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Breve carta abierta a las mujeres del PP de un hombre de izquierda

Fuentes: Rebelión

Hace tiempo que venía meditando sobre la conveniencia, o no, de una carta como esta, dirigida a las mujeres del PP por un “hombre de izquierda” (entendido esto, no tanto desde un punto de vista partidario, sino sociocultural y antropológico); aún no estoy seguro de que tenga sentido y ni de que sea, quizás, oportuna. Sin embargo, finalmente, me he decidido a escribirla, considerando la extraordinaria gravedad de los últimos acontecimientos, esto es, el repunte de violencia machista y de asesinatos de mujeres, en relación con las posiciones negacionistas acerca de la violencia de género del propio Partido Popular (echado definitivamente en los brazos cainitas de Vox) y con las decisiones de algunas mujeres que lo representan en las instituciones autonómicas y municipales negando no solo los detalles, sino, directamente, la mayor: la existencia misma de esa violencia.

Vaya por delante que no es un “yo acuso”, sino una sincera interpelación que nace de la curiosidad, nacida, eso sí, de un cierto estupor. Se me tacha, a veces, por algunos de mis lectores y también entre mis compañeros y amigos, de cierta falta de empatía o, al menos, de una excesiva y cortante distancia, cuando analizo, en mis artículos, de modo crítico, la realidad que nos afecta a las gentes de izquierda y a sus organizaciones políticas y partidarias, algo –lo sé– que incomoda y que me ha cerrado alguna puerta entre “los míos”; y no digamos, cuando analizo y doy mi opinión acerca de las organizaciones y de los personajes de vuestra derecha política, social y cultural, neofranquista en tantos tics y fundamentos heredados; que desde la denominada Transición democrática, irremediablemente (llega uno a pensar) debe soportar (¿hasta su previsible final?) nuestra torturada piel de toro.

Sin embargo, esta vez, no deseo que trascienda en mis palabras desprecio ninguno ni fría animadversión, por el contrario, me gustaría dar a las mismas una cierta calidez, al preguntarles, al preguntar a las innumerables mujeres que guardan silencio, dentro de la organización, y a las otras mujeres que, sin militar, votan al PP, ¿de verdad piensan así acerca de lo que les sucede a ellas mismas o sucede a centenares y miles de mujeres a su alrededor? ¿Realmente no tienen nada que decir ante las barbaridades, sin sentido y contra toda evidencia, que nos llegan, día sí, día también, de sus dirigentes y representantes en las instituciones o de sus portavoces mediáticos?

No me puedo creer que no haya mujeres sensibles o con la suficiente inteligencia y lucidez, dentro del PP, que no vean la realidad tal cual es. Es más, estoy convencido de que hay muchísimas.

¿Por qué guardáis silencio? ¿Es la costumbre –en unos casos– de lo que habéis padecido y visto a vuestro alrededor, hasta considerarlo lo normal? ¿Es el hábito –en otros– de toda una vida escuchando, dentro de vuestras propias familias y en vuestros propios entornos de amigos, la voz de vuestros hombres negándoos el pan y la sal del pensamiento libre? ¿Es el miedo y una especie de ceguera autoexigida para no entrar en contradicción con ellos, con los vuestros? ¿Es cálculo, en los casos de militancia orgánica, para escalar puestos dentro el partido?

¿Qué es? ¿Cuál es la razón de vuestro sepulcral silencio ante el martirio continuado de tantas y tantas mujeres en nuestro país? Si seguro que lo habéis sufrido algunas de vosotras o lo sufrís, incluso, ahora mismo, o lo habéis visto padecer, al menos, en vuestro propio entorno familiar o en el de vuestras amistades y vuestros conocidos. ¿Por qué calláis, si sois, la inmensa mayoría –lo digo con total convencimiento, sin el menor rastro de ironía– buenas personas y mujeres inteligentes…?

Y esto os lo pregunta, como os decía al principio, un “hombre de izquierda”, porque un “hombre de derechas” jamás os hará estas preguntas (y, cuando hablo de un “hombre de derechas” –lo reitero, por si no se me ha entendido, hasta ahora–, lo hago tomando la categoría en términos antropológicos y socioculturales, no partidarios, ni tampoco desde la falsa conciencia ideológica de cada cual, de tal manera que podemos encontrarnos a hombres objetivamente “de derechas” en partidos y organizaciones de izquierda, por supuesto; eso lo sabemos también y muchas mujeres lo han padecido en sus carnes, tanto dentro de sus familias, como de sus partidos y organizaciones). Porque este tipo de hombre –del que se han desecho, en buena parte, las “mujeres de izquierda” en sus organizaciones y sus familias–, mayoritario, de modo lógico y natural, en vuestros entornos –lo sabéis, lo intuís, al menos–, no solo buscan, sino que os han impuesto, precisamente, ese silencio. Viven y se regodean en ese silencio.

Supongo que no es fácil dar el salto, que vuestras vidas personales no deben de ser fáciles de llevar entre vuestros hombres, por alto que sea vuestro tren de vida (he sido testigo de ello muchas veces; ni todo el dinero del mundo os salva, ¿verdad?), excepto si habéis alcanzado, tras superar todo tipo de obstáculos, alguna cuota de poder, para, de ese modo, comportaros, al fin, como ellos, como “mujeres/hombres de derecha”, y negar el martirio y el asesinato de vuestras iguales, o, en el mejor de los casos, seguir guardando silencio.

Un cordial saludo y que tengáis suerte.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.