional. Su evaluación por la ciudadanía va a ser fundamental. Va a seguir estando mediada por una profunda y prolongada pugna sociopolítica, cultural y mediática, para ampliar la legitimidad de las fuerzas en presencia. Todo ello permitirá articular los correspondientes electorados y sus posibles desplazamientos para las siguientes elecciones generales.

Es un proceso intermedio para configurar las mayorías parlamentarias determinantes para continuar una senda de progreso social y democrático, frenarlo con el riesgo de una involución autoritaria y regresiva, o bien gestionar un simple continuismo centrista. Este plan intermedio, muy querido por los poderes económicos y europeos, tiene difícil traducción política para el Partido Socialista, por la oposición visceral de las derechas políticas y, por otro lado, por las demandas cívicas de reformas sociales y democráticas y la persistencia del espacio del cambio de progreso y las fuerzas nacionalistas; pero la tendencia es fuerte.

Expectativas electorales contradictorias

Tras este análisis de las características e interrogantes de esta nueva etapa política de la segunda mitad de la legislatura, con una valoración de los principales problemas percibidos por la población y la necesaria agenda socioeconómica, democrática y sanitaria, evalúo dos aspectos complementarios. Primero, las tendencias electorales con el voto definido para unas próximas elecciones generales. Segundo, la composición de los bloques ideológicos en el eje izquierda / derecha, particularmente, la identificación ideológica de los electorados de las tres fuerzas progresistas o de izquierda: Partido Socialista, Unidas Podemos (junto con sus confluencias En Comú Podem y Galicia en Común) y Más País-Compromís (junto con Equo); se trata de comprobar su dimensión, afinidad y complementariedad.

Las próximas elecciones serán las andaluzas para finales de 2022 -si no se adelantan-, previas al nuevo ciclo de las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2023. Las elecciones generales no son inminentes, probablemente se agote la legislatura y falta más de la mitad de ella. Sin embargo, tanto en la sociedad como, sobre todo, en las direcciones de los partidos políticos comienzan a desarrollarse expectativas y planes para ampliar su legitimidad social y su apoyo electoral e incrementar sus posiciones de poder institucional desde el que implementar sus respectivos proyectos y alianzas para la siguiente legislatura. Y va a ser decisiva la gestión del Ejecutivo progresista y sus aliados parlamentarios, confrontada a la oposición de las derechas, respecto de los principales problemas de la sociedad, tal como son percibidos por las mayorías sociales con su articulación cívica y bajo la pugna política, discursiva y mediática.

Con esas consideraciones y dadas las expectativas de los diferentes grupos políticos, tiene sentido estos estudios demoscópicos, cuyos resultados no son unánimes, pero ofrecen alguna orientación sobre el devenir político.

En todo caso, hay que advertir un hecho político relevante para garantizar la gobernabilidad estatal en este sistema parlamentario: finalizado el bipartidismo y en el marco de un nuevo sistema de bloques, el Gobierno de coalición de izquierdas puede alcanzar acuerdos significativos con grupos nacionalistas y regionalistas para garantizar una opción de progreso y la articulación territorial, mientras las derechas están más aisladas para conseguir ser mayoría parlamentaria y acceder al Ejecutivo.

Por tanto, el tipo de proyecto de país y la estabilidad gubernamental no depende solo de la polarización entre esos dos bloques de izquierdas y derechas (con sus respectivos reequilibrios internos), sino de la actitud de ese tercer bloque, muy heterogéneo y en el que, aunque predomina el eje territorial/nacional, las tendencias de izquierda también son mayoritarias.

Analizo, en primer lugar, la encuesta del CIS por ser la más amplia, aunque contrasto sus resultados con otras del ámbito privado. En el gráfico adjunto expongo los datos expresados de Voto + simpatía, reelaborados en porcentaje respecto de la participación válida a las formaciones políticas que llega al 74,1%. No considero el 25,9% de personas que apuestan por la abstención, el voto blanco y nulo o No sabe / No contesta. Dejo al margen los partidos nacionalistas y regionalistas y solo valoro las formaciones y alianzas estatales, agrupadas en los dos bloques: derechas (Partido Popular, VOX y Ciudadanos) e izquierdas (las tres mencionadas, PSOE, UP/ECP y MP-Compr.).

La suma de las izquierdas estatales, con un 47,6%, mantiene una sustancial ventaja respecto de las derechas estatales, con un 38,1%. Hoy en día la estrategia de acoso y crispación de las derechas no ha conseguido dividir y derribar al Gobierno ni recuperar un apoyo electoral significativo que aventure su alternancia gubernamental. Es evidente el aumento electoral del PP, pero a costa de CS, junto con el mantenimiento de VOX.

Fuente: CIS. Barómetro de julio de 2021 y elaboración propia

En relación con los resultados de las elecciones generales de noviembre de 2019 (participación del 69,2%, incluido votos en banco pero no los nulos), según la tabla adjunta, las izquierdas se refuerzan, desde el 43,6%, y las derechas se debilitan, desde el 45,2%. Las derechas estatales habían conseguido hace dos años más porcentaje de voto que las izquierdas estatales, lo que han aprovechado para cuestionar la legitimidad del nuevo Gobierno. No obstante, derivado de la ley electoral (que perjudica a las minorías, por un lado, a UP y MP y, por otro, a CS) las izquierdas obtuvieron más escaños (155+3 frente a 151) que sumados a los de varias formaciones nacionalistas y regionalistas les permitieron obtener una mayoría parlamentaria para formar (legítimamente) el Gobierno progresista de coalición.

Resultados de las elecciones generales de noviembre de 2019

IZQUIERDA Votos % Escaños DERECHA Votos % Escaños
PSOE 28,3 120 PP 21,0 89,0
UP/ECP 13,0 35 VOX 15,2 52,0
MP/Compr. 2,3 3 CS 9,0 10,0
SUMA 43,6 158
45,2 151,0

Fuente: Ministerio del Interior y elaboración propia.

En el interior de cada bloque se produce cierto reequilibrio representativo. En las izquierdas, el PSOE (32,3%) aumenta su ventaja respecto de UP/ECP/GC (11,3%), casi triplicando sus votos, pero apenas llega al doble si contamos las dos fuerzas del cambio, con el 4% de MP/Compr., que asciende ligeramente, con un trasvase de 1,7 puntos, aunque todavía está muy lejos de UP (con sus convergencias), que casi la triplica.

En las derechas el PP (22,9%) confirma e incrementa la absorción de la mayoría del electorado de Ciudadanos; avanza en su tarea estratégica para concentrar el voto y convertirlo en ‘útil’ a efectos de escaños. Pero VOX persiste con su electorado, casi la mitad que el del PP, aunque una vez bajando del 15% (al igual que los demás minoritarios) podría verse penalizado en el reparto de escaños. Es decir, el PP podría ver reforzada su prevalencia entre las derechas, pero su suma (38,1%) podría bajar hasta siete puntos respecto de 2019 (45,2%) y, lo que es más importante, alejar sus posibilidades de alternancia gubernamental al tener la dificultad de acuerdo con los grupos nacionalistas, dada la tendencia centralizadora y autoritaria de su españolismo conservador y excluyente, acomplejado por la presión de VOX.

Este análisis demoscópico del CIS está cuestionado por otros estudios privados, que expresan otra realidad. Cito uno de los más significativos, el de KEY DATA, con una participación del 64,3% (contando los votos blancos), casi cinco puntos menos que en 2019.

Encuesta de KEY DATA

IZQUIERDA Votos % Escaños DERECHA Votos % Escaños
PSOE 25,2 102 PP 28,3 122
UP 9,8 25 VOX 15,7 52
MP/Compr. 3,9 6 CS 3,3 1
SUMA 38,9 133
47,3 175

Fuente: KEY DATA (Público 29/07/2021), con elaboración propia.

Como se ve según en la tabla adjunta, los datos de este estudio demoscópico, que coinciden con otras encuestas privadas, no pueden ser más dispares con los del CIS. Son similares los de MP/Compr. y CS, pero a las izquierdas le da casi nueve puntos menos (siete al PSOE y 1,5 a UP), con un total de 38,9% (133 escaños) y se los da a las derechas, con una suma del 47,3% (175), a falta de un escaño para la mayoría absoluta. Son evidentes el frenesí de la dirección del Partido Popular, que se reafirma en su estrategia destructiva y de bloqueo, y la preocupación del Gobierno progresista, con su plan de relanzamiento tras la remodelación del Gabinete. Veremos su desarrollo.

Dejo aquí esta prospectiva electoral. Las diferencias demoscópicas son grandes, queda mucho trecho, las espadas están levantadas y, como decía, va a ser decisiva la gestión de esta nueva etapa por todas las partes implicadas, incluido el nivel de activación pública y legitimidad social ante la agenda socioeconómica, democrática (incluido el conflicto catalán) y sanitaria. Desde el punto de vista analítico solo nos queda seguir con rigor los hechos objetivos que condicionan las actitudes sociales y las pertenencias colectivas.

Identificaciones ideológicas de los electorados

Analizo diversos datos de interés, proporcionados por el Barómetro de julio del CIS, que informan de las identificaciones ideológicas de los respectivos electorados, en el eje Izquierda / Derecha y, en el marco de la nueva etapa política, pueden dar pistas sobre su comportamiento electoral.

En el adjunto gráfico expongo la distribución, en tres bloques, según la autoubicación ideológica de todos los electorados, incluido los nacionalistas y regionalistas cuyas mayorías se define de izquierdas (incluso una parte del voto al PNV y a JxCAT). Aunque la escala es de 1 (Izquierda) a 10 (Derecha) y el punto medio puro es el 5,5, dada la ambivalencia y la amplitud del electorado que opta por el 5 he desgajado ese segmento del típico centro izquierda para situarlo solo como centro ideológico: llega al 24% y sobre el hay una fuerte pugna entre ambos bloques políticos. La autoubicación de izquierdas llega al 40,6% (segmentos 1 a 4), y la opción de derechas es preferida por el 25,5% (segmentos 6 a 10). También hay que resaltar el significativo 9,9% de No sabe / No contesta, aunque la otra cara de la moneda es que la gran mayoría del 90% expresa un posicionamiento definido en este eje ideológico de Izquierda / Derecha.

Como se ve en el siguiente gráfico sobre la distribución de la población en cada segmento según su identificación ideológica, el volumen de cada uno de ellos es desigual. Por tanto, tiene interés comprobar el distinto tamaño de cada segmento ideológico, con la especial particularidad del comentado cinco, que supone la cuarta parte: es elegido por el centrismo ideológico, aunque un sector vota formaciones de izquierdas y otro de derechas, ambas con reclamos de centroizquierda y centroderecha y habiendo fracasado la imagen centrista de Ciudadanos.

En ese ámbito es donde se da abiertamente la confrontación para sumar mayorías electorales y es decisivo en dos sentidos: representativo, para conseguir la delegación de su voto y apoyo político, y de influencia (clientelar, estructural o discursiva), para modificar las ideas y posiciones políticas de esa base social para adecuarlas a su ideario. Es mucho más decisivo para las derechas, que parten de un refrendo menor (de quince puntos) respecto de las izquierdas, y deben ampliar su electorado en ese segmento por la doble vía contradictoria: hacerse pasar por centro derecha, es decir, por cierta moderación, o bien apostar por la polarización reaccionaria (trumpista) afín de transformar ese segmento en un mayor posicionamiento hacia la derecha mientras VOX intenta radicalizar el resto, la otra cuarta parte, hacia la ultraderecha.

Es el dilema del PP, particularmente de su dirección estatal, que bajo la presión de VOX, claramente favorable a la segunda opción autoritaria y ultraderechista, sigue la senda de la tensión política que parcialmente le ha dado resultados en el Madrid de la presidenta Ayuso, facilitado el 4M por la estrategia centrista y perdedora del olvidado candidato socialista Gabilondo y su aparato asesor, pero que es dudoso que se generalice su éxito en el conjunto del Estado.

Los electorados de izquierdas: lo común y lo complementario

Por último, en el gráfico sobre la autoubicación ideológica de los electorados de las tres fuerzas progresistas, detallo su distribución por cada uno de los segmentos de 1 (Izquierda) a 10 (Derecha). Varios rasgos hay que destacar.

Fuente: CIS. Barómetro de julio de 2021 y elaboración propia.

Primero, las tres formaciones representan a un electorado muy mayoritario de izquierdas. Al PSOE le apoyan una media del 7% de los segmentos ideológicos de derechas, y a las dos fuerzas del cambio, apenas unas décimas. En el segmento de centro no llegan a sumar la cuarta parte, con una proporción significativa del PSOE y muy poca de las otras dos.

No obstante, hay que recordar que aun con esta escasa representatividad en este segmento de centro y dada la amplitud del electorado ideológicamente de izquierdas, el CIS daba una ventaja electoral cómoda a la suma de las tres fuerzas frente a las derechas. En ese sentido, ambas fuerzas del cambio, UP/ECP y MP/Comprom., representan casi en exclusiva a electorados definidos de izquierda, es decir, tienen bases sociales comunes y no son transversales desde el punto de vista ideológico de este eje.

Segundo, comparando el PSOE con la suma de ambas fuerzas del cambio, la representatividad socialista adquiere mucha ventaja en el segmento 4 (izquierda moderada) con una relación de tres a uno (45,6% / 12,5%) y, al contrario, en el segmento 2 (izquierda transformadora) las fuerzas del cambio (40,1%) sobrepasan ampliamente la representatividad socialista (32,6%), con una proporción intermedia en el segmento 3 (izquierda transformadora). Lo curioso, que ya se notaba en el estudio de las elecciones de 2019, es que entre la gente identificada como de izquierda radical (segmento 1), casi el 10% del total, la mayoría se inclina por el PSOE (36,5% / 29,5%). O sea, contra lo que pareciera por la imagen partidista respectiva, el Partido Socialista (el sanchismo) ha conseguido una fuerte representatividad en ese segmento, disputándole la mayoría de este a ambas fuerzas del cambio. Significa que esos distintos segmentos pueden convivir bajo el mismo paraguas partidista y que aparte de esta dimensión ideológica hay otras variables que explican el voto.

Dicho de otra forma, la disputa política entre los espacios del cambio y el socialista por conseguir su prevalencia se produce en los cuatro segmentos de las izquierdas, con mayor desventaja relativa para los primeros en el segmento 1 (izquierda radical) y el segmento 4 (izquierda moderada) y menor en los segmentos 2 y 3 (izquierda transformadora), y considerando que en el segmento 5 (centro) puede haber algunos reajustes, aunque se supone que la competencia se debería establecer entre todas ellos respecto de las derechas. Todo ello contando con la variable de la abstención, más amplia entre los sectores de izquierdas y, por tanto, del estímulo para su participación.

No hay que olvidar que en las recientes elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid, el PP de Ayuso, aparte del electorado de Cs, creció desde la abstención centrista, particularmente de jóvenes acomodados, y que el electorado socialista se redujo, sobre todo, en dirección a la abstención y a ambas fuerzas del cambio que incrementaron sus porcentajes con una superación nítida (24,2%) respecto de los del PSOE (16,9%).

Tercero, la relación entre los electorados de UP/ECP y MP-Comprom. muestra el rasgo común de su pertenencia a las izquierdas, más del 90% de sus respectivos electorados se definen así, complementado con un fuerte progresismo feminista y ecologista. Eso permite una alta compatibilidad ideológica de las bases sociales de ambas formaciones para conforman un espacio unitario, aunque haya un pequeño sesgo representativo: muy igualado entre la izquierda moderada, diferencia significativa en la izquierda transformadora y muy relevante en la izquierda radical.

Como decía antes, a pesar de cierto crecimiento de MP/Comprom. y relativo debilitamiento de UP/ECP, las diferencias de uno a tres son sustanciales, se mantienen y su traducción a escaños (según KEY DATA) sería de 6 a 21, con perjuicio para ambos yendo separados, y con la reducción institucional de los primeros, prácticamente, al ámbito de dos territorios, Madrid y País Valenciano. Esa división de candidaturas les penalizaría para las elecciones generales que es donde hay una mayor constricción para traducir los votos en escaños por la ley electoral, al menos en 46 provincias.

Por tanto, el reto que tienen ambos es cómo ensanchar el conjunto del espacio del cambio, diferenciado del Partido Socialista, al mismo tiempo que dar pasos en su colaboración para presentar una alternativa creíble y unitaria, particularmente, para las elecciones generales de 2023. A estos dos rasgos, compatibilidad y complementariedad de sus respectivas bases electorales y eficacia en su traducción parlamentaria, se añaden las dificultades y los beneficios de remontar las tensiones pasadas y articular sus respectivos perfiles políticos y legítimos intereses partidistas desde el respeto a la pluralidad, liderazgos compartidos y formas de entendimiento democráticas y cooperativas. Pero sobre ello habrá que volver con detenimiento.

Antonio Antón. Profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid.

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