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¡Vaya concordia! Rouco Varela, premio Príncipe de Asturias de la Concordia

Fuentes: Revista Pueblos

lega la noticia de que el premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2010 ha sido para Manos Unidas, la ONG oficial de la Iglesia Católica española. No es que el asunto tenga mucha importancia: los premios Príncipe de Asturias son una costosísima operación de marketing político-cultural, cuyo prestigio se basa exclusivamente en la calidad […]

lega la noticia de que el premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2010 ha sido para Manos Unidas, la ONG oficial de la Iglesia Católica española. No es que el asunto tenga mucha importancia: los premios Príncipe de Asturias son una costosísima operación de marketing político-cultural, cuyo prestigio se basa exclusivamente en la calidad de algunos premiados, que finalmente son los que premian al premio. Pero esta vez merece un comentario.

De antiguo, hay bastante competencia en el mundo de las ONG por hacerse con el Príncipe de Asturias, lo cual da una idea de los valores de imagen que se manejan ampliamente en ese mundo. Por ejemplo, Intermón-Oxfam lleva años intentándolo, sin resultados. Pese a que I-O es una ONG «políticamente correcta», posiblemente su línea de estudios y publicaciones resulte demasiado crítica para el jurado de estos premios. Ya se sabe que en materia de ONGs lo que vale es el perfil asistencial y market friendly (así en inglés, que es como lo dicen en el Banco Mundial, que ejerce de Santo Oficio para estos menesteres).

Manos Unidas es otra cosa. Hace años, a mediados de los 90, su equipo técnico estaba formado por cristianos(as) de base, con un sentido militante de la solidaridad y con las y los que era muy agradable y fácil trabajar, con coincidencias y discrepancias.

Obviamente, esta línea no era aceptable para Rouco Varela y a la menor oportunidad, decidió tomar en sus manos el asunto, aprovechando el poder que le da el sometimiento de la ONG a la jerarquía de la Iglesia Católica y por tanto a su jefe indiscutible (de este tipo de «dependencias» se habla poco en el mundo de la ONG; queda mejor hablar de la dependencia de «fondos públicos» que es sin duda un problema serio, pero puede ser gestionado con menos daño para la autonomía de la organización, que el extendido sometimiento a iglesias, opus, partidos del «arco parlamentario», etc.). Así a finales de los 90, despidió a las y los responsables equipo técnico en pleno, con el peregrino argumento de que tenían contrato laboral, mientras que Manos Unidas era una organización de «voluntarios» (pese a que obviamente, sigue contando con un muy numeroso personal técnico estable, pagado por vías distinta, indirectas y más baratas que formar parte de una plantilla laboral formal). Rouco situó personas de su estricta confianza al frente de la organización. Y esta Manos Unidas ha sido premiada.

No me cabe duda de que habrá gente decente trabajando en la organización y que harán buenos proyectos, siempre que no sean conflictivos con la política del Vaticano. Pero no es eso lo que se premia. Se premia un tipo de ONG y a quienes mandan en ella. Y una idea de lo que es «concordia», claro.

El Príncipe de Asturias, y su premio, van de modernos y quedaría antiguo, feo, haberle dado el premio al Domund. Pero eso se ha hecho, más o menos.

Malos tiempos para las ONG disidentes, que algunas quedan.

Miguel Romero fue responsable del Área de Comunicación y Estudios de ACSUR-Las Segovias de 1994 al 2009. Este artículo ha sido publicado en la edición digital de Viento Sur.

Fuente:  http://www.revistapueblos.org/spip.php?article1963