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Entrevista al músico Nacho Vegas

«Sólo habrá un nuevo principio una vez consumado el fin»

Fuentes: Visiegu

Un joven Asturiano vive en Buenos Aires desde siempre, se entera que Nacho Vegas brindará dos conciertos en el país y decide entrevistarlo. Para sorpresa recibe una rápida respuesta afirmativa. Bien, ya tiene al entrevistado sentado enfrente, están en el lobby del hotel donde se aloja. Piensa cómo encarar la nota, qué preguntar; su último […]

Un joven Asturiano vive en Buenos Aires desde siempre, se entera que Nacho Vegas brindará dos conciertos en el país y decide entrevistarlo. Para sorpresa recibe una rápida respuesta afirmativa. Bien, ya tiene al entrevistado sentado enfrente, están en el lobby del hotel donde se aloja. Piensa cómo encarar la nota, qué preguntar; su último disco, los conciertos que brindará, qué tipo de show piensan hacer, cómo compone las canciones. Se sucede un torbellino de preguntas que se formula en su mente y enciende la grabadora. Finalmente todo se nubla, un manto de borrina como en Asturias llamamos a la niebla cubre la mente del entrevistador; a pesar de ello y sin darse cuenta el cómo ni el por qué la charla se sucede con normalidad, con una fluidez lógica de vecinos.

El trabajo de la creación habla de la realidad que a uno le tocó vivir, de los problemas de su tierra, del entorno más próximo, de las personas, de política, en fin, de la vida.

Es por ello que la oportunidad de entrevistar a Nacho Vegas trascendió lo musical y su oficio de hacer canciones. Tiempo atrás, en una entrevista cualquiera ante una pregunta cualquiera Nacho Vegas respondió: «Ser sincero no es que sea importante, es que es una obligación, la primera obligación de cualquiera que se enfrente a la creación» La sinceridad fue la primera obligación que tuvimos aquél día.

Recuerdo en tu primera visita se anunciaba que un músico Español tocaría en el país. Han pasado ya seis años y hoy se anuncia que «el Asturiano Nacho Vegas» se presenta en Buenos Aires. ¿Qué supone para ti que se identifique con el sitio donde naciste incluso por delante de tu nombre?

La verdad es que no tenía esa sensación que dices. Recuerdo que cuando nos presentamos con Xel Pereda en el BAFICI en todos lados salía publicado al anunciarnos «el músico Español», entonces para el concierto que luego dimos en el Centro Asturiano de Buenos Aires dije al presentarnos que no éramos Españoles, que éramos Asturianos. Es verdad que por una cuestión educacional nos cuesta decir «España» porque esta muy viciado todo ese concepto y la verdad que hoy en día todo lo que se relaciona con España tiene que ver con una especie de discurso hegemónico, una unidad ficticia que se basa únicamente en el éxito de los deportistas y poco más.

Sales de España y ves que todo lo referido a Asturias en parte te «forma»; la crianza, los sitios donde uno se movió y sobre todo lo que uno podía ver y escuchar en su entorno.

Claro, todo eso es algo que tienes ahí cerca de pequeño, en parte es una cuestión cultural y a riesgo de caer en un discurso excesivamente identitario, cosa que a veces ocurre mucho, es algo que sucede y que uno lleva ahí, muy dentro de uno mismo.

En el caso de Asturias hemos conseguido que se identifique y que se hable que somos asturianos y eso es una gran seña. Un sitio muy al norte que siempre estuvo un poco deprimido y dejado «a la buena de Dios». Al fin y al cabo esa sensación te vincula bastante en la forma en que creces y ves el mundo que te rodea.

Empieza finalmente a haber propuestas que salen de casa, miramos cerca y vemos que desde allí hay mucho por hacer.

Es verdad, ahora los diferentes focos creativos y de lucha están volviendo a las comunidades, a los barrios y a pequeños grupos que se forman para lograr organizarse de manera colectiva, con lo cual tiene mucho menos sentido este Españolismo tan rancio que sigue estando muy presente sobre todo en los medios de comunicación y en los discursos de los Gobiernos. La verdad que es un poco estúpido caer en la corrección política de decir todo el tiempo «Estado Español».

Hace unos días se presentó aquí Lorena Álvarez, tocó en el bar del Centro Asturiano y para ser sinceros la gente mayor que allí estaba pasó un poco de ella pero creo que tanto Lorena como los que pudimos verla notamos que esa imagen fue muy natural, como estar en casa tocando la guitarra mientras tus abuelos siguen cocinado o viendo la televisión.

Me enseñó las fotos del concierto, es curioso lo que dices de Lorena porque en algunos sitios de España donde toca es recibida con una especie de recelo, como si no fuera lo suficientemente moderna cuando ella en realidad le da vuelta a la modernidad totalmente y considero que es una de las mejores propuestas que hay en la escena musical, pero sí que hay sitios donde prima un poco este rollo de la post-modernidad indie. No sucede en toda la escena independiente, pero sí que existe en muchos sitios un poco ese carácter de recelo al verla así vestida, con su guitarra y su Banda Municipal. En otros sitios como Asturias esto no ocurre y en cambio se la recibe con entusiasmo y la gente queda flipada con su propuesta.

Me comentaba ella que la primera persona que encontró aquí fue una anciana que le pidió ayuda para cruzar la calle y resultó ser una niña de la guerra, exiliada desde Asturias a Buenos Aires en 1939. ¿Cuánto de esto se deja entrever en tu forma de encarar las canciones y proyectos como la Fundación Robo o tu último EP, Cómo hacer crack? Porque si de algo no podemos librarnos es de nuestra propia historia. Yo crecí con frases como «habrá que echarse al monte» que desde pequeño me hicieron mucho ruido.

Es algo que los Asturianos venimos trayendo desde lo de Octubre del 34 (1), es un pueblo muy luchador que tiene que resistir y aguantar con todo, entonces hay cosas que vas viendo de pequeño. Recuerdo que crecí con los conflictos más fuertes de la Minería y de los Astilleros a lado de casa. Fueron esos años conocidos como la Reestructuración y Reconversión Industrial que lo que hicieron fue -más que reconvertir- destruir completamente sectores estratégicos y malvenderlos consiguiendo que hubiera una gran brecha social y aumentaran las desigualdades.

Todo esto se absorbe y forma la manera que tienes de resistir a través de la música y la literatura, no solo un perfil sino una identidad marcada en lo que haces. Nuestra generación creció en un panorama muy desolador.

Es la realidad de lo que pasó entonces y pudimos darnos cuenta a pesar de que hubo unos años en los que quisieron que creyéramos que eso era «algo que ocurría de pequeño». Yo veía que estaban las barricadas ahí mismo, tenía muchos amigos que eran muy militantes, me pillaba muy de cerca, lo tenía ahí mismo y podía ver a corta distancia; vamos, lo tenía a lado de casa. En nuestra juventud todavía estaba la lucha de los Astilleros, que fue algo muy duro, la de otros sectores como la Metalurgia que eran más organizados y la de los Mineros a lo largo de todas las Cuencas Mineras, tú sabes bien lo que había por allí. Entonces nosotros crecimos sabiendo un poco lo que era la lucha, «la lucha callejera», la lucha desde abajo hacia arriba, pero también ocurrió que en los años 90 hubo una especie de bálsamo y coincidió con que empezábamos justo a hacer música. Entonces fuimos un poco victimas de un montón de políticas maquilladoras. Parecía que eso era lo normal, si te quedabas sin trabajo no pasaba nada, vamos a hacer que todos se vayan un poco más para el extra-radio, que todos nos consideremos más clase media y que a todos nos parezca que esto no va con nosotros, que esto sucede con otros, que la clase trabajadora son los «otros» y nosotros pertenecemos a una clase distinta y nos movemos por lo nuestro.

Fueron años muy convulsos donde sectores importantes para el desarrollo eran devastados y en simultáneo se nos quería convencer de que había que mirar en otra dirección, no detenernos a pensar en lo que estaba pasando allí cerca.

Todo esto fue un mensaje que caló hondo y se convirtió en uno de los peores defectos de nuestra generación: el mirar para otro lado. Todo lo que pasó estos últimos años sumado a la urgencia del momento finalmente nos llevó a despertar, tomar conciencia, mirar atrás y darte cuenta que todo lo que había pasado tenia una razón de ser, había una relación de fuerzas en las que unos realmente aplastaron a otros. Hubo también un discurso no solo político y económico del neoliberalismo sino que sumado a un discurso social brutal dio lugar a un individualismo muy fuerte que influyó al arte en general y a la música en particular. En verdad a todo lo que implique una creación individual porque la creación individual es algo muy bonito pero llevarlo al individualismo es de una crueldad supina.

Se trata de conjugar lo personal con lo general y a la inversa. Hacer propio lo que vemos a nuestro alrededor porque finalmente todo estalló en nuestras narices. La música no puede ser ajena a ello.

Sí, la explosión fue general.

Yo considero que hay dos maneras muy definidas de ver las cosas: unos creemos que la condición sine qua non para que la libertad individual sea efectiva es la libertad colectiva; y el pensamiento más neoliberal cree que la libertad individual está por encina de la libertad colectiva. Todo esto aún nos sigue afectando porque en el mundo de la música parece que a esta «individualidad» se le ha rendido mucho culto y eso puede llevarte a un individualismo exagerado que al final suele hacer que la música deje de tener esa dimensión de hablar un poco del mundo que te rodea y que pierda entonces un poco el sentido.

A pesar de haber recibido hostias como panes se vivieron unos cuantos años con cierta complicidad, si la cosa en casa no estaba tan mal era mejor no protestar.

En España tanto en los años 80s, que veníamos de una generación que estaba muy contenta con el gobierno del Partido Socialista y que se cuidaba entonces de no tener un discurso demasiado crítico sobre lo que acontecía, y en los años 90 que definitivamente quiso no tener ningún tipo de discurso por lo menos durante los primeros años este individualismo fue algo muy profundo. Ahora creo que todo esto está cambiando, definitivamente tiene que empezar a pasar algo en la sociedad.

Hace unos cuantos años conocí parte de la obra del escritor asturiano Andrés Solar. Tiene cuentos muy bonitos donde los personajes de los niños representan la pureza en contraposición de los mayores que tienen una crueldad brutal.

Eran otros tiempos y lo que tú dices pasaba bastante en el mundo rural, la «corrección política» con los niños se ha modificado mucho, antes de verdad eran muy crueles las historias sobre niños, sobre todo los cuentos infantiles que eran muy duros, de meter miedo.

En uno de sus cuentos me llamó poderosamente la atención una frase muy simple pero a la que le encuentro mucha relación con la historia más reciente: «está todo dicho pero todo sin escuchar». ¿Percibes algo de todo esto al hacer canciones populares?

Antes hablabas de lo de «echarse al monte», tengo un amigo, Ramón Luís Blande (Escritor y Realizador asturiano) que se está dedicando estos últimos años a intentar rescatar historias de los últimos Maquis (2) que quedan todavía vivos y es verdaderamente un trabajo muy complejo porque me decía: «Este señor al que estoy grabando se puede morir mañana y deja cosas sin contar o que contó en otras épocas bajo un manto de temor, cosas de la historia reciente». Entonces lleva haciendo una serie de documentales que se relacionan con esto que tú dices de aquél libro, de que está todo dicho pero todo sin escuchar.

El disco de Lucas 15 (proyecto en conjunto con Xel Pereda, el repertorio del disco es el cancionero tradicional asturiano) se encarga un poco de ello también.

Con la música también pasa esto; en Asturias tenemos el problema de que nunca llegó el oficialismo para nada: ni para la Lengua, ni la música popular recibió ningún tipo de trato especial que la cuide y preserve. Entonces hay mucho que se está perdiendo, que corremos el riesgo de que se haya contado pero que nadie lo haya escuchado. Hay un programa en la TPA (Televisión del Principado de Asturias) que se llama «Camín de Cantares» y lo presenta Xosé Ambás, que es lo mejor que se está llevando adelante en Asturias porque está haciendo un trabajo brutal que aún no fue reconocido pero que consigue rescatar canciones que de otra manera se perderían. Logró que la gente cante en la tele canciones puras y únicas. Son personas que luego han muerto, gente muy mayor, y ahora es la única grabación probablemente que exista de esa canción. Y él convenció a ese señor o esa señora para que la cantara tal y como era. Hacer trabajos de campo no es tan fácil, porque vamos tú y yo así como estamos ahora a un pueblo y pedimos que nos canten lo que sea y eso no funciona. Seguramente nos ven con aspecto de ciudad y nos lo cantan en castellano o con variaciones para que lo comprendas, y ahí se pierde la pureza y la esencia de esas canciones.

Algunas de las canciones de Lucas 15 las escuché desde pequeño. Todos esos romances, añadas (canciones de cuna) que me cantaba mi abuela al ir a dormir. Mi padre incluso conocía todo el repertorio pero de manera más oral, recitadas, como si fueran relatos de campo.

Muchas de las canciones que significaron el repertorio de Lucas 15 en realidad eran canciones tradicionales Asturianas puras y otras eran tradicionales que a lo mejor se conocen en castellano, pero nosotros lo que tomamos fue la versión en Asturiano porque a lo mejor por tradición oral se van moviendo de un sitio al otro y de esta manera modificando. Nosotros nos encontramos con gente muy mayor que nos decían: «Esto no se canta así, guaje ¿Qué ye esto? Que no tienen ni puta idea de cómo es la canción, esto ye de tal manera». Es lo que tiene la tradición oral, son canciones que se van reconstruyendo, tomando variaciones en alguna estrofa, entonces nos encontramos con canciones que habían sido modificadas al ser transmitidas de un sitio a otro y de una persona a la otra. Creo que con la llegada de las grabaciones, la industria musical, el derecho de autor y todas estas cosas se perdió gran parte de todo esto. Pero es muy bonito como la música se mantiene viva en la tradición oral de los pueblos.

Al no existir la imprenta era una buena manera de hacer conocidas todas esas historias.

Claro, era una manera de poder mantenerlas vivas y no tirarlas al olvido, de hacerlas populares. La música tiene algo físico o nemotécnico que simplemente cantándola, recordándola, escuchándola y pasándola un poco de boca a boca va generando algo que trasciende un poco de lo que se pueda escribir en un papel o en una partitura; de eso no tengo dudas.

Hay muchas canciones tradicionales que narran sucesos muy duros de la historia. Yo encontré más información y conocimiento en ellas de lo que se animó a contarme mucha gente sobre sucesos vividos durante la guerra. ¿Te pasaba algo de esto a ti o al ser Gijón una ciudad había más medios de información y entonces esto solo sucedía en sitios más rurales donde nos costaba saber la verdad en mayúsculas? No necesariamente, quizás no para los de nuestra generación. Hay que reconocer que es muy importante todo lo que se tiene que recuperar históricamente porque claro, durante cuarenta años Franco le habló todo lo que quiso a los vencedores y mientras tanto sigue gente en las cunetas, gente que ha sido perseguida y muy agraviada. Habría que hacer ese ejercicio de memoria histórica en la que a fin de cuentas sigue habiendo dos Españas, ese bipartidismo del PSOE – PP que se reparten dos maneras de hablar sobre el Franquismo a pesar que todos lo «rechazan» un poco. Mira, creo que el problema, y es difícil hablar de esto, que yo no quiero hacerlo menor al problema del Franquismo porque seguimos arrastrándolo.

-se toma una pausa, se incorpora en el sillón, aclara la voz con firmeza y dice:-

El gran problema fue la transición, que nos la vendieron como modélica y en realidad fue un pacto entre una España asesina: entre la Iglesia, el Ejército y los poderes del Gobierno Fascista para que «más o menos» quedaran todos contentos en el reparto y no vinieran los Comunistas que eran los malos. Y en realidad eso lo arrastramos hasta el día de hoy porque se creo una especie de pacto-nación que nos llevó a tener esto que ahora llamamos «Cultura de la Transición», esta especie de seudo estado del bienestar en el que había «algo» de lo que no nos podíamos quejar y era mejor no decir una palabra más alta que la otra, no ser demasiado crítico con lo que allí había. Ahora sí que tenemos una sensación, y esto lo digo con todo respeto por la gente que murió y por los que siguen vivos y lucharon contra el Franquismo, ahora el enemigo no es más el Fascismo, es el Neoliberalismo que en realidad se sirvió de aquél para perpetuarse y al ser mejor visto que existiera en Democracia se llegó a la transición. Son políticas que hasta el día de hoy han sido continuistas en el modelo económico europeo y que en España están condenando a la gente a la calle, provocando la violencia policial y la que hace suyos a los medios de comunicación.

Viéndolo con distancia en aquella época la lucha parecía mas romántica, actos de arrojo y valentía. Hoy el Neoliberalismo está abarcándolo todo. ¿Cómo encarar la lucha y la resistencia en este contexto histórico distinto a como lo era antes?

Cuando hablamos con algunos mayores que son comunistas de la vieja guardia y que lucharon, entendemos su discurso y está muy bien; lo que pasa es que ahora tenemos otro enemigo, y no quiero hablar en términos de guerra cuando digo esto, pero hubo y hay una agresión a los ciudadanos por una pequeña elite. Pero claro, como todo lo disfrazan con la «Democracia» es algo complejo. A pesar de ser una Democracia con muchos defectos y muy pocas virtudes, quizás no sea ni Democracia pero parece que todo ello está legitimizado desde los grandes medios de comunicación, tanto los discursos como así también las políticas de los Gobiernos.

Lo que en realidad hay que hacer es un ejercicio y una política institucional de revisión y recuperación de la memoria histórica bastante dura, cosa que no va a suceder estando el PP en el gobierno. Sin ir más lejos todavía hay muchas ciudades en España con estatuas de Franco o calles que llevan el nombre del Generalísimo, o del General Mola. Con el PSOE se intentó revertir un poco todo esto al recuperar el nombre antiguo de las calles pero se debería hacer un ejercicio todavía más honesto con la historia, pero hay que decir que ahora mismo parece que es un tema que no se ve como algo prioritario.

 

Parecería que todavía no podemos librarnos definitivamente de todas estas consignas, o al menos reconvertirlas para que sean acordes a los tiempos que nos toca vivir. Hay algo de toda aquella lucha que nos persigue o nos resulta innato.

Es que aún sigue habiendo mucho orgullo con toda esa generación y es algo que siguió un poco como sustento de Asturias y de los Asturianos. En los últimos cuatro años ha habido tres o cuatro huelgas generales, por lo general suele haber una huelga por Gobierno o Legislatura, ya sean cuatro u ocho años depende la misma, a este último le han tocado dos y a Zapatero otra más aparte de todas las movilizaciones brutales que hubo. Hay un bombardeo mediático muy fuerte, casi toda la prensa generalista está muy esquinada a la derecha y los partidos en el poder están muy alineados con ese discurso e intentaron pues boicotear la huelga general como las manifestaciones que se vinieron desarrollando. Es verdad que en Madrid apenas se notaba la huelga, a las doce del mediodía los comercios en las calles estaban abiertos y tal pero en Asturias la huelga era total, todo estaba cerrado como si fuera cualquier día de domingo y la gente movilizada y manifestándose en las calles. Es un poco excepcional esto que sucede en Asturias, aún persiste cierto «obrerismo». Es verdad que se corre el riesgo de exagerarlo demasiado y se abren muchos frentes de lucha, pero sigue existiendo esa conciencia de saberse un pueblo especialmente luchador y resistente. Y probablemente sea así. (Sonríe)

Vimos en el último conflicto minero cómo enfrentaban al Ejército con armas de fabricación casera, lo mismo las marchas de los trabajadores yendo hasta Madrid a pie y son imágenes que espero no tengamos como la última resistencia antes de morir, el rostro manchado de carbón, el tirarle voladores a los helicópteros.

Es verdad lo que dices, eso pasa y nos pesa pero cada vez está ocurriendo menos. Antes la izquierda estaba muy atomizada, tanto en los conflictos Mineros como en otras luchas obreras y sociales estaba todo muy dividido. Después de las movilizaciones del 15-M (3) hubo un poco de toma de conciencia a nivel general, se vivió un momento un poco transversal; sobre todo con la Plataforma de los Desahucios (4). Es el movimiento que de verdad ha hecho algo, que ha puesto un poco nervioso al Gobierno hasta el punto de que están intentando criminalizarlo. La gente, sea de izquierdas o de derechas, acude a ella porque se encuentran con el problema de que los echan de su casa y quedan en la calle. Pues la plataforma dice: «vuestro problema no es solamente individual, es un problema colectivo que tiene causas políticas y por ello la solución es política». Consiguieron sobre todo que haya habido una toma de conciencia brutal y que se hayan unido diferentes sectores de la sociedad.

Desde los mismos medios de comunicación hubo un mensaje destinado a desacreditar todas estas formas de organizarse y resistir.

Lo mismo sucedió con los mineros, que se empeñaron en mostrarlos como unos hippies que iban liándola por ahí. Al final se dieron cuenta que si no se unían a ellos no creábamos una marea enorme, incluso los funcionarios, que son un sector tradicionalmente conservador se han dado cuenta de ello y se han unido a la lucha.

Entonces ahora se crean nuevos paradigmas de lucha colectiva en la que hay diferentes comunidades pero que todos sabemos que estamos luchando por lo mismo. Que no son justamente eso, «los cuatro que tiran voladores a un helicóptero», que es lo que consiguieron en los años 90.

En aquella época todo valía para distraer la atención y que no se tuviera conciencia del vaciamiento que estaban haciendo en el sector industrial.

Sí claro, fue un vaciamiento total y el Gobierno de Asturias consiguió que la gente pensara que los que estaban quemando neumáticos y reclamando era cuatro gamberros, cuando en verdad eran gente de trabajo que estaban defendiendo sus puestos y evitando se destruyan los sectores estratégicos de Asturias porque sino se quedaban en la puta calle, cosa que finalmente sucedió.

Siempre pienso qué haría de haber nacido medio siglo atrás.

Hombre, creo que lo tenemos bien claro, nos deberíamos echar al monte como antes se hizo, otra opción no quedaría.

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1- La Revolución Asturiana o Revolución de Octubre fue una insurrección obrera armada que aconteció en Octubre de 1934. La convocatoria estatal era de huelga pero en Asturias se convirtió en Revolución. Las fuerzas obreras tomaron el control político y la «Comuna Asturiana», como se la denominó, resistió el asedio desde la mañana del día 5 de Octubre, cuando fue organizada la Revolución, hasta el día 18 de Octubre. Este levantamiento obrero es el último que se da en Europa Occidental hasta el día de hoy.

2- Fue el conjunto de movimientos guerrilleros antifascistas de resistencia en España que comenzó durante la Guerra Civil. A los que iban echándose al monte se les conocía como «guerrilleros», «los del monte» o «fugados», posteriormente se difundió por toda la península el término Maquis para hablar de ellos.

3- Movimiento ciudadano formado a raíz de la manifestación del 15 de Mayo de 2011 donde se produjeron una serie de protestas pacíficas en España con la intención de promover una democracia más participativa alejada del bipartidismo PSOE-PP y del dominio de bancos y corporaciones, así como una «auténtica división de poderes» y otras medidas con la intención de mejorar el sistema democrático.

4- Asociación y movimiento social por el derecho a la vivienda digna y contra los desalojos hipotecarios, que surge en el marco de la crisis Española, se considera un movimiento horizontal, no violento, asambleario y apartidista.

Fuente: http://visiegu.tumblr.com/post/54529168242/un-joven-asturiano-vive-en-buenos-aires-desde