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¡Basta de hablar!

Fuentes: Al-Quds al-Arabi

En dialecto decimos: «¡Basta de hablar!» para decir que no sirve de nada hablar y que hacerlo se ha convertido en una aburrida repetición. Cuando tu interlocutor se alarga, hace digresiones y se queda en las introducciones sin darte nada más porque no quiere llegar a ello o lo desconoce, o porque quiere ocultarlo se […]

En dialecto decimos: «¡Basta de hablar!» para decir que no sirve de nada hablar y que hacerlo se ha convertido en una aburrida repetición. Cuando tu interlocutor se alarga, hace digresiones y se queda en las introducciones sin darte nada más porque no quiere llegar a ello o lo desconoce, o porque quiere ocultarlo se acaban las palabras y seguir hablando es como arar el agua.

También decimos en dialecto: «Remueve en el agua y habrá agua», porque quien rebusca en el agua no encontrará más que agua, pues el agua no tiene forma ni color, el «agua es del color del recipiente», como decían los árabes. Es estúpido seguir removiendo porque el agua seguirá siendo agua.

En esta situación nos encontramos en lo referente a la aburrida discusión sobre el régimen sirio, pues la cuestión no es ideológica o de pensamiento en absoluto. Es decir, no creo que ningún ser racional pueda justificar un régimen republicano hereditario, canturrear las genialidades políticas y de pensamiento del dictador, o hablarnos del pensamiento del partido Baaz, pues el pensamiento de ese partido se extinguió en el momento en que los militares usurparon el poder. Basta con que un ser racional lea «La experiencia amarga» de Munif al-Razaz, que fue elegido como sucesor del fundador del partido Michel Aflaq en la Secretaria General para asegurarse de lo estúpido de hablar de la ideología del partido Baaz. Una ideología que pisotearon los militares del partido con sus botas antes de que Saddam Hussein dibujara el triste destino de Michel Aflaq, que terminó su vida en Bagdad, bajo la misericordia de los verdugos. No hablaré de la obra de teatro de ensalzamiento del islam «del profesor», pues debemos dejar ese capítulo para sus hijos, para que anuncien la verdad del amargo fin de su padre. No creo tampoco que ningún ser racional pueda justificar los actos de los secuaces de la cárcel de Tadmor (Palmyra, 1981) o los carniceros de la masacre de Hama, o los que participaron en el sacrificio de los campamentos de Tell al-Zaatar y Shatila.

Un régimen que ha perdido todas sus justificaciones. Incluso su supuesto socialismo, los Makhlouf y sus socios se han encargado de convertirlo en un capitalismo salvaje que ha devorado las riquezas sirias y han destruido la enseñanza pública, que era el mayor logro sirio de la independencia.

A este régimen no le queda más que el secreto del antiimperialismo, pero ¿qué es el antiimperialismo? Comenzó con la muerte de la capacidad de decisión nacional palestina independiente y terminó con la implicación de Líbano y su conversión en un semillero de ladrones y asesinos, y el tratamiento de la zona de la Siria histórica como si fuera un imperio asadiano, que evita todo choque directo con el ocupante israelí y cuya estrategia se basa en jugar sus cartas por medio del uso de Líbano y Palestina como plataforma negociadora, que ojalá salve al régimen de la trampa de su derrota en el Golán. Así, el frente sirio fue agraciado con la larga calma resultante del secreto de la filosofía del antiimperialismo al estilo baazista.

Nada se sostiene en ninguna conversación sobre el Baaz asadiano, incluso el espectro del peligro islamista que el régimen convirtió en su mayor espantajo, no es más que una cortina, pues ¿cómo el islam fundamentalista puede suponer un peligro, mientras el régimen se alía con otros islamistas que en poco se diferencian en su estructura doctrinal e ideológica, a saber el islamismo de los mullahs? ¿Cómo quiere que tengamos miedo de los islamistas si los que vienen de Irán y Líbano luchan al lado de los shabbiha y el ejército contra el pueblo sirio?

El régimen sirio ha logrado explotar la ingenuidad y la decadencia de algunos intelectuales tardíos que se acostumbraron a someterse y ser dóciles, para sacar discusiones estridentes, cuyo eco ha llegado a los periódicos occidentales, sobre su supuesto laicismo y el hecho de constituir un muro de contención frente al fundamentalismo. Lo curioso es que la nueva estrella y filósofo del régimen, que logró llevarse a algunas plumas occidentales a su campo, es el pensador Michel Samaha, al cual parece que ir acompañado de los servicios secretos y de explosivos no lo asistieron cuando era extrema la necesidad de hacer estallar sectariamente el norte de Líbano y echarle la culpa a Al-Qaeda.

Qué miseria la del Baaz, desde Michel Aflaq, que era educado y escondió sus tendencias fascistas recónditas tras una túnica romántica, era callado, poco amigo de charlar, e intentaba crear una filosofía para su Baaz; hasta Michel Samaha, ese que llenó los canales por satélite de palabrerías y una elocuencia que aprendió de sus profesores en el partido de las Falanges Libanesas y de su amigo Elie Hobeika, el carnicero de Shatila, que perpetró su masacre por orden del ejército israelí y en coordinación con él. Qué miseria desde el primer Michel que intentó resucitar la nación árabe y la destruyó, hasta el segundo, que fue hasta el final en su intento de destrucción y recurrió a la filosofía de la protección de las minorías en Oriente, para hacer estallar el norte de Líbano haciendo de las minorías su mayor víctima.

La discusión política, ideológica o cultural ha perdido todos sus significados y escribir se ha vuelto un absurdo. ¿Cómo respondes a una lógica que carece de lógica, cómo dialogas con un interlocutor ensordecido que repite las mismas palabras y te habla de la soberanía nacional y su rechazo a la intervención extranjera después de haber legitimado su país todo tipo de intervenciones creyendo que puede convencernos de que un oficial de los servicios secretos sentado en el Kremlin, que se excede creyéndose un zar, es el heredero de Lenin? Lo increíble es que la lógica del régimen coincide con la lógica de sus enemigos, los reyes del petróleo y los sheijs del gas, que deforman la imagen de la revolución, aprovechando las desgracias sirias para mostrar su ayuda en los campamentos de refugiados en la televisión, después de convertir su poder económico en un medio para comprar protegidos y someter a algunos grupos armados a sus consideraciones ideológicas.

El gran poeta egipcio Salah Yahin gritó «Qué sorpresa» tras el shock de la derrota de junio de 1967 y escribió sus cuartetos, que se convirtieron en un anuncio de la queja, la preocupación y la desesperación.

Nosotros, a los que nos ha hecho rebosar el tiempo de las absurdeces, el salvajismo y la sangre, el tiempo del heredero cuyo precio pagan los sirios en muerte y destrucción, ¿qué decimos? ¿Encontraremos palabras que salven a nuestras palabras de la muerte? ¿Cómo las encontraremos si estamos suspendidos en la respuesta a una lógica sin lógica? Decimos al dictador y su entorno, que poseen la lógica del asesinato, la destrucción, el bombardeo y el exilio forzado: «Iros. Basta. Se acabó el juego, señores. El tiempo se ha puesto en vuestra contra en manos de los niños de Daraa y todos vuestros intentos de escaparos de beber la copa del final serán inútiles. Bebed del vaso desde el que vertisteis a vuestro pueblo durante más de 40 años. Basta, iros al infierno. El pueblo de Siria sabrá cómo diseñar su lenguaje y su espíritu y recuperar sus ciudades y pueblos, y enterrar vuestras imágenes en la memoria de la vergüenza».