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El genocidio no se puede ocultar

Fuentes: Rebelión

Asistimos en estos días a una pantomima de mediación del gobierno imperialista que encabeza Donald Trump para establecer el alto el fuego en la Franja de Gaza y, así, mostrar algunos signos de que se avanza hacia el diálogo y la negociación entre el Estado sionista ocupante y colonizador y, por otra parte, el pueblo palestino –el gobierno de Gaza – y las organizaciones político- militares que no han cesado nunca de resistir al sionismo terrorista y genocida, al mismo tiempo que mantienen una rebelión permanente y multimodal contra el statu quo de la ocupación y la colonización.

(Una vez escrito el párrafo anterior y la mayor parte de este artículo, se conoce la noticia de la vuelta a los bombardeos y a los asesinatos masivos de palestinos / as por parte del régimen criminal y genocida de Israel, con el beneplácito y el apoyo del imperialismo estadounidense, según declaraciones del propio Presidente Trump. Lo que no hace más que ratificar las posiciones que en estas rápidas reflexiones se decantan).

Ante esa renovada intervención imperialista, que en ningún caso debiera tomarse como mediación, en la brutal, y ya larga agresión, contra el pueblo palestino, convierte el discurso de la mediación y el acuerdo temporal de alto el fuego en una falacia y en la enésima trampa que urden el sionismo genocida y sus cómplices imperialistas.

Por otra parte, es más que evidente que el gobierno imperialista del Presidente Donald Trump está absolutamente desautorizado para actuar como mediador, en tanto que ha sido y es un actor clave en los crímenes contra el pueblo palestino, como también y de manera señalada en la escalada y la “eficacia” de los asesinatos selectivos y del conjunto de acciones genocidas del régimen sionista, sea en palestina, en Líbano y en otros países de la región, como Irán. Por no hablar de Vietnam, Afganistán, Serbia y otras más en América Latina y África.

Desde Octubre de 2023, ha sido evidente la participación activa y necesaria de las capacidades y medios tecnológico – militares del imperialismo, para producir los miles y miles de asesinatos indiscriminados de casi 50 mil personas, en su inmensa mayoría población civil: niños y niñas, mujeres y ancianos; además de la destrucción de las infraestructuras de salud, de vivienda, de educación, de comunicaciones, en definitiva, para provocar la gran devastación de todo el territorio gazatí, como parte de la reiterada decisión del imperialismo de mantener un firme respaldo al régimen criminal sionista.

Cabe sumar a esta ruin complicidad a la Europa otanista y, desde luego, a la relativa inoperancia y, sobre todo, aunque haya mucha buena voluntad por arte de los representantes de la ONU y de las agencias, como la UNRWA, queda manifiesta la impotencia de los organismos internacionales (ONU).

La llegada de la nueva administración imperialista, que es esencialmente idéntica a la anterior (anteriores) – al fin se trata de la administración imperialista cuya identidad y caracterización elemental es la de una oligarquía estructurada en un complejo político, militar, financiero y mediático -, parece sintetizarse en la apertura de un espacio / tiempo para la recuperación y oxigenación del régimen nazi sionista, así como una cruel y variopinta modalidad de legitimación del plan de limpieza étnica y del genocidio en marcha. (Los más recientes bombardeos se llevan a cabo después que el gobierno de Estados Unidos haya liberado varios miles de millones para el uso de bombas y otros armamentos para proseguir la matanza…).

El imperialismo criminal: de un genocida cínico y senil a un megalómano desatado

El tránsito de la Administración demócrata del Presidente Biden a la del Presidente Trump no supone un cambio esencia, sólo retoque, énfasis y estilos.

En primer lugar, y sobre todas las cosas, el personaje megalómano que, desde el 20 de enero pasado ha vuelto a ocupar la Casa Blanca, así como la cuadrilla de codiciosos y cínicos que le rodean, han dado un renovado espaldarazo a la ocupación y colonización de Palestina, que lleva adelante el régimen sionista de Israel desde hace 75 años, elevando un peldaño más en su estrecha vinculación estratégica con los intereses y el proyecto de dominación imperialista.

En segundo lugar, y como parte de ese espaldarazo, la nueva administración imperialista muestra su voluntad de reforzar el plan de limpieza étnica y del genocidio con propuestas más crueles y degradantes si cabe, como ha sido la sádica ocurrencia de este émulo del emperador Calígula de convertir la Franja de Gaza en un emporio turístico para él y sus amiguetes, previa expulsión de los palestinos – faltaría más –a cualquier otro punto del tercer o cuarto mundo y, así, resolver de una vez por todas el objetivo y los planes del sionismo ocupante y colonizador.

Una y otra vez, las propuestas y declaraciones del supremacismo fascista del equipo de Trump vienen a ser prácticamente idénticas a las que los genocidas del gobierno sionista han expresado en el último año y medio. Es más, el régimen criminal sionista puede tomarse una tregua ya que los imperialistas de Trump son tan igualmente desalmados que parecen estar dispuestos a hacer menos perversos a los genocidas sionistas. En todo caso no hay que comparar: al fin se trata de los mismos especímenes.

Por otra parte, los modos y estilos bufonescos del nuevo jefe imperialista parecen orientarse a otro propósito: ocultar o desvanecer las acusaciones y los procesos seguidos contra los genocidas, sea Benjamín Netanyahu y sus secuaces, o sea de rebote, también los Biden, los Blinken y demás responsables del plan genocida y del desastre humanitario ocasionado al pueblo palestino. En todo caso, no hay que engañarse: Trump es por acciones y declaraciones propias, un genocida más.

Palestina: Los mitos, las falacias y los sofismas al servicio del proyecto sionista – imperialista.

La última campaña criminal y genocida llevada a cabo en Gaza y Cisjordania desde el 07 de octubre de 2023 por el régimen sionista de Israel, capitaneado por los grupos más radicales y de corte nazi y que ha incluido el Líbano y Yemen (en el caso de este último pais, los ataques han sido ejecutados por los líderes militares del matonismo de la OTAN, Estados Unidos y el Reino Unido), ha convertido una vez más al pueblo palestino en la víctima de la alargada injusticia que se ha estado cometiendo desde hace más de 75 años, cuando se inició la ocupación y colonización de Palestina por las hordas sionistas con el apoyo de las potencias imperialistas y colonialistas.

El Estado de Israel es, en sí mismo, una entidad colonialista, gestada y alimentada durante la primera mitad del siglo XX por el Movimiento Sionista internacional con el concurso indispensable del capitalismo imperialista, primeramente, en su versión inglesa (y europea) y, posteriormente también europea (Alemania), y de manera más radical y decisiva, por parte del imperialismo norteamericano.

No se puede soslayar que, sin esa amalgama de intereses mezquinos y codiciosos, amparados en un proyecto de dominación, de ocupación y colonización, no hubiésemos llegado hasta aquí ni tendríamos delante la amarga y cruel realidad de los asesinatos sistemáticos y el genocidio del pueblo palestino, amén de la desestabilización política, social y militar del Mediterráneo oriental y del conjunto de Estados que van desde el Mar Caspio al Golfo Pérsico.

En el período entre las dos grandes guerras del siglo XX -1917 a 1948- el Movimiento sionista internacional, surgido a finales del siglo XIX, promovió y dirigió la ocupación y colonización de Palestina dentro de una estrategia, diseñada y aplicada muy rápida y eficazmente, de matanzas de personas, masacres de pueblos y aldeas, de expulsión y limpieza étnica en su Tierra Palestina.

Se impulsaba así una estrategia que implicaba la organización y fortalecimiento de un Estado terrorista que incorporaba en su actuación una serie de prácticas y técnicas cada vez más sofisticadas para perpetrar crímenes de lesa humanidad y para producir lo que se conoce como la Nakba (catástrofe / desastre) palestina con el asesinato y la expulsión de más de 1 millón de palestinos de sus tierras entre 1947 y 1948.

Cabe enfatizar que, sin aquella raíz capitalista – imperialista, dentro de una relación simbiótica con el sionismo financiero internacional, como gran matriz de la sustentación económica y militar del Estado sionista de Israel, no es posible comprender plenamente la limpieza étnica y el genocidio sufrido por el pueblo palestino. Una raíz, en definitiva, que ha permitido el impulso y el respaldo a la ocupación y colonización de Palestina hasta el día de hoy. Es fundamental entender esa convergencia de fuerzas e intereses que determinan y concurren en este dramático holocausto palestino.

Desde tales bases materiales, durante esta larga etapa de más de 75 años, el sionismo judío con el auxilio del militante movimiento sionista cristiano, principalmente en Estados Unidos, ha elaborado y propalado un burdo relato para amparar y sostener la estrategia de ocupación y colonización de Palestina.

Ese relato o metarrelato, asume que la ocupación y colonización no es otra cosa que la vuelta del pueblo judío a su Tierra Prometida, reeditando sin ningún rubor la alucinante leyenda mitológica (bíblica) de que un dios –su dios- se la otorgó de manera vitalicia a sus padres / ancestros y a toda su heredad, como un regalo teñido con la sangre de hombres, mujeres y niños/as y, en definitiva, con la destrucción del pueblo que habitaba aquella Tierra Palestina, incluyendo en ese cataclismo la destrucción de sus recursos y potencialidades, en tanto que, ingenuos y distraídos, los palestinos no se habían percatado que su tierra y su vida estaba reservada, según la mitología judía, para el pueblo hebreo que desde la leyenda bíblica hasta nuestros días cuenta en su seno con grupos y proyectos de ocupación que contienen como elemento sustantivo de su accionar el asesinato y el genocidio para hacer efectivo el regalo de su divinidad.

¿Quiénes son los terroristas? O, ¿quién perseguirá y sometea los genocidas al imperio del derecho y del respeto a la vida?

La conducta seguida por las facciones imperialistas colonialistas, antes europeas y, ahora también europeas pero, sobre todo, norteamericanas y cada vez más manifiestamente sionistas ellas mismas, parecen dejar de lado esa retórica mítica y teológico-torticera, para expresar con sobrada crudeza y cinismo que se trata, al fin y al cabo, de aplicar la violencia y el asesinato de personas y pueblos para imponer y hacer valer sus intereses y proyectos de dominación y de saqueo, sea incluso uno de ellos aquel que busca la construcción de un emporio turístico en la Franja de Gaza, como ha hecho el actual Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, además de proseguir con la explotación y el saqueo de sus riquezas costeras y marítimas, incluyendo en ese pack brutal e infame el realojamiento del pueblo palestino en cualquier tierra circunvecina o más allá.

Sin duda, no hay nada que agradecer a este energúmeno que hoy está al frente del comando imperialista, a no ser el hecho de desvelar, de manera burda y cínica, que el objetivo y, por consiguiente, el plan urdido no es otro que el exterminio del pueblo palestino, iniciado hace más de 75 años y profundizado de manera especialmente cruel y terrorista en el último año y medio.

Ni dioses, ni tierras específicamente prometidas, toda la tierra, incluidas las tierras raras(!): sean marcianas, jovinas o saturnianas, (como pretende el desquiciado Elon Musk) todas han de estar al servicio de la codicia sionista imperialista, de sus intereses y de su demencial ambición. Las vidas humanas, los pueblos, la humanidad entera es una anécdota vicaria y, acaso, un daño colateral, dentro de ese plan. Nada más.

Ocultamiento e impunidad de los crímenes y de genocidio

En lo inmediato, la cuestión más grave y transcendental es la impunidad de estos atroces crímenes y la escalada genocida. ¿Por qué no cesan de matar niños / as, mujeres, ancianos, población civil? El régimen sionista es una fábrica – industria de muerte y destrucción.

¿Por qué llevan a cabo la estrategia de tierra arrasada con todas las consecuencias, sin que nadie ose plantarles cara, excepto los heroicos hombres y las heroicas mujeres palestinas, a costa del martirio de tantos niños y niñas, tantas gentes palestinas?

¿Por qué este grupo de matones, criminales, que integran el poder sionista e imperialista son impunes, tan impunes? ¿Por qué las sociedades europeas, norteamericanas, o lo que quede de la sociedad judía o israelí con sentido de humanidad, se muestran incapaces o indiferentes para detener o contener tanta barbarie?

¿Por qué, incluidas algunas facciones políticas palestinas se atreven a culpar o hacer responsable a Hamas de las atrocidades cometidas por la alianza sionista – imperialista?

A Hamas se le puede criticar o señalar sus errores que, seguro, los hay, incluso de algunos aspectos estratégicos, pero nunca atribuirle la responsabilidad del afán y las prácticas criminales y genocidas y, de ninguna manera que la lucha y la resistencia armada contribuya al mantenimiento de la ocupación y la colonización. Todo ello, es única responsabilidad del régimen sionista, criminal y genocida, y de su aliado indispensable el imperialismo norteamericano. Estos actores son ellos mismos homicidas y padres e hijos de la mentira, de la mendacidad y, ellos sí, con su enorme poder mediático, se encargan de difundir en la aldea global esas patrañas.

¿Por qué hacerse eco de tanta infamia? No se debe siquiera insinuar que la rebelión y la resistencia de los pueblos se tengan que hacer cargo de los crímenes y les represalias de matonismo que cometen contra ellos las fuerzas ocupantes y colonialistas. El imperialismo, como el sio-imperialismo, reinciden una y otra vez en la codicia y el afán de saqueo de los recursos y las capacidades de los pueblos y naciones.

De la misma manera, no se puede equiparar, como hacen también los que reclaman el alto el fuego en Gaza, la conducta terrorista y genocida del régimen sionista y del imperialismo con la resistencia de organizaciones como Hamas u otras fuerzas guerrilleras del pueblo palestino.

No, no son terroristas, son luchadores por la liberación de su pueblo y de su patria de la ocupación y la colonización. Una vez más y para siempre, los terroristas y genocidas son los mismos: los ocupantes, colonialistas, supremacistas, racistas y xenófobos, los codiciosos y extractivistas no sólo de recursos –tierras raras, dicen ahora – sino también de la vida de los pueblos, tratando de aplastar de paso su dignidad. Contra todo ello, se rebelan y combaten las fuerzas de la resistencia, como es el caso de Hamas y otras organizaciones palestinas. No hay que confundir o confundirse.

¿Por qué esta Europa, raptada y moralmente desarmada, proclama a través de los más altos representantes de la UE su voluntad de impulsar una estrategia guerrerista que, en primera instancias, impulse una carrera armamentista, haciendo suya aquella estúpida consigna de si vis pacem para bellum, cuando todos sabemos que la única posibilidad de tener paz es construir las condiciones para su implantación y reforzamiento: la justicia, el derecho, la libertad, la autodeterminación de los pueblos y, en consecuencia, para acabar con el terror y el genocidio no hay otra vía que poner fin a la ocupación y la colonización sionista en Palestina,

En definitiva, no habrá paz mientras el Estado sionista no sea derribado. Es decir, mientras nos seamos capaces de someter al imperialismo (vamos que deje de ser tal) y con ello al sionismo a la legalidad y al derecho internacional, sustentado en el respeto a la vida y a la garantía de los medios de vida, las garantías indispensables para vivir libres y soberanos en su tierra como todos los pueblos y naciones y, nunca a ser sometidos al chantaje, al asesinato, al genocidio y a otras atrocidades.

Para ello se requiere una movilización universal de los pueblos, de las personas dispuestas a exigir una serie de medidas claras y consecuentes, como:

Reconocer al Estado de Palestina, brindándole todo el apoyo político, financiero para que pueda organizarse y funcionar a pleno rendimiento. Las tareas de reconstrucción son urgentes y muy diversas.

Romper las relaciones con el régimen sionista, en tanto que responsable del genocidio y de las matanzas indiscriminadas en marcha. Y, en consecuencia, poner fin a la ocupación y colonización de Palestina por el sionismo.

Iniciar un proceso claro y decidido para que los pueblos y gobiernos del planeta, la inmensa mayoría, hagan imposible la ejecución de las políticas y medias de tutela del sionismo criminal por parte del imperialismo.

Promover y llevar a cabo una movilización internacional para detener y derrotar para siempre al belicismo, a la carrera armamentista y a los intereses codiciosos que e benefician de uno y otra y, por ello, financian también a gobiernos y otras entidades internacionales, además de las campañas mediáticas.

En definitiva, promover las condiciones y las políticas que refuercen la cooperación y la solidaridad nacional e internacional contra el racismo y la xenofobia, y que aseguren los derechos y las libertades individuales, de los pueblos y las naciones, garantizando sin reservas el derecho de autodeterminación de los pueblos, bajo el imperativo: yo soy solamente si tú eres (F. Hinkelammert).

Daniel García G, Sociólogo y Especialista en Cooperación Internacional para el Desarrollo

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.