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Irak

Tres años marcha atrás para las mujeres

Fuentes: IPS

Iraq era hace no mucho uno de los países de Medio Oriente donde más se respetaban los derechos femeninos. Hoy, las mujeres temen por sus vidas ante una creciente ola de fundamentalismo islámico.   Antes de la invasión y ocupación de Iraq, encabezadas en 2003 por Estados Unidos, regían normas de equidad de género establecidas […]

Iraq era hace no mucho uno de los países de Medio Oriente donde más se respetaban los derechos femeninos. Hoy, las mujeres temen por sus vidas ante una creciente ola de fundamentalismo islámico.

 

Antes de la invasión y ocupación de Iraq, encabezadas en 2003 por Estados Unidos, regían normas de equidad de género establecidas en la Ley de Estatuto Personal, vigente desde el 14 de julio de 1958, el día en que cayó la monarquía instalada por Gran Bretaña.

 

Desde entonces, las mujeres tuvieron la posibilidad de presentar demandas civiles en tribunales libres de influencia religiosa. La población femenina gozó de derechos similares a los que rigen en el mundo occidental.

 

Las mujeres comenzaron a trabajar como educadoras y médicas, entre otras profesiones. Asumieron cargos en el gobierno, incluso ministeriales, y esa situación no cambió durante el régimen dictatorial de Saddam Hussein (1979-2003) y su partido secular y socialista Baath.

 

«No nos resultó fácil lograr el reconocimiento de nuestros derechos en un país con tradición de firme control masculino», dijo a IPS en Bagdad Imán Robeii, profesora de psicología en Faluja.

 

Las mujeres se dedicaban tradicionalmente a todas las tareas del hogar y a la crianza de los niños. Pero 30 por ciento de la población femenina estaba comprometida en diversas actividades sociales.

 

«Un trágico colapso ocurrió con la invasión. Los islamistas tomaron el poder y pusieron nuevos escollos en la marcha del camino de las mujeres hacia mejoras en su condición», explicó Robeii.

 

El 29 de diciembre de 2003, el Consejo de Gobierno Iraquí instalado por Estados Unidos aprobó una norma que derogaba casi toda la Ley de Estatuto Personal, 45 años después de su abrogación.

 

El Decreto 137, derogada tres meses después de su aprobación, obligaba a las mujeres a someterse a instituciones religiosas para la resolución de asuntos personales, entre ellos los relativos al matrimonio y el divorcio. Antes de la invasión, podían recurrir a tribunales seculares.

 

La iniciativa fue vista por mujeres de todo Iraq como el primer retroceso hacia la implementación de la ley islámica (shariá) en su versión más fundamentalista.

 

A pesar de la caída de la norma, la shariá ya se había arraigado en buena parte del sur del país, donde es mayoritaria la comunidad chiita del Islam, y también en algunas áreas del centro, donde son predominantes los sunitas.

 

La nueva constitución no significó ningún avance en la protección de los derechos femeninos.

 

Yanar Mohammed, una de las principales feministas de Iraq, cree que la carta política no protege a las mujeres ni garantiza el respeto de sus derechos básicos, y acusó a Estados Unidos por abdicar de su responsabilidad de ayudar en el desarrollo de una democracia pluralista.

 

«La ocupación estadounidense decidió no preocuparse por los derechos femeninos», advirtió Mohammed. «Los grupos políticos que tienen el pleno control del sur de Iraq apelan al apoyo financiero de Irán para reclutar milicias y aliados.»

 

La activista evaluó que en esa región los pobladores aceptan la ayuda iraní, pero «no porque quieran la ley islámica».

 

La nueva constitución «no beneficia al pueblo iraquí» y, por el contrario, se basa sobre concesiones a comunidades étnicas y religiosas.

 

«Los kurdos quieren Kirkuk», la ciudad petrolera a la que consideran su capital, «y los chiitas quieren una República Islámica de Iraq, igual a la de Irán», dijo. «El genio salió de la botella en términos de Islam político (por los chiitas) y de resistencia armada (por los sunitas)», según Mohammed.

 

«Estados Unidos tolerará cualquier solución que le permita retirar sus trotas, incluso una que signifique destruir los derechos y libertades civiles de las mujeres. Nos han dejado un régimen como el de Talibán», movimiento islámico que rigió Afganistán entre 1996 y 2001.

 

Una jueza aseguró a IPS que ni ella ni ninguna de sus colegas pueden ahora asistir a su trabajo en los tribunales porque el actual sistema judicial no las admite.

 

Una activista indicó que «la constitución menciona algunos derechos, pero los que están en el poder se ríen cuando se les exige su puesta en práctica». Tanto esta informante como la jueza solicitaron a IPS no ser identificadas.

 

El artículo 2 de la constitución establece que «el Islam es la religión oficial del Estado y su fuente legal básica». El mismo artículo indica que «no puede aprobarse ninguna ley contradictoria con las indiscutibles reglas del Islam».

 

Esta cláusula deja los derechos femeninos sometidos a la interpretación de los líderes religiosos.

 

El ambiente social iraquí ya es muy difícil para las mujeres. Muchas temen, incluso, salir de sus hogares.

 

«Evito salir de casa, y siempre me cubro el rostro cuando lo hago», dijo a IPS Suthir Ayad, de Bagdad. «Muchas de mis amigas fueron amenazadas por milicias chiitas, que insisten en que no salgamos y en que ocultemos la cara.»

 

En el sur, la situación es peor.

 

«El Ejército Mehdi (del clérigo chiita Muqtada al-Sadr) golpeó salvajemente a mi prima en Basora», dijo otra mujer que solicitó el anonimato. «Ahora, solo sale de casa para comprar alimento, y lo hace siempre totalmente cubierta.»