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Por una república social y federal (II)

Fuentes: Rebelión

La República como horizonte a medio plazo

La importancia de la reivindicación a medio plazo de una República Federal en España no viene tanto de unas presuntas virtudes superiores del régimen republicano sobre el monárquico – que también – cuanto del significado en el proceso histórico político que dentro de la formación social española significaría su proclamación. Expliquémonos.

El carácter electivo y no hereditario de la máxima autoridad del estado, el posible menor gasto para las arcas públicas de un Presidente frente a una Casa Real, la responsabilidad penal y política de una máxima autoridad republicana ante la irresponsabilidad regia, el resabio antiguo de los derechos de sangre en comparación con el aire moderno de la igualdad de nacimiento, la propia extensión de la idea de democracia y sufragio universal a la cabeza del estado son sin duda buenos motivos para preferir una forma de estado republicana a una monárquica.

Sin embargo, estas razones que podemos tildar en plan estupendo de “ontológicas” palidecen frente a otros argumentos en defensa de la opción republicana que cabría calificar de “históricos”. Dicho de manera un tanto simple y brutal: en España la república sería un importante y transcendental avance en la profundización de la democracia política, económica y social no tanto por las virtudes intrínsecas a su filosofía, instituciones y forma de funcionamiento, cuanto porque su proclamación necesitaría e implicaría una profunda crisis de legitimidad, una verdadera quiebra de hegemonía del bloque de poder dominante en España, esa gran coalición de financieros, industriales y terratenientes que vampirizan el estado y hacen de España su cortijo y masía.

Debemos tener muy en cuenta que a raíz de la crisis económica y la subsiguiente pérdida de legitimidad del bipartidismo PSOE/PP y de la monarquía encabezada por Juan Carlos, se inició en España una gran operación política concebida para reasegurar el sistema de dominación heredado de la transición que tenía en la monarquía y en la constitución del 78 sus garantes. La abdicación del gran cazador de elefantes, la sucesión de la corona en Felipe VI, las maniobras orquestales en la oscuridad dentro de un PSOE necesitado de reflotamiento, la guerra sucia a Podemos y el independentismo, el resurgimiento del nacionalismo, la potenciación de un nuevo partido del Ibex como Ciudadanos fueron algunas de las medidas que desde las altas alturas se desarrollaron para recomponer el sistema de dominación parcialmente contestado por movimientos sociales como el 15M, las Mareas o las Marchas de la Dignidad. Había que cerrar toda posibilidad a la apertura de un momento constituyente que diera lugar a un proceso constitutivo de un nuevo proyecto constitucional que conllevaba la peligrosa eventualidad de que tomase cuerpo la alternativa Monarquía/República.

En la actualidad, todo parece indicar que el horizonte de proceso constituyente ha sido hábilmente evitado por los que realmente mandan, que la ventana de oportunidad de un cambio real en la estructura de poder político y económico en España ha sido cerrada y que la operación gatopardiana de que todo cambie lo menos posible para que Felipe VI siga igual está a punto de alcanzar la victoria… a pesar de la entrada en el gobierno de Unidas Podemos perfectamente integrable por la monarquía dada la actual correlación de fuerzas

En esta situación de franco reflujo de los movimientos progresistas y de debilidad de las fuerzas de izquierda se abren dos opciones: diluirse poco a poco en la aceptación de la neo restauración borbónica Felipe VI y ser muleta de un PSOE disfrazado de un neoliberalismo de rostro humano o refundarse desde abajo, adoptar una estrategia defensiva e ir perfilando un proyecto de España basado en un cultura solidaria, igualitaria y federal que tenga a la república como horizonte a medio plazo. .

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