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Una visión desde Euskal Herria

República(s) y autodeterminación

Fuentes: Rebelión

No es muy frecuente que desde Euskal Herria se realicen análisis sobre la disyuntiva monarquía-república. Y ello es así porque desde el movimiento independentista -y en general desde el nacionalismo- se da por hecho un posicionamiento claro a favor del sistema republicano, enmarcado en ese caso en la alternativa de República Vasca. Sin embargo, y […]

No es muy frecuente que desde Euskal Herria se realicen análisis sobre la disyuntiva monarquía-república. Y ello es así porque desde el movimiento independentista -y en general desde el nacionalismo- se da por hecho un posicionamiento claro a favor del sistema republicano, enmarcado en ese caso en la alternativa de República Vasca. Sin embargo, y dado que en el Estado español el movimiento a favor de la III República parece que está acumulando fuerzas, básicamente de izquierdas, considero útil realizar algunas reflexiones sobre esa misma circunstancia y la colaboración que desde Euskal Herria podía ejercerse hacia los sectores implicados en el mismo.

Parto de la base de que la monarquía es una forma de estado caduca y antidemocrática, que en el caso español une a su vez la característica de herencia del dictador Franco, lo que la hace, si cabe, más rechazable. Por ello, y coincidiendo con los conceptos políticos básicos que han otorgado señas de identidad a la izquierda -incluidos los anarquistas- no voy a entretenerme en ensalzar las ventajas de la república sobre la monarquía, sino que paso directamente a opinar sobre la posibilidad de avance de un movimiento republicano influyente.

Cada vez está más reconocido que la llamada «transición» de la dictadura franquista a un sistema de partidos aparentemente democrático sepultó demasiadas reivindicaciones fundamentales, como el reconocimiento a los fusilados y represaliados del franquismo (que aún hoy colea), la falta de resolución de los varios problemas nacionales que se dan en el marco del Estado o la no recuperación de la legalidad republicana abortada por el golpe fascista y el posterior triunfo de Franco y los falangistas.

Por ello veo con simpatía la concreción de acciones reivindicaciones plurales en pos de la república, como la celebrada el pasado 6 de diciembre en Madrid, entre cuyos postulados figura de forma destacada el derecho de autodeterminación de los pueblos. Es esta una reivindicación que figuraba en los programas de todos los partidos de izquierda en las postrimerías del franquismo y primeros años de la «transición», incluido el PSOE, pero que fue desapareciendo paulatinamente. La constitución monárquica de 1978 le dio la puntilla, al ser rechazadas las enmiendas vascas para su reconocimiento en el texto legal.

Ver ahora desde Euskal Herria que el movimiento republicano asume el ejercicio de ese derecho entre sus principales reivindicaciones no puede sino ser saludado positivamente. En ese terreno y en otros muchos, hay campos de colaboración que deberían ser ensayados, desde el respeto al otro, y partiendo de la base de que todos somos iguales, aunque diversos. Es evidente que en un proceso de paulatino asentamiento de un movimiento republicano en el Estado español. de carácter rupturista con el actual estado de cosas, Euskal Herria -como Catalunya, Galicia o Andalucía- tienen mucho que decir en la necesaria acumulación de fuerzas para conseguir abrir una vía efectiva hacia ese objetivo final.

Por supuesto que la república como tal, entendida en su forma histórica como República Española (en sus dos versiones, I y II) no va a ser nunca un punto del programa de liberación nacional de cualquiera de las naciones citadas, pero sí que se puede producir una concertación, un entendimiento, un apoyo mutuo que diría un libertario, que ayude a la consolidación de las distintas luchas. No podemos olvidar que todas ellas confluyen en una democracia radical y laica que siente las bases de otra manera de organizar políticamente lo que hoy conocemos como Estados español.

Y como es lógico, al menos desde el punto de vista de un independentista, entre esas maneras de organizarse debe figurar la posibilidad de separación mediante el ejercicio del derecho de autodeterminación, al igual que se pueden plantear otras soluciones como una república federal o una confederación de repúblicas, que podrían, en su caso, compartir ciertas cuestiones previamente acordadas.

Ni desde el movimiento republicano español se debe tener miedo a la colaboración con las fuerzas de progreso de las naciones «periféricas», ni desde éstas se debe descartar una colaboración con aquel. Si coincidimos de forma clara en el objetivo de alcanzar una república (o repúblicas) en la que los ciudadanos sean protagonistas y si estamos de acuerdo en que el derecho de autodeterminación no es un eslogan de pancarta sino una herramienta para que los pueblos que así lo decidan puedan ser libres, el campo de una posible «conjunción republicana» es más amplio de lo que algunos puedan pensar.

* Joxerra Bustillo Kastrexana es periodista

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