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Combatir al Estado Islámico: las opciones reales

Fuentes: La Jornada

El Estado Islámico (EI) está impulsando su objetivo claramente expresado de un califato muy expandido, mediante el uso deliberado de una brutalidad extrema. Su expectativa es que la brutalidad extrema obligue a otros a acceder a sus demandas o a retirarse de la escena. Prácticamente todo el mundo en Medio Oriente y más allá está […]

El Estado Islámico (EI) está impulsando su objetivo claramente expresado de un califato muy expandido, mediante el uso deliberado de una brutalidad extrema. Su expectativa es que la brutalidad extrema obligue a otros a acceder a sus demandas o a retirarse de la escena. Prácticamente todo el mundo en Medio Oriente y más allá está horrorizado y profundamente atemorizado por los logros que hasta la fecha tiene el EI.

Lo que ha hecho difícil que avancen los oponentes del EI es su falta de voluntad para entender que lo que ha hecho posible que éste emerja y represente una amenaza así de grande son las locuras y las prioridades mal colocadas de los oponentes del EI.

El EI alega que actúa en aras de motivos religiosos ordenados por el Corán. Y lo más probable es que sus adherentes crean esto, lo cual, por supuesto, hace casi imposible negociar con ellos de ninguna manera. Esto es lo que los hace diferentes de los previos movimientos llamados salafistas que han estado presentes por algún tiempo. Al Qaeda, la Hermandad Musulmana y los talibanes son todos movimientos que combinan militancia con pragmatismo.

Hoy, los principales movimientos árabe-musulmanes, los gobiernos de los Estados árabes, así como las potencias externas involucradas en la región (Estados Unidos, Europa occidental, Rusia, Turquía, Irán), todos denuncian al EI. Sin embargo, hay la creencia extendida de que el EI cuenta con el respaldo, o con la neutralidad benevolente, de los musulmanes sunni comunes en el mundo islámico, sobre todo de las personas más jóvenes. Estas personas ordinarias están confluyendo a las zonas controladas por el EI en grandes cantidades. Las personas ligadas a otros movimientos salafistas están cambiando sus lealtades hacia el EI.

¿Qué es lo que impulsa esta nueva actitud? No es la ley de la sharia. Después de todo ésta existía ahí desde antes. La sharia es una mera cobertura para justificar las brutales acciones. Por supuesto, una vez que se logra una cobertura religiosa como ésta el compromiso se endurece. Pero el factor primordial que subyace este impulso es un sentido de desesperanza. Otros movimientos y Estados (sean laicos o salafistas) han fracasado en aliviar de un modo significativo la opresión que siente esta juventud musulmana. El EI ofrece esperanza. Tal vez un día los conversos se desilusionen, pero ese momento no ha llegado todavía.

¿Por qué no ha podido existir una coalición de aquellos que se oponen al EI y a sus amenazas expansionistas? La respuesta es muy simple. Todos tienen otras prioridades. El gobierno egipcio combate, primero que nada, a la Hermandad Musulmana. El gobierno saudí primero lucha con Irán y con cualquiera que amenace su alegato de ser el líder de todos los musulmanes sunni de Medio Oriente. Los qataríes luchan primero que nada con el gobierno saudí. El gobierno de Bahréin le da prioridad a suprimir a los chiítas que numéricamente son la vasta mayoría. El gobierno iraní lucha primero que nada contra las fuerzas sunni en Irak. El gobierno turco combate primero que nada contra Bashar al Assad de Siria. Los movimientos kurdos están luchando no sólo por su autonomía (o su independencia), sino entre ellos. Los gobiernos estadunidense y ruso le confieren prioridad a sus mutuas querellas. Y los israelíes luchan principalmente contra Irán y los palestinos. Nombren a uno solo que ponga al EI hasta arriba de su lista.

Esto es absolutamente descabellado. ¿Qué podría romper estos esquemas de falsas prioridades? Es obvio que hay la necesidad urgente de crear las condiciones para que se supere el cisma sunni-shía en aras de una situación donde la minoría social en cualquier Estado tenga el derecho a una razonable participación en la gobernanza y una razonable autonomía social. Si llegara a lograrse un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, ellos podrían, de hecho, hacer mucho juntos en lo militar y en lo político para recuperar el noroeste de Irak de manos del EI. ¿Pero lo permitirán sus líneas duras respectivas?

¿Qué hay, podrían preguntarse, de las dictaduras existentes? ¿No deberíamos estarlas combatiendo? Los esfuerzos para hacerlo como la máxima prioridad en realidad las han reforzado. Los miedos creados por el EI en realidad han reducido de un modo importante los derechos civiles de los ciudadanos y residentes en Estados Unidos y Europa occidental.

Hay una hipocresía masiva respecto de qué tiranos están siendo impugnados. En efecto, todo mundo protege a los tiranos que son sus aliados geopolíticos y denuncia a los tiranos que no lo son.

Ya se nos hizo tarde para revisar radicalmente nuestras prioridades. La probabilidad de hacerlo, debo admitir, parece pequeña en este momento. Pero el hecho es que no hay otra opción.

Traducción: Ramón Vera Herrera

Fuente original: http://www.jornada.unam.mx/2015/03/07/index.php?section=opinion&article=020a1mun