A la sombra de la guerra: Oportunidades perdidas
Mientras Estados Unidos e Israel continúan sus ataques contra Irán y Líbano, miles de edificios, escuelas y hospitales son destruidos; la gente pierde la vida. Ante este panorama, cabría esperar que la izquierda en todo el mundo iniciara una fuerte movilización contra la guerra en barrios, escuelas y lugares de trabajo.
Las protestas “No Kings” realizadas el 28 de marzo en Estados Unidos, las manifestaciones contra el racismo y la extrema derecha en Londres y la conferencia antifascista en Porto Alegre ofrecieron oportunidades importantes en este sentido. Sin embargo, estas iniciativas no lograron convertirse en un movimiento de paz sostenido que involucrara a millones, como ocurrió durante la guerra de Vietnam. No se logró continuidad ni se amplió la base social.
La raíz del problema: Política dogmática y desconectada
Una de las principales razones de esta debilidad es la prevalencia de debates improductivos y dogmáticos dentro de los círculos antiimperialistas sobre cómo llevar a cabo la lucha contra la guerra.
Hoy en día, muchos sectores de la izquierda intentan reducir la lucha contra la guerra y la crisis económica a un discurso directamente revolucionario y de clase, en lugar de desarrollar una línea política concreta capaz de movilizar a amplias masas populares. Este enfoque produce una política que parece fuerte, pero que no logra conectar con las masas.
En la izquierda turca, este tipo de enfoques tiene una larga historia. Sin embargo, llama la atención la falta de una evaluación seria sobre por qué no se ha desarrollado un movimiento de paz masivo y eficaz.
Por lo tanto, la pregunta fundamental es: ¿Qué política contra la guerra y a favor de la paz puede ser realmente efectiva?
Tres caminos diferentes: ¿Cuál funciona?
Al observar la situación actual, destacan tres enfoques principales: La línea reformista-opositora; liderada por el CHP (Partido Republicano del Pueblo) y centrada principalmente en la crisis económica. El enfoque ultraizquierdista; que busca transformar la guerra directamente en una guerra de clases, pero excluye a las amplias masas. La línea de acción de masas; que se organiza en torno a demandas concretas, une a amplios sectores de la sociedad y construye la lucha desde abajo.
Las experiencias históricas, especialmente el movimiento contra la guerra de Vietnam, muestran claramente que la tercera opción es la más efectiva.
Los límites del ultraizquierdismo: Correcto pero ineficaz
Los sectores ultraizquierdistas intentan llevar la lucha contra la guerra y la crisis a una línea directamente revolucionaria, haciendo llamados como: “Hay que dirigir las armas contra la burguesía”, “Hay que iniciar una guerra civil contra la guerra”, “La clase trabajadora debe aspirar al poder contra su propia burguesía”.
Aunque este tipo de retórica puede parecer ideológicamente radical, carece de la capacidad de atraer a amplias masas populares. Este tipo de agitación, desconectada de las condiciones políticas concretas, no proporciona una orientación práctica.
Por supuesto, la siguiente afirmación es correcta: las decisiones de guerra las toman las clases dominantes, mientras que los trabajadores pagan el precio. Sin embargo, los análisis correctos por sí solos no son suficientes. La verdadera necesidad es transformar estas verdades en demandas concretas y comprensibles que garanticen la participación masiva.
No consignas abstractas, sino demandas concretas
Las consignas generales como “antiimperialismo” suelen resultar demasiado abstractas para unir a amplios sectores. Las demandas múltiples y cargadas ideológicamente dificultan la construcción de alianzas.
Lo que se necesita para un movimiento de paz fuerte son demandas concretas y comprensibles, alianzas inclusivas abiertas a la participación amplia y espacios comunes de lucha. Sin objetivos concretos, el movimiento no puede crecer más allá de pequeños grupos.
La verdadera alternativa: Un movimiento de paz unido y de masas
Si en Turquía se logra construir una línea de lucha que una al CHP, el partido Kurdo DEM, a los partidos de izquierda y a los movimientos sociales, sobre esta base también podría surgir una alternativa de gobierno de centroizquierda.
Sin embargo, este objetivo no puede lograrse solo mediante llamados desde arriba. El factor decisivo es un movimiento fuerte que surja desde abajo. Un movimiento de masas que una las demandas de paz, democracia y justicia social puede generar un amplio apoyo social.
Acción de masas: Orientación estratégica
La estrategia básica para una lucha eficaz es llegar a millones, dirigirse a trabajadores, jóvenes, soldados y sectores populares, y unirse en torno a demandas concretas. Los pasos prácticos pueden incluir:
- Hacer visibles las demandas de paz en las manifestaciones
- Crear organizaciones contra la guerra en las universidades
- Ampliar la distribución de folletos y las actividades de propaganda
- Construir alianzas amplias
- Plantear la opción de un gobierno común por la paz
Todo esto es posible no mediante acciones pequeñas, sino a través de la presión masiva de millones.
Lucha política y tareas
En este contexto, el sistema presidencial y el gobierno AKP ( Partido Justicia y Desarrollo), Partido Movimiento Nacionalista) deben ser los principales objetivos; debe oponerse a la expansión de la OTAN y al militarismo; deben movilizarse los sindicatos y las organizaciones sociales; debe desarrollarse una lucha conjunta con las fuerzas organizadas del pueblo kurdo; debe defenderse la libertad de pensamiento y de prensa.
Al mismo tiempo, se debe luchar por una alternativa de gobierno común basada en una amplia coalición que incluya al CHP, DEM y a otras fuerzas de oposición.
¿Dónde está la esperanza?
Aunque Turquía está rodeada de guerras, la esperanza aún existe. Esta esperanza no reside ni en las divisiones identitarias y sectarias ni en las políticas impuestas desde arriba. El verdadero potencial reside en la lucha social que surge desde abajo.
La tarea fundamental de las fuerzas progresistas en Turquía es cortar el apoyo del gobierno a las políticas de guerra alineadas con Estados Unidos e Israel, rechazar la participación en guerras regionales y fortalecer una línea pacífica y democrática. Un movimiento apoyado por huelgas y acciones masivas, en el que los sindicatos desempeñen un papel activo, es la herramienta más eficaz para detener la maquinaria de guerra.
La paz solo se conquista con el poder organizado del pueblo
El objetivo final es crear una presión social lo suficientemente fuerte como para cambiar las políticas del régimen autoritario. Esto solo es posible mediante un movimiento organizado, amplio, extendido y sostenible.
La paz no se logra con consignas abstractas, sino con una lucha concreta, valiente y organizada que una a millones.
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