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Día de la Nakba

«Mataron a todos los que veían»

Fuentes: Islam on line

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Mohammed al-Saghir Abu Sharar tenía 37 años cuando la Hagana y otras bandas terroristas judías atacaron en 1948 al-Dawayema, un pueblo situado a 18 kilómetros al nordeste de al-Khalil (Hebrón).

«Cuando vinieron empezaron a matar en masa a la población civil, hombres, mujeres y niños», recuerda Mohammed, que ahora tiene casi cien años.

«Mataron a todos los que veían. Les abrieron la cabeza a los niños y a las mujeres les abrieron el vientre con las bayonetas. Incluso violaron a algunas mujeres antes de asesinarlas».

Mohammed afirmó que uno de los episodios más sangrientos de aquel día tuvo lugar en la mezquita: «Era viernes y muchos de los ancianos ya habían acudido a la mezquita local para la oración», recuerda. «Aproximadamente dos horas antes de la oración, sobre las 10:00 o 10:30 a.m., llegaron varios vehículos que transportaban hombres armados. Acribillaron a balazos a todo el mundo y mataron a 75 ancianos. Ni uno de ellos sobrevivió», añadió con lágrimas en los ojos. «Empezaron a entrar a las casas y a matar a familias enteras. Estos asesinatos obligaron a la gente a huir al este. Sin embargo, los hombres de la Hagana persiguieron a los que huían y mataron a más gente».

En su libro All That Remains [Todo lo que queda] Walid al-Khalid, un historiador palestino con unas credenciales impecables, escribió que al-Dawayema tenía 3.710 habitantes en 1945.

El mundo celebra el 15 de mayo el «Día de la Nakba» en que Israel se creó sobre las ruinas del país de Mohammed. El 18 de abril de 1948, el grupo militante Irgun de Menachem Begin capturó el Tiberio palestino e hizo huir a sus 5.500 habitantes. El 22 de abril Haifa cayó en manos de los militantes sionistas y 70.000 palestinos huyeron. El 25 de abril Irgun empezó a bombardear sectores civiles de Jaffa, aterrorizando a sus 750.000 que huyeron presa del pánico. El 14 de mayo, el día antes a la creación de Israel, Jaffa se rindió completamente a los mucho mejor equipados militantes sionistas y sólo permanecieron en la ciudad 4.500 de sus habitantes.

Sin refugio

Mohammed, que ahora vive con su familia en el pequeño pueblo de al-Majd, a unos 7 kilómetros al sudoeste de al-Dawayema, afirma que decenas de familias habían buscado refugio en una gran cueva Turel Zagh. «Los judíos les dijeron que salieran, se pusieran en fila y empezaran a andar. Y cuando empezaron a andar, los acribillaron con el fuego de las ametralladoras desde los dos lados», añade. «Una mujer, la mujer de Mir’ie Freih, sobrevivió a la masacre fingiendo estar muerta».

Mohammed afirmó que después las víctimas de la masacre fueron enterradas en los pozos Bir al-Sahra y Bir al-Sil. Su testimonio fue corroborado por historiadores e investigadores israelíes que se basaron en archivos desclasificados del ejército israelí y en entrevistas a soldados veteranos.

El historiador israelí Benny Morris había entrevistado a un participante en la masacre que le dijo que entre 80 y 100 personas, incluyendo mujeres y niños, fueron asesinados por «la primera oleada de conquistadores».

En 1984 un periodista israelí entrevistó al que había sido el Mukhtar (notable) de al-Dawayema, Hasan Mahmoud Ihdeib, y lo llevó a lugar por primera vez desde la masacre. Ihdeib le habló de las personas asesinadas en la mezquita y las familias masacradas en la cueva, y le mostró la cisterna en la que habían sido enterrados los cuerpos. Unos días después, el periodista israelí llevó a unos obreros que cavaron y descubrieron huesos y calaveras.

En 1955 se construyó sobre las ruinas de al-Dawayema el asentamiento judío de Amatzya.

Aharon Zisling, primer ministro de Agricultura de Israel, había relacionado la masacre, cuyo nombre era «Operación Yo’av», con lo crímenes nazis.

Memoria viva

Hace unos pocos años Mohammed y su familia visitaron las ruinas de su pueblo en el que su padre, su madre, sus abuelos y sus ancestros estaban enterrados. «Aguanté los lloros de mis antepasados. Vi nuestra casa, completamente en ruinas. Vi la habitación en la que mi padre solía recibir a sus huéspedes. Vi los pozos de agua abandonados».

Este palestino centenario sigue esperando que se le permita vivir en el viejo pueblo de su familia. «Mi deseo ha permanecido incólume y es volver a mi pueblo, morir y ser enterrado ahí».

Cuando más tarde le pregunté si aceptaría una compensación por sus propiedad perdida, se quedó callado un momento antes de contestar. «No se trata de propiedades y de compensación», dijo. «Éste es mi país, mi historia, mi hogar, mis recuerdos de infancia, mis antepasados y antepasadas. ¿Cambiaría usted la tumba de su padre por todo el dinero del mundo».

Enlace con el original: http://www.islamonline.net/servlet/Satellite?c=Article_C&cid=1239888911810&pagename=Zone-English-News/NWELayout