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Prólogo a Pasajes de la Guerra Revolucionaria (Congo)

Presentado en La Habana libro del Che sobre la guerrilla en el Congo

Fuentes: Ocean Sur

En la mañana de este viernes 2 de julio fue presentado en la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) el libro Pasajes de la guerra revolucionaria (Congo) -un trascendental testimonio de Ernesto Che Guevara sobre su participación en la guerrilla congolesa, publicado por Ocean Sur en asociación con el Centro de […]

En la mañana de este viernes 2 de julio fue presentado en la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) el libro Pasajes de la guerra revolucionaria (Congo) -un trascendental testimonio de Ernesto Che Guevara sobre su participación en la guerrilla congolesa, publicado por Ocean Sur en asociación con el Centro de Estudios Che Guevara-, lanzamiento que coincidió con el 85 aniversario del natalicio de Patricio Lumumba, primer presidente del Congo, asesinado el 17 de enero de 1961, apenas semanas después de su asunción como mandatario.
Pocas veces se ha tenido el privilegio de ver reunidos a los sobrevivientes de esa epopeya africana que comenzó en 1965, fruto de los desvelos del Che por continuar ayudando a liberar «otras tierras del mundo». Los comandantes Víctor Dreke (Moja, jefe de la Columna 1) y Oscar Fernández Mell (Siki, jefe del Estado Mayor, médico desde la Sierra Maestra), así como el primer teniente Harry Villegas (Pombo) -integrantes de la guerrilla congolesa dirigida por el Che-, junto a Aleida Guevara March, emocionaron al auditorio con su recuerdo de aquellos días, que tan decisivos resultaron para las futuras victorias de las luchas por la emancipación en el continente africano.
Se encontraban presentes miembros del cuerpo diplomático africano acreditado en Cuba, integrantes de la guerrilla congolesa, funcionarios de instituciones políticas, colaboradores de Ocean Sur, así como admiradores y estudiosos de la vida y la obra de Ernesto Che Guevara.

La doctora Aleida Guevara, hija mayor del Che, explicó que Pasajes de la guerra revolucionaria (Congo) es «un libro muy importante, uno de los inéditos del Centro de Estudios Che Guevara conservado en su archivo personal» que se publicó por primera vez en 1998 y ahora circula en una nueva edición, ya como versión íntegra de todos los apuntes corregidos por el intelectual y guerrillero argentino. Significó para ella, además, «el primer reto de hacer un prólogo» a un material «tan valioso» como las memorias del Che sobre la guerrilla congolesa y donde traza no solo «sus experiencias» sino además «una evaluación de lo que se debe y lo que no se debe hacer» en ese tipo de lucha por la liberación.
La autora del prólogo se refirió a la publicación de una carta de Fidel Castro al Che -desconocida antes de la aparición del volumen- donde el líder de la Revolución «trató de convencerlo de que regresara a Cuba». Es la «carta de un hombre a otro tratando de protegerlo», expresó y leyó algunos fragmentos:

[…] Sin embargo, me parece que, dada la delicada e inquietante situación en que te encuentras ahí, debes, de todas formas, considerar la conveniencia de darte un salto hasta aquí.

[…] No insinúo ni remotamente un abandono o posposición de los planes ni me dejo llevar de consideraciones pesimistas ante las dificultades surgidas. Muy al contrario, porque creo que las dificultades pueden ser superadas y que contamos más que nunca con la experiencia, la convicción y los medios para llevar a cabo los planes con éxito, es por lo que sostengo que debemos hacer el uso más racional y óptimo de los conocimientos; los recursos y las facilidades que se cuenta. ¿Es que realmente desde que se engendró la ya vieja idea tuya de proseguir la acción en el otro escenario, has podido alguna vez disponer de tiempo para dedicarte por entero a la cuestión para concebir, organizar y ejecutar los planes hasta donde ello sea posible?

[…] Espero no te produzcan fastidio y preocupación estas líneas. Sé que si las analizas serenamente me darás la razón con la honestidad que te caracteriza. Pero aunque tomes otra decisión absolutamente distinta, no me sentiré por eso defraudado. Te las escribo con entrañable afecto y la más profunda y sincera admiración a tu lúcida y noble inteligencia, tu intachable conducta y tu inquebrantable carácter de revolucionario íntegro, y el hecho de que puedas ver las cosas de otra forma no variará un ápice esos sentimientos ni entibiará lo más mínimo nuestra cooperación.

«Fui a ver a Fidel -expresó Aleida Guevara-, a pedirle permiso para publicar la carta y a preguntarle por qué no la había dado a conocer antes, si con ella desmentiría todos los rumores que el imperialismo trataba de sembrar entre los dos líderes, para contraponerlos y con ello perjudicar a la Revolución cubana». Cuenta que Fidel le contestó que «si iba a dedicarse a responder a todas las patrañas del imperio, no le quedaría tiempo para trabajar en Cuba».
El comandante Víctor Dreke (Moja) la escuchó atento hasta el final, a su lado. El entonces instructor de los oficiales cubanos en el Congo estuvo unos segundos en silencio, frente al micrófono, antes de aclarar que era «una responsabilidad histórica reconocer que estamos totalmente de acuerdo con lo que plantea el Che» en el libro.
«El Che le decía al pan, pan… Ser crítico era una de sus características, pero era ante todo muy autocrítico», señaló Dreke y continuó: «aprendimos mucho del Che, de su sacrificio, del respeto que sentía por los compañeros africanos y de su insistencia en que los cubanos siempre debíamos dar el ejemplo».
Eran tiempos en que el Che -cuyo nombre de guerra en el Congo era Tatu– «aún no era conocido como el «Guerrillero Heroico», sino como «el médico», el «muganga (médico) Tatu«». De ahí «nace la histórica ayuda internacionalista de los médicos cubanos en África».

Luego de narrar estremecedoras anécdotas sobre la sencillez y el ejemplar humanismo de Ernesto Guevara, el comandante Moja expresó que «hoy nos sentimos congratulados por presentarles este libro donde el Che lo dijo todo, no se guardó nada» y aunque en él «hay críticas fuertes» a muchos compañeros, «todo lo que dijo es verdad».
Pasajes de la guerra revolucionaria (Congo) incorpora un listado de términos en swahili, mapas de la zona de operaciones de la guerrilla y numerosas fotos que recorren desde el cambio de fisonomía al que tuvo que recurrir Ernesto Guevara para trasladarse hasta el Congo, pasando por la cotidianeidad en el campamento guerrillero en África, hasta el retorno a Cuba, por Tanzania. Incluye, además, un anexo con todos los combatientes cubanos en la guerrilla. El libro que el Che comienza de la manera más dura y realista posible -«Esta es la historia de un fracaso»-, concluye con un conmovedor vaticinio sobre la liberación del Congo.
«Los compañeros que tuvimos la oportunidad de estar en África, seremos fieles a su memoria», concluyó Víctor Dreke y una larga ovación estremeció el verano habanero. *** Pasajes de la guerra revolucionaria (Congo)
Edición revisada por el comandante en jefe Fidel Castro

Ernesto Che Guevara

Prólogo de Aleida Guevara March

La participación de Che en la guerrilla congolesa resulta expresión de una práctica internacionalista consecuente con sus tesis liberadoras tercermundistas; en sus propias palabras, era «parte de una idea de lucha que estaba totalmente organizada en mi cerebro». Se entrelazan, en estas páginas, la descripción de los hechos vinculados a esta experiencia local con los análisis desde una perspectiva mundial: reflexiones sobre la dominación imperialista y la liberación de los pueblos, las cuales resultan continuidad de un pensamiento que tiene como bandera «la causa sagrada de la redención de la humanidad». Más información sobre este libro… Pasajes de la guerra revolucionaria (Congo), de Ocean Sur, fue presentado por Aleida Guevara y por el comandante Víctor Dreke, uno de los líderes del destacamento cubano en África
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Prólogo a Pasajes de la Guerra Revolucionaria (Congo)

Prólogo de Aleida Guevara March a la nueva edición de Pasajes de la guerra revolucionaria (Congo), la última versión del original íntegro, corregido por el Che, sobre su participación en la guerrilla congolesa

por Aleida Guevara March

Siempre me han dicho que hay que comenzar un día, pero no me advirtieron que podía ser tan difícil. Este libro fue escrito por un hombre que admiro mucho y respeto desde que tengo conciencia; desgraciadamente ha muerto y por tanto no podrá darme su opinión sobre lo que yo escriba; y lo peor para nosotros es que no pueda explicarles a ustedes lo que quiso decir en ese momento, y si hoy, más de treinta años después de aquellos hechos, agregaría alguna nota aclaratoria, tampoco lo sabemos. Por eso digo que esta tarea es sumamente difícil.

Publicar Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo, documento inédito, conservado en su archivo personal, que contiene además la corrección de estilo, la incorporación de observaciones y la eliminación de algunas notas, es un gran compromiso con la historia, pues se sabe que anteriormente se han divulgado otras versiones, las que se corresponden con las primeras transcripciones redactadas por el Che. Si bien autoriza a los editores a realizar los cambios que consideren necesarios, nosotros hemos respetado íntegramente el texto que escribió, pues lo hace después de terminada su misión en el Congo y sometiendo sus notas de la contienda a un análisis crítico y profundo, lo que hace posible «extraer experiencias que sirvan para otros movimientos revolucionarios».

En la «Advertencia preliminar» comienza diciendo: «Esta es la historia de un fracaso». Aunque no estoy de acuerdo, entiendo su estado de ánimo, y es cierto que puede considerarse una derrota, pero personalmente pienso que fue una epopeya.

Los que han vivido algún tiempo en ese continente comprenderán sin duda lo que digo; la degradación a que fue sometida desde hace siglos por los llamados colonizadores europeos todavía deja sentir sus efectos dentro de la población africana, la imposición de una cultura diferente, de otras religiones, la paralización del desarrollo normal de una civilización y la explotación de las riquezas naturales, incluyendo la utilización de la fortaleza física de estos hombres como esclavos, arrancados de su hábitat, maltratados, sometidos a humillaciones; deja huellas profundas en estos seres humanos. Si analizamos que todo esto es provocado por otros hombres que todavía hoy se sienten en el derecho de hacerlo y que nosotros de una u otra forma lo permitimos, podemos comenzar a entender cómo reaccionan ante algunos hechos.

De todas formas, muchos se preguntarán por qué el Che Guevara participó en este proceso revolucionario, qué lo motivó para tratar de ayudar a este movimiento. Él mismo nos da la respuesta cuando afirma: «Porque, en cuanto al imperialismo yanqui, no vale solamente el estar decidido a la defensa; es necesario atacarlo en sus bases de sustentación, en los territorios coloniales y neocoloniales que sirven de basamento a su dominio del mundo».
Desde siempre el Che expresa su deseo de continuar la lucha en otras tierras del mundo; como médico de profesión y guerrillero de acción, sabía de las limitaciones que la vida impone al hombre y de los sacrificios que demanda de este una actividad tan difícil como la guerra de guerrillas, por lo que es entendible la ansiedad que sentía por hacer realidad sus sueños en las mejores condiciones físicas posibles. Sabemos de su arraigado sentido de la responsabilidad y de su madurez política y el compromiso contraído con muchos compañeros que confiaban en él para continuar la lucha.

Realiza un viaje previo por el continente africano, donde tiene la oportunidad de conocer a algunos de los dirigentes de los movimientos revolucionarios activos en esos momentos, y conoce sus dificultades y preocupaciones. En todo momento mantiene contacto con Fidel Castro, quien en una carta inédita, fechada en diciembre de 1964, le comunica sobre las gestiones que mientras tanto se van realizando desde Cuba:

Che:

Sergio [del Valle] acaba de reunirse conmigo y me informó pormenorizadamente cómo marcha todo. Al parecer no hay dificultad alguna para llevar a cabo el programa. Verbalmente Diocles [Torralba] te dará la información pormenorizada. (…)

La decisión final sobre la fórmula la adoptaremos a tu regreso. Para poder escoger entre las alternativas posibles es necesario conocer las opiniones de nuestro amigo [Ahmed Ben Bella]. Trata de mantenernos informados por vía segura.

De ninguna forma puede olvidarse que en esta batalla, junto al Che, participó un grupo de cubanos con la convicción de que: «Nuestro país, solitario bastión socialista a las puertas del imperialismo yanqui, manda sus soldados a pelear y morir en tierra extranjera, en un continente lejano, y asume la plena y pública responsabilidad de sus actos; en este desafío, en esta clara toma de posición frente al gran problema de nuestra época, que es la lucha sin cuartel contra el imperialismo yanqui, está la significación heroica de nuestra participación en la lucha del Congo».

El Che, junto al grupo de hombres que dirige, pretende fortalecer lo más posible el movimiento de liberación del Congo, lograr un frente único, decantar a los mejores y a los que estén dispuestos a continuar la lucha por la liberación definitiva de África. Trae consigo la experiencia obtenida en Cuba y la pone al servicio de la nueva revolución.

La cruda realidad del Congo, su atraso, la falta de desarrollo político ideológico de la gente y contra lo cual había que luchar con firmeza y decisión, golpea al Che. No faltaron momentos de desalientos y de incomprensiones, pero ante esas adversidades se eleva como una visión profética la enorme confianza y el amor que él sentía por los hombres que deciden crear para sus pueblos posibilidades de desarrollo y mayor dignidad.

En África la historia se ha encargado de hacer realidad esas premoniciones durante más de treinta años, cuando a una conciencia revolucionaria se le ha incorporado una cultura de guerra ascendente, hasta lograr triunfos supremos como los de Cuito Cuanavale, Etiopía, Namibia, entre otros, contribuyendo a la soberanía e independencia del continente.

Ya cuando el Che se encontraba en plena actividad combativa en tierra congolesa, la Revolución cubana, que había preservado el mayor tiempo posible la absoluta discreción sobre la actividad internacionalista que él realizaba -soportando con firmeza durante muchos meses un diluvio de calumnias-, decide, al constituirse el Primer Comité Central del Partido, hacer pública su carta de despedida, pues ya era imposible dejar de explicar al pueblo cubano y al mundo la ausencia de quien fuera uno de los más sólidos y legendarios héroes de la Revolución.

En sus notas, el Che llega a la conclusión de que el conocimiento de esta misiva provoca un distanciamiento con los combatientes cubanos: «Había ciertas cosas comunes que ya no teníamos, ciertos anhelos comunes a los cuales tácita o explícitamente había renunciado y que son los más sagrados para cada hombre individualmente: su familia, su tierra, su medio». Si es esta la sensación que tiene en esos momentos, podrán imaginar cuán difícil fue para el compañero Fidel lograr que regresara a Cuba. En varias ocasiones le escribe y trata de convencerlo, lo logra con argumentos sólidos. En junio de 1966, en carta inédita, le escribe:

Querido Ramón:

Los acontecimientos han ido delante de mis proyectos de carta. Me había leído íntegro el proyecto de libro sobre tu experiencia en el C. [Congo] y también, de nuevo, el manual sobre guerrillas, al objeto de poder hacer un análisis lo mejor posible sobre estos temas, sobre todo, teniendo en cuenta el interés práctico con relación a los planes en la tierra de Carlitos [Carlos Gardel]. Aunque de inmediato no tiene objeto que te hable de esos temas, me limito por el momento a decirte que encontré sumamente interesante el trabajo sobre el C. y creo que vale realmente la pena el esfuerzo que hiciste para dejar constancia escrita de todo. (…)

Sobre tu situación

Acabo de leer tu carta a Bracero [Osmany Cienfuegos] y de hablar extensamente con la Doctora [Aleida March]. En los días en que aquí parecía inminente una agresión yo sugerí a varios compañeros la idea de proponerte que vinieras; idea que realmente resultó estar en la mente de todos. El Gallego [Manuel Piñeiro] se encargó de sondear tu opinión. Por la carta a Bracero veo que tú estabas pensando exactamente igual. Pero en estos precisos instantes ya no podemos hacer planes en ese supuesto, porque, como te explicaba, nuestra impresión ahora es que de momento no va a ocurrir nada.

Sin embargo, me parece que, dada la delicada e inquietante situación en que te encuentras ahí, debes, de todas formas, considerar la conveniencia de darte un salto hasta aquí.
Tengo muy en cuenta que tú eres particularmente renuente a considerar cualquier alternativa que incluso poner por ahora un pie en Cuba, como no sea en el muy excepcional caso mencionado arriba. Eso, sin embargo, analizado fría y objetivamente, obstaculiza tus propósitos; algo peor, los pone en riesgo. A mí me cuesta trabajo resignarme a la idea de que eso sea correcto e incluso de que pueda justificarse desde un punto de vista revolucionario. Tu estancia en el llamado punto intermedio aumenta los riesgos; dificulta extraordinariamente las tareas prácticas a realizar; lejos de acelerar, retrasa la realización de los planes y te somete, además, a una espera innecesariamente angustiosa, incierta, impaciente.

Y todo eso, ¿por qué y para qué? No media ninguna cuestión de principios, de honor o de moral revolucionaria que te impida hacer un uso eficaz y cabal de las facilidades con que realmente puedes contar para cumplir tus objetivos. Hacer uso de las ventajas que objetivamente significan poder entrar y salir de aquí, coordinar, planear, seleccionar y entrenar cuadros y hacer desde aquí todo lo que con tanto trabajo solo deficientemente puedes realizar desde ahí u otro punto similar, no significa ningún fraude, ninguna mentira, ningún engaño al pueblo cubano o al mundo. Ni hoy, ni mañana, ni nunca nadie podría considerarlo una falta, y menos que nadie tú ante tu propia conciencia. Lo que sí sería una falta grave, imperdonable, es hacer las cosas mal pudiéndolas hacer bien. Tener un fracaso cuando existen todas las posibilidades del éxito.

No insinúo ni remotamente un abandono o posposición de los planes ni me dejo llevar de consideraciones pesimistas ante las dificultades surgidas. Muy al contrario, porque creo que las dificultades pueden ser superadas y que contamos más que nunca con la experiencia, la convicción y los medios para llevar a cabo los planes con éxito, es por lo que sostengo que debemos hacer el uso más racional y óptimo de los conocimientos; los recursos y las facilidades que se cuenta. ¿Es que realmente desde que se engendró la ya vieja idea tuya de proseguir la acción en el otro escenario, has podido alguna vez disponer de tiempo para dedicarte por entero a la cuestión para concebir, organizar y ejecutar los planes hasta donde ello sea posible? (…)

Es una enorme ventaja en este caso que tú puedes utilizar esto, disponer de casas, fincas aisladas, montañas, cayos solitarios y todo cuanto sea absolutamente necesario para organizar y dirigir personalmente los planes, dedicando a ello ciento por ciento tu tiempo, auxiliándote de cuantas personas sean necesarias, sin que tu ubicación la conozcan más que un reducidísimo número de personas. Tú sabes absolutamente bien que puedes contar con estas facilidades, que no existe la más remota posibilidad de que por razones de estado o de política vayas a encontrar dificultades o interferencias. Lo más difícil de todo, que fue la desconexión oficial, ha sido logrado, y no sin tener que pagar un determinado precio de calumnias, intrigas, etcétera. ¿Es justo que no saquemos todo el provecho posible de ello? ¿Pudo contar ningún revolucionario con tan ideales condiciones para cumplir su misión histórica en una hora en que esa misión cobra singular relevancia para la humanidad, cuando se entabla la más decisiva y crucial lucha por el triunfo de los pueblos? (…)

¿Por qué no hacer las cosas bien hechas si tenemos todas las posibilidades para ello? ¿Por qué no nos tomamos el mínimo de tiempo necesario aunque se trabaje con la mayor rapidez? ¿Es que acaso Marx, Engels, Lenin, Bolívar, Martí no tuvieron que someterse a esperas que en ocasiones duraron décadas?

Y en aquellas épocas no existían ni el avión ni el radio ni los demás medios que hoy acortan las distancias y aumentan el rendimiento de cada hora de la vida de un hombre. Nosotros en Méjico, tuvimos que invertir 18 meses antes de regresar aquí. Yo no te planteo una espera de décadas ni de años siquiera, solo de meses, puesto que yo creo que en cuestión de meses, trabajando en la forma que te sugiero, puedes ponerte en marcha en condiciones extraordinariamente más favorables de las que estamos tratando de lograr ahora.

Sé que cumples los treinta y ocho el día 14. ¿Piensas acaso que a esa edad un hombre empieza a ser viejo?

Espero no te produzcan fastidio y preocupación estas líneas. Sé que si las analizas serenamente me darás la razón con la honestidad que te caracteriza. Pero aunque tomes otra decisión absolutamente distinta, no me sentiré por eso defraudado. Te las escribo con entrañable afecto y la más profunda y sincera admiración a tu lúcida y noble inteligencia, tu intachable conducta y tu inquebrantable carácter de revolucionario íntegro, y el hecho de que puedas ver las cosas de otra forma no variará un ápice esos sentimientos ni entibiará lo más mínimo nuestra cooperación.

Ese mismo año el Che regresa a Cuba.

Al cumplirse el primer aniversario del triunfo de la Revolución del Congo, participé en las celebraciones, tuve la posibilidad de conversar con algunos de los compañeros que combatieron junto a él y aproveché la oportunidad para comentarles la publicación de este libro; me preocupaban sus opiniones, pues el Che es crítico, directo, y pretendía que este documento permitiera analizar los errores cometidos para no volver a incurrir en ellos; hace señalamientos específicos a varios dirigentes entre los que destaca el líder congoleño Laurent Kabila, quien hoy es el dirigente máximo de su pueblo.

El contacto con estos hombres me permitió comprobar que recuerdan con respeto y cariño al Che Guevara; la mayoría de ellos eran muy jóvenes en esa época, pero según sus propias palabras no pueden olvidar la imagen de sencillez y modestia que les transmitió el Che al brindarles respeto y ponerse bajo su mando, por lo que están conscientes que las recomendaciones hechas por él siempre serán útiles para la gran tarea que tienen por delante, la de unificar el país y lograr que por primera vez en muchos años sea el pueblo congolés el que disfrute de sus propias riquezas.

Los hombres no mueren cuando son capaces de guiar con su vida y su ejemplo a muchos otros, y estos logran continuar la obra.