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Catalunya y la ruptura constituyente

Fuentes: Diagonal

Los resultados del 27S han generado una situación extremadamente voluble en Catalunya. Sus implicaciones pueden ser decisivas para el futuro de la ruptura constituyente, y no sólo a nivel catalán. Al igual que en la legislatura pasada, el Govern ha sido incapaz de agotar el mandato y tuvo que anticipar elecciones. El campo político se […]

Los resultados del 27S han generado una situación extremadamente voluble en Catalunya. Sus implicaciones pueden ser decisivas para el futuro de la ruptura constituyente, y no sólo a nivel catalán. Al igual que en la legislatura pasada, el Govern ha sido incapaz de agotar el mandato y tuvo que anticipar elecciones. El campo político se ha vuelto a polarizar en torno a la cuestión nacional.

A resultas de la intensa movilización de la última década, la participación ha batido todos los récords con un 77,4%. Y este dato se inscribe, a su vez, en una progresión ascendente: en 2006 fue del 56,7%, en 2010 del 58,7% y en 2012 del 67,7%. La cuestión nacional vuelve a confirmarse, pues, como el vector más avanzado de la ruptura constituyente en Catalunya.

Con todo, contrariamente al tópico del catalanismo como un movimiento ‘burgués’, se ha vuelto a verificar que su intensificación puede superponerse también con un giro hacia la izquierda y la democratización. De hecho, bajo la marca Junts pel Sí (JxS), Convergència ha vuelto a experimentar una sangría de escaños: de 45 en 2010 a 36 en 2012; y de éstos a los 29 actuales. Es­que­rra, por su parte, se mantiene en torno a la veintena -17 a los que se podrían sumar hasta tres más-.

Por las cosas de la aritmética electoral, el escenario resultante no ha logrado la estabilidad que requeriría un gobierno para ser firme. Con los números de JxS, Mas no ha conseguido superar a sus opositores fuera del campo independentista -62 contra 63-. Así que ahora se encuentra en manos de lo que las CUP puedan decidir, empezando por su propia investidura.

Por su parte, las CUP no pueden rehuir por más tiempo las complicaciones de la Realpolitik. Su posición dista de ser cómoda, pues es deudora de la esfera mediática catalana y aquí arrecian ya las presiones para que ceda los dos votos que Mas necesita. Si las CUP aflojan e invisten a Mas lograrán cierta aceptación en lo nacional, pero perderán credibilidad como fuerza de izquierda y democratizadora.

La alternativa pasa por saber gestionar un cambio de velocidad y la gobernanza multinivel. En otras palabras, las CUP deberían profundizar en el acierto de haber dado por fallido el carácter plebiscitario de la consulta -no habiéndose superado el 50%, se ha perdido- y apuntar a la necesidad de rearticular el impulso soberanista también en clave social y democratizadora. En este camino necesitan encontrar aliados a todos los niveles de gobierno que les permitan conservar la posición central que han ganado.

Dos escenarios

En lo concreto, esto tiene fácil traducción: en el nivel local, las CUP deberían buscar entenderse con Bar­celona en Comú a fin de no permitir que prosiga la fuga de votos a Ciutadans (C’s) en barrios populares como Nou Barris. Ada Colau, en parte gracias al impulso de Pode­mos, supo llegar donde no han llegado las CUP de Barcelona. El riesgo de ganar poco y mal en ciertos barrios puede suponer fortalecer a la formación de Rivera en el medio y corto plazo.

A nivel estatal, las elecciones generales pueden comportar dos escenarios: el cierre definitivo del Estado en clave centralista facilitable por la pujanza de C’s. O la apertura de una estructura de oportunidad gracias a la irrupción de Podemos.

Si Albert Rivera dispone en su mano de una mayoría, el Gobierno central podría dar al traste con las condiciones políticas que han favorecido la movilización. Si la cosa depende de Pablo Iglesias, por el contrario, la ventana de oportunidades podría abrirse todavía más e impedir una reforma constitucional centralista de dos terceras partes.

Al fin y al cabo, bajo una gobernanza multinivel como la española, la ruptura constituyente sólo puede operarse en todos los niveles. Quien se piense que de forma unilateral la presión en un nivel puede forzar al resto, es que todavía no ha entendido cómo funciona. Quienes, por el contrario, recuerden L’estaca sabrán que lo importante es que cada uno tire por su parte y todos tiremos de la misma estaca, de forma cooperativa, conscientes de que no hay liberación de unos sin la liberación de los demás. Si es así, segur que tomba.

Raimundo Viejo Viñas, concejal de Barcelona en Comú y miembro del CCE de Podemos

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/27976-catalunya-y-la-ruptura-constituyente.html