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Una apuesta por el porvenir

Fuentes: Rebelión

El secreto de la libertad radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía está en mantenerlos ignorantes. Maximilian Robespierre (1758 – 1794) En un contexto de crisis económica y de régimen, agudizadas por los graves efectos del coronavirus -con un bloque monárquico sobrerrepresentado en la Jefatura de Estado, en las […]

El secreto de la libertad radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía está en mantenerlos ignorantes.

Maximilian Robespierre (1758 – 1794)

En un contexto de crisis económica y de régimen, agudizadas por los graves efectos del coronavirus -con un bloque monárquico sobrerrepresentado en la Jefatura de Estado, en las Fuerzas Armadas, en la Judicatura y en los influyentes medios-, no puede ser más indignante el postureo del rey en la reciente entrega de premios de la Fundación que lleva actualmente el nombre de su hija.

Se trata de una fundación creada el 24 septiembre de 1980, años de gran agitación monárquico-golpista. Su finalidad: exaltar la figura del príncipe heredero, potenciando de este modo la influencia de la familia real sobre las élites culturales. Una forma más de blanqueo del pacto sobrevenido que dio lugar al régimen del 78. Todo ello en beneficio de la monarquía del 18 de julio y de los poderes financieros y empresariales que sustentaron la dictadura.

La Fundación Príncipe de Asturias creó el premio que lleva su nombre. Esto sucedía pocos meses después del famoso autogolpe del 23 de febrero de 1981. Se trató de un golpe militar producto de una conspiración monárquica contra la democracia, con el fin de provocar un shock aterrador en la parte más sana de la sociedad. Una sociedad que aún estaba asustada y traumatizada por la reciente dictadura. De este modo se alteró el proceso democrático en curso mediante un conductismo social fundamentado en un acto de terrorismo de Estado, pues no otra cosa fue el 23-F.

Siguen clasificados indefinidamente los documentos secretos que quizá podrían aportar información esencial sobre el alcance de la participación del rey Juan Carlos en aquella operación. Una gigantesca operación de amedrentamiento y alienación social.

Sin embargo, aunque en aquellas fechas se hubiese conocido con todo detalle su implicación en el autogolpe, esta no hubiese tenido consecuencias penales, dada la impunidad constitucional del rey. Un rey, ya emérito, que está siendo investigado por las fiscalías suiza y española.

Los vergonzosos escándalos de la familia real ponen en evidencia los fallos del régimen del 78, es decir de nuestro deficiente sistema democrático y, en consecuencia, la credibilidad de España como país. Un rey emérito -padre del rey y abuelo de la princesa- que se ha fugado preventivamente a los Emiratos Árabes, a la espera quizás de posibles acontecimientos judiciales.

La Fundación Princesa de Asturias, así como otras conocidas organizaciones paraestatales, actúan de facto como instrumentos al servicio de la Corona, es decir del régimen monárquico cuyo jefe máximo goza de una impunidad absoluta. Este monarca, de tendencias absolutistas, simboliza los intereses estratégicos de la oligarquía financiera, núcleo duro y principal beneficiario del régimen del 78.

Prueba de ello es la lista de Patronos de la Fundación Princesa de Asturias, formada por una nutrida mayoría de notables banqueros, cuya lectura deja entrever a qué clase social están vinculados los intereses de la Corona, poniendo en evidencia la falsedad de su pretendida neutralidad.

Su actitud, teóricamente imparcial, en la práctica no es más que un postureo nada convincente, pues nunca ha condenado el franquismo, al igual que su padre, impidiendo de hecho la ilegalización efectiva de la dictadura.

Los vivas al rey de los portavoces de la ultraderecha monárquica, durante la reciente moción de censura, no tienen otro objeto que doblegar a los demócratas para que aceptemos a los miembros de la dinastía borbónica, heredera del franquismo, como presuntos “pacificadores”, contra toda evidencia histórica.

Por si quedase alguna duda, el líder del movimiento ultraderechista, Santiago Abascal, lo expresó claramente al afirmar que un centímetro de la piel del rey vale más que la mayoría de los representantes electos. Es decir, según se deduce de las afirmaciones de este prócer de la patria, la soberanía no ha de residir en el pueblo sino en la persona del rey, más valiosa que la soberanía popular. A fin de cuentas el alegato de un gran demócrata, sin duda; un ocurrente retrato para la posteridad.

En estos momentos no hay más derecha democrática, desgraciadamente, que la soberanista (catalana, vasca), pues la derecha democrática que pudo ser quedó varada en la conspiración monárquica del 23-F, con la defenestración manu militari del presidente electo Adolfo Suarez, que derivó en una voladura controlada de la UCD.

Puede que Pablo Casado -tras la escenificación de su ruptura con VOX- se aleje del franquismo fundacional que habita en la monarquía; algo que aún está por ver y resulta bastante inverosímil.

La opinión pública europea e internacional -pese a las malas prácticas periodísticas de algunos medios- está tomando buena nota de los graves déficits democráticos de nuestro país, consecuencia directa de la corrupción rampante que emana desde el núcleo duro del régimen y de sus cloacas, cuya alargada sombra alcanza también a parte de la judicatura y del ejército, como se puede constatar.

Frente a la ofensiva del bloque monárquico y el irresistible ascenso del fascismo -que actúan coaligados de hecho como un sistema- es urgente la ampliación de la base democrática que sustenta al Gobierno, apoyado activamente por la inmensa mayoría de la militancia del PSOE, de PODEMOS y del PCE.

Es obvio que los apoyos puntuales que recibe el Gobierno de coalición progresista no bastarán para frenar la ofensiva monárquica que, junto al sunami fascista que pretende engendrar VOX, amenazan con devorar lo que pudo ser y no fue, una derecha democrática.

La monarquía española es un factor objetivo de confrontación y no de concordia, como retóricamente pretende el rey. Es ineludible que las fuerzas democráticas avancen hacia un pacto republicano coherente antes de que sea demasiado tarde, de modo que los pueblos y naciones históricas del Estado español apuesten valientemente por el porvenir, es decir por una República federal o confederal en el marco de la Unión Europea. Marco político en el que habrán de resolverse en el siglo XXI las serias contradicciones que nos afligen.

Avancemos, pues.

Manuel Ruiz Robles es Capitán de Navío de la Armada (R). Ex miembro de la disuelta Unión Militar Democrática (UMD). Presidente Federal de Unidad Cívica por la República (UCR). Vocal de la Asociación Civil Milicia y República (ACMYR). Fundador de ANEMOI, colectivo de militares demócratas y republicanos.

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