El nuevo sistema de facturación electrónica supone una carga económica adicional y no se aplica a las grandes superficies que tributan fuera del territorio.
Todas las compras realizadas en
Gipuzkoa y Araba deben ir acompañadas de un ticket con un código QR, sea
una bolsa de golosinas, la barra de pan, una lechuga o el zurito en el
bar. Este es el objetivo del sistema TicketBAI, que ha ido entrando en
vigor en dichas provincias de forma escalonada en los diferentes
sectores productivos y que ahora se está implantando en Bizkaia, donde
se ha denominado Batuz. En la teoría, se trata de un acuerdo entre las
tres Diputaciones Forales para luchar de manera conjunta contra el
fraude fiscal. En la práctica, supone una carga más para los pequeños
comercios, mientras los grandes empresarios se libran de su aplicación.
Este sistema de facturación online obliga –u obligará, según el caso– a todas las personas físicas y jurídicas que ejerzan una actividad económica a usar un programa de facturación que emite cada nota con un código identificativo y un código QR. La sede electrónica pública ofrece el servicio de forma gratuita para los profesionales que emiten facturas por sus servicios. Aunque la situación es diferente para quienes venden de cara al público y no tienen tiempo para preparar una factura en el sistema (hostelería, tiendas de todo tipo, o incluso vendedores ambulantes…), quienes deben comprar un TPV actualizado o bien alquilar el servicio a otras empresas o bancos.
Demandas judiciales de la Agrupación de Asociaciones de Comerciantes de Gipuzkoa, Dendartean
A
día de hoy resulta difícil imaginar el recibir una factura con código
QR e identificador al pagar unos vinos, pero es obligatoria por ley. En
Araba lo es para todos los contribuyentes desde principios del 2023; en
Gipuzkoa, desde el 1 de junio de aquel año; y, en Bizkaia, el sistema
todavía se está implantando progresivamente por sectores, aunque será un
requisito para todos desde el 1 de enero de 2026. El servicio está
destinado a microempresas, pymes y autónomos, conectándolos así con las
cajas registradoras de las Haciendas Forales. Ahora bien, las grandes
empresas y multinacionales no están obligadas a seguir el sistema del
TicketBAI si tributan en otro territorio.
En la práctica, señalan las voces críticas, este sistema supone elevar la presión sobre los recursos económicos e incrementa la burocracia sobre los pequeños comerciantes y colectivos cuyo volumen de cajas apenas afectan a la recaudación pública (por no hablar de que casi todos los establecimientos lo hacían todo de manera legal anteriormente). También afecta a las txosnas, los festivas de todo tipo y a los gaztetxes. Por eso, la Agrupación de Asociaciones de Comerciantes de Gipuzkoa, Dendartean, que aglutina 2.637 establecimientos, ha presentado dos demandas judiciales en el TSJ vasco contra la Hacienda Foral, al considerar que TicketBAI es “inconstitucional” y “atenta contra el principio de unidad de mercado”, al no aplicarse en todo el Estado español.
El presidente de Dendartean, Amador Viteri, señala a este medio que rechazan el sistema del TicketBAI porque
obliga a todas las empresas y autónomos a instalarlo sin tener en
cuenta su tamaño ni la situación real del pequeño comercio, un sector
donde existe una enorme brecha digital y donde las políticas de
formación son inexistentes. La falta de conocimientos conlleva además
“enormes pérdidas de tiempo”, a lo que se añade un mercado “muy
deficiente en cuanto a la oferta del software” necesario para su
implantación.
Si bien el sistema busca evitar el fraude, Viteri cree que no supondrá ni mayor recaudación para las arcas públicas, ni mayor control fiscal en el caso de los pequeños establecimientos, ya que antes ya operaban con facturas legales: “Lo único que nos ha provocado son gastos, problemas y pérdidas de tiempo continuadas en el tiempo. Justo lo que necesitábamos en medio de una situación difícil”. Además, critica que cuando una empresa o autónomo instala su comercio con residencia en otra comunidad autónoma “no está obligada al TicketBAI”.
En Bizkaia ha surgido la plataforma Afectados por el TicketBAI para intentar frenar la implementación del sistema apelando a motivos similares. Defienden que ya envían las facturas a la Hacienda Foral “en el mismo momento en que se hacen” y que esta nueva herramienta no evitará el “gran fraude”, ya que las multinacionales y otras empresas que no tienen sede en la CAV “están exentas de implantarlo”. También van más allá y lo presentan como un “mecanismo de control digital que quiere acabar con la privacidad” y “seguir extorsionando a los pequeños” mientras que “a los grandes no se les toca”.
Inversiones de hasta 5.000 euros
Ahora bién, ¿qué ha supuesto el TicketBAI para
las pequeñas y medianas empresas que ya lo aplican? Según las fuentes
consultadas, la inversión económica puede ir de los 7 euros al mes, por
el alquiler de una máquina TPV compatible a una entidad bancaria, hasta
los 5.000 euros por la compra de software, básculas y otros elementos.
Para afrontar estos gastos, se han ofrecido ventajas fiscales como
deducciones en el IRPF, en el impuesto de la Renta o en el impuesto de
sociedades.
Pero los comerciantes se quejan, sobre todo, de falta de información. Es el caso de la dueña de una frutería de un pequeño pueblo del Goierri (Gipuzkoa): “Nos gastamos unos 7.000 euros en dos negocios. No nos dieron ninguna deducción porque no cumplíamos los requisitos. Pero, ¿cuáles teníamos que cumplir? ¿Dónde estaba toda esa información? Nadie sabía qué hacer”.
Al margen de eso, aseguran que en
su establecimiento nada ha cambiado, ya que antes ya lo facturaban todo,
y que “hecha la ley, hecha la trampa”, porque cobrar dinero negro sigue
siendo tan fácil como no pasarlo por la máquina: “El fraude normalmente
no lo comete el autónomo que está trabajando en la calle. Si antes ya
declarábamos correctamente, ¿por qué ahora tiene que ser digitalizado?
Eso ha generado una venta muy grande de máquinas de otros países, ya que
aquí no había. Tampoco entiendo por qué no afecta a las grandes
superficies”.
Inés García Azpiazu regentaba la librería y espacio cultural Tobacco Days en Donostia, que cerró por sentir que se estaba “autoexplotando”. Recuerda que el TicketBAI fue una carga más: le supuso pagar unos 250€ para comprar software nuevo y pasó de pagar 40€ a 60€ de alquiler por el alquiler de la máquina de cobro TPV. Una cantidad que parece irrelevante, pero que “es una gran diferencia” para una pequeña librería independiente. Además, es un gasto que no es una inversión, ya que no repercute en ningún tipo de beneficio. “No te queda otra que pasar por el aro”, suspira. En su caso, tuvo “la suerte” de no tener que comprar una nueva impresora, ya que este sistema requiere una térmica que ya tenía y que era necesaria para reflejar bien el código QR.
Azpiazu coincide en que no cree que el TicketBAI fuera
necesario para evitar el fraude, ya que antes todo estaba ya «sumamente
informatizado y ultracontrolado, desde que salían los libros de las
distribuidoras hasta su venta a los clientes”. “Tenía la sensación de
estar pagando justos por pecadores. Hablamos de tiendas muy pequeñas con
unos números que no sé hasta qué punto pueden afectar a la economía,
cuando una gran empresa puede llegar a estafar mucho”.
El TicketBAI también afecta a los pequeños agricultores que venden sus productos en mercados y ferias. Un paseo por el Ordiziako Azoka de Goierri deja claro el rechazo a este sistema para unas personas con unos beneficios que ya estaban muy ajustados. A una mujer jubilada que vende aquí y en Tolosa le llegaron a hacer hasta siete inspecciones que acabaron en 6.000 euros en multas y dos meses sin pensión por no estar dada de alta como autónoma. Ahora está su hija, quien explica que el sistema ha sido una piedra más en el camino.
“No es mucho coste,
pero si solo fuera eso… Hay que sumar el alquiler de las mesas, los
impuestos, etc. Y un negocio así no tiene un gran volumen. Hay que
declarar, ¡pero si aquí hay cuatro perras! Al final tienes que dar más
caro el producto para ganar algo”. En opinión de esta persona, “han
atacado a los más débiles, como siempre”. Y anota. “Creo que deberían
haber apuntado más alto. Nosotros somos el último eslabón, no creo que
esto afecte mucho al fraude fiscal”.
Otro
vendedor comparte puesto con su pareja, aunque ella legalmente no
debería estar porque no es autónoma algo bastante habitual en mercados
en los que se venden tan pocos productos que, con suerte, dan para pagar
una cuota. Sobre el TicketBAI,
se queja del tiempo que le ha supuesto hacer las gestiones y lo que le
costaría tener que parar a sacar el ticket –confiesa que no lo hace
porque nunca se lo piden. En su caso, paga 7 euros al mes al banco por
el alquiler de un datafono; no es mucho dinero, pero todo suma, y más en
un negocio así: “Si vendo una lechuga a 0,70€, ¡para pagarlo tengo que
regalar 10 lechugas!”.
Por
otro lado, se pregunta “qué dinero negro” hay en un mercado de
verduras: “Aquí se saca lo justo para vivir. Los que desfalcan son los
que mueven millones. Si nosotros hiciéramos mucho dinero, habría lista
de espera para entrar en el Azoka. Y nadie quiere venir. ¡Luego se
llenan la boca hablando del sector primario!”. El resto de los veteranos
del lugar aseguran que el emblemático Ordiziako Azoka ha perdido muchos
puestos y mucha clientela en los últimos años como consecuencia, entre
otras cosas, de un sistema capitalista neoliberal que no está pensado
para el pequeño productor.
El Ticket Bai en la economía popular: txosnas y gaztetxes
Quien haya echado una mano alguna vez en la barra de una txosna
en fiestas del pueblo o en la de un gaztetxe sabrá la locura en la que
se puede llegar a convertir la “txanda”. Pero, a fin de cuentas, es por
una buena causa: sacar fondos para el colectivo o pagar las demandas en
casos concretos de represión política. ¿Se imaginan que ahora, en ese
revuelo de cañas, combinados, chupitos y cálculos mentales hubiera que
parar a hacer un ticket con su correspondiente código QR?
Por muy surrealista que suene, esto es lo que prevé la normativa del TicketBAI. Las txosnas y los gazteztxes, esos espacios populares que sustentan económicamente a los movimientos de base, no estarán exentos de aplicar el sistema. Desde el departamento de prensa de Hacienda de la Diputación Foral de Bizkaia explican que las txosnas de empresas (hotel, bar, etc.) estarán obligadas a facturar con Batuz desde 2025; y desde junio del año que viene tendrán que hacerlo las personas o agrupaciones físicas sin personalidad jurídica, como las cuadrillas, o asociaciones con fines lucrativos; las asociaciones y fundaciones sin ánimo de lucro, que son la mayoría, estarán obligadas a ello desde el 1 de enero de 2026.
Antes de que llegue el momento, la
Federación Bilboko Konpartsak ya ha puesto el grito en el cielo. En mayo
hicieron una comparecencia pública en el que advirtieron que el sistema
TicketBAI/Batuz podía poner en
serio riesgo la viabilidad del movimiento de fiestas populares. Como
explica su portavoz, Iñigo Iglesias, no están solos en sus
reivindicaciones: la mayoría de “jaiak” de Bizkaia y las fiestas de
barrios de Bilbao les apoyan. “No estamos en contra de pagar impuestos;
de hecho, ya los pagamos a nuestros proveedores, en las contrataciones
de grupos de música, etc. Todo lo hacemos con su correspondiente factura
y lo declaramos. Lo que no hacemos es recaudar el IVA a los
consumidores finales”, argumenta en una entrevista con Hordago.
Este impuesto no se paga, sino que lo recauda el vendedor o prestador de servicios. El IVA que pasarían a recaudar ahora las fiestas populares, en la mayoría de los casos tendrían que pagar muy poco o nada, o incluso devolverles una parte por el que pagan en las facturas. “El problema es que poner en marcha todo este aparato burocrático es inviable para las txosnas que montan pequeñas asociaciones, barrios, pueblos… y, por todos los problemas que conlleva, puede que muchos decidan no montar”, advierte Iglesias.
Entre las
peculiaridades del movimiento de las fiestas populares, cita que la
gente que trabaja es voluntaria y muy variada, por lo que no se les
puede dar formación suficiente para manejar el sistema a todas las que
participan, de forma que es difícil que todo el mundo haga el ticket
correctamente, lo cual cree que “puede espantar a voluntarios”. Por otro
lado, habla del propio coste de recursos que supone la implantación del
sistema: ordenador, caja electrónica, acceso wifi… factores que, en
determinados momentos de las fiestas, considera que puede llegar a ser
“técnicamente imposible” por colapsos en la red.
Según el portavoz de Bilboko Konpartsak, hay un “agravio comparativo” con los establecimientos de hostelería al uso, ya que en este caso son asociaciones sin ánimo de lucro con txosnas en las que “todo lo que se gana es para las fiestas del año siguiente”; y lamenta que otros eventos como el Bilbao BBK Live Festival a los que “no solo se les da ventajas fiscales, sino también subvenciones directas”.
En este sentido, Aritz Udalanburu,
de Kranba! Konpartsa, recuerda que las txosnas de jai batzordes y
konpartsas “no son comercios, ni hostelería, ni empresas, ni autónomos”,
sino “organizaciones populares sin ánimo de lucro” participadas por el
vecindario y colectivos sociales para sacar adelante las fiestas de un
barrio, pueblo o ciudad. “Las fiestas populares son eventos 100%
autogestionados y basados en el apoyo mutuo. No cobra nadie y, con el
dinero de esas fiestas, se saca para eventos culturales para todo el año
por y para el barrio o pueblo”.
Udalanburu defiende que las comisiones y konpartsas “no caben en las categorías fiscales obligadas al TicketBAI”. También ve poco viable la aplicación práctica del sistema, ya que las txosnas duran unos días instaladas y hay muchas personas voluntarias que rotan cada pocas horas y en un ambiente con mucha demanda. “Gestionar tickets supondría tener una maquinita saturada y una barra colapsada innecesariamente”.
Una amenaza al modelo de autogestión de las fiestas populares
TicketBAI es
percibido como una amenaza al modelo de autogestión de las fiestas
populares. Íñigo Iglesias cree que hay una tendencia global hacia “una
burocratización y tecnificación que riñe con modelos más populares,
participativos y analógicos, humanos”, a lo que defiende que “hay que
intentar plantar cara” cada una desde sus “pequeñas parcelas”. “Es un
modelo festivo muy participativo que está en riesgo. Quizás sea ese
tejido social fortalecido lo que no interesa”. En esta línea, Aritz
Udalanburu valora que el nuevo sistema va más allá de emplear una
aplicación: se busca “obligar a cambiar la forma de cobro de estas
organizaciones para encajar en el molde mercantilista”.
“Instalar un sistema de control fiscal donde no hay el más mínimo interés privado, como sí lo hay en las elites económicas de Bizkaia, solo puede tener efectos vampíricos”, advierte Udalanburu, y sopesa que es una medida que trata de “normalizar” las txosnas en estándares económicos excluyentes”. “Es meter software libre bajo licencia privada. Abonar semilla ecológica de alubia de Gernika con la mejor mierda transgénica de Monsanto”. “Es un paso más hacia la privatización y explotación de la cultura popular. No sería el fin, pero quedaría mutilada… Otra vez”, lamenta.
En el circuito de las economías alternativas, otro de los grandes afectados por TicketBAI son
los gaztetxes, que no se entienden sin su estrecha relación con las
fiestas populares. Pablo Oliveros, miembro de Txarraska Gaztetxea, hace
un poco de historia y recuerda que estos espacios han sido fundamentales
para sostener los txosnagunes en Euskal Herria desde su creación en la
década de los ochenta, mientras que las txosnas han sido un lugar de
financiación importante para su actividad.
Oliveros recuerda que, hasta ahora, sus cuentas se han sostenido “por gente voluntaria y de forma autogestionada, sin llegar a grandes cantidades y sin lucrar a nadie, con un espíritu popular y comunitario”, pero alerta que la aplicación de TicketBAI/Batuz conllevaría la “institucionalización del circuito económico alternativo”, algo que valora como un paso para “debilitar los modelos de economía sobre los que se sostienen las redes populares de toda Euskal Herria”. No se refiere solo al modelo festivo popular, sino a otras actividades económicas, como la venta de material político (camisetas, pequeñas distribuidoras, etc.). Una resistencia ciudadana amenazada, desde siempre, políticamente, judicialmente, policialmente, y ahora, también, fiscalmente.
Fuente: https://www.elsaltodiario.com/economia/ticketbai-comerciantes-agricultoras-txosnas-gaztetxes